Salir del Laberinto

“Don’t tell me truth hurts, little girl ‘cause it hurts like hell. But down in the underground, you’ll find someone true” (No me digas que la verdad hace daño, niña, porqué duele muchísimo. Pero aquí, bajo tierra, encontrarás a alguien real).

Underground (David Bowie)

Con una canción sobre el valor escapista de la fantasía empieza Labyrinth, de Jim Henson y mi primer contacto con David Bowie, su música y sus mallas apretadas. Cabe decir, antes que leáis este post, que Labyrinth des del primer visionado, cuando yo era preadolescente, se convirtió en una de mis películas favoritas, por diversas razones, no sólo por el paquete de Bowie y su gran interpretación y es que, si alguien tenía que ser el Rey de los Goblins en la fantasía extraña de Jim Henson, debía ser él.

david bowie surprise

Un poco de contexto para los que no conocéis esta maravillosa película. La protagonista es Sarah, una chica adolescente con una fijación por los cuentos y la fantasía. En la escena inicial la vemos en un parque, disfrazada de princesa, recitando las líneas de su libro preferido, Labyrinth. Esa misma noche, su padre y su madrastra le encargan que cuide a su hermano pequeño, Toby. La chica, enfadada por tener que lidiar con el pequeño, que no para de llorar, en un arrebato pide (casi inadvertidamente) al Rey de los Goblins, Jareth (un personaje de su libro favorito) que se lleve a su hermano. Su deseo se hace realidad y, a pesar de las advertencias y amenazas del Rey de los Goblins, decide recuperar a su hermano. A partir de ese momento tendrá 13 horas para resolver el laberinto y llegar al castillo de Jareth antes de que su hermano se convierta en un goblin para siempre.

Labyrinth se estrenó el 1986. Los 80 fueron una época maravillosa para las películas de fantasía. Willow, Lady Halcón, Legend o la Historia Interminable son algunas de ellas. Uno de los motivos de mi fascinación por Labyrinth es evidente, al contrario de la mayoría de películas de fantasía de la época, Labyrinth estaba protagonizada por una chica, Sarah, que, como Dorothy en El Mago de Oz o Coraline, inicia un viaje hacia su propio empoderamiento.

Otro motivo es la estética y la originalidad de la narrativa, que no bebe de Tolkien como Willow o las leyendas artúricas como Lady Halcón. Las influencias de Labyrinth la hacen más similar a un cuento de hadas oscuro que a una narrativa de fantasía heroica tradicional. No tengo nada en contra de la fantasía heroica, pero siempre me he sentido atraída por los cuentos de hadas, donde la narrativa se centra principalmente en la travesía del héroe o heroína (no hay muchas heroínas en la fantasía heroica) y no necesariamente en el destino del mundo. Desde la Reina de las Nieves, donde también tenemos a una protagonista femenina que ha de rescatar a su mejor amigo de un destino terrible, hasta la Historia Interminable.

Labyrinth, ¿un mito feminista?

Labyrinth es una historia con múltiples interpretaciones, pero el viaje de la protagonista y la contraposición con Jareth, el antagonista, es bastante interesante desde un punto de vista feminista y psicológico. Jareth, a pesar de su estética carnavalesca, inspirada en el teatro japonés Kabuki y los héroes románticos de las hermanas Brönte, es el símbolo de la masculinidad tópica y amenazante. Jareth es un rey agresivo que amenaza a sus súbditos con la exclusión social (el Pantano Del Hedor Eterno) si no le obedecen o si entran en competición por el afecto de Sarah. Su paquete prominente no es la única referencia fálica ya que, en más de una ocasión, utiliza una vara larga para amenazar o empujar a sus súbditos. Jareth representa, a la vez, la figura antagonista y el interés romántico. Así pues, adquiere una dimensión diferente a la del típico monstruo que todos tememos, el hombre del saco o el lobo, aunque ejerza la misma fascinación.

