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Cinco pioneras de la literatura de ciencia ficción

Es conocida la falsa reputación de la ciencia ficción como terreno masculino, pese a que últimamente esta percepción parece estar cambiando y cada vez se visibiliza más el papel de las mujeres en todos los niveles de la creación, desde las escritoras hasta las actrices que dan vida a personajes femeninos en las películas. Pero, como en muchos otros ámbitos (la historia del cine, por ejemplo), el rol de las mujeres como pioneras del género literario sigue quedando eclipsado por los grandes nombres masculinos que no faltan en ninguna librería.

Cierto es que escritoras como Margaret Atwood, Doris Lessing o Ursula K. Le Guin son merecidamente reconocidas, pero muchos otros nombres han quedado en el olvido. Sería imposible en un solo artículo recuperarlos todos, por ello simplemente se señalan cinco autoras que por diferentes motivos fueron relevantes en los comienzos del género. Se trata de pioneras de la ciencia ficción literaria, con ideas originales e inventivas que han marcado tópicos del género tal como lo conocemos hoy en día.

Ethel Watts Mumford (1876-1949)

Nacida en Nueva York, Ethel Watts Mumford dedicó su juventud a estudiar arte en París y viajar por el mundo, hasta casarse con George Mumford, quien no aprobaba su actitud ni su pasión por el arte y la literatura. Insatisfecha con la vida matrimonial, unos años después huyó a San Francisco, donde empezó a escribir ficción para la revista The Black Cat, que publicaba historias basadas en ideas originales e inusuales - lo que hoy llamamos ciencia ficción.

Conocida en su momento por las citas de su ‘Calendario Cínico’, que firmó como Oliver Herford, Mumford escribió historias cortas asombrosas, como lo es When Time Turned (‘Cuando el tiempo giró’). En este cuento de 1901, la escritora propone el concepto que todos conocemos por The Curious Case of Benjamin Button (‘El Curioso Caso de Benjamin Button’), obra del sí reconocido F. Scott Fitzgerald… aunque Mumford lo hace 20 años antes que él. La autora narra la historia de Mr. Gage, un hombre que, en lugar de envejecer, rejuvenece con el paso del tiempo. La idea de revertir el tiempo no era nueva, ya que seis años antes H. G. Wells había escrito The Time Machine (‘La máquina del tiempo’), pero Mumford es la primera en explorar su efecto fisiológico.

Harriet Prescott Spofford (1835-1921)

Atraída por el mundo de lo sobrenatural, Harriet Prescott se atrevió a escribir fantasías góticas con personajes femeninos que rompían los estereotipos de la época. Siendo la mayor de sus hermanas, tras la muerte de su padre cargó con la responsabilidad de mantener a la familia y decidió dedicarse a escribir para los periódicos locales de Boston. Spofford pasó años en el anonimato, hasta que en 1859 sorprendió al editor de la revista Atlantic Monthly con In a Cellar (‘En el sótano’), quién, incrédulo, llegó a acusarla de haber plagiado el cuento. Finalmente su mérito fue reconocido, y Spofford se convirtió en una colaboradora habitual pese a lo inusual de sus historias.

En sus cuentos se percibe una oscura incertidumbre omnipresente, pero también su fascinación por lo desconocido. Buscando dar explicación a lo irracional, sus fantasmagóricos cuentos a menudo entran en el terreno de la ciencia ficción. Es el caso de The Ray of Displacement (‘El Rayo de Desplazamiento’), de 1903, en que la autora crea un concepto que se ha convertido en mito de la ciencia ficción: la capacidad de atravesar la materia sólida. Spofford entra en teoría atómica para crear un ‘rayo Y’ que permite a su personaje atravesar muros y huir de prisión. Si bien su teoría obviamente no se aplica (hasta el momento) en la realidad, la escritora demuestra un conocimiento científico sorprendente para una mujer de su época que tenía un acceso muy limitado a la educación superior, además de una imaginación envidiable.

Edith Nesbit (1858-1924)

Poeta y dramaturga inglesa, Edith Nesbit es conocida por sus cuentos infantiles, muchos de ellos firmados bajo el nombre de su marido. Pese a que algunos de estos cuentos incorporaban elementos de ciencia ficción, no se recuerda apenas su trabajo en el campo de la ficción sobrenatural y el horror, al que dedicó gran parte de sus primeros años como escritora. Sus primeros recopilatorios de historias, publicados en 1893, siguen esta línea: Grim Tales (‘Historias Lúgubres’) y Something Wrong (‘Algo mal’).  Tampoco se la recuerda por su papel político, pese a que fuera una mujer increíblemente activa dentro del primer socialismo e incluso fuera cofundadora de la sociedad socialista The Fabian Society.

