'Stranger Things': homofobia y subversión del género

Los sesgos sexistas y/o heteronormativos en la representación del género o la orientación sexual en ficciones que hablan de tiempos pretéritos se suelen justificar asegurando que, en la época en la que se sitúa la acción, el rol de las mujeres cis y las personas LGTBI en la esfera pública era residual. Una afirmación que se suele desmentir con la constatación que, en los productos de ficción que transcurren en un tiempo coetáneo en las sociedades occidentales que los consumen, el papel de los personajes femeninos cis o LGTBI tampoco suele ser muy lucido.

Que Mad Men, ficción que transcurre en los sesenta, tenga personajes femeninos -la representación LGTBI es más cuestionable- con más agencia que los de series que pasan en la actualidad indica que la visión del creador sobre su obra influye más que el tiempo histórico. Una constatación que también se puede hacer en el caso de Stranger Things (Netflix). La serie no sólo actualiza, con mejores medios técnicos, el universo de las películas de ciencia ficción y fantasía de los ochenta, sino que también pone al día sus representaciones de género.

AVISO: SPOILERS

Los hombres friquis: la masculinidad de segunda

La historia toma el punto de vista de los friquis, entendidos no sólo como chicos a quienes les gusta jugar a juegos de rol y leer ciencia ficción y que generalmente son poco dotados para la educación física y diana de todos los acosadores escolares habidos y por haber, sino toda persona que no acaba de encajar en los límites de una diferencia tolerable.

Del grupo protagonista de niños, además de jugar a juegos de rol, sentir pasión por la ciencia y ser radioaficionados, la mayoría tienen otra característica que los hace ser diferentes. Dustin Henderson tiene displasia cleidocraneal, enfermedad que retrasa el crecimiento de los huesos y que, en el caso de Dustin, se traduce de forma visible en el hecho de que no tiene dientes en la parte delantera de la boca. Tanto los compañeros de Dustin como él asumen con total normalidad la enfermedad, que no hace que el personaje de Dustin sea ni mejor ni peor. Lucas Sinclair es negro y, del grupo, puede ser el que puede resultar más irritante, en especial por su hostilidad hacia otro personaje relevante, Eleven (El). Una lástima, teniendo en cuenta que es de los pocos personajes negros que veremos en la serie.

De izquierda a derecha: Mike, Will, Lucas y Dustin. Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

De izquierda a derecha: Mike, Will, Lucas y Dustin. Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

Will Byers, la desaparición del cual constituye el principal eje narrativo, es a menudo calificado como queer. Si bien la serie no explicita en ningún momento si Will es gay o no -ni lo hace con ningún personaje-, se trata de algo asumido por la mayoría de miembros de la ficticia comunidad de Hawkins, Indiana, y no de forma positiva. El aspecto físico de Will y que sea un chico reservado y con un rico mundo interior ya parecen suficiente motivo para etiquetarlo. La condición queer de Will provoca que su desaparición se vea con menos lástima por algunos conciudadanos ("¿Por qué estáis tristes? Will está en el mundo de las hadas, volando con otras hadas, todas felices y gays") o sea utilizada para demonizar la comunidad LGTBI ("Probablemente lo ha asesinado otro queer").

El hermano de Will, Jonathan Byers, suele ser etiquetado de pervertido. Protagoniza una escena donde fotografía a escondidas un grupo de jóvenes -más concretamente, a Nancy Wheeler, hermana de otro niño protagonista, Mike Wheeler-, pero su consideración de pervertido está mas vinculada a ser un joven callado, con intereses diferentes a los del resto de jóvenes de su edad y a ser de una clase social diferente del resto de personajes -hijo de madre soltera y trabajadora, padre ausente.

La serie, consciente de que los niños de los ochenta han crecido, presenta personajes adultos friquis, como el profesor de ciencias de los protagonistas, Scott Clarke. No sólo estimula el interés de sus alumnos predilectos por la ciencia, sino que les apoya en sus investigaciones sobrenaturales. Su característica de friqui se pone de manifiesto cuando se debate entre ayudar a los niños o pasar la noche con su pareja/ligue, con quien se dispone a ver La cosa.

El otro adulto es el sheriff Jim Hopper. Al principio puede parecer el típico sheriff ignorante de pueblo, asociado a un personaje antagonista y no a uno de aliado, pero se convierte en uno de los protagonistas, en positivo. En cierto modo, Hopper representa al espectador converso, el que no se ha identificado nunca como friqui pero que, ya de adulto, es un consumidor compulsivo de series.

¿Dónde están las mujeres...friquis?

Barbara Barb Holland es la mejor amiga de Nancy Wheeler. Estudiosa, sensata y con gafas redondas, es lo opuesto a Nancy. Barb también desaparece, pero su ausencia no es percibida tan traumática como la de Will. Sólo Nancy, en un claro ejercicio de sororidad, no deja de buscar a Barb hasta el final. Si bien el destino de Barb nos recuerda que, en la vida real, a la buenas personas también les pasan cosas malas, que sea el único personaje con quien muchas mujeres friquis se puedan sentir identificadas en una serie hecha para que los hombres friquis se sientan a gusto no deja de ser una oportunidad perdida. Prueba de ello son las simpatías que su personaje ha generado en las redes sociales. Incluso Vulture le ha hecho un tributo.

