"La industria de los videojuegos es muy insular y pequeña"

Andrea Morales Coto me responde desde su habitación en Bushwick, uno de los barrios de moda de Brooklyn, acabada de levantar, con su camiseta de apoyo a Bernie Sanders.

Ella podría representar, en cierto modo, el sueño americano. Llegó a Nueva York desde Costa Rica hace dos años, en dos años de estudio en la prestigiosa escuela de diseño Parsons, ha sido vocal en Indie Cade, Festival Internacional de Juegos Indie en Los Ángeles, finalista en el “Play Everywhere Challenge” de Kaboom, una ONG dedicada a catalizar y crear sitios de juego para niños creciendo en la pobreza, y dentro de una semana empezará a trabajar en una de las empresas pioneras en justicia social tecnológica de Estados Unidos, Thoughtworks. Thoughtworks proporciona diseño y entrega de software así como herramientas innovadoras en servicios de consultoría. La empresa ha contribuido a una amplia gama de productos de código abierto y basa su empresa en tres pilares fundamentales, el negocio sostenible, la excelencia en software y la justicia social.

Andrea salió del armario hace siete años, reconoce su privilegio de pertenecer a una familia latina acomodada e incluso de tener la piel blanca. Hablo con ella de lo que ha significado ser queer, latina y mujer tanto en Costa Rica como en Nueva York y, en el ámbito de la tecnología, hablamos de política, del gamergate, también de Orlando y de catolicismo, todo esto antes de su primer café.

Afirmabas hace un tiempo en tu perfil de facebook que las identidades son importantes. He pensado que para empezar la entrevista me gustaría que te identificaras.

Soy Andrea Morales Coto, con los dos apellidos. Soy diseñadora, soy latina, aunque sea de tez blanca, soy queer y soy mujer cis. Con respecto a identificarse específicamente con la etiqueta queer, he usado la etiqueta bisexual antes y no me sentiría mal usándola, pero me siento más cómoda con la etiqueta queer porque siento que la gente me entiende un poco más cuando digo queer que cuando digo bisexual.

¿Por qué crees que es así?

Cuando me identifico como bisexual la gente empieza a hacer preguntas sobre qué porcentaje de género me gusta más y si yo digo que me gusta más el género femenino a veces no lo entienden. También abre las puertas a que ciertos hombres me inviten a tríos, cosa que nunca he querido, y a hacer preguntas muy personales. Aunque no me importa decir de mi misma que soy lesbiana o que alguien me diga que soy gay, sigo pensando que es mejor para mi decir que soy queer, ya que es más adecuado a la experiencia de hacia dónde podría ir mi  sexualidad. Yo me he enamorado de hombres y de mujeres.

El problema de identificarse como sólo Andrea o como un ser humano sin identificarte como queer es que la comunidad a la que pertenezco sigue sufriendo homofobia y sigue muriendo por ello -Andrea se refiere a las altas tasas de suicido entre la comunidad LGTBI adolescente- y, como decía Harvey Milk, "existir es una forma de rebelión" y salir del armario es importante y es un acto consciente. En ese sentido, en Estados Unidos tengo que estar saliendo del armario constantemente como latina.

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La carta de presentación de Andrea

Hablemos de tu identificación como diseñadora y tu trayectoria profesional. En Costa Rica estudias comunicación, cuando acabas la carrera ¿a qué te dedicas allí?

Estuve un tiempo haciendo producción audiovisual para publicidad, después diseño. Empecé a hacer un cortometraje como proyecto personal que se acabó convirtiendo en un proyecto transmedia, en el primero del país y de Centroamérica. Finalmente trabajé como directora de Marketing en una startup antes de ir a Estados Unidos a estudiar diseño transdisciplinar en la Parsons.

¿Por qué decidiste estudiar diseño transdisciplinar?

Estuve saltando mucho del mundo creativo al mundo estratégico, el que está más relacionado con la parte de negocios, y me di cuenta que quería tener voz en los dos y me pareció fascinante poder encontrar ese punto medio.

