Amy_Schumer

La buena salud de la comedia (femenina) estadounidense

El año 2015 fue el año de Amy Schumer. El trabajo de la cómica norteamericana recibió un amplísimo reconocimiento: entre otros premios y nominaciones, Schumer ganó un premio Peabody, un Critics' Choice y tres galardones de la Television Critics Association, además de ser nominada a tres Emmys, de los que ganó uno (Mejor serie de sketches y variedades), por su programa, Inside Amy Schumer.

Si bien es cierto que la carrera de Schumer va en ascenso desde hace años, y que Inside Amy Schumer ha disfrutado de una magnífica salud desde el inicio de su emisión, en 2013, el año pasado fue el del verdadero salto a la fama internacional de la cómica, que incluso fue incluida en la lista de la revista TIME de las 100 personas más influyentes del mundo. Schumer es ahora también una habitual de la prensa del corazón, en especial desde que ha trabado amistad con la joven estrella de Hollywood Jennifer Lawrence. Schumer y Lawrence no sólo socializan juntas, también trabajan juntas en el proyecto de la que será la segunda película de Schumer tras el reciente éxito de Trainwreck, escrita y dirigida por ella misma.

El hecho de que una actriz reciba este tipo de reconocimiento y tenga este nivel de visibilidad pública no es, quizás, sorprendente en sí, pero el éxito de Schumer tiene algunos elementos que lo hacen destacable. Schumer es una artista completa de la comedia: es guionista, directora y actriz, y está curtida en el mundo de los monólogos. En este sentido, su ascenso es claramente indicativo de un cambio en algunos de los estereotipos que afectaban la percepción de las mujeres, y especialmente de las humoristas.

Prejuicios y poca visibilidad

Hasta hace cerca de una década, los estigmas vigentes entre buena parte del público y del mundo del espectáculo hacían creer que el genio humorístico era escaso entre las mujeres. ¿Cómo explicar, si no, la presencia relativamente escasa de mujeres independientes en el panteón de la comedia americana? Si bien las sitcoms han tenido siempre papeles femeninos de peso, el mundo de los monólogos y el de las series centradas en personalidades ha tendido a estar dominado por hombres: con excepciones notables como la de Moms Babley, una de las fundadoras de la comedia americana, y la de Roseanne Barr, que triunfó en el mundo del monólogo y mantuvo durante nueve temporadas en antena una dramedia pensada para su lucimiento, Roseanne, pocas mujeres hasta la entrada del siglo XXI habían podido competir de tú a tú con personajes como Bill Cosby, George Carlin o Jerry Seinfield.

Este estigma y las consecuencias que se derivan de él no son, por supuesto, exclusivos del mundo anglosajón. Al contrario, es probable que estén más arraigados en nuestro país. Las tradiciones humorísticas españolas han sido y están claramente dominadas por hombres, y pocas comediantes de renombre independiente han hecho sombra a personajes como Gila, Tip y Coll, Faemino y Cansado o Martes y Trece. Es sintomático, por ejemplo, que la broma de disfrazar un hombre para imitar un personaje femenino aún sea tan común (y tan bien recibida) en nuestro humor. Es cierto que hay una línea de presencia femenina que va de Lina Morgan a Paz Padilla y Eva Hache, pero, en general, el sesgo de género en el humor local no parece mostrar signos de mejora: basta observar la ausencia prácticamente absoluta de mujeres en la vanguardia de lo que se ha venido a conocer como posthumor (representado por humoristas como Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Miguel Noguera y el dúo Venga Monjas).

En cambio, los triunfos de Schumer se enmarcan en un contexto de efervescencia del humor femenino en el mundo público americano. Sería imposible listar todas las cómicas de éxito que han emergido en los últimos años, pero es fácil mencionar algunas de notables. Ya es clásica la imagen de Tina Fey y Amy Poehler presentando los Golden Globes, pero las unen muchas más cosas que su repetido papel en los Globes, sus inicios en Saturday Night Live y una amistad de lustros.

Como Schumer, Poehler y Fey son mujeres que se han hecho a sí mismas en el mundo de la comedia. Ambas comenzaron en el mundo de la improvisación cómica (improv), y ambas han triunfado como actrices y productoras en series de éxito asociadas a su nombre: Poehler como protagonista (y ocasional guionista y directora) en Parks and Recreation, una sátira de la administración pública americana, y Welcome to Sweden, serie producida con su hermano, y Fey como creadora y estrella de 30 rock y creadora de Unbreakable Kimmy Schmidt. Otros ejemplos de la creciente visibilidad de las cómicas son Ellen DeGeneres, que se labró un nombre como cómica en un contexto mucho menos favorable, durante los años ochenta y noventa, y actualmente dirige uno de los programas de entrevistas más importantes de la televisión estadounidense, o Chelsea Handler, que ha sido una de las pocas mujeres en presentar un programa de entretenimiento nocturno (late show) de éxito, con su Chealse Lately (de 2007 a ​​2014), y actualmente protagoniza la serie de documentales humorísticos Chelsea Does.

Nuevas temáticas

Los cambios en la cultura humorística estadounidense van más allá de una mejora de la equidad en una profesión determinada. La mayor presencia de mujeres autónomas y con poder en el mundo de la comedia significa un cambio radical en los contenidos de los programas de humor. Hace menos de dos décadas, cuando los Monólogos de la vagina de Eve Ansler triunfaron en buena parte del mundo, resultaba sorprendente ver combinar el género humorístico con cuestiones como la sexualidad femenina, las violaciones, el maltrato o los dobles estándares de género. Gracias a cómicas como Poehler, Fey y Schumer ahora es posible y habitual encontrar sketches que incorporan las vivencias de las mujeres desde todo tipo de ángulos y a todo tipo de niveles, desde el humor grosero sobre vaginas hasta la fina sátira de las desigualdades laborales o de la presión estética.

La reaparición de las mujeres en el ámbito del humor y como sujetos que tienen sus propios y diversos sentidos del humor es extremadamente importante, en la medida en que el mundo de la comedia y el del humor no son en absoluto espacios inocentes, sino lugares cruciales en los que se mantienen y/o se disputan algunas de las creencias y discursos centrales para una sociedad. Como el fool shakesperiano, el humorista (o la humorista) está a menudo al servicio del poder, pero tiene la prerrogativa de salltarse ciertas normas de corrección y decir cosas que molestan a los poderosos.

Sketches como los de Schumer sobre las violaciones en el ejército (a través de una parodia del mundo del videojuego bélico) o actuaciones como las de Tig Notaro, que en 2014 incorporó su reciente mastectomía en sus monólogos bajo la forma de un topless improvisado, ponen sobre la mesa vivencias femeninas que el discurso público tiende a silenciar o menospreciar. El humor siempre ha estado estrechamente relacionado con la inteligencia, y, en cierto modo, con la determinación de la verdad. En este sentido, el éxito de artistas como Schumer y tantas otras que le han preparado el terreno es una victoria importante en la lucha contra una de las formas más insidiosas del machismo, la omisión de la experiencia de las mujeres en los discursos públicos.

Imagen: fotograma del sketch 'Last fuckable day' de Amy Schumer.

Andreu

Andreu

Sociólogo, filólogo e investigador en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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