Susto y muerte: nos despedimos de Penny Dreadful

Una declaración de intenciones: arañas, crucifijos, cuchillos, murciélagos, tazas de té llenas de sangre, gente posiblemente anémica mirando al horizonte.

Así empezaba en el 2014 Penny Dreadful, un pastiche de clásicos del gótico y el terror creado por John Logan (Hugo, Skyfall) y producido por Sam Mendes (American Beauty, Revolutionary Road, Skyfall) para la cadena americana de pago Showtime; los dos primeros episodios los dirigió el barcelonés Juan Antonio Bayona (El Orfanato). El caché no sólo se esconde tras las cámaras; Penny Dreadful destaca por su elenco, francamente espectacular.

Eva Green (Casino Royale), con su voz de Joaquín Sabina y ojos de lémur, nació para interpretar a la protagonista, Vanessa Ives, una heroína poco convencional perseguida por las fuerzas del mal. Vanessa busca a su amiga desaparecida Mina Harker con la ayuda del padre de ésta, Sir Malcolm (ni más ni menos que Timothy Dalton). A su misión se unen personajes clásicos como Victor Frankenstein (Harry Treadway) y Dorian Gray (Reeve Carney, que protagonizó aquél musical de Spider-Man donde tanta gente se rompió cosas). El reparto lo completan el pistolero americano Ethan Chandler          (Josh Harnett, héroe del peliculón Pearl Harbor), la irlandesa tuberculosa Brona Croft (Billie Piper, Doctor Who) y por supuesto el monstruo de Frankenstein (Rory Kinnear, Skyfall). La guinda del pastel: Patti LuPone y Helen McCrory. Sí, el precedente de La Liga de los Hombres Extraordinarios de Alan Moore y Kevin O’Neill está claro. Con esta combinación de personajes, una cinematografía exquisita y un uso generoso de máquinas de humo y el clásico cóctel de sexo, morfina y valses, ¿qué podía salir mal?

Por lo que parece, unas cuantas cosas. Para empezar, Penny Dreadful no es lo que se llama sutil. Se podría argumentar que el terror gótico nunca lo ha sido. Los diálogos son literarios, grandilocuentes y francamente rocambolescos; si intentaras tomarte un chupito cada vez que hablan de “la oscuridad” y “las criaturas de la noche” o dicen cosas como “el monstruo no está en mi rostro, sino en mi alma” no superarías medio capítulo. Suenan, efectivamente, como personajes de novelas góticas clásicas. Sin embargo, crear un personaje a quien llaman Lupus Dei -el lobo del Señor, como el cordero, así pim pam- igual ya es pasarse. O mi escena favorita, donde dos personajes recitan el Padrenuestro cambiando “Dios” por “Satán” y “cielo” por “infierno” y se quedan tan anchos, como si fuera posible no tomárselo en cachondeo. Por suerte, el elenco consigue recitar cosas así sin reírse, y Eva Green y Rory Kinnear lo hacen más que creíble, salvando la serie de lo que podría ser un desastre absoluto.

Demimonde: ni aquí ni allí

Penny Dreadful cruzó el umbral al averno de las series canceladas este junio, así que ya podemos sentarnos y analizarla. A partir de aquí habrá spoilers del final de la serie.

En temas de representación, Penny Dreadful merece ser considerada pausadamente. La serie fue acusada de racismo en la primera temporada, ya que el único personaje de color, Sembene (Danny Sapani, Trance) fue el único que no tuvo ni trama ni desarrollo. ¿La solución? Fue el primero en morir del reparto principal, y si te he visto no me acuerdo. En la tercera temporada aparecieron Kaetenay (Wes Studi, El último mohicano), un hombre lobo apache, y el mismísimo Dr. Jekyll (Shazad Latif). Si bien ambos personajes tenían potencial para arreglar la blancura impoluta de la serie, ninguno tuvo arco propio. El caso del doctor Jekyll es más que extraño: se nos presenta un psiquiatra resentido contra la sociedad británica, que jamás le aceptará por ser hijo de una mujer de la India. El planteamiento podría ser interesante, pero este Jekyll prepara su poción y… ya. Como ocurrió con Sembene, jamás se desarrolla el personaje.

Entre los personajes secundarios encontramos una mujer transgénero, Angelique (Jonny Beauchamp -como siempre, una actriz trans hubiera sido pedir demasiado). Angelique fue una de las mejores aportaciones de la segunda temporada de Penny Dreadful, ya que los personajes transgénero son más bien poco comunes en las series históricas y de fantasía. Además, gracias a ella presenciamos una partida de ping-pong gótico, algo que todo el mundo debería ver alguna vez en la vida. Que Angelique iba a sufrir se veía venir, ya que ningún personaje lo pasa demasiado bien, pero parece que los guionistas no se preguntaron lo que implica que la escena de sexo más explícita la tuviera la única mujer transgénero, y que para más inri fuera asesinada por Dorian Gray sólo para demostrar lo malísimo que es. Asesinato que, por cierto, no tuvo consecuencias ni para Dorian ni para la trama en general, al contrario que ocurre con la muerte de Sybil Vane en la novela original. Sexo y violencia para conmocionar al espectador; nada nuevo bajo el sol.