Después de tu máster en la Parsons hiciste una tesis en tecnología y economías alternativas. Ahora trabajarás en el departamento de iniciativas de cambio social Thoughtworks, en una de las empresas pioneras en justicia social en el ámbito de la tecnología en Estados Unidos.

Me interesan muchos las redes que conectan este mundo globalizado, la economía, la tecnología, internet. Me interesa la infraestructura de finanzas y de internet, sobre todo saber quién está incluido en esas redes y quién no y cuáles son los sistemas de poder inherentes a ser dueños de infraestructuras de redes. Estar representado comunicativamente es muy importante para empezar, para concienciar, pero hay que pensar más allá, en la infraestructura del poder, la organización económica y la tenencia de recursos físicos, la desigualdad económica, la desigualdad de oportunidades y la centralización de recursos.

Mi intención era trabajar en una empresa del ámbito tecnológico y de diseño para cambiarla desde dentro. He tenido la suerte de poder trabajar en Thoughtworks, que tiene una política interna buenísima en la que no voy a tener que luchar desde dentro, pero podré trabajar en una empresa de tecnología pensando en el lugar que ocupa en nuestras vidas, pensando en la desigualdad de acceso a recursos tecnológicos.

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Primer trabajo de Andrea en la Parsons School of Design

Siempre te ha llamado mucho la atención el ámbito de los videojuegos, profesionalmente y personalmente, aunque una vez empezaste a entrar en el ambiente en ciertos congresos te decepcionó el ambiente. ¿Por qué?

Porque es una industria que siempre ha tenido muchos problemas con la misoginia. Aunque no los he experimentado y como persona gay he tenido cierta ventaja.

¿Por qué?

Al ser gay en entornos masculinos me tratan quizá erróneamente como uno de ellos, es terrible, y aunque me de ventaja, igualmente los enfrento y a veces les tengo que recordar que soy mujer.

¿Crees que aparte de la misoginia el ámbito de la tecnología y los videojuegos también tiene problemas de homofobia y racismo?

He vivido en comunidades abiertas y no lo he experimentado, pero no hay duda de que existe.

Como usuaria de videojuegos y persona que trabaja y se ha formado en el ámbito de la tecnología, ¿cómo has vivido el gamergate? ¿Ha sido decepcionante para ti ver este lado de la industria o era algo que sabías que siempre había estado ahí?

Creo que en muchos sentidos siempre he tenido muchos problemas con el sexismo en los juegos. Desde muy joven, cuando tenía dieciséis años, le dije a un diseñador de videojuegos que quería diseñar juegos y él me dijo: "¿Tú, diseñar juegos?" Y se murió de risa, nunca me dijo por qué no podía diseñar juegos. Creo que la razón era clara, porque yo era mujer, simple y llanamente, ya que ni me conocía ni tenía ni idea de quien era.

El hecho de jugar a videojuegos me quitó, a los ojos de muchas personas, cierta feminidad, hecho que también es sumamente interesante. De hecho, que me gustaran los juegos, en muchos sentidos me cerró espacios de feminidad. Por gustarme los juegos me iba a gustar claramente la tecnología y claramente, al ser espacios relacionados y por estar inmiscuida en ellos, iba a tener que mantenerme en esos espacios. Por otro lado, los juegos me han abierto mucho la mente con respecto a cómo vivo ser una persona queer, ya que puedo vivir otros avatares y puedo ser un hombre, puedo ser muchas cosas en un juego que no puedo ser en la vida real. Eso no quiere decir que no lo pudiera ser en libros o en cine, pero el hecho de estar en el juego y tener capacidad de decisión sobre cómo el juego se estaba desarrollando me daba espacios para explorar mi propia orientación sexual y mi identidad de género.

Dicho esto, siempre han sido espacios de discriminación, ya que son lugares que se han identificado con la masculinidad a pesar de que las mujeres programadoras y diseñadoras de videojuegos han sido de las pioneras en estos campos desde hace mucho tiempo.

