'Broad City': brujería o como tener un orgasmo feminista

La última temporada de Broad City se ha leído casi como una despedida, desde la aparición puntual de personajes para una conclusión muy necesaria de su relación con las protagonistas hasta episodios con cierto regusto nostálgico y agridulce. Broad City, por primera vez en 4 temporadas, me ha hecho llorar. Podría ser por estar en pleno síndrome pre-menstrual o por ciertas tensiones acumuladas pero en un episodio muy concreto de esta temporada, me puse a llorar como una magdalena.

No os asustéis, Broad City sigue siendo una comedia. Tanto Abbi como Ilana cada vez se creen más sus propios personajes y su madurez delante y detrás de la pantalla hace que la empatía con los personajes crezca episodio tras episodio. Ya queda lejos mi impresión inicial al ver el primer episodio de la primera temporada de: I’m too old for this shit. Ilana y Abbi hacen comedia de todo, desde el consumo de drogas hasta la depresión, la pobreza energética o la frustración sexual. Cada broma es sorprendentemente sensible y empática y, como mujer que no llega a los mil euros al mes, sientes que se ríen contigo y no de ti, al contrario de lo que ocurre con otras series como The Big Bang Theory.

Broad City lo ha petado, y esta temporada no sólo se ve con cameos estelares a los que ya nos tienen acostumbradas como Ru Paul o Steve Buscemi, también en la producción de los mismos episodios, en especial la animación espectacular de "Mushrooms", un relato que muestra el efecto de las drogas con un realismo y creatividad que no se veía desde Fear and Loathing in Las Vegas.

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Ya hemos hablado extensamente en Zena de Broad City y su posfeminismo utópico, que se mantiene en la cuarta temporada: vemos unas chicas que cagan, follan, se drogan, acompañan a mujeres a clínicas de aborto entre manifestantes, sufren depresión y, en general, intentan ser seres humanos decentes y razonablemente felices, así que me centraré en un episodio que considero clave y, sí, es el que me hizo llorar.

La política actual es presente de forma evidente en los episodios de Broad City y, de manera prominente, en el episodio ya aclamado por el público "Witches". En el episodio se habla del "trauma" de envejecer y ver que, a tu alrededor parece que todo el mundo avanza vitalmente mientras tú vas quedando atrás, sin un trabajo estable, sin un sueldo digno, pero con la cara más cansada y el pelo más blanco. Por otra parte también se habla del trauma político y de cómo afecta psicológicamente a una de las protagonistas que no ha conseguido tener un orgasmo desde las infames elecciones de Estados Unidos.

Viviendo una realidad política diferente, a miles de kilómetros de distancia, el capítulo consiguió mi implicación completa. Empezamos con la dicotomía de "hacerse mayor", sin disfrutar de las supuestas ventajas que esperábamos la generación nacida en los 80 de llegar a la edad "adulta". Llegamos a los 30 sin ingresos decentes ni trabajos estables, muchas de nosotras sin vivienda propia o de alquiler y cada vez con menos esperanzas de una jubilación decente o jubilación a secas, pero nuestros cuerpos sí que "envejecen", no aguantamos igual el alcohol, nos salen canas y al trabajar pegadas al ordenador y no tener ni tiempo ni dinero para hacer ejercicio nos duele todo.

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Broad City no vende la madurez glamorosa y rica de Sexo en Nueva York: ellas son pobres, como nosotras, viven en pisos de mierda, como nosotras y el mejor trabajo que les pueden ofrecer es de camarera. Por otro lado de-idealizan el mito de la juventud eterna y se abandona la ilusión tóxica del cuerpo femenino eternamente joven y normativo, sobrerrepresentado en los medios de comunicación: se abraza el concepto de la "bruja" como símbolo del poder femenino superando las normas de los cuerpos heteropatriarcales.

Es gracias a estas "brujas" que Ilana, después de ir a una terapeuta sexual, consigue finalmente el orgasmo. En una batalla épica entre Trump y estas "brujas": Rosa Parks, Michelle Obama, Mindy Kalinga, Marie Curie ... Una batalla perfectamente extrapolable a una situación más cercana. Nuestros fantasmas podrían ser perfectamente Albiol y la cesta de la colada de su mujer, M. Rajoy, Rafael Hernando, Pérez Reverte y el bullying y los pechos de Christina Hendricks, Javier Marías y su batalla con Gloria Fuertes y la violencia de género, Quim Monzó burlándose de quien critica con perspectiva feminista el anuncio de la Lotería de Navidad, Ciudadanos y la "asimetría penal" con la violencia de género, la Manada y, sí, también Trump. En el otro bando, animando, consolando, dando esperanza y sumándose a la larga lista de brujas que aparecen en el episodio, Manuela Carmena, Amanda Palmer, Anna Gabriel, Ada Colau, la Mala Rodríguez, Anita Sarkeesian, Leigh Alexander...

Es obvio que la situación política nos puede pasar factura psicológica y sexualmente: depresión, estrés o ansiedad son síntomas comunes. La realidad puede ser abrumadora en el peor sentido de la palabra, así que es importante que nos cuidemos, nos queramos, tengamos orgasmos con fuerza y frecuencia y, sobre todo, nos llenemos de esperanza y nos sintamos empoderadas. Por ello, en los créditos, con las protagonistas empoderadas, felices y bailando cuando se muestran brujas maravillosas, desde Hannah Arendt a America Ferrera, desde Kamala Harris a Margaret Cho, desde Benazir Bhutto a Emma Watson, lloré; porque si ellas pueden, nosotros también; porque nadamos a contracorriente desde hace siglos; porque nos pueden quitar la libertad pero nunca nos quitarán los orgasmos.

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Imágenes: Capturas y promocionales de la serie.


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Nora Soler

Nora Soler

Diseñadora especializada en comunicación interactiva. Ilustra y escribe para Zena.

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