‘Juego de Tronos’ recap: temporada 7, episodio 2

El capítulo de Juego de Tronos de esta semana ha tenido una doble (¿quizás triple?) gratificación: por un lado, ha recuperado una de las características que han convertido la serie en el fenómeno de ficción que es y, por otro, nos ha generado un ataque de nostalgia.

Nada es seguro

El final de la sexta temporada nos dejó con una sensación muy (demasiado) satisfactoria para los estándares de la serie, en línea con las emociones y sensaciones positivas –hinchadas por una épica a menudo maniquea y llena de ideales grandilocuentes– que tenemos al ver otras fantasías audiovisuales como El Señor de los Anillos. Jon Snow se convertía en el Rey del Norte, Arya Stark completaba el primer capítulo de su historia de venganza, Daenerys finalmente zarpaba hacia Poniente y Cersei no sólo se deshacía de los Sparrows, sino que además se convertía en Reina y se constituía, definitivamente, en la mala oficial. Todo bien y muy chulo.

Después de un primer episodio que sirvió porque los personajes principales digirieran la nueva situación –no los fans, que han tenido un año y medio para hacerlo– las cosas han vuelto definitivamente en su sitio: los personajes vuelven a moverse en terrenos pantanosos a nivel moral y material, y precisamente las decisiones heroicas y nobles son las que tienen más posibilidades de traerte a la tumba.

El sensación de alerta de no tener demasiada simpatía hacia los personajes que te gustan se reforzó gracias a dos escenas que nos trasladaron momentáneamente a la primera temporada (porque si los cuervos de Poniente pueden viajar a una velocidad supersónica y Varys tiene una máquina de cambio de lugar instantáneo, nosotros también podemos viajar al pasado sin necesitar las visiones de Bran). Tyrion Lannister le envió a Jon Snow un cuervo con la frase que los dos intercambiaron cuando los Lannister visitaron el Norte por última vez: “Todos los enanos son bastardos a los ojos de su padre”.

La otra escena nostálgica se producía con el reencuentro entre Arya y Nymeria, su loba perdida. Nymeria es ahora la líder de un grupo de lobos, y tan sólo apunto que este hecho ya merece por si solo ser considerado digno de un spin-off. Que la loba decida seguir su nueva vida me parece un aviso hacia Arya, que en el último momento abandona su plan, que llevaba unas CINCO TEMPORADAS ideando, para reencontrarse con Jon Snow y Sansa. Deseo secretamente que Arya muera por culpa de esta decisión, y sólo podría cambiar de opinión si asesinara a Petyr Baelish.

Adiós, Serpientes de Arena

La tercera satisfacción es que dos terceras partes de las Serpientes de Arena están por fin muertas y tanto a la tercera como a su madre les espera, presumiblemente, una muerte lenta y dolorosa a manos de Cersei. Obara y Nym murieron como vivieron en la serie, de forma absolutamente absurda y ligadas a un personaje masculino.

En vida, eran el recordatorio viviente de que Oberyn Martillo murió porque hizo el idiota en un duelo donde él consintió libremente a participar y que, por lo tanto, toda la trama de venganza de su muerte era ridícula. Un hecho que ha servido para manchar el gobierno de las mujeres de Dorne (por aquello de asesinas irracionales) y para mantener una tendencia que marcaba la trama de muchos personajes femeninos durante las primeras temporadas, la venganza. Las Serpientes de Arena, además, perpetuaban el estereotipo de tías sexys que luchan tan extendido en ficción en general, así como el hecho, en Ponente en particular, de situar las mujeres guerreras en los límites –geográficos y de género– de la sociedad.

Su muerte no es más que un intento de retratar a Euron Greyjoy como muy malo. La apuesta es tan acelerada como las escenas de la batalla entre las dos flotas que culmina el capítulo, pero se entiende la desesperación si se tiene cuenta que Euron tiene que ser tan malvado –o más, porque parece saber lo que hace– que el Rey Joffrey o Ramsay Bolton, la maldad de los cuales se situaba en los terrenos de la psicopatía, con todos los debates problemáticos sobre la representación de la salud mental en la ficción que conlleva.

Otros hechos destacables

- Xenofobia. Parece que la táctica de Cersei para captar casas a su causa es el discurso nativista que alerta de la nueva reina acompañada de un ejército de extranjeros que incluye eunucos máquinas de matar y hordas de dothrakis que, como todo el mundo sabe, no son del todo persona. Aquí habría un buen margen para la crítica a los discursos que pretenden cohesionar la comunidad mediante el miedo al otro que tan de moda están ahora en Europa y los Estados Unidos, sino fuera porque la serie misma ha sido la primera a perpetuar la imagen orientalista que todo lo que viene de Oriente suele ser oscuro, misterioso y menos desarrollado tecnológicamente y culturalmente.

- ¡¡¡Sexo consentido!!! Entre las escenas más memorables del capítulo destaca la escena de amor entre Greyworm y Missandei, que seguramente es un indicativo que alguno de los dos morirá. Mientras, podemos tener la satisfacción que hemos contemplado una escena de sexo consentido sin transacción económica, cosa cara de ver a la serie. El flirteo entre Ellaria Arena y Yara Greyjoy se acercó peligrosamente al queerbait.

- El asesinato de Myrcella, por encima. La serie ha recuperado una tradición que no hacía falta rescatar: la violencia hacia mujeres que no tiene ningún tipo de trascendencia para los acontecimientos posteriores. Menos de un minuto dura el intercambio de reproches entre Tyrion Lannister y Ellaria Arena, donde el primero le recrimina a la segunda el asesinato de su sobrina. Entendemos que era inevitable teniendo en cuenta que esta temporada todo tiene que ir muy rápido y que tanto Tyrion como Ellaria tenían cosas más importantes de hacer, pero supongo que el problema yace en cómo la violencia hacia las mujeres se ha gestionado en el pasado.

- Jon Snow en plan macho. Si bien poco a poco va mejorando, tal como demuestra el hecho de que cada vez escuche más a Sansa y la deje como regente del Norte mientras va a encontrarse con Daenerys, Jon Snow tuvo un ataque de “no toques a mi hermana o te mato” con Petyr Baelish, un señor obsesionado con una mujer muerta desde hace tiempo y con su hija adolescente.

- Jorah Mormont, te queremos. En casa rezamos por la recuperación de Jorah Mormont. Daenerys necesita desesperadamente gente con capacidad de dirigir un ejército y planificar estrategias militares que vayan más allá de liberar a los dragones. Si de algo servían las masculinidades hegemónicas y caballerosas en la serie, era para esto.

Imagen de portada: imagen promocional de la serie. Fuente: HBO.

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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