Inspiración capacitada, opresión discapacitada

Seguro que habéis visto alguno: reportajes de gente discapacitada que, sin embargo, consiguen el éxito.

El alpinista ciego que asciende el Everest. El atleta sin piernas que corre carreras de atletismo. Los "ejemplos de superación" en cualquier segmento de deportes de un informativo de televisión. Las fotos en las redes sociales de gente discapacitada -a menudo físicamente, pues están más claramente identificados como discapacitados- con citas maravillosas como "La única discapacidad es una actitud negativa" o mejor aún "¿Cuál es tu excusa?".

Escuchadme bien, por mucho que le sonría, un tramo de escaleras no se convertirá en una rampa. Por mucho que tengas una actitud superproactiva, los libros de una biblioteca no se pasarán a Braille. Cuando yo me levanto y no puedo caminar porque alguna de mis articulaciones está hinchada, por mucho que me ponga a cantar no me crecerán alas. Todas estas imágenes, todos estos textos, son una manifestación más de la discriminación hacia el colectivo discapacitado y una manera de objetificar a las personas discapacitadas mientras que la sociedad capacitada se hace la loca.

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Discapacidad médica contra discapacidad social

Aunque ya habíamos hablado del tema en Zena, vale la pena establecer dos términos básicos al respecto de la discapacidad: los dos modelos predominantes sobre la misma, el médico y el social. El modelo médico de discapacidad, el más tradicional de los dos, establece la discapacidad como característica objetiva y diagnosticable de un individuo. El modelo social, por el contrario, establece que la discapacidad de un individuo no está sólo determinada por sus características propias, sino por la sociedad que le rodea y que fracasa al intentar integrarlo y le discrimina. Cabe destacar sin embargo, que aunque el modelo médico es el tradicionalmente suscrito por las instituciones, el modelo social es defendido por activistas de los derechos del colectivo discapacitado.

Se trata de dos visiones que aunque pueden parecer matices semánticos sobre el mismo tema no podrían estar más enfrentadas: el modelo médico caracteriza a los discapacitados como individuos, el modelo social los caracteriza como colectivo -como minoría social, de hecho-. El modelo médico se centra en la curación, el modelo social en el impacto de la discapacidad sobre la vida de los discapacitados. El modelo médico caracteriza los discapacitados como pacientes sin ningún tipo de agencia, el social los caracteriza como sujetos con dominio sobre su propia vida y los empodera. Pero lo que es más importante, el modelo médico hace recaer la responsabilidad de la discapacidad sobre el individuo discapacitado, el modelo social señala la discriminación del individuo como algo que la sociedad proyecta sobre él.

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Actitud positiva

Estas imágenes "inspiracionales" se podrían considerar, al menos, una visión positiva de la discapacidad, que va más allá de la visión tradicional de condescendencia y pena que caracteriza una vida con discapacidad como algo horrible, una sucesión de sufrimientos. Se podría decir que su positividad es un progreso en la representación de la discapacidad, cuando nada está más lejos de la verdad.

Asociar el impacto de una discapacidad en la vida de una persona a su actitud es una evasión de responsabilidades clara por parte de la sociedad capacitada: la discapacidad, como decíamos más arriba, no es sólo una realidad individual sino también un constructo social. Pensar en que una actitud positiva es lo que permite "superar" una discapacidad permite a la sociedad capacitada no tener que plantearse el hecho de que el mundo que les rodea simplemente no está pensado para las personas discapacitadas. No sólo me refiero a ejemplos claros como las barreras arquitectónicas, sino también a la dificultad de obtener textos adaptados al Braille, por ejemplo.

Es evidente que las personas discapacitadas están actualmente en una situación mejor que hace un tiempo, cuando era socialmente aceptable su segregación y invisibilización, pero hemos pasado de un modelo donde los discapacitados eran carne de hospicio a un modelo donde si los discapacitados tienen dificultades es su culpa. Asociar la discapacidad a la actitud de la persona discapacitada ignora la existencia y la perpetuación de las realidades sociales que perpetúan su discriminación: mantiene la sociedad segregada pero limpia la conciencia de la población capacitada.

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¿Cuál es tu excusa?

La representación de la discapacidad en el deporte es un tema espinoso. Aunque es cierto que el éxito deportivo de los discapacitados debe ser visible -puede romper estereotipos y motivar a las personas discapacitadas-, es necesario que estas historias estén enfocadas a un público discapacitado, pues si no se cae en la objetificación de la persona discapacitada para que el público capacitado pueda sentirse bien consigo mismo pensando "mira, no están tan mal si se esfuerzan. La sociedad funciona, no hay que cambiarla", con lo que no se cuestionan la realidad vigente sino que se libran de responsabilidades. Ni que decir tiene que esto es condescendiente y explota la realidad de las personas discapacitadas como objeto de consumo de las personas capacitadas.

La diferencia al representar estas historias de manera no discriminatoria recae en algo tan obvio como el contexto. Alcanzar el éxito deportivo como discapacitado no depende sólo de quererlo y esforzarse. A menudo las personas discapacitadas experimentan barreras en su práctica deportiva, o sea que lo que hay no son excusas, son razones y de peso.

Para empezar, una persona discapacitada no puede presentarse sin más en un gimnasio y esperar poder hacer ejercicio. Las personas discapacitadas necesitamos programas de ejercicio adaptados y en muchos casos el acompañamiento de un profesional para hacerlos. El entrenamiento personalizado, y un entrenador personal, es caro. Muy caro. Del mismo modo que el simple hecho de ser discapacitado puede salir muy caro -para el discapacitado o su familia. Y no olvidemos que la población discapacitada es mucho más probable que esté en situación de pobreza, teniendo en cuenta estos gastos extras que una persona capacitada no tiene, así como el hecho de que la integración de las personas discapacitadas en el mercado laboral tiene otro montón de obstáculos que superar.

Todo ello hace que el acceso a entrenamiento físico adaptado sea extraordinariamente difícil. En estas circunstancias, el contexto es vital para que una historia sobre una persona discapacitada no se convierta en explotación: ¿cómo han pagado el entrenamiento? ¿Dónde encontraron la persona que los entrena? ¿Qué barreras a este entrenamiento encontraron y cómo las superaron? En la ausencia de este contexto, la historia de la persona discapacitada se convierte en "inspiración" para personas capacitadas que no tienen las mismas barreras, pero sobre todo crea una narrativa extremadamente tóxica hacia las personas discapacitadas que consuman la misma historia.

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Si no tienes piernas, haber estudiado

Cuando no hablamos del contexto y las circunstancias, se crea una dicotomía hacia el espectador discapacitado: Si no has tenido éxito deportivo no es porque no hayas podido superar una serie de barreras externas impuestas por la sociedad, sino que tu fracaso es algo personal. En vez de "la sociedad te lo ha hecho inaccesible", decimos "no te has esforzado lo suficiente", en una manifestación de una narrativa típicamente neoliberal que hace recaer la culpa de la discriminación en el colectivo discriminado.

La falsa positividad de la representación de las personas discapacitadas en algunos medios es un medio más de discriminación: pone la representación de la discapacidad en manos de los capacitados y no hace más que reforzar estereotipos horribles sobre la falta de esfuerzo que culpabilizan a la víctima de un sistema que le es ajeno.

Todas las imágenes (c) de sus propietarios, obtenidas de una búsqueda en Google Imágenes de "discapacidad motivación". Ya sé que dan asco.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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