Por otro lado, tenemos a los goblins y a las criaturas del laberinto. La mayoría de seres que Sarah encuentra en el laberinto son machos, aunque su físico dista mucho de la belleza inquietante de David Bowie. Todos ellos se alejan de la masculinidad normativa y no sólo por su apariencia física. El primer personaje que se encuentra Sarah es Hoggle, un enano cobarde, que se ve subyugado por el Rey de los Goblins y admite su cobardía sin vergüenza, así pues, dista mucho del héroe valiente de los cuentos. Ludo, una criatura enorme y con gran fortaleza física, es tierno y miedica. Ludo tiene una relación simbiótica con los elementos naturales, puede invocar a las rocas, no por sumisión, si no porque las considera sus amigas. Por último, tenemos a Sir Didymus, que cae en los tópicos de la fantasía caballeresca tradicional, una criatura agresiva que se mueve por un código de honor, pero físicamente es minúscula y débil.

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Sarah inicia la relación con Hoggle bajo las mismas premisas de abuso que Jareth, robando su saco de joyas para que le ayude a llegar al centro del laberinto, pero rápidamente cambia la dinámica a una relación de amistad basada en el aprecio mutuo y no en las amenazas. También establece dicha relación con las otras criaturas que la ayudan a resolver el laberinto, Ludo y Sir Didymus.

La autora Lauredhel en el blog Hoyden About Town, hace una revisión feminista de la película. En su post, indica que Jareth es un símbolo del patriarcado y el laberinto representa las dificultades de sobreponerse a las injusticias del sistema. Sarah, durante su viaje, dice repetidas veces la frase "No es justo" hasta admitir en un momento: "No es justo, pero así es como son las cosas". Es cierto que el viaje de Sarah y las criaturas que se encuentra, incluso Jareth, son de manera evidente un símbolo de su subconsciente (o consciente) pero, sin duda, es un viaje con una fuerte carga de empoderamiento femenino.

La relación tóxica

Desde el principio de la historia sabemos que el Rey Goblin está enamorado de la protagonista, la diferencia de edad y el hecho que ella aún sea menor debería ser suficiente para incomodarnos, pero, además, Jareth muestra una actitud de maltratador de libro, combinando una falsa benevolencia con amenazas y maltrato físico y psicológico. Al inicio de la película advierte a Sarah que no lo desafíe antes de lanzarle una serpiente encima (¿Otro símbolo fálico?). También intenta aislar a sus amigos de ella y hasta la droga para que ella se olvide de su misión.

El momento de la droga es interesante, con muchas similitudes a la manzana envenenada de la Blancanieves -en este caso un melocotón-. Hoggle es quien da a Sarah el melocotón y, una vez mordido, entra en una ilusión que refleja la visión de una adolescente sobre el mundo adulto y, a la vez, según Lauredhel, repite la fantasía de la “novia de blanco”. En la ilusión o el sueño, ella está en una sala llena de bailarines, vestidos con ropas opulentas, pero con máscaras de goblin que ocultan su identidad, las miradas lascivas y la cacofonía de risas contrastan con Sarah, que navega confundida por la sala, su vestido blanco destacando en un mar de colores vivos. Finalmente, consigue bailar con Jareth, mientras una canción supuestamente romántica suena de fondo, es en ese momento que ve la falsedad y el peligro en la fantasía que vive y rompe la burbuja (literalmente) que Jareth ha creado. El miedo y la fascinación del paso a una sexualidad adulta y, a su vez, el rechazo a la fantasía heterosexual normativa, hacen que esta escena sea una de mis favoritas. Es notable remarcar que Hoggle actúa como perpetuador de las acciones de Jareth aunque no esté de acuerdo con las consecuencias. En este caso, podríamos interpretar a Hoggle como la masa que promueve las actitudes tóxicas.