Barb (te queremos). Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

Barb (te queremos). Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

En cambio, Nancy Wheeler es el prototipo de chica perfecta. Guapa, estudiosa, femenina en el sentido clásico del término y virginal, tiene todos los números para o bien ser una final girl o bien morir de forma horrible mientras se lía con el guaperas de Steve Harrington en la parte trasera de un descapotable. Nancy siempre es Nancy, pero con el paso de los capítulos va adquiriendo más agencia y es retratada con más complejidad. Busca a su mejor amiga, lucha contra monstruos, se alía con Jonathan y lo defiende, incluso de su pareja, cuando cree que lo tiene que hacer. Comete errores y los paga. Nancy termina la primera temporada saliendo aún con Steve -el chico es bastante imbécil pero se redime un poco cuando ayuda a Nancy y Jonathan y deja a sus amigos gamberros-, aunque sepamos que tiene un vínculo muy fuerte con Jonathan y que él está enamorado de ella. Al público le cae mejor Jonathan, pero lo cierto es que el chico representa la idea de que si insistes y ayudas a la chica que te gusta, ella acabará rendida a tus encantos -como si nuestros gustos se moldearan según lo que un hombre hace por nosotras.

Eleven, el misterio

Otro de los personajes centrales es Eleven, la niña-experimento con poderes sobrenaturales que encarna el tropo de la huérfana misteriorsa. En Stranger Things, el misterio es doble: por un lado, es necesario que lo sea para la evolución de la trama. Por el otro, no deja de representar el misterio que supone para los niños el sexo femenino. Una vez integrada en el grupo, su rol se mueve entre el principio de la pitufina y ser un deus ex machina. Esta última característica la sitúa cerca de la representación de la mujer genio vista como un objeto más que como un sujeto. como sucede con Elektra en Daredevil (Netflix), los malvados la quieren utilizar como herramienta, mientras que un personaje masculino cercano a ella -Mike, en este caso-, la anima a ser un sujeto con capacidad para decidir.

Eleven, no obstante, invita a reflexionar sobre cómo se construye el género. Ha crecido en un laboratorio y no ha sido educada en los cánones de la feminidad tradicional. En resumen: no sabe comportarse como una mujer. Se escapa con la cabeza rapada y una bata de hospital, características que llevan a la mayoría de personajes a confundirla con un niño, hasta el punto que durante buena parte de la serie los protagonistas creen que están siguiendo la pista de Will.

Cuando los niños la adoptan y tiene que socializarse en Hawkins, Eleven inicia el tránsito hacia el género femenino. Su nombre pasa a ser El, viste peluca rubia y un vestido rosa. Se trata de un homenaje a ET, pero la escena causa una sensación diferente a la gracia que hacía ver un alien vestido de señora. Los niños se queda boquiabiertos cuando la ven. Mike le dice que es guapa y ella interioriza esa palabra y ríe. También lo hace cuando ve las fotografías de Nancy. Parece que El se reencuentra con una parte, la de la belleza femenina canónica, que le había sido negada -como si fuera un instinto reprimido. Huelga decir que Eleven ya era guapa con el pelo corto y la bata, pero parece que hasta que no vincula de forma explícita su sexo a una representación de género esta opción no se tiene en cuenta.

Con el paso de los capítulos, Eleven perderá la peluca rubia, y traumatizará telepáticamente a acosadores escolares -los mismos que llamaban queer a Will, una especie de policías del género-, así como a esbirros del gobierno. Siempre con el vestido rosa y una chaqueta azul, una imagen de género rompedora.

Eleven, lista para la acción. Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

Eleven, lista para la acción. Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

Madres coraje y padres ausentes

Stranger Things no hubiera sido posible si los padres y las madres de los niños protagonistas estuvieran al tanto de lo que hacen sus hijos. No estamos hablando de control, sino de tener interés. A pesar de la poca afición progenitora a la crianza, existen diferencias entre los padres y madres de la serie.

La paternidad suele estar tratada desde un punto de vista negativo. El padre de Will y Jonathan es un sinvergüenza que sólo se preocupa por su hijo porque gracias a su desaparición puede denunciar a la administración y sacar dinero. El personaje de Jonathan se construye en clara oposición al de su padre. El otro padre que vemos, el de Mike, Nancy y una bebé, suele tener una actitud más bien despreocupada hacia sus tres hijos, hasta el punto que es su mujer la que se enfrenta a los agentes del gobierno. Es a ella a quien vemos, mayoritariamente, interactuando con Mike y Nancy. No se trata de una madre sobreprotectora, sino de una madre que se preocupa por sus hijos, es comprensiva con ellos -siempre quiere hablar- tiene vida propia y reflexiona sobre ella -se casó con un hombre mayor, sus tres hijos afectaron a su carrera...

El padre de Eleven, el doctor Martin Brenner, trata a su hija de una forma deshumanizante. La paternidad positiva la encarna Jim Hopper y se convierte en un elemento más del antagonismo con Brenner. La desaparición de Will y el descubrimiento de Eleven harán que el sheriff reviva el duelo y la pérdida que supone la muerte de su hija pequeña por cáncer.

Joyce, dispuesta a matar monstruos y a encontrar a su hijo. Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

Joyce, dispuesta a matar monstruos y a encontrar a su hijo. Fuente: fotograma de la serie, Netflix.

La madre de Will y Jonathan, Joyce Byers, es la más destacada de la serie. Igual que con el personaje de Angelina Jolie en El intercambio, nunca perderá la esperanza de encontrar a su hijo en vida, aunque parte de la comunidad la trate de loca. La desdicha de Terry Ives, madre de Eleven, funcionará como estímulo para que Joyce tenga los pies en la tierra. Además de buscar a su hijo, la otra batalla que librará Joyce será la de mantener a su familia.

Imagen destacada: Título de 'Stranger Things'. Fuente: Netflix.

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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