Zombificada : 'Santa Clarita Diet'

AVISO: Este artículo contiene spoilers, además de imágenes bastante gráficas de masacre zombi.

Santa Clarita Diet es la última serie incorporada a la cartera de producciones exclusivas de Netflix. A medio camino entre Desperate Housewives, Bewitched y The Walking Dead, es una serie que prometía ser un revulsivo de un panorama tan saturado como es el de las sitcoms, pero a pesar de un inicio prometedor, con ideas frescas y un buen manojo de sorpresas, acaba siendo una serie engañosamente conservadora y que derrocha todo el potencial de la premisa inicial: la mujer de una familia -nuclear, burguesa, acomodada- se convierte en zombi, y lo que pasó después te sorprenderá.

Zombis y consentimiento

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El primer episodio es el mejor de la serie, realmente no hay que rascar mucho. Nathan Fillion -Buffy, Dr. Horrible's Sing Along Blog, Castle- hace una aparición estelar encarnando a Gary, personaje hecho a medida para el actor, que retoma su faceta de guapo extremadamente odiable. Gary es el nuevo compañero de trabajo de Sheila -Drew Barrymore- y Joel -Timothy Oliphant-, la pareja protagonista, un agente inmobiliario que es el ideal platónico de la masculinidad tóxica: es agresivo, es un acosador sexual y tiene la mandíbula perfecta.

Después de que Sheila asuma su condición de no-muerta -zombi no, zombi es peyorativo-, pasando por las mejores escenas con vómito de pega desde El Exorcista, decide irse de discoteca con las amigas, porque ahora es impulsiva, sexy y atractiva -ya hablaremos más adelante de este cambio. A Gary, que casualmente está en la misma discoteca, no es que la haya seguido desde el trabajo, no se le ocurre otra cosa que restregarle repetidamente la pelvis, intentando seducirla repitiendo el mantra de "¿y ahora ? ","¿y ahora? ", sin demasiado efecto.

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Es una escena brillante por lo estúpida y a la vez verosímil que es. Aún así, lo mejor es la respuesta de Sheila, que remacha "ah, sí, que rehúses repetidamente mis negativas a tus propuestas sexuales me excita mucho". Es uno de los mejores momentos de sátira de la serie, momentos que al cabo de unos cuantos episodios terminarán como el bueno de Gary.

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Sí, el guión no termina mejor, aunque Gary no es el único personaje masculino que recibe fuerte en esta serie. De hecho tenemos un amplio abanico de comentarios sobre la masculinidad tóxica y sobre masculinidades alternativas. También tenemos bromas sobre mujeres de la limpieza latinas, pero eso vendrá después.

Nerds, porretas, inmaduros y agresivos

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A pesar del peso puesto en Drew Barrymore en la promoción de la serie, Santa Clarita Diet tiene bastante poco que decir sobre las mujeres. No en vano el creador de la serie, Victor Fresco, suele hacer series centradas en los personajes masculinos y el comentario de la masculinidad, tales como My name is Earl o Better off Ted. Esta es la misma tónica que recorre la serie de Netflix, donde se hacen comentarios bastante más interesantes sobre la masculinidad que sobre la feminidad, aunque como veremos más adelante, la feminidad monstruosa tiene un papel importante en Santa Clarita Diet.

El primer tema que se trata repetidamente es el de la masculinidad tóxica. El Gary de Nathan Fillion no es ni de lejos el personaje masculino más repelente de la serie, este honor es para Dan -Ricardo Chavira-, un miembro del cuerpo del Sheriff del municipio. Dan es, sin ningún orden específico, extremadamente agresivo, homófobo, racista, competitivo, e incapaz de expresar sus emociones. Cabe decir que este personaje no es un tratamiento particularmente profundo o sutil del tema: Dan es el antagonista principal de buena parte de la serie, y su impacto en la vida de los que lo rodean es universalmente negativo.

Sin embargo, Dan es la encarnación de la expectativa social proyectada sobre el hombre, y un hilo recurrente será como el propio Dan se burla de otros personajes masculinos por tener estilos de masculinidad diferentes al suyo. Desde criticar a su hijo -un nerd de aquellos de libro- por no ser sexualmente activo, hasta criticar a Rick -el otro vecino, un policía de Los Ángeles encarnado por Richard Jones- por el hecho de cocinar o tener un jardín de hierbas aromáticas. Pero la masculinidad que más mermada se ve en la serie es la de Joel.

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Joel es dependiente de la marihuana para enfrentarse en su día a día: ni se considera capaz de hacer un trabajo extremadamente competitivo, ni ve clara su situación en la vida, ni es considerado "suficientemente hombre" por nadie. Todo ello queda reflejado en varias escenas en las que Joel comenta sus dudas vitales con otros hombres, en particular con Rick, aunque siempre después de haber consumido drogas, porque, efectivamente, Joel también es incapaz de comunicar sus emociones a los que lo rodean si no cuenta con la ayuda de sustancias. Joel aún así recupera su masculinidad en un episodio donde asiste a un lugar lleno de machos menos machos que él: una convención sobre lo paranormal.

