Nostalgia | ‘Doble función’: masculinidad y feminidad en la literatura infantil

Una regla no escrita en el mundo de los estudios feministas y de género es no analizar nunca aquellas historias que te han marcado la niñez. El riesgo es que los recuerdos infantiles queden absolutamente destrozados, y esto ya nos pasó con la versión cinematográfica de Bola de Dragón con actores de carne y hueso, así que tampoco hace falta añadir más dolor y sufrimiento a nuestra existencia. A pesar de ello, he decidido arriesgarme y reencontrarme con mi novela infantil preferida.

Doble función es una novela de Jacqueline Wilson publicada el 1995 bajo el título Double Act. Para evitar hacer spoilers -a pesar de que el libro hace tiempo que existe y ya ha superado el periodo de cortesía marcado por las reglas del spoiler-, he rescatado el argumento del sitio web de la Casa del Libro, donde podéis encontrarla en catalán y castellano:

“Rubí y Granate son dos gemelas de diez años. ¡Son idénticas! Hacen todo juntas (bueno, Rubí dirige y Granate sigue), sobre todo desde que su madre murió hace tres años. Y están muy contentas de tenerse la una a la otra cuando a su alrededor todo empieza a cambiar de forma horrible. Y es que la culpa de todo la tiene Rosa. Rosa es la nueva amiga de papá. Está fastidiándolo todo. Ha cambiado a papá. Le ha cambiado tanto que de repente él anuncia que van todos a mudarse a una casa nueva. Con Rosa...”

Mediante Rosa, la sinopsis de la novela nos introduce el tropo de la madrastra malvada, un personaje que generalmente se convierte en la antagonista de la protagonista y, de forma indirecta, de la madre de ésta. Las madres difuntas, más que un ser con agencia, acostumbran a ser un compendio de todas las virtudes que tiene que tener una madre -y que evidentemente ninguna mujer real puede reunir. A pesar de esto, la evolución de la novela demuestra, en este caso, que una cosa es la percepción sobre Rosa que tienen las dos gemelas protagonistas al inicio -la historia está narrada como si fuera el diario personal de las dos protagonistas- y la otra lo que realmente es este personaje.

Dualidades valiosas

Debo admitir que no recordaba mucho la historia de Rosa, sino que lo que siempre me ha llamado más la atención es la construcción de Granate y Rubí y la relación que se establece entre ellas dos. La sinopsis nos da la pista que las dos gemelas, a pesar de ser idénticas, tienen personalidades opuestas. A lo largo de las páginas veremos como esta impresión se confirma e, incluso, se incrementa. A grandes rasgos, la historia nos muestra como Rubí tiene un carácter, actitud y forma de hacer tradicionalmente asociados al ideal de masculinidad, mientras que Granate presenta actitudes asociadas al ideal femenino.

En algunas historias dirigidas a público infantil, entre los atributos del personaje femenino con más entidad hay el hecho de que, en el fondo, no acaba de comportarse como se comportan el resto de chicas. Es el caso de, por ejemplo, Hermione Granger en Harry Potter, o Spinelli de la serie de dibujos animados La banda del patio. De hecho, Los Simpsons han ironizado sobre esta representación:


En Zena ya explicamos, mediante el concepto de la final girl, que dar atributos que tradicionalmente se han codificado como masculinos a personajes femeninos era una buena manera de hacer “que los espectadores masculinos no se sintieran mal por identificarse con la heroína”.

Las mujeres han sido tradicionalmente relegadas a papeles secundarios en la ficción, en parte, porque los roles que han desarrollado a la vida real se han considerado secundarios y/o desempeñados en la esfera privada. Tener mujeres en ficción con un rol, un carácter o una apariencia masculina no es negativo -¡al contrario!-, pero se convierte en problemático cuando su construcción pasa por denigrar aquellos roles, comportamientos o apariencias tradicionalmente asociados a la feminidad y que, analizados de forma individual, no tienen nada de negativo; lo que los ha convertido en perjudiciales es su sistemática adjudicación a las personas de un mismo sexo. Un hecho que, además, no anima a los hombres a adoptar valores y roles que hasta ahora se les ha negado por razón de sexo.

En la novela, Rubí no es mejor que Granate. Tampoco a la inversa. Cada personaje tiene atributos positivos y negativos que repercuten en su situación personal.

La historia de la adaptación a la nueva vida de las protagonistas sirve como ritual de paso de la niñez a la preadolescencia, etapa previa a la época más turbia del ser humano. Es por ello por lo que la novela no tiene lo que podríamos considerar un final feliz -absolutamente luminoso y cerrado-, sino un final que se adapta al carácter de transitoriedad y a la complejidad que ya empieza a marcar el paso hacia la vida adulta.

Imagen destacada: portada de la edición de 2006 del libro publicada por Transworld Publishers.


T'agrada la nostra feina?

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

Deja un comentario

Us de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies perquè vostè tingui una millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment i l'acceptació de la nostra política de cookies TANCAR