De ópera, clase y narices rotas

Dice la contraportada del libro La balada de la nariz rota, publicado por Gato Sueco, que esta es la primera obra de Arne Svingen (Oslo, Noruega, 1967) que se traduce al catalán y al castellano. La obra, publicada originariamente el 2012 y traducida al catalán por Meritxell Salvany, es una buena embajadora de este autor que escribe principalmente para público infantil y juvenil.

La historia está protagonizada por Bart, un niño noruego de doce años que vive en una vivienda social. Su conflicto entre seguir boxeando o dedicarse a su afición a la ópera –con un festival escolar en el horizonte– se convierte en una puerta de entrada a un universo que transcurre entre la escuela, el gimnasio y el barrio donde viven Bart, su madre y un vecino toxicómano.

El punto fuerte de la novela yace en la viveza que aportan los personajes secundarios. Que estén narrados a través de los ojos de Bart, una mirada madura pero todavía infantil, los presenta libres de juicios morales que podrían simplificar su complejidad. La madre de Bart se nos muestra como una mujer con problemas laborales, con el alcohol y el sobrepeso, que quiere a su hijo y que, a su manera, intentará hacer todo lo posible para que sea un chico independiente. En esta tarea tendrá como aliada la abuela de Bart, un apoyo tanto emocional como material para el niño. Su vecino toxicómano, por su parte, se convierte en un especie de guía para el niño en ausencia de una figura paterna, mientras sigue dándole algún susto a causa de su adicción.

Es porque la dosis de realismo que baña cada personaje hace que este pueda brillar exponiendo todos sus claroscuros, que Ada, compañera de clase y confidente de Bart, es el más desdibujado de todos. Ada tiene toques del tropo de la Manic Pixie Dream Girl*: es guapa, popular, vive en un barrio más próspero que el de Bart y charla por los descosidos. No hace falta decir que Bart es, en muchos aspectos, opuesto a ella, y que parte de la gracia de la relación se basa en la imposibilidad que hay de entrada a que “la niña popular” y “el niño marginado que vive en un barrio pobre” puedan llegar a ser amigos. Algunos rasgos de la personalidad de Ada, como su espontaneidad y su inhabilidad para guardar secretos, serán los que harán avanzar la novela. Que el personaje de Ada dependa tanto de la trama es una oportunidad perdida en una novela que da bastante importancia a unos personajes femeninos muy trazados.

Con todo, La balada de la nariz rota es una novela para niños y jóvenes bien construida y entretenida. En ella, Svingen ha demostrado la habilidad, con la ayuda de Bart, de describir el día a día de un niño de familia monoparental que vive en el umbral de la pobreza, sin caer ni en el paternalismo ni en la heroicidad.

* Citando a la gran Jana Baró: "La chica que existe para inspirar al héroe, hasta el punto de que no tiene ningún tipo de personalidad propia".

Imagen destacada: portada del libro. Fuente: Gato Sueco.


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Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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