'Cazafantasmas' (2016), víctima de la cultura posfeminista

Hay que tomar Cazafantasmas por lo que es: una comedia de acción veraniega que sigue a rajatabla las normas del género, pese a revertir los roles masculinos y femeninos de sus protagonistas respecto a la versión de 1984.

Puede gustar más o menos el tipo de humor que gasta, pero es el adecuado para esta clase de película, que por otra parte no flojea en ningún momento por lo que al ritmo respecta; es entretenida de principio a fin, y ese es su objetivo. La carga emocional de la película recae sobre la amistad entre las mujeres protagonistas, algo en absoluto habitual en el género de acción que a menudo relega los papeles femeninos a intereses románticos y/o secuaces del héroe. Si bien el desarrollo de dicha trama emocional se basa en un cliché tras otro, corresponde a lo que se espera de una película como Cazafantasmas.

Erin, el personaje interpretado por Kristen Wiig, recibe el principal arco evolutivo del filme, que pasa por remendar su amistad con Abby (Melissa McCarthy). Si bien el potencial cómico de McCarthy parece algo desaprovechado, queda en equilibrio con el resto del elenco y, por fin, escapa del estereotipo caricaturesco de mujer gorda graciosa en el que parecía haberla forzado Hollywood. Por otra parte, el excentricismo de Kate McKinnon en el papel de Holtzmann la ha convertido inmediatamente en la favorita de internet, si bien ha sido Leslie Jones, Patty en la película, quién ha recibido más atención mediática por motivos bien distintos. Pero antes de entrar a discutir su caso, hay algunos aspectos del filme, más allá del hecho de tener protagonistas femeninas, que resultan interesantes desde el punto de vista del feminismo.

Melissa McCarthy, Kate McKinnon, Kristen Wiig i Leslie Jones a Caçafantasmes (Sony)

Melissa McCarthy, Kate McKinnon, Kristen Wiig y Leslie Jones en 'Cazafantasmas' (Sony)

Fantasmas del feminismo y el Efecto Streisand

Resulta del todo ridículo cómo, en el contexto actual, cualquier película protagonizada por mujeres se recibe (para bien o para mal) como un éxito del feminismo, como si el objetivo del movimiento no fuera otro que forzar los engranajes de Hollywood con nuestra propaganda para conseguir una secuela más de Bridget Jones (es un hecho, se estrena en septiembre).

Esto no significa que la representación de la mujer en los medios no sea un agente importantísimo para el cambio, pero sí que, como explican Yvonne Tasker y Diane Negra en Interrogating Postfeminism, la responsabilidad de las críticas feministas es acercarse a la cultura popular desde el escepticismo, cuestionando si las políticas de género son realmente progresistas o si promueven una visión posfeminista que celebra la agencia de la mujer como consumidora pero teme su independencia real, evocando el feminismo a la vez que lo rechaza[i]. A menudo son los propios grupos misóginos que creen dominar internet los que marcan como feminista un texto con la intención de desvalorizarlo y convertirlo en diana de críticas y ataques. Se trata del Efecto Streisand, un fenómeno por el cual los intentos de censura de un producto consiguen el efecto contrario y acaban dándole mayor visibilidad y publicidad. Por ejemplo, la llamada al boicot de Mad Max: Fury Road (2015) consiguió despertar el interés del público y acercar el producto a una audiencia que nunca se hubiera sentido atraída por él. Algo similar se ha dado con Cazafantasmas, y parece que se repetirá con otras películas con público tradicionalmente masculino que sitúen a la mujer al frente de sus remakes o secuelas, como es el caso de la próxima Ocean’s 8. El rechazo insistente y agresivo al feminismo (o lo que se vende como tal) es irónicamente lo que lo aviva y mantiene como parte del debate mediático.

Chris Hemsworth como Kevin en 'Cazafantasmas' (Sony)

El ‘secretario sexy’ y las maniobras del Hollywood posfeminista

Está claro que la cultura contemporánea actual está producida, en parte, en respuesta a las demandas feministas, pero también es obvio que no es oro todo lo que reluce. Si cada semana se estrenara una película protagonizada por mujeres no existiría este debate, ya que Cazafantasmas sería una comedia más, mejor o peor (nadie ataca a Adam Sandler cada vez que estrena una película sin gracia ni interés). Pero, como en la vida, la valía de las mujeres del cine es puesta en cuestionamiento y desacreditada a la más mínima oportunidad. Se trata de algo que Cazafantasmas traslada a la metaficción: hasta que no ven con sus propios ojos cómo los fantasmas destruyen Nueva York, nadie cree que ellas puedan haber demostrado su existencia. Por ello, más que discutir sobre si Cazafantasmas es una película feminista o no, cabe preguntarse por qué se exige tanto de una comedia sin pretensiones que en ningún momento se toma en serio a sí misma. Su trama no es crítica con la cuestión del género más allá de un par de chistes poco memorables, aunque sí que resulta interesante el personaje de Kevin, la reversión del tropo de la “secretaria sexy” que Chris Hemsworth interpreta de forma sorprendentemente icónica.

La única función de Kevin en el grupo, como la de la tópica secretaria sexy, es tener algo atractivo que ver en el laboratorio, ya que el pobre chico no es capaz ni de coger el teléfono. La decisión de incorporar este personaje se ve como una crítica al propio estereotipo en el que se encasilla a la mujer, también damisela en peligro que debe ser rescatada por el héroe (en este caso, Kevin es rescatado por las cazafantasmas).