Racismo, transfobia y seguimos para bingo. En temas de sexualidad, Penny Dreadful prometió mucho más de lo que dio. En la primera temporada, Ethan (personificación del héroe de Western, símbolo por excelencia de la masculinidad más tradicional) tiene una relación puntual con Dorian Gray. Si bien Dorian Gray cumple todos los requisitos del personaje bisexual por aburrimiento y perversión, Ethan podría haber sido la representación positiva. Sin embargo, su identidad nunca se vuelve a mencionar o explorar, de forma que con la perspectiva de dos temporadas más parece que lo de Dorian fue una excepción resultado de los poderes seductores de éste. También hay un personaje homosexual, Mr Lyle, que es un estereotipo andante.

¿Qué hay de las mujeres? ¿Es Penny Dreadful una serie misógina? Si lo es, se podría decir que lo es más por pasiva que por activa. Como en Juego de Tronos, encontramos personajes femeninos interesantes y desarrollados que influyen en la trama. Como en Juego de Tronos, aunque en menor medida, la cámara tiende a recrearse en la violencia sexual. Repasemos lo que ofrece la tercera temporada, ya que es la más interesante de todas desde una perspectiva feminista.

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Lily / Brona (Billie Piper) se viene arriba. Fuente: Heaven of Horror

Brona Croft, prostituta y símbolo de la miseria de la época, muere de tuberculosis en la primera temporada. En la segunda, Victor Frankenstein la resucita para que sea la compañera de su monstruo, llamándola Lily. A lo largo de la temporada empieza a recordar lo que ha sufrido y escapa de Victor, que se ha enamorado de ella -y se ha convertido en algo más que cansino. Como haría cualquiera en su situación, Lily decide que la solución a una vida de violencia y sufrimiento es dominar el mundo -ya hemos dicho que Penny Dreadful destaca por lo sutil. En la tercera temporada, Lily se dedica a rescatar esclavas sexuales como Justine (Jessica Barden) y entrenarlas para vengarse de los hombres que las han maltratado y… dominar el mundo, que no se nos olvide. Es una versión gótica de la narrativa de violación y venganza -pero se mantiene dentro de las convenciones de explotación del género. La cámara se recrea en sus cuerpos desnudos y se nos describen las vejaciones que han sufrido con todo lujo de detalles, repetidamente.

Penny Dreadful podría haber caído en lo de presentar a Lily y sus seguidoras como feministas de paja pero -¡gracias!- no lo hace. Lily ve pasar a las sufragistas pidiendo el voto y deja claro que lo que ella quiere es algo muy distinto. Por suerte, Lily ofrece más para un análisis feminista que su desgastada cruzada vengativa. Al ver a Lily desatada -ambiciosa, sin escrúpulos- Victor Frankenstein y Dorian Gray se unen para tranquilizarla  -dominarla- para siempre con la pócima del doctor Jekyll. Lily consigue liberarse; renuncia a su visión, pero también a definirse por su relación con personajes masculinos, y su arco es probablemente el más completo y satisfactorio de todos.

El martirio de Vanessa Ives

Esta lucha por el control del cuerpo y la mente de Lily resulta bastante más interesante que la que mantienen Drácula (Christian Camargo, Dexter) y Lucifer -que son hermanos- por el cuerpo y el alma de Vanessa Ives -y sí, esta es una trama real. Juro que no me lo he inventado. Vanessa es el eje principal de la serie; desde joven ha sido perseguida por fuerzas demoníacas, y si cae en la tentación se desatará el apocalipsis, o algo parecido. Nunca queda muy claro en qué consiste esta tentación. Vanessa resiste a vampiros, hospitales, torturas y gente cansina durante tres temporadas -y cuando se enfrenta a Drácula, se rinde en unos tres minutos.

Este es el gran fracaso de Penny Dreadful; el potencial está allí, pero ninguna de las tramas se trabaja lo suficiente y el clímax narrativo sabe a poco. Las distintas tramas se habían dispersado y no se reúnen a tiempo; hay desgaste emocional pero no tiempo para que la audiencia se recupere; los personajes que planteaban posibilidades interesantes no se desarrollan; la batalla final ocurre tan rápido que no hay impacto ni consecuencias. Vanessa ya iba para mártir -sus referencias a Juana de Arco lo dejaban claro- pero merecía algo más.

Coral Ann Howells explica en Love, Mystery and Misery: Feeling in Gothic Fiction (1978) que las novelas góticas de finales del XVIII planteaban identidades y acciones subversivas, especialmente de género, pero que al final siempre volvían a lo convencional, por costumbre o por sobresalto. Lo mismo ocurre con Penny Dreadful; de la trama principal, sólo los hombres blancos sobreviven. Ellos siguen siendo monstruos buscando la redención como pueden; ellas deben renunciar a su capacidad para el mal, morir o ambas cosas a la vez.

Imatge principal: Penny Dreadful / Showtime.


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Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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