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Para ser una serie que trata la masculinidad tóxica como el enemigo y reflexiona sobre la incapacidad de los personajes para satisfacer las expectativas de la masculinidad normativa, a Santa Clarita Diet le encantan las bromas sobre nerds. De hecho la serie no deja pasar ninguna oportunidad para criticarlos, afianzando una idea tan venenosa como que no pasa nada por no ser suficientemente normativamente masculino siempre que tengas a alguien menos masculino a quien pisar impunemente. Esta tónica de parecer tener ideas progresistas y después meterte las ideas más rancias y conservadoras del mundo es, desgraciadamente, una tónica de la serie.

Escenas de matrimonio

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Uno de los campos claros donde se ve esta ambivalencia de la serie es al retratar la vida en matrimonio. Aunque Sheila y Joel no son una pareja excesivamente mal avenida, y en la mayoría de episodios insisten en que los problemas se solucionan mediante comunicación y acuerdo mutuo, como pareja casada no podrían ser más tópicos: discuten constantemente, todas las conversaciones acaban degenerando en pequeños reproches y rencores, la pasión se ha perdido -hasta que Sheila se convierte en no-muerta, como mínimo- y la relación con la hija adolescente parece sacada de un episodio de Médico de familia.

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Santa Clarita Diet se convierte en un desfile de tópicos: las mujeres de la urbanización donde viven la pareja protagonista se dedican a hacerse la vida imposible con una falta de sororidad total, casi todos los criminales que aparecen son latinos o negros, la necesidad de matar y consumir a humanos como un alegato a favor de la pena de muerte "sólo para los que se lo merecen", todos los protagonistas son blancos, e incluso la única pareja interracial que aparece en la serie es entre mujer asiática y hombre negro. Tampoco faltan los chistes sobre inmigrantes europeos xenófobos, sobre demencia senil o las mujeres de la limpieza latinas con acento de Ciudad Juárez. Al final, lo único innovador que queda en la serie pasados los primeros capítulos es la monstruosidad de la protagonista. E incluso esto es problemático.

La vagina zombi

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Sólo vemos a Sheila antes de su condición de no-muerta unos escasos cinco minutos del primer episodio. Allí es la viva imagen del tópico de la mujer amargada: regaña el marido, es mandona, tiene la libido por el suelo y sólo se preocupa por comprar cosas. Todo esto cambia cuando hace su transición a monstruo -porque se la caracteriza como monstruo, de hecho la mayoría de su personaje se basa en esta tensión entre humanidad y monstruosidad. De repente, Sheila tiene mucha más energía, confianza en sí misma, es simpática y ocurrente, tiene una libido que la desborda y empieza a matar desconocidos y mutilarlos para comérselos. Se ve el problema, ¿verdad?

La serie remarca constantemente que lo que ha hecho de Sheila una persona más vibrante es su monstruosidad. En particular, se resalta su vigor sexual, asociando la libido femenina a esta idea de monstruo. Cabe decir que la única otra personaje femenino de la serie que se caracteriza como sexualmente activa es marcada como inconsciente, manipuladora e infiel... La imagen de la sexualidad -y hasta cierto punto, el empoderamiento- femenina en Santa Clarita Diet queda marcada por su carácter monstruoso y aberrante.

Poco más se puede decir, menos que la serie no acaba de conseguir nunca hacer de Sheila en su lado más monstruoso un personaje empático o con una cierta profundidad, sino que simplemente es literalmente una loca desbocada devoradora de hombres -ahora ya no se si me estoy pasando de paranoico, pero Sheila literalmente sólo come hombres en toda la serie. Ya no sé si es un tic heteronormativo o simplemente pereza del guionista.

Resolver cualquier problema en treinta minutos

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Con todo Santa Clarita Diet es una serie de humor correcta pero que en muy pocos momentos consigue sobrepasar la mediocridad. A esta serie de tics conservadores y rancios se añade el poco carisma de las interpretaciones: literalmente en más de una escena el tono de voz de los protagonistas es de estar leyendo un guión, casi te puedes imaginar las cámaras que tienen delante, la ilusión de realidad se pierde completamente. Para remachar el clavo, de ninguno de los personajes de la serie experimenta nada parecido a un arco narrativo. Aquí toda la carne está puesta en el asador después del primer episodio, en una serie que tiene más vocación de sitcom eterna que de narración cerrada.

Esta vocación queda clara en un final de temporada precipitado, sin ningún tipo de impacto ni cierre de la trama y que nos retrae a aquellas comedias del estilo Cosas de casa donde cualquier problema o alteración de la rutina se solucionaba en treinta minutos. El pretendido cliffhanger de temporada resulta completamente vacío en una serie que tiene tan poco interés por las consecuencias de las acciones de sus personajes como en avanzar una trama que se puede resumir en dos párrafos. Ya se verá si todo esto cambia en la inevitable segunda temporada.

Todas las imágenes © Netflix.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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