Pero, ¿tiene el mismo efecto Kevin que la secretaria sexy? En realidad, dado que la masculinidad se valora socialmente por encima de la feminidad, la reversión del rol de género en la que un hombre adopta el papel tradicionalmente ocupado por la mujer resulta ser poco más que un motivo cómico más. Por suerte parece que queda atrás aquella tendencia del cine cómico de explotar hombres que se visten como tradicionalmente lo hacen las mujeres – “humor” basado en la humillación por la que pasa el hombre al devenir femenino. Sí, el personaje de Hemsworth es cómico más allá del tropo de secretaria sexy, pero quizás es parte de una tendencia a asignar roles tradicionalmente femeninos a hombres como motivo humorístico y polémico. Hay que tener en mente que se trata de un producto industrial de Hollywood, y la polémica vende. Por otra parte, por mucho que se presente un personaje como objeto para la mirada femenina, su sexualización y victimización nunca será la que recibe un cuerpo femenino, cuya objetivación se justifica sobre toda una cultura que vende a la mujer como objeto sexual.

Pese a la cuestionable reversión de los roles de género, la propia existencia de la película y el debate que ha generado resulta muy útil para determinar los problemas a los que se enfrenta el feminismo en una época en que, pese haber quién busca imponerle un “post” que lo convierta en obsoleto, es más necesario que nunca, como han demostrado los incesantes y turbadores ataques que ha recibido Leslie Jones.

Leslie Jones, la intersección de género y raza en la era del post

Lo básico que hay que saber sobre la ofensiva que parte de internet ha incitado contra Cazafantasmas es que no tiene nada que ver con la calidad de la propia película. De hecho, como en el mencionado caso de Mad Max: Fury Road, se trata en parte de una llamada al boicot al filme por el simple hecho de presentar protagonistas femeninas y oponerse a la aniquilación simbólica de la mujer en los medios. Se trata de ataques organizados, con metas tan simples como conseguir un millón de dislikes en el tráiler de la película en YouTube, pero que son símbolo de una cultura masculina del odio que toma internet como campo de batalla. En el momento de escribir este artículo el vídeo cuenta con más de un millón de votos negativos, y la sección de comentarios se inunda de misoginia y racismo sin control, siendo los comentarios más valorados uno que llama a destruir también Ocean’s 8, calificada de “propaganda feminazi”, y una discusión sobre Leslie Jones en la que se refieren a ella como “orangután”.

Leslie Jones en 'Cazafantasmas' (Sony)

Hoy en día la mujer negra está presente en los medios, pero siempre se trata de representaciones mediadas, producidas en el contexto de una cultura posfeminista que vende la raza como respuesta a las demandas del feminismo de inclusión y la convierte en algo consumible, lo que Bell Hooks denomina en Eating the Other la “mercantilización del otro”, el no-igual. De la misma manera que el feminismo se enfrenta al post, las luchas contra la discriminación racial también se intentan presentar como irrelevantes y anacrónicas, dando por hecho que la Ley por los Derechos Civiles de 1964 acabó con la desigualdad por raza. Pero tan sólo determinadas imágenes de la mujer negra son aceptadas en los medios y, como señala Kimberly Springer[i], se las limita a la clase media, la respetabilidad y la conformación a las expectativas del espectador blanco. No es casualidad que Leslie Jones interprete a la única cazafantasmas sin carrera científica, pero conocedora de los secretos urbanos de Nueva York. Tampoco es casualidad que, de todo el elenco de la película, ella haya sido escogida como diana de todo tipo de ataques, incitados tan sólo por el hecho de ser una mujer negra.

El linchamiento virtual fue liderado por Milo Yiannopoulos, ídolo de misóginos y neonazis de Twitter, quién acabaría siendo expulsado de la red social por hostigar repetidamente a la actriz y difundir información falsa sobre ella. La expulsión de Yiannopoulos resultaría motivo de celebración si no fuera porque es tan sólo un ejemplo del serio problema que Twitter tiene respecto al acoso de sus usuarios, problema que ha llevado a implementar un “filtro de calidad” cuya efectividad está por probar. Tras haber abandonado Twitter temporalmente, Leslie Jones volvió y ganó más popularidad que nunca como comentarista de los Juegos Olímpicos para la NBC. Aún así, justo cuando parecía que los ataques habían cesado, la web de la actriz fue atacada y se publicaron sus fotografías y datos privados.

El caso de Leslie Jones es un claro ejemplo de cómo la misoginia y el racismo impregnan la cultura contemporánea, y encuentran en internet el terreno perfecto sobre el que desplegar sus armas e inventar excusas para atacar todo aquello que no se adecua a las expectativas del hombre blanco heterosexual. Así, la mujer que se sale de la norma, el hombre que toma un rol considerado femenino y, especialmente, la mujer negra, son considerados como una amenaza al status quo del poder masculino y atacados como tal. Lo relevante para el feminismo de películas que atacan este status quo, como Cazafantasmas, las mencionadas Ocean’s 8 y Mad Max: Fury Road, u otros ejemplos como Star Wars: El despertar de la fuerza (por estar protagonizada también por una mujer) no es tanto la calidad de su contenido, sino las repercusiones que tienen como producto cultural sobre el público y las respuestas que da un Hollywood que forcejea sin mucho éxito con el (post)feminismo.

 

Imagen principal: Promocional de Sony

 


 

[i] Para las autoras, la cultura postfeminista busca incorporar, asumir o naturalizar aspectos del feminismo, mercantilizándolo a través de la figura de la mujer como consumidora empoderada, a la vez que desacredita el propio feminismo como lucha política, tachándolo de anticuado e innecesario y excluyendo visiones revolucionarias que cuestionan el propio concepto de igualdad (en Interrogating Postfeminism: Gender and the Politics of Popular Culture).

[ii] En Divas, Evil Black Bitches, and Bitter Black Women: African-American women in postfeminism and post-civil rights popular culture (publicado en ‘Feminist Television Criticism: A Reader’, editado por Charlotte Brunsdon y Lynn Spiel).

Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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