James Deen

Pornografía y cultura de la violación: la caída de James Deen

El 28 de noviembre de 2015, la actriz porno, escritora y activista Stoya publicó dos entradas en Twitter acusando inequívocamente su ex pareja, el también actor porno James Deen, de haberla violado. Las acusaciones fueron negadas y tachadas de difamatorias por Deen al día siguiente, también a través de la red social, pero eso no evitó que, en una ola de solidaridad con Stoya, una serie de hasta nueve otras actrices y trabajadoras de la industria pornográfica, incluyendo la ex pareja de Deen, Joanna Angel, explicaran sus propias experiencias de abuso en sus manos.

"Conectar-se un momento a Internet y ver gente idolatrando como feminista al tipo que te violó. Asqueroso".

El episodio resulta revelador por varias razones. En primer lugar, la imagen de Deen dentro del mundo del porno se había caracterizado, hasta ese momento, por distanciarse del perfil de "macho agresivo" que se identifica con el género. De hecho, a pesar de que él mismo no se atribuye la etiqueta, Deen ha prosperado como ejemplo destacable de actor porno "feminista", con una sensibilidad hacia las mujeres y una apertura en su visión del sexo poco habitual en los actores de la industria. Los tuits de Stoya se presentan, de hecho, como una respuesta de rabia ante esta imagen inmerecida por parte de Deen.

En segundo lugar, las personas que lo acusan, empezando por la misma Stoya, no son contrarias a la industria del sexo en general, ni reniegan de la pornografía: se trata mayoritariamente de actrices con actitudes cercanas al feminismo sex-positive que, a pesar de reconocer la existencia de problemas en la industria, se oponen de manera general a la idea de que la pornografía, incluso en los géneros considerados más "duros", sea en sí misma machista.

En tercer lugar, es sorprendente la respuesta positiva que los comentarios de Stoya han recibido en las redes sociales y los medios de Internet. Aparte de las acusaciones solidarias, en los días siguientes a las publicaciones se organizaron varias etiquetas de apoyo a la actriz en Twitter, se publicaron artículos en defensa de Stoya en lugares como la revista Time y The Guardian, y varias páginas web de contenidos para adultos cortaron todo contacto con Deen.

Para entender por qué esta respuesta es sorprendente conviene tener presente cuán habitual es culpar a las víctimas de las agresiones de las que son objeto o disminuir la importancia de éstas en contextos como el de la industria del porno. Sólo unos días antes de los tuits de Stoya, el 24 de noviembre, el abogado del luchador de artes marciales War Machine argumentaba que la idea de que éste hubiera podido violar su ex pareja Christy Mack era inverosímil porque ella se dedica al mundo del porno. El juicio se produce tres meses después de que War Machine atacara Mack en casa de ella y en presencia de una amiga, golpeándola hasta provocarle lesiones graves. El argumento del abogado puede parecer extraño, pero quizá no lo es tanto si tenemos en cuenta que uno de los comentarios más repetidos en las redes sociales después de que se hiciera público el ataque a Mack fue que ella era la responsable, por su conducta general y por su elección de pareja.

Aunque para algunos puede resultar tentador atribuir este tipo de problemas a especificidades de la industria del sexo, la realidad es la contraria: normalizar los abusos y culpar a la víctima son dos conductas extremadamente extendidas ante la violencia sexual en todos los ámbitos sociales. Es parte de lo que desde el feminismo se ha venido a denominar como "cultura de la violación": una serie de instituciones y dispositivos sociales que tienen el efecto de reproducir conductas de agresión sexual bajo una apariencia de normalidad, invisibilizando los ataques y difundiendo responsabilidades.

En cualquier caso, los incidentes que se producen en el mundo del espectáculo, y especialmente en el mundo del espectáculo "para adultos", son especialmente significativos, en la medida en que la ficción en general y la pornografía en concreto tienen un papel importante al definir el imaginario sexual de las poblaciones que las consumen. Tanto la idea que si una persona es muy activa sexualmente y/o se gana la vida con el trabajo sexual ello justifica que sea agredida, como la suposición implícita que las víctimas y los perpetradores de la violencia sexual forman parte de algún grupo de riesgo, son muestras claras del tipo de mecanismos argumentales falaces de los que se sirve la cultura de la violación.

Acciones como aquellas de las que se acusa a Deen hacen patente precisamente el hecho de que personas que no sólo no muestran ningún problema para adaptarse en su entorno social, sino que de hecho destacan por su excelente conducta de acuerdo con las normas aceptadas en sus ámbitos y en la sociedad en general, pueden también actuar como agresores. Por tentador que resulte imaginar que estas acciones son el resultado de disfunciones psicológicas o sociales, si llegan a producirse continuadamente es porque son tratadas como aceptables en muchos entornos.

En el caso de Deen, el desenlace es relativamente positivo, al menos en cuanto a la denuncia de las agresiones ante el público, pero resulta preocupante constatar cómo una parte del público se niega a entender la noticia como lo que es, un ejemplo destacado de un tipo de conducta desgraciadamente común en todos los niveles y ámbitos sociales, y prefiere escudarse ante la idea de que las agresiones sexuales son algo que ocurre en ambientes marginales o excepcionales. La diferencia principal entre la situación de Deen y la de muchos otros agresores es quizás precisamente que una parte de su vida sexual y las mujeres a las que agredió es pública y está sometida a escrutinio, y que los implicados, independientemente de sus perfiles individuales, forman parte de una profesión que buena parte de la población mira con malos ojos. Resulta inquietante pensar que, incluso en este contexto, algunos personajes puedan sentirse lo suficientemente protegidos como para convertirse en agresores.

Imagen principal: James Deen. Fuente: RepublicBuzz

Andreu

Andreu

Sociólogo, filólogo e investigador en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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