'Vicious': el 'camp' y el activismo queer

Estrenada en 2013, Vicious es una sitcom (comedia situacional) de la cadena inglesa ITV. La serie, de entrada, proponía una premisa de por sí rompedora, acercándonos en clave de humor –mayoritariamente ácido– a la vida de Freddie (Ian McKellen) y Stuart (Derek Jacobi), una pareja de homosexuales mayores curtida por las dificultades de haber vivido en la clandestinidad por su condición sexual y, al mismo tiempo, por los problemas universales que surgen de la vida en pareja.

La serie, además, nos acerca a su pequeño pero leal círculo cercano, familiarizándonos con rostros como su amiga de toda la vida, Violet (Frances De LaTour), o su nuevo vecino, el joven Ash (Iwan Rheon). En su estreno, la serie fue avalada por el alto calibre de estrellas reclutadas: McKellen es más que conocido internacionalmente por sus roles de Gandalf en El señor de los anillos o Magneto en X-Men, mientras que Jacobi y De LaTour, por su parte, son grandes estrellas nacionales con grandes carreras teatrales y televisivas a sus espaldas, respectivamente. Vicious, en otras palabras, hacía uso de artillería pesada tanto en materia de temática como casting desde su inicio: nada podía fallar. O eso parecía.

Cuando vi –o, quizá mejor dicho, devoré– Vicious en el verano de 2014, la serie me cautivó con su original premisa (¿dos actores de larga y exitosa carrera encarnando una pareja marcada por estigmas sexuales y de edad? ¡¿dónde hay que firmar?!) y, al mismo tiempo, con su ambientación íntima y nostálgica. La serie, sin embargo, tuvo una relación más complicada con la crítica, ya que desencadenó reacciones completamente divididas en los medios. Si bien portales como el periódico Metro la exaltaron como «una señal de lo lejos que la liberación sexual ha llegado» [i], otros críticos como Brian Sewell –de The London Evening Stardard– no dudaron en describir la serie como «una maliciosa parodia que no podría haber sido más retorcida aun habiendo sido escrita por un heterosexual malévolo y recriminatorio» [ii] – perspectivas que dan a ver el carácter polarizante de la serie. Entre los factores desencadenantes de esta disparidad destaca la estética camp que envuelve la serie de inicio a fin: si el término camp no termina de sonarlos, poneos cómodos. Está a punto de hacerlo.

Estrenada en 2013, Vicious recluta actores como Ian McKellen y Derek Jacobi (centro, sentados), Frances de La Tour (izquierda) y Iwan Rheon (derecha), prueba de la firme apuesta de ITV por la serie. Fuente: Itv.com.

Estrenada en 2013, Vicious recluta actores como Ian McKellen y Derek Jacobi (centro, sentados), Frances de La Tour (izquierda) y Iwan Rheon (derecha), prueba de la firme apuesta de ITV por la serie. Fuente: Itv.com.

¿Qué es el camp y cómo se representa en Vicious?      

En su conocido ensayo “Notes on Camp” («Apuntes sobre el camp»; 1964), Susan Sontag defiende que «la esencia del camp es su amor hacia lo antinatural: hacia el artificio y la exageración» [iii] así como la capacidad de «ignorar el eje bueno/malo del criterio estético ordinario» [iv]. El camp, dicho de otra manera, es una sensibilidad que aboga por la hipérbole en la expresión y un cierto amor por lo cutre o kitsch en un intento de rebelarse contra los dogmas que simplifican el arte en bueno o malo.

Estas características son perfectamente palpables en la atmósfera de la serie desde el primer minuto: no solo el escenario es un guiño a las sitcoms de los años 70 con su decoración cuasi-monocromática, sino que la narrativa abunda en personajes planos (Freddie es ácido y malhumorado, Violet está en constante busca de satisfacción sexual y Ash es a menudo reducido a un mero objeto de deseo, por ejemplo) y en patrones repetitivos (cada episodio comienza con una llamada de la madre de Stuart, o Freddie y Stuart presentan a Ash y Violet en cada episodio aunque se vean a diario). Capítulo a capítulo, estos detalles refuerzan la sensación de que la serie no se toma a sí misma en serio: de hecho, si lo pensamos, no es descabellado decir que series españolas como Aquí no hay quien viva, La que se avecina o Gym Tony quedan cerca de los patrones del camp – al menos, en este aspecto.