En general, crecí en espacios opresivamente masculinos. De hecho, en el momento en el que tuve que tomar la decisión sobre cuál quería que fuese mi carrera inicial, escogí comunicación y no programación que era lo que más quería hacer, porque estaba cansada. Tenía ya diecisiete años a mis espaldas de jugar a juegos y de estar en espacios en los que era constantemente rechazada o se me pedía que mostrara mi habilidad jugando para poder demostrar que yo podía ser parte de un mundo de diseño de juegos. No quería ser parte de esa gente y me tomó años reencontrarme y volver a formar parte de este mundo, pero bajo mis términos. Bajo mis condiciones como diseñadora que es, al final del día, lo que más hago, pero me ha costado y continúa costando y nunca va parar de costar, ya que es un mundo en el que constantemente tienes que probar quién eres. Extrañamente, ha sido ahora, en un momento en el que estoy más abiertamente segura de mi sexualidad, cuando he podido incorporarme a estos mundos. Cuando veo una injusticia, puedo simplemente levantarme y decir que no estoy de acuerdo y no tengo por qué hacer caso de alguien sólo por ser hombre.

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Andrea moderadora a IndieCade

Creo que ha sido un proceso de liberación personal el que me ha permitido volver a un mundo extremadamente opresivo a nivel de sexualidad e identidad de género y que, sin embargo, ha estado evolucionando mucho en parte gracias al gamergate. Gracias a la exposición que ha tenido ahora la industria a estos problemas de misoginia, y por culpa de eso, la industria ha tenido que cambiar, enfrentarse a sus demonios y darse cuenta de que ha estado haciendo las cosas mal. Pero yo sigo definitivamente en un espacio privilegiado en el cual estoy rodeada de académicos, de personas de color, personas queer y personas que están en juegos por razones eminentemente parecidas a las mías. Personas que, una vez hemos sufrido el rechazo dentro de esa comunidad, hemos decidido volver voluntariamente ya que hemos visto que hay algo en los juegos que queremos, pero estamos hasta cierto punto protegidos del gamergate.

Creo que la industria de los juegos es una industria muy insular y pequeña, es fácil entender por qué existe toxicidad en estos círculos tan pequeños, son círculos fáciles de infiltrar o manipular. La industria de los juegos parece más grande de lo que es, es una industria sumamente “masturbatoria” en la que muchas de las cosas que suceden se mantienen en ella y muchas veces nos olvidamos de que hay un mundo fuera de ella. Lo único positivo es que, por lo menos, se desarrolló una discusión. Pero creo que hace falta una de más profunda y debemos orientarla no sólo sobre quién está representado en los juegos ni qué clase de juegos estamos haciendo, sino cómo existe y permea el sexismo en todos los aspectos de la industria desde la creación hasta la distribución y cómo abandonamos los juegos una vez hemos terminado de jugar, la cultura tóxica del usar y tirar.

Antes has mencionado que en Estados Unidos sales del armario constantemente como latina ¿Por qué crees que es importante?

Porque es una parte importante de quien soy. No vengo aquí a jugar a que soy blanca, a pesar de que lo sea de tez, soy latina y cuando lo digo estoy respetando mis raíces y a los otros latinos. No quiero apropiarme de un lugar y sistema de privilegios que me niego a perpetuar.

En Estados Unidos hay una discriminación sistemática en la que el latino es el inmigrante que viene a quitarnos trabajo y no puede ser inmigrante documentado. A pesar de que tengo muchos beneficios que vienen por mi entorno socioeconómico y mi pigmentación, al final del día yo también soy latina y no puedo alejarme de toda la gente que está sufriendo, de muchas de estas personas que son de tez más oscura, que hablan mi idioma y que se identifican con símbolos culturales con los que yo me identifico, ellos son mi gente

¿Hay discriminación dentro de la comunidad latina?

Sí, claro. Siempre ha habido discriminación dentro de la comunidad latina hacia los negros. No sé si lo has escuchado, pero entre los latinos se dice mucho lo de “mejorar la raza”. Se dice que estás “mejorando la raza” cuando te casás con alguien más blanco que tú.

¿Cómo te enfrentas a este doble privilegio y discriminación, como mujer latina de tez blanca?

