'Colossal': los 'kaijus' también lloran

Aviso: contiene spoilers -aunque ligeritos- para Colossal.

Colossal, la última película de Nacho Vigalondo, sin fecha de estreno aquí pero que se ha podido ver en los festivales de San Sebastián y Sitges, se enmarca dentro de la mejor tradición del fantástico: si Dawn of the dead hablaba del consumismo con zombis y Dune de ecologismo con mundos alienígenas, Colossal habla del abuso de sustancias y de las relaciones tóxicas mediante monstruos gigantes (kaijus en japonés). El elemento fantástico sirve como analogía para hablar de una temática tanto real como el abuso emocional o las crisis personales.

Una vez más -como en Extraterrestre- Vigalondo emplea el elemento fantástico para sorprender al espectador, en un equilibrio imposible entre la comedia de aires indies, el drama y el cine fantástico. La protagonista de Colossal, Gloria, interpretada por Anne Hathaway, acaba de perder un trabajo más o menos indefinido como redactora para un blog, todo ello por culpa de una discusión con trolls en internet, y está en una espiral de alcoholismo y fiestas que provoca que su novio la eche de su lujoso apartamento.

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Gloria, sin nada a parte de dos maletas de ropa y una resaca monumental, vuelve en autobús a su pueblo de origen, donde le espera una casa familiar vacía y un colchón hinchable que se deshincha tan rápidamente como sus perspectivas de futuro. La mañana siguiente, con la espalda crujiendo por haber dormido en el suelo y con hambre, sale de casa y se encuentra con Oscar, un compañero de escuela aparentemente agradable y preocupado interpretado por Jason Sudeikis.

Oscar se ofrece a llevarla en coche, a darle muebles para la casa y hasta le da trabajo en su bar, donde podrá seguir bebiendo como una poetisa hasta las tantas de la madrugada. A su vez en Seúl aparece un monstruo gigante que arrasa media ciudad y que se mueve exactamente igual que Gloria cuando vuelve borracha a casa después de pasar toda la noche en el bar.

A partir de aquí la película es un descenso loco donde el guión se dirige a gran velocidad hacia todos los tópico imaginables -seguro que Gloria reconectará con Oscar y juntos abandonarán el alcohol...- y los esquiva en el último momento con maestría para construir unos personajes con los que es imposible no implicarse emocionalmente. Colossal esquiva la comedia sobre la crisis de los treinta y pico, el romanticismo ramplón y la película de catástrofes para acabar siendo un discurso sobre el abuso emocional cotidiano, la dependencia tanto del alcohol como de relaciones tóxicas y sobre la importancia de afrontar los propios problemas.

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La mayor parte del mérito recae sobre la interpretación de Hathaway, que lejos de papeles edulcorados como los de The Princess diaries o The devil wears Prada -obra maestra del terror para cualquier hombre cis- y de la intensidad claramente impostada de sus personajes en Interstellar y The Dark Knight Rises compone un personaje carismático, con suficientes defectos para ser humano, que lucha contra sus problemas sin moralizar y que se levanta despeinada y con dolor de cuello cuando duerme en posiciones extrañas después de una noche de borrachera.

Por otra parte, una película tiene tanto carisma como tenga su antagonista, y el Oscar de Jason Sudeikis es un monstruo de esos que estremecen porque si no tienes uno en casa te lo puedes encontrar en el bar de abajo. Bajo la fachada de comediante, donde se nota que Sudeikis viene de Saturday Night Live, Oscar es un hombre controlador, amargado, que empuja a sus amigos pozo abajo para sentirse superior y poderlos controlar, y que pretende mediante el abuso constante y la disculpa falsa ganar el afecto de una Gloria de la que está enamorado -a la manera que sólo un maltratador entendería el enamoramiento- desde la escuela.

A Nacho Vigalondo se la pela todo

A Nacho Vigalondo se la pela todo

El resto de personajes de la película, especialmente el novio de Gloria, están caracterizados de una manera mucho más superficial, pero la relación entre Gloria y Oscar sostiene con facilidad la tensión y el interés de la película, con escenas memorables que incluyen desde una casa de una persona con síndrome de Diógenes hasta un bar en llamas. La resolución final, absolutamente catártica, muestra a Gloria como una persona que ha decidido cambiar su vida, tomando el control de sus relaciones, pero que aún así sigue teniendo otros problemas, evitando lo que fácilmente podría haber sido un final azucarado y que hubiera desmerecido la película.

Entre el drama y la comedia, sin relativizar los problemas que explora ni haciendo mofa, Colossal juega con maestría con los lugares comunes de estos géneros para despistar al espectador, en una película donde es tan bueno el artificio como la historia de fondo, una historia de monstruos gigantes y pueblos pequeños, absolutamente recomendable. Cuando se estrene, esperamos que pronto, es una cita ineludible con el cine.

Las imágenes son todas (c) Brightlight Pictures.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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