Buenas y malas feministas, según Roxane Gay

El título del primer libro de ensayos de Roxane Gay, Mala Feminista, es una polémica declaración de intenciones.

Es fácil pensar que la autora está cayendo en la trampa de las cool girls que rechazan el feminismo porque, según dicen, censura su feminidad, es aburrido, o demasiado agresivo; pero de hecho, Roxane Gay utiliza el ejemplo del personaje de Amy en Perdida (Gone Girl) para criticar el propio fenómeno. Su definición de “mala feminista” no pasa por el rechazo al feminismo, sino por la reivindicación de feminismos imperfectos, polémicos y vulnerables.

“Acepto abiertamente la etiqueta de mala feminista. Y lo hago porque no soy perfecta, soy humana. No soy muy versada en su historia. No conozco textos clave del feminismo tan bien como quisiera. Tengo algunos… intereses, rasgos de personalidad y opiniones que puede no se alineen con el feminismo dominante, pero soy feminista” (Pàg. 10)

Gay diferencia entre el feminismo y el Feminismo, siendo el segundo una construcción del movimiento que históricamente ha ignorado a las mujeres de color, queer o trans*. La autora critica la tendencia a idolatrar a las celebridades que hacen del feminismo una marca de identidad, y el consecuente reproche público a aquellas que caen de un pedestal al que nunca debían haber subido. Es bajo esta idea contraria al enaltecimiento de líderes feministas que Roxane Gay reclama, paradójicamente, un lugar desde el que “liderar con el ejemplo” como mala feminista. Bajo el título se recogen 37 breves ensayos que parten de la experiencia de la autora como feminista negra, principalmente en relación a la cultura popular. Dichos ensayos, agrupados en temáticas como “Raza y espectáculo” o “Género y sexualidad”, son del todo variopintos: desde la historia de Gay como jugadora profesional de Scrabble hasta su crítica de Django Desencadenado, pasando por una lista de normas para ser amiga de otra mujer.

Portada de l'edició en castellà.

Portada de la edición en español, de Capitán Swing.

Si la argumentación sobre el título que Gay elabora en la introducción (“Feminismo (n.): Plural”) parece contradictoria, es porque el discurso de la autora durante todo el volumen generalmente resulta serlo. Mala Feminista es sin duda un libro nacido en internet, donde Roxane Gay es conocida como celebridad que aboga por la interseccionalidad del feminismo y el reconocimiento de la cultura popular, y cuenta con cientos de miles de seguidores que valoran el poder de su voz. La mayoría de textos, de hecho, habían sido publicados, compartidos y retuiteados antes de llegar al libro, y quizás sea el hecho de haber nacido como ensayos de internet la razón de la fragilidad de su discurso, frecuentemente discordante y siempre a la defensiva.

En cada ensayo se abren interrogantes realmente interesantes, sobre los que la autora viene y va sin acabar de resolver. Se trata de un método que en muchas ocasiones resulta inspirador, como su ensayo sobre Los juegos del hambre y el trauma de la violencia sexual (“El hambre que tenemos”) o “Historia de tres salidas de armario”, sobre la privacidad de las celebridades LGTBI y su responsabilidad (o no) política. Aún así, el conjunto de ensayos peca de muchísima desigualdad, y algunos de ellos tienen la misma trascendencia discursiva que un post anónimo en tumblr, repitiendo una y otra vez mensajes que las feministas ya tienen más que asumidos. “Soy un cúmulo de contradicciones”, escribe Gay en el ensayo que cierra el volumen. Así lo demuestra, hilando discursos incoherentes e inconexos entre sí, que si bien plantean debates relevantes para el feminismo, raramente aportan puntos de vista singulares o sugestivos. Hacer de la inconsistencia una postura firme es complicado, sobre  todo tratándose de una ensayista que se propone a sí misma como ejemplo a seguir.

Roxane Gay. (Newstateman.com)

Roxane Gay. (Newstateman.com)

La autora pretende situarse fuera de la línea del feminismo “políticamente correcto”, pero en realidad avala el discurso mainstream y poco original, y pone como ejemplo de contradicciones que la hacen “mala feminista” situaciones que no lo son, como el hecho de que el rosa es su color favorito, o que se depila las piernas. Gay se esfuerza demasiado en construir un muro entre su feminismo y un feminismo esencial mitológico, llegando al ridículo de, por ejemplo, defender que pese a sus artículos de opinión no odia a los hombres, o que no le interesa la mecánica aunque “las buenas feministas son lo bastante independientes como para afrontar las crisis vehiculares solas”. La hipérbole fracasa al intentar caricaturizar los estándares a los que se ven sujetas las feministas.

“Ni siquiera estoy segura de lo que es la hermandad, pero la idea de una hermandad es una amenaza silenciosa que me recuerda lo mala feminista que soy. Las buenas feministas no temen a la hermandad porque saben que se comportan de maneras aprobadas por ella” (pág. 317).

Las piezas más significativas son sin duda aquellas en las que Gay parte de la autobiografía, sobre la que no existen opiniones políticamente correctas o incorrectas, y por lo tanto no se requiere de una posición objetiva. Son ejemplos la narración de su experiencia como profesora en “Típica profesora de primero” o el mencionado ensayo sobre Scrabble, “Rascar, arañar o escarbar de manera frenética”. Al escribir su propia subjetividad, la autora parece liberarse a sí misma del principal problema de Mala Feminista: el hecho de que la personalidad que pretende adoptar, forzosamente opuesta a la del feminismo “esencial”, roza peligrosamente el terreno de la cool girl que ella misma critica en la introducción.

Imagen principal: Roxane Gay, por BKMag.com.

Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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