Su obra es muy extensa y repleta de ideas innovadoras. Su tratamiento fantástico de la narrativa infantil, por ejemplo, influiría después a autores como C.S. Lewis en sus Crónicas de Narnia. En varios de sus cuentos, como The Third Drug (‘La tercera droga’) o The Five Senses (‘Los cinco sentidos’), de 1908 y 1910 respectivamente, Nesbit presenta una idea innovadora para la época: una droga que pudiera convertir a un hombre corriente en un Súperhombre… o Superman. Al más puro estilo de Capitán América, un científico crea un suero que lleva al protagonista al filo de la muerte para devolverlo a la vida con sus cualidades físicas y mentales llevadas al máximo.

Clotilde Graves / Richard Dehan (1863-1932)

Nacida como Clotilde Augusta Inez Maria Graves y conocida por ser la prima de Robert Graves, esta autora irlandesa ganó reputación tanto por su talento para la dramaturgia como por su provocadora actitud. Habiendo sido educada en un convento, Graves disfrutaba vistiéndose como un hombre, llevando el pelo corto y fumando en público, algo inaceptable en la época. Dirigió exitosamente varias obras de teatro, pero sus novelas cómicas no conseguían la misma aceptación del público. Al menos así fue hasta que decidió pasar a presentarse públicamente como hombre y cambiar su nombre a Richard Dehan, firma bajo la que se publicó el que sería su primer bestseller, The Dop Doctor.

Con una vida y obra cuanto menos polémicas, Graves exploró también tópicos que hoy conocemos como parte de la ciencia ficción. En Lady Clanbevon’s Baby (‘El bebé de la señora Clanbevon’, publicada en 1915), Graves presenta la posibilidad de un rayo que dote de inmortalidad a los humanos. Algo más curioso y mucho menos inusual en la época es el concepto que traza en The Great Beast of Kafui (‘La gran bestia de Kafui’, 1917), un cuento que narra el descubrimiento en Zambia del último brontosaurio vivo.

Edna W. Underwood (1873-1961)

La vida en Nueva York de principios de siglo llevó a Edna W. Underwood a decidir convertirse en escritora, pese a no haber tenido nunca acceso a educación básica. De forma autodidacta, Underwood aprendió la mayoría de lenguas europeas y poco a poco fue sumergiéndose en la atmósfera literaria y artística de la ciudad. Tan sólo escribió un recopilatorio de historias cortas en 1911 antes de dedicarse a la novela histórica, dada su pasión por la historia y la cultura rusas. Pero este recopilatorio, titulado A Book of Dear Dead Women (‘El libro de las mujeres queridas muertas’), contiene cuentos espeluznantes como The Painter of Dead Women (‘El pintor de mujeres muertas’), con el que a través de la fantasía y recurriendo a elementos de la ciencia ficción, Underwood crea una historia horripilante sobre la fascinación masculina por la belleza efímera de las mujeres jóvenes. En este cuento, un pintor napolitano utiliza la hipnosis para convencer a mujeres jóvenes de dejarse drogar para ser retratadas e inmortalizadas en su máxima belleza, pero nunca les permite salir del estado mesmérico, de forma que además de coleccionar sus pinturas, colecciona sus cuerpos.

La idea de suspender los cuerpos en coma ya había sido explorada por otros autores, como Washington Irving en Rip van Winkle (1819) o Mary Griffith en 1836 con su historia futurista Three Hundred Years Hence (‘De aquí a trescientos años’), pero Underwood, al contrario que estos autores, intenta dar una explicación científica a este estado hipnótico con el uso de la droga, como hizo H. G. Wells en When the Sleeper Wakes (‘Cuando el durmiente despierta’, 1899). Lo realmente novedoso del cuento de Underwood es el giro terrorífico que le da a la historia, tanto por sus implicaciones críticas contra la visión del cuerpo femenino, como por la idea de que en este estado comatoso la mente podría seguir funcionando de forma eterna, como lo hace en los cuerpos de las jóvenes secuestradas por el pintor italiano.


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Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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