Me ha dado privilegios ahora que la comunidad tecnológica está buscando minorías siendo mujer, gay y latina. Eso me ha hecho atractiva dentro de la comunidad tecnológica, pero también te quita cosas. Lo primero que dicen cuando saben que soy latina es “Uy no tenés ni siquiera acento” como algo positivo. ¿Cómo respondes a eso? Yo estoy feliz con mi acento, muchos de los gringos ni siquiera hablan otro idioma que no sea el inglés.

Seguro que en Estados Unidos te encuentras a mucha gente que idealiza Costa Rica como país. Ciertamente un país sin ejército, con más del 27% del país siendo territorio natural protegido y liderando los rankings de país más feliz del mundo puede resultar atractivo. Pero, ¿cómo viviste ahí tu salida del armario? ¿Es un país realmente ideal legalmente i socialmente para la comunidad queer?

Yo salí del armario hace siete años y la evolución del país ha sido muy interesante para mí. Hace siete años no estábamos bien y yo formaba parte de un mundo en el que aún estaba muy escondida la comunidad queer, en el que yo salía del armario con mis amigos del colegio y aún me daba miedo perderlos. Probablemente sigue sucediendo, pero a mí me ha hecho mucha gracia que en siete años pasamos de no tener marcha del orgullo a tener una que cierra calles y calles en Costa Rica.

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Marcha de la Diversidad en Costa Rica

Costa Rica como queer me ha tratado mejor que a muchos, ya que vengo de un entorno socioeconómico alto y tengo la tez clara. Siento que hay un cambio en gente que habla de ser gay y gente que dice "yo soy yo y no tengo que darme ninguna etiqueta". Antes no podías no darte una etiqueta ya que la gente te la daba automáticamente.

¿Y a nivel político y legal también han cambiado las cosas en Costa Rica?

No mucho. En Costa Rica la gente queer no se puede casar, no puede adoptar, no tiene ni siquiera unión civil, esto en 2016, en un país que teóricamente es muy avanzado. Ahora hay una ley que protege empleados públicos del despido por discriminación aunque yo he escuchado un montón de gente despedida por eso. La gente trans tiene muchísimos problemas. Por ejemplo, conozco una doctora trans que trabaja en el hospital general de niños que tiene una vida durísima.

Un avance es que la Caja Costarricense de Seguro Social (la Seguridad Social de Costa Rica) puede dar seguro para las parejas del mismo género o sexo y sé que ahora también pueden recibir pensión de muerte. Pero ni te podés casar ni tenés los mismos derechos legales sobre el hijo.

Algo que a mí me sorprende de ti es el hecho de que tú te identifiques como católica, no me sorprende por el hecho de que tú has crecido como católica pero,  ¿cómo concilías ser católica con la institución católica, que es históricamente sexista y homófoba?

Yo no lo conciliaba hasta venir a Nueva York. Me identificaba como cristiana y quería ir a la iglesia católica, pero no había encontrado un espacio para eso, ya me había dado muy por vencida en ese tema, seguía creyendo pero no tenía donde ir. Cuando vine aquí a Nueva York fui a una iglesia católica apostólica romana, la iglesia se llama Saint Francis Xavier y lo increíble es que tienen en el newsletter un grupo de católicas lesbianas y un grupo de jóvenes católicos en el que dicen que no importa si sos “single, married, straight or gay” (soltero, casado, heterosexual o homosexual). Han tenido muchos problemas con la iglesia ya que durante el Día del Orgullo ponen banderas gais en la iglesia y es una iglesia enorme. No entiendo cómo lo lograron, creo que una gran razón es porque están en una ciudad muy liberal y liberada y la institución eclesiástica se rinde ante eso.

La primera vez que fui a un sermón, el padre dijo que tenemos que luchar contra la indiferencia y la desigualdad y que eso implicaba admirar a personas como Harvey Milk, para mí eso fue un shock. Todos los estereotipos que yo pensaba que representaba para ésta gente cayeron. En Costa Rica no hay manera de escapar del catolicismo, pero si en otros lugares ha habido manera de replantearse el catolicismo, no entiendo por qué ahí no. Yo vivo mi religión como un sistema de creencias y no como algo institucional, la iglesia somos nosotros, no el Vaticano, yo creo que el Papa es pura mentira.

