Nostalgia| ‘Chocolat’ (2000)

Chocolat (Lasse Hallström, 2000) es una película ideal para las tardes del fin de semana en las que te hace un palo inmenso salir de casa o hacer algo productivo y no quieres sentirte culpable de no dar ni un palo al agua. Pasarás un rato entretenido y cuando acabes tendrás una sensación de buen rollo que te durará un par de horitas. Como comer chocolate, vaya.

La historia empieza cuando Vianne Rocher (Juliette Binoche) y su hija (Victoire Thivisol) llegan a un pueblecito de Francia para instalar una chocolatería. El pueblo hace gala de unos principios bastante conservadores –la acción transcurre en 1959– y no acogerá con muy buenos ojos a Vianne, madre soltera, atea y nómada (ella y su hija van, literalmente, donde las lleva el viento del Norte) que encima regenta una tienda donde vende un producto tan asociado a dos pecados capitales como son la gula y la lujuria.

La película utilizará el chocolate y su consumo como un medio para entender los deseos y los tabúes de cada una de las personas que, poco a poco, se irán acercando a la tienda para comprar. Ahí serán aconsejadas por Vianne, que tiene el mágico don de adivinar qué tipo de chocolate es el preferido de cada cliente. El único cliente a quién Vianne parece no acertarle el gusto es a Roux (Johnny Depp, cuando todavía no se había convertido ni en una parodia de sí mismo ni en un presunto maltratador), miembro del grupo de gitanos que, de vez en cuando, se instalan cerca del pueblo.

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Podríamos decir, pues, que en la película hay tres grandes ejes que transcurren en paralelo. El primero es la aceptación de la diferencia, ejemplificado en las tensiones entre Vianne y el pueblo, así como entre el pueblo y el grupo de gitanos. El segundo es el empoderamiento femenino, representado por la independencia de Vianne, quien, además de hacer gala de un estilo de vida poco ortodoxo para la gente del pueblo, acoge en su obrador a Josephine Muscat (Lena Olin), mujer maltratada por su marido, Serge (Peter Stormare). La trama de maltrato está bastante bien desarrollada, al no justificar en ningún momento las acciones de Serge; al presentar algunos de los problemas materiales y sociales que dificultan a una mujer dejar su marido y, sobre todo, al transmitir el mensaje que la violencia machista es un asunto de importancia pública.

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El tercer eje recae en los conflictos derivados de la represión del deseo, y de cómo se perpetúa mediante convenciones alrededor de la virtud. Además de la simbología vinculada a la chocolatería, estas tensiones se evidencian en el antagonismo entre la anciana Armande Voizin (Judi Dench), rebelde y abierta a todo tipo de experiencias, y su estricta y conservadora hija, Caroline Clairmont (Carrie-Anne Moss). En la mayoría de casos, no obstante, se tratará de una Guerra Fría en la que la educación del hijo de Caroline, Luc, es la principal disputa.

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A pesar de todo, el mensaje subversivo de la película no deja de ser de lo más convencional. Ni Vianne ni su hija tienen ninguna característica física (ni facciones, ni color de piel) que indiquen que la madre de la protagonista era una nativa americana. Y, al final de la película, tanto Vianne como Roux abandonan su estilo de vida, claramente representados como ajenos a la cultura dominante, a favor de un modelo sedentario y anclado al modelo de familia nuclear.

Todas las imágenes, incluida la destacada, son fotogramas de la película y propiedad de Miramax Films.


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Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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