Representación de género en 'Harry Potter'

Joanne Rowling es la autora que se esconde detrás de J.K. Rowling, el nombre con que firma las novelas de Harry Potter. Rowling escondió el Joanne -la K es en honor a su abuela Kathleen- a petición de sus editores, que tuvieron miedo de que los niños -en masculino no genérico, todo el mundo sabe que las niñas sólo leemos literatura romántica- no quisieran leer una novela escrita por una mujer. A pesar de lo que pudieran pensar los editores, el rol de las mujeres en los libros es bastante destacado, y las niñas tienen personajes con quienes fácilmente se pueden identificar.

Fuertes y secundarias

El rol de heroína recae en Hermione Granger. Según explicó la autora, el nombre poco habitual de Hermione, extraído de la obra de Shakespeare A Winter’s Tale, está elegido a propósito, porque no quería que ninguna chica “empollona e irritante” en la vida real fuera etiquetada con este nombre. Hermione Granger es, de largo, la bruja con más talento de Hogwarts en un mundo en el que los magos con talento, como Harry Potter, Albus Dumbledore o Lord Voldemort, lideran el cotarro, y resulta curioso cómo, a lo largo de siete libros, no se podrá acabar de quitar de encima estas etiquetas. Ciertamente, Dumbledore, Harry o Voldemort tienen sus defectos -sobre todo Voldemort-, pero estos no están explícitamente ligados a su talento. De hecho, el personaje de Harry es arrogante en algunos libros, pero finalmente acaba modulando su carácter.

El personaje de Hermione tenía otras representaciones problemáticas, como el hecho de que Harry y Ron se hacen amigos de ella después de salvarla de un troll, reproduciendo así el tropo de la dama en peligro. La otra es que la historia gira alrededor de Harry, un personaje que es absolutamente más mediocre que ella y que se llevaba la gloria, los méritos y el valor porque era el elegido y ya -qué narices pintaba Ron en todo esto es un misterio más grande que las caras de Bélmez. Este hecho entronca con la tradición arraigada en la cultura popular de representar a los hombres como “genios” y a las mujeres como “trabajadoras y que se esfuerzan mucho”.

A pesar de todo, Hermione es un personaje atractivo e interesante, con valores bastante positivos. Hermione no se representaba con características tradicionalmente asociadas a la feminidad, sobre todo en cuanto a la apariencia física. Es por eso que, en el cuarto libro, se produce un cambio significativo: en el baile de Navidad del Torneo de los Tres Magos, Hermione despierta admiración porque va guapísima y, además, se ha ligado al tío sexy y famoso del momento, Viktor Krum. Esta sucesión de escenas recuerdan al tropo del makeover que, como explicamos, se presenta a menudo como ritual clave mediante el cual el personaje femenino se convierte en una mujer.

Otro personaje femenino fuerte que a menudo queda relegado a una posición secundaria es Minerva McGonagall, finalmente ascendida a directora de Hogwarts, y presentada como la número dos de Dumbledore. Quienes también debían ser fuertes eran Rowena Ravenclaw y Helga Hufflepuff, pero sus gestas siempre quedaron en segundo plano, eclipsadas por las batallas entre las casas de Godric Gryffindor y Salazar Slytherin.

Por su parte, Fleur Delacour, la única bruja que participa en el Torneo de los Tres Magos en el cuarto libro, quedó en última posición por no aguantar la presión de la competición, y a lo largo de la historia ha sido a menudo objetivada por su ascendencia veela, el equivalente de las sirenas en el mundo mágico.

En el ámbito de la seducción, además de todas las representaciones negativas que se pueden derivar de las veelas, destacan los filtros amorosos, pociones que obligan a la persona que la bebe a quedar perdidamente enamorada de quien le ha suministrado la bebida. A pesar de que se trata de un libro infantil donde las menciones al sexo son prácticamente inexistentes, que a una persona se la obligue a estar enamorada de otra sin ser consciente de ello –y que haga, por lo tanto, todos los actos que hacen los enamorados- no deja de ser una forma de violación mediante sumisión química que a los libros se trata como si fuera una cosa de adolescentes.

Sybill Trelawney y Minerva McGonagall en 'Harry Potter y la Orden del Fénix'. Fuente: fotograma de la película (WB).

Sybill Trelawney y Minerva McGonagall en 'Harry Potter y la Orden del Fénix'. Fuente: fotograma de la película (WB).

Diversidad de mujeres

Con todo, y a pesar del predominante protagonismo masculino, las novelas presentan una variedad de mujeres bastante destacable, que tiende a aumentar a partir del quinto libro. Entre las alumnas destaca Luna Lovegood, friqui y desacomplejada, y Ginny Weasley, que a pesar de pasar de ser una niña enamorada de Harry a una bruja poderosa nunca se sacó de encima ciertos síntomas del síndrome Trinity. En los últimos libros, se explica que Ginny tiene bastante éxito entre el sector masculino heterosexual, y Ron Weasley no está muy contento con la situación. A pesar de todo, Ginny siempre reivindica su libertad sexual y se opone a cualquier intento de slut-shaming.

Hay mujeres con poder en el lado oscuro o semioscuro, como Bellatrix Lestrange o Dolores Umbridge. Umbridge es un personaje bastante malvado y racista con rasgos de su identidad muy vinculados a características asociadas a la feminidad, como por ejemplo el color rosa o la devoción por las cosas cuquis -los gatitos, algo que enlaza con el personaje de “la señora mayor que vive soltera y rodeada de gatos”. Lestrange, a pesar de ser una bruja con grandes poderes, suele ser retratada como la groupie de Voldemort.