A continuación, vemos los primeros personajes femeninos dentro del laberinto. Recuerdo el miedo a estos personajes cuando la vi por primera vez. En una revisión de la película, aún los encuentro más inquietantes. Son mujeres con la espalda llena de chatarra que se mueven por lo que parece un basurero gigante. Sarah ha olvidado su objetivo, a su hermano y a sus amigos. Una de estas mujeres la hace entrar en un recinto que es exactamente igual que su habitación y empieza a colocarle objetos de su infancia en la espalda, intentándola transformar en una “mujer chatarra”. Ella entonces lee el libro de Labyrinth y lo recuerda todo mientras su cuarto desaparece y se reúne con sus amigos. Una posible interpretación es que las mujeres que navegan por el basurero sean chicas que Jareth ha drogado previamente, olvidadas, con sólo objetos tangibles a los que aferrarse.

El empoderamiento

Finalmente, Sarah se enfrenta al Rey de los Goblins, sola, sin ayuda, de igual a igual. Allí empieza el juego de culpabilidad de Jareth hacia Sarah y su último intento de dominarla. La acción transcurre en un fantástico laberinto multidimensional de Escher donde ella intenta recuperar a su hermano mientras Jareth canta. "Todo lo que hecho lo he hecho por ti- - No he movido las estrellas por nadie más- -Puedo ser tan cruel como lo son tus ojos-".  Sarah persigue infructuosamente a su hermano hasta que hace lo que uno de los cocreadores de laberinto, Brian Froud, califica como “salto de fe”. Es en ese momento cuando el mundo del Rey de los Goblins se rompe en mil pedazos.

En la confrontación final, Jareth aparece deslucido y debilitado y pronuncia unas palabras que evocan de manera muy clara a una relación tóxica y abusiva (Te pido tan poco, deja sólo que te gobierne y podrás tener todo lo que tú quieras) mientras la tienta otra vez con sueños e ilusiones (témeme, ámame, haz lo que te digo y yo seré tu esclavo). El empoderamiento de Sarah es completo cuando pronuncia las palabras "Mi voluntad es tan fuerte como la tuya y mi reino igual de grande, no tienes poder sobre mí".

Labyrinth no es una película exenta de problemas, la relación entre Sarah y su hermano pequeño cae en el tópico de mujer cuidadora, aunque Toby sea realmente un MacGuffin o excusa que sirve al viaje de liberación y madurez de Sarah. La falta de hembras en las criaturas del laberinto y la belleza blanca y normativa de Sarah también son problemáticos en una revisión posterior. Sin embargo, Labyrinth subvierte los tópicos de la fantasía tradicional y de los cuentos de hadas en muchos aspectos. Una protagonista femenina que no es ni princesa ni guerrera, es decir, que no cae en el tópico de la feminidad tradicional ni intenta imitar una masculinidad normativa. Sarah también rechaza el amor de un rey que le ofrece regalos y sus sueños y, reafirmándose en su propio poder, lo vence. Labyrinth rompe también, con ciertas funciones Proppianas de la morfología de cuentos.

Vladmir Propp fue un erudito ruso que se dedicó al análisis de los componentes de los cuentos populares de su país para identificar los elementos narrativos básicos. Labyrinth cumple muchas de las funciones de Propp. Como las primeras funciones, por ejemplo: el aislamiento de uno de los miembros de la familia, Toby; la prohibición que recae encima del héroe, la advertencia de Jareth; la transgresión de dicha prohibición. La última función de Prop, sin embargo, es subvertida. En la función XXXI el héroe debe casarse y ascender al trono. No obstante, Sarah no establece una relación romántica con el Rey, la rechaza y ésto le da poder. Sarah evoluciona como mujer rompiendo una fantasía controlada aparentemente por un agente masculino y así entra en su propia madurez.

Si no habéis visto Labyrinth, miradla. Si ya la habéis visto, revisadla. Ya sea como homenaje al gran Bowie, por los magníficos muppets de Jim Henson y las creaciones de Brian Froud, o por el mundo extraño en el que nos sumerge. Y, por favor, haced vuestra propia interpretación, me encantará leerla.


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Nora Soler

Nora Soler

Diseñadora especializada en comunicación interactiva. Ilustra y escribe para Zena.

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