La ¿incuestionable? Kimmy Schmidt

La premisa de Unbreakable Kimmy Schmidt es de lo más siniestra: una chica es rescatada tras pasar 15 años en un búnker, secuestrada por un líder de una secta religiosa.

Bajo el formato sitcom, la serie muestra su progresiva adaptación al mundo contemporáneo como fuente de situaciones cómicas y diálogos hilarantes. Así, la primera temporada parece formar una serie de fascículos al más puro estilo Teo descubre el mundo (los capítulos reciben títulos como “¡Kimmy consigue trabajo!”, “¡Kimmy tiene una cita!” o “¡Kimmy va al médico!”).

Para Kimmy todo es nuevo, y todo le parece fantástico. Su extremo optimismo alumbra hasta los rincones más oscuros, y le ayuda a superar todo tipo de situaciones adversas. Unbreakable tiene una protagonista femenina y sin duda pasa el test de Bechdel. La mayoría de sus personajes resultan del todo entrañables y la serie es de lo más entretenida, con gags extraordinarios que demuestran que sus guionistas saben lo que hacen. Aún así, no se puede obviar que presenta aspectos cuanto menos rebatibles. Entre otros motivos, la serie ha creado polémica por el retrato que produce de Kimmy como víctima de trastorno por estrés postraumático (con opiniones tanto positivas como negativas). Pero el principal foco de las críticas sobre la serie es su problemática representación racial.

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Titus y Kimmy en Manhattan

UKS es complicada de analizar por su inconsistencia. Desde el piloto la serie parece querer dar constancia, a través del humor, de las injusticias raciales del mundo contemporáneo. En el montaje informativo que se muestra en el piloto, el chyron del telenoticias lee “ENCONTRADAS MUJERES BLANCAS”, guardándose para el subtítulo, en letra mucho menor, “Mujer hispana también encontrada”. La broma es ingeniosa y acertada, en la misma línea que las ocurrencias de Titus (el compañero de piso de Kimmy) resultan crudas e hilarantes: en un capítulo descubre que Nueva York le trata mejor cuando se disfraza de hombre lobo que cuando simplemente camina por la ciudad como hombre negro. En contraste con este tipo de gags, que esconden una intención crítica, la serie opta por darle tramas claramente racistas a algunos de sus personajes. Los casos más obvios son los de Dong, el novio vietnamita de Kimmy, y Jacqueline, su jefa y amiga.

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Kimmy y Dong pasean por Central Park.

El hecho de que UKS presente una pareja interracial como relación romántica principal es rompedor y sin duda positivo, pero no lo es tanto el personaje de Dong en sí, que se convierte en un ejemplo más del estereotipo asiático en televisión: un genio de las matemáticas, increíblemente amable con todo el mundo pero con problemas con el inglés, que además es explotado en su trabajo repartiendo comida china.

La caracterización de los nativos estadounidenses

En el tercer episodio de la serie descubrimos que Jacqueline, la jefa millonaria de Kimmy, proviene de una familia nativa americana. De nuevo, esto sería algo rompedor si no fuera porque su representación es problemática a varios niveles. La cuestión más superficial surge del hecho de que el personaje es interpretado por Jane Krakowsi, quién no tiene absolutamente nada de nativa americana. La trama en la que se relata cómo Jacqueline rechazó sus orígenes para aspirar a la vida de mujer privilegiada blanca que leía en las revistas resulta bizarra por sí misma, ya que no tiene gran relevancia a nivel narrativo, y ni siquiera cómico. La caricatura de la raza es extrema y, en el caso de los indígenas de América, cuya representación en la cultura popular es prácticamente inexistente, tal nivel de insensibilidad juega en contra de la propia serie.

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Jacqueline visita sus padres.

Lo realmente chocante es la respuesta que ha dado la serie en su segunda temporada a las críticas recibidas en relación con este tema. En el episodio "¡Kimmy va al teatro!", los guionistas muestran no tener el más mínimo interés por adoptar una actitud crítica sobre su propio trabajo. En el capítulo, Titus decide actuar en su propia obra de teatro como la geisha que cree haber sido en anteriores vidas. De la misma manera que UKS fue criticada por llevar uno de sus personajes a la apropiación cultural, un grupo de activistas asiáticos organiza un boycott a la obra argumentando que es ofensiva para la cultura asiática. El tema quedaría en una simple reflexión sobre la problemática si no fuera por el desenlace de la trama, en el que el grupo de asiáticos admite que la interpretación de Titus es genial y no tienen razón al criticar a la obra.

La conclusión pretende dar a entender que si la representación de raza es respetuosa no importa quién la lleve a cabo, intentando eximirse de toda responsabilidad ante el cuestionamiento de los problemas presentes en su primera temporada y sin aceptar que determinadas representaciones raciales en la serie no van precisamente cargadas de respeto. La idea de que la "corrección política" es un límite a la libertad de expresión es una excusa en absoluto válida que desmejora la serie. Resulta especialmente chocante considerando que, como queda demostrado al verla, sus autores no tienen ninguna necesidad de recurrir a la parodia racista para entretener, ya que sin duda conocen a la perfección los mecanismos de la comedia.

Imagen principal y adjuntas: Netflix

Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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