También encontramos auroras, como Nymphadora Tonks, y mujeres que tienen la función de madres o madrastras, como Molly Weasley; Narcissa Malfoy, que se debate entre la obediencia a su marido y el amor a su hijo; o la tía Petúnia, sobre quien recae el rol de madrastra malvada. Nunca podrán superar, no obstante, el encanto angelical de la difunta madre de Harry, Lilly Potter, de quien sabemos que era una bruja muy fuerte pero que pasó a la historia por sacrificarse por amor para proteger a Harry. Teniendo en cuenta que el padre de Harry, James Potter, también murió protegiendo al bebé, que el sacrificio de Lily sea más relevante que el de James entronca con un imaginario que refuerza la noción del amor maternal como algo mágico y místico perteneciente al ideal femenino.

Uno de los pocos insultos que se escuchan en toda la saga es el que Molly Weasley le dedica a Bellatrix Lestrange. "No a mi hija, puta!" es lo que la matriarca del clan Weasley le dice a la mala más mala del universo Potter antes de matarla. Una escena sorprendente teniendo en cuenta que Wesley es el paradigma de la madre apacible, protectora y casera, de quien poco te esperarías que fuera una bruja terrible. El punto negativo es que fuera precisamente Molly Weasley quien profiriera un insulto claramente sexualizado contra otra mujer que representa todo lo contrario -y, en muchas cosas, no necesariamente negativas a lo que representa Weasley.

Muchos personajes femeninos suelen presentar los rasgos del tropo conocido como las mujeres son más sabias, que describe las mujeres como más racionales, razonables o sensatas en relación con un personaje masculino.

Masculinidades opuestas

Toda la saga es una oda a valores positivos como la amistad, el amor y la solidaridad, rasgos que tejen, precisamente, el antagonismo entre Harry Potter y Lord Vodelmort. En este sentido, Voldemort encarnaría la versión más caricaturizada del macho alfa, alguien ávido de poder incapaz de expresar amor por nadie ni mantener relaciones personales que no se basen en la utilización y la sumisión del otro. Harry Potter, en algunos momentos, también peca de chulillo, pero siempre cuenta con mentores que lo ponen a raya, y al final de la historia queda claro que su triunfo sobre las fuerzas del mal es una victoria colectiva.

Albus Dumbledore, tan poderoso como Voldemort, es el paradigma de mente tolerante, sensible, sabia y abierta. Acabados los libros, J.K. Rowling reveló que Dumbledore era gay. Personalmente, consideré una lástima que esta faceta no hubiera sido más explícita durante los libros, teniendo en cuenta que Dumbledore no encaja en la imagen estereotípica de muchos personajes homosexuales que se habían leído/visto en aquellos tiempos y que es un personaje respetado por la comunidad, hecho que nos aleja de tropos en los que los gays son vistos como personas que no acaban de encajar en la sociedad o tienen vidas repletas de desgracias.

Aun así, teniendo en cuenta la evolución del personaje, hubiera habido el riesgo de caer en tropos como el del queer mágico o el del personaje con los pies en la tierra, personajes secundarios pertenecientes a una minoría que son el centro moral de la historia y que siempre están ahí para aconsejar al héroe, generalmente un hombre blanco heterosexual.

Harry y Voldemort en 'Harry Potter y las reliquias de la muerte (II)'. Fuente: fotograma de la película (WB).

Harry y Voldemort en 'Harry Potter y las reliquias de la muerte (II)'. Fuente: fotograma de la película (WB).

Los vínculos padre-hijo también tienen un papel importante. Harry está rodeado de figuras paternas, como Albus Dumbledore, Arthur Weasley y Sirius Black. Remus Lupin, hombre-lobo y mago, abandona a su mujer, Tonks, cuando sabe que está embarazada, pero el grupo lo hace recapacitar y vuelve a su lado. Hay padres que fracasan, como Lucius Malfoy -pero su mujer salva la historia- y Bartemious Crouch Sr., a pesar de que, en el caso de este último, poca cosa podía hacer para apoyar a su hijo.

En los dos últimos libros, el personaje de Severus Snape adquiere un protagonismo relevante, y se erige como la tercera pata en el plan de Harry y Dumbledore para acabar con Voldemort. El personaje se retrata, al final, bajo un prisma positivo, pero esto no impide que presente rasgos bastante inquietantes, como que odiara a un niño, Harry, simplemente porque odiaba a su padre -por mucho que lo poco que hayamos visto de James Potter es que era un abusador de instituto.

Que diera su vida para preservar la memoria de un amor de niñez, Lily, refuerza el mensaje de los libros que el amor y la amistad mueven el mundo, pero no deja de ser triste porque demuestra que el personaje no ha madurado. James Potter parece que sí, pero Snape, no. De hecho, Snape tiene actitudes agresivas con Lily cuando ve que le gusta otro chico, hasta el punto de caer en un insulto racista como sangre sucia. En el fondo, la historia de Snape no deja de ser la glorificación del pagafantas, una figura que es tan perjudicial para los hombres como para las mujeres.

Imagen principal: promocional de 'Harry Potter'. Fuente: WB.


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Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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