El lado b del camp: arma de activismo queer

Sin embargo, hay otra dimensión del camp que trasciende estándares estéticos y está más ligada a la relevancia social de la serie. Aunque Sontag describe el camp como «no comprometido» e incluso «apolítico» [v], lo cierto es que su naturaleza hiperbólica y melodramática ha jugado históricamente un rol esencial en el activismo gay, sirviendo como modo de expresión y refugio de un mundo en el cual los individuos LGBT+ siempre han representado la idea de lo ajeno. En términos butlerianos (los cuales Jana Baró explica a la perfección en su artículo sobre Chicas malas), los gestos exagerados del camp ofrecen una forma de subvertir dicotomías de género mediante los comúnmente llamados –de forma peyorativa– amaneramientos, que son apropiados en señal de rebelión contra las reglas que limitan qué es un hombre y qué una mujer en la sociedad.

Es por eso que, polarizantes como puedan ser, los gestos melodramáticos por parte de los personajes de McKellen y Jacobi tienen un carácter político marcado: a través del camp, Freddie y Stuart encuentran un foco de resistencia y otorgan visibilidad a un sector demográfico que, anulado por la combinación de estigmas de edad y sexualidad, no recibe toda la atención mediática que debiera. Y es que, por primera vez en medios mainstream, el público tiene acceso a una serie que nos muestra cómo una pareja homosexual y, además, mayor, encara su día a día.

Aunque, como remarqué al inicio, Vicious ha sido acusada de ofrecer una imagen ridiculizante de hombres homosexuales –así como de no reflejar la diversidad existente de hombres de dicha orientación–, gran parte de la crítica ha ignorado que, en el contexto de una pareja mayor como Freddie and Stuart, el camp no es solo un modo de distorsión de la realidad sino que, dado su pasado, se convierte en un arma subversiva y celebratoria. Es importante tener en cuenta que, en Inglaterra, la homosexualidad fue ilegal hasta 1967 y etiquetada como desorden médico hasta 1973 [vi], por lo que Freddie y Stuart, que llevan juntos desde jóvenes, empezaron su relación cuando aún era ilegal. Vicious no solo representa gente real, sino que celebra la lealtad a uno mismo ante un mundo que vilifica tu forma de ser.

Freddie y Stuart se caracterizan por una forma camp de expresarse, una sensibilidad que, a pesar de haber recibido numerosas críticas, alberga un mensaje social de resistencia y subversión. Fuente: fotograma del episodio 1 de la primera temporada.

Freddie y Stuart se caracterizan por una forma camp de expresarse, una sensibilidad que, a pesar de haber recibido numerosas críticas, alberga un mensaje social de resistencia y subversión. Fuente: fotograma del episodio 1 de la primera temporada.

Tras dos temporadas en las cuales las audiencias han ido descendiendo poco a poco, Vicious se despedirá de las televisiones inglesas con un especial navideño este año. Su paso por la televisión podrá haber sido relativamente fugaz, pero su naturaleza pionera en cuanto a representación de minorías LGBTI, sin duda, supone un paso fundamental hacia la diversificación de narrativas en los medios. Si ya es difícil encontrar minorías representadas en series mainstream, aún lo es más en el caso de grupos con estigmas interseccionales; es por eso que, críticas aparte, Vicious destaca por darnos la oportunidad de ver el mundo a través de los ojos de personas como Freddie y Stuart. Poco a poco, los límites se están resquebrajando.

Imagen destacada: SoniaUnleashed.com. Todas las fotos y contenidos multimedia © ITV (2013, 2015).

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Referencias traducidas de:

[i] Watson, Keith. “Vicious Was Nostalgic Fun with Ian McKellen and Derek Jacobi on Top Form,” Metro, 30 Apr 2013 <http://metro.co.uk/2013/04/30/vicious-was-a-camp-comedy-with-ian-mckellen-and-derek-jacobi-on-top-form-3697545> [Visitado el 15 Nov 2016]

[ii] Sewell, Brian. “Vicious is a Throwback to Far Darker Gay Times,” The London Evening Standard, 7 May 2013 <http://www.standard.co.uk/comment/comment/brian-sewell-vicious-is-a-throwback-to-far-darker-gay-times-8606142.html> [Visitado el 15 Nov 2016]

[iii] Sontag, Susan. “Notes on Camp.” Camp: Queer Aesthetics and the Performing Subject. A Reader. Edinburgo: Edinburgh University Press, 199. 53-65 (p. 53).

[iv] Ídem, p. 61.

[v] Ídem, p. 54.

[vi] Gay and Grey in Dorset. Lifting the Lid on Sexuality and Ageing. Dorset (Inglaterra): Help and Care Development, 2006. p. 45.

Jose Viera

Filólogo e investigador independiente con un máster en estudios ingleses avanzados obtenido en la Universitat Autònoma de Barcelona. Su trabajo de fin de máster versó sobre representaciones de hombres homosexuales mayores en los medios. Actualmente prepara su tesis doctoral en representaciones neo-victorianas del autor Charles Dickens.

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