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Iglesia de Saint Francis Xavier en el día del orgullo gay

El atentado el Orlando se ha identificado con un atentado terrorista islámico, sin embargo me decías que tú lo identificabas más como un atentado homófobo. ¿Por qué lo identificas como tal y porqué crees que la versión política se ha enfocado en el terrorismo islámico?

Hay analistas que hablan de esto mejor que yo, pero creo que al final del día es porque él era musulmán y aquí hay un racismo imperante identificando todo lo que sea musulmán como terrorista. Y segundo porque, básicamente, hablar de homofobia es hablar de algo de que los gringos no quieren hablar, sobre todo los liberales.

Creo que ellos piensan que la homofobia no es un problema y por eso me siguen preguntando por qué digo que ser gay es una parte vital de mi identidad. La gente piensa que no es algo importante, pero luego cuando ves que los chicos y chicas gays se siguen matando todos los días, se siguen pegando un tiro a la cabeza, ves que aún es esencial, tenemos que marchar, luchar y enfrentarnos a la homofobia. Pero el gringo liberal quiere pensar que eso ya pasó, que ya no es un problema.

Aquí, por ejemplo, en una ciudad tan liberal sigue habiendo misoginia, yo andando de la mano con mi novia siguen diciéndonos cosas como “Uy, ojalá estuviera en medio”. Yo pensaba que venía a Nueva York y eso ya no pasaría.

Hablemos de las elecciones en Estados Unidos del próximo noviembre ¿Te sientes representada por alguno de los dos candidatos a la presidencia?

Ni por Trump ni por Hillary. Ella, históricamente, ha hecho muchas cosas contra las comunidades de las que yo soy parte. Sé que todos tenemos derecho a cambiar, pero ella no ha apoyado a las poblaciones de color, contribuyó a que el sistema judicial actual estadounidense esté parcializado hacia beneficiar a personas blancas sobre personas negras o latinas.

No ha apoyado a la comunidad gay durante muchos años, y aunque tiene derecho a cambiar, sigue diciendo que Kissinger es su amigo y mentor, me parece una persona sumamente violenta que ha apoyado varias guerras. Creo que es una persona poco transparente, no me representa y como en Estados Unidos la única opción es entre el supuesto mal y supuesto bien, si pudiera votar votaría a demócrata, aunque realmente escogería a Bernie. Él es todo lo opuesto del gringo liberal privilegiado, aunque no me gusta que no especificara cómo implementaría las medidas que proponía y me hace pensar que es un poco iluso. Y apoyó la tenencia de armas en el pasado aunque cambió a tiempo, no como Hillary, que cambió hace cuatro años.

¿Si Trump ganara en las elecciones tienes miedo de que, como ha pasado en Inglaterra con el Brexit, haya una oleada de racismo en Estados Unidos?

La cosa es así, siempre van a haber sentimientos homófobos y racistas en la población. Pero, en el momento en que las autoridades validan y legitiman estas actitudes, es cuando empieza la violencia.

Alguna vez hemos discutido sobre si el mundo está avanzando o retrocediendo socialmente, políticamente y ecológicamente, ¿Qué piensas al respecto después de tus vivencias personales y profesionales?

Creo que es bueno estar preparado para lo peor pero esperar lo mejor. Sin esperanza, ¿para qué estamos aquí? Me di cuenta de que muchos de los avances que pensaba que existían sólo existen en un porcentaje muy pequeño de la población. Se ha dejado de lado a poblaciones pobres o a gente sin acceso a la educación y nos estamos transformando en pseudocosmopolitas. Pensamos que estamos avanzando mucho, pero sólo somos un pedazo del mundo muy pequeño. Por eso pienso que aún tenemos que trabajar mucho y saber que, aunque todo se vaya a la mierda, es mejor seguir teniendo esperanza. Para eso estamos vivos.

Las imágenes han sido cedidas por Andrea Morales Coto.


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Nora Soler

Nora Soler

Diseñadora especializada en comunicación interactiva. Ilustra y escribe para Zena.

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