Trinity

El Síndrome Trinity: sobradamente preparadas y sin nada que hacer

Hope van Dyne es experta en lucha y conoce muy bien el sistema de comunicación que su padre, el eminente científico Hank Pym, ha diseñado para hablar con las hormigas. También conoce al dedillo la empresa familiar, en la que Darren Cross, el heredero de Pym, quiere utilizar la tecnología desarrollada por su predecesor para dominar el mundo. Pero no os preocupéis, no os estoy destripando Ant-Man. El papel de Hope en la película de Marvel es irrelevante.

Bueno, no exactamente.

Hope entrenará Scott Lang, el hombre que Hank Pym ha escogido para que sea el próximo Ant-Man (Hombre Hormiga). Le atizará diez mil palizas a lo largo de tota la película hasta que, un día, él la gane. Una vez cumplida su función de entrenadora, se enamorará de él. Será un amor poco creíble, teniendo en cuenta la relación que se establece entre los dos a lo largo del metraje.

No será hasta el final de la película, una vez ya hayan pasado los títulos de crédito, cuando el padre de Hope se dará cuenta de que ya no tiene sentido sobreprotegerla y le regalará el traje para convertirse en Avispa. Ah, igual que Pym era el Hombre Hormiga original, su mujer, Janet, era la Avispa antes de que lo fuera su descendiente. No le veremos la cara ni le escucharemos la voz. Sólo veremos cómo se sacrifica para cumplir una misión con su marido. Ésta es la razón por la qual Pym no quiere arriesgar la vida de su hija adulta: porque la quiere y no podría soportar perderla. A pesar de ello, Hope no acaba de tenerlo claro, así que Scott, que también es padre y entiende la decisión de Pym, se lo explica.

Hay quien dice que el trato que recibe Hope a lo largo de la película es natural, teniendo en cuenta que, en los cómics originales, Hank Pym es un personaje bastante misógino que llega a maltratar a su mujer.

El problema es que, por culpa de la irrelevancia de Hope, la película es absolutamente absurda: nos pasamos tres cuartos del filme viendo entrenar a una persona para hacer un trabajo que otra está preparada para realizar desde el minuto cero. Hope se quiere convertir en superheroína. A Scott no le queda otra: si no lo hace, volverá a la cárcel y no podrá ver a su hija nunca más. Tanto Avispa como el Hombre Hormiga son miembros fundadores de Los Vengadores, así que no hubiera sido nada raro hacer una película sobre los dos.

El otro problema es que Hope van Dyne no es un caso aislado, sino que es un ejemplo más del llamado Síndrome Trinity. Se trata de un tipo de trama que debe su nombre al personaje interpretado por Carrie-Anne Moss en Matrix, basado en el hecho que el personaje femenino fuerte (PFF) tiene que diluir su papel en la narración para hacer que el protagonista masculino, un tipo cualquiera, pueda triunfar en su misión.

El resultado es que ella termina teniendo un papel tan relevante como el que tendría una mujer trofeo o, como explica Tasha Robinson en The Dissolve, cualquier objeto (como una lámpara de pie) con un post-it con información útil para el protagonista. Además de la citada lámpara-actriz, Robinson enumera otras características para identificar si un PFF sufre el Síndrome Trinity:

  • Después de presentarse, el PFF fracasa en hacer cualquier cosa significativa para el resultado de la trama.
  • Si hace algo, es ser violada, apaleada o asesinada con la finalidad de  que el personaje masculino se vea obligado a reaccionar. O bien decide tener sexo con el héroe o no tenerlo, o querer salir con él o dejarlo. O bien le recrimina que no se comporte como un adulto o que haya dejado de ser un héroe. En definitiva, ella sólo existe para satisfacer las necesidades del protagonista, sus motivaciones o su desarrollo.
  • Es importante para la trama que el PFF sea el más fuerte, el más listo, el más duro, el más rudo o el más experimentado de la historia hasta que llegue el protagonista...
  • ... o peor. El protagonista es presentado en la historia como un desastre, pero evoluciona a lo largo de la película, mientras que el personaje femenino no evoluciona y le anima de vez en cuando. El PFF existe sólo para que el héroe la impresione.
  • Está bien que ella sea genial. Pero lo es sólo porque el personaje masculino lo parezca aún más cuando la supere.
  • Es tan capaz y fuerte que no ha necesitado nunca que la rescaten, pero cuando la trama se empieza a poner seria, de repente es capturada o amenazada por el malo y necesita que el héroe intervenga. Herir su orgullo es una parte fundamental de la historia.
  • Desaparece completamente a partir de segunda mitad de la película, o a partir del tercer acto, por alguna razón que no sea hacer algo significativo para la trama -y que no sea ser un rehén o morir.

En base a estos principios, Robinson identifica personajes femeninos afectados por el síndrome como Valka, la madre del protagonista de Cómo entrenar a tu dragón 2, Wyldstyle en Lego: la película, o la elfa Tauriel en la trilogía de El Hobbit. Hay muchos más, también en películas infantiles, como Collette en Ratatouille.

Marvel también tiene experiencia en este ámbito, más allá de Hope: Elektra es el interés amoroso de Daredevil. A pesar de saber artes marciales, es asesinada por uno de los enemigos del protagonista, un hecho que traumatizará al héroe. Una de las luchas que protagoniza es una pelea con Daredevil, que no para de seguirla, en una especie de flirteo de aquellos de la-voy-persiguiendo-porque-sé-que-en-el-fondo-le-gusto. Elektra revivirá después en una película propia (e infame) en la que deberá proteger una niña que, a la larga, se nos dice que acabará siendo más poderosa que ella.

Las distintas versiones de Susan Storm en los filmes de Los Cuatro Fantásticos, así como el trato argumental de la Viuda Negra en la segunda parte de Los Vengadores, también tienen toques de este síndrome. Y, a pesar de que no responden exactamente al Síndrome Trinity, los personajes de la empresaria Pepper Pots, pareja de Iron Man, y la científica Jane Foster, de Thor, también son mujeres inteligentes con poco recorrido argumental más allá de ser el interés amoroso del protagonista. A la Agente Carter, el objeto de deseo del Capitán América, se la ha redimido en una serie de televisión.

Más que dar un paso adelante en la igualdad de representación entre hombres y mujeres en la ficción, el Síndrome Trinity es una versión optimizada y más adaptada a los tiempos que corren de la mujer como objeto -y no sujeto- narrativo. Incluso es aún más perversa que las mujeres trofeo, las damiselas en peligro o las mujeres McGuffin. Al mostrar un personaje femenino como una persona con recursos, es más difícil detectar su subordinación a un héroe o su irrelevancia en la narración. Es más fácil que su violación, rapto o asesinato sea atribuible a su incompetencia o a su voluntad de jugar a un juego en el que los hombres tienen más facilidades para ganar, ya sea porque el sistema juega a favor suyo o porque, simplemente, tienen una capacidad innata para alcanzar el éxito.

Imagen: fotograma de 'Matrix Reloaded'

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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