‘Venus’: confesiones incompletas

Venus. Lea Glob/ Mette Carla Albrechsten

Dinamarca/Noruega, 2016. 80 minutos

Lo que vemos en Venus es un casting que las dos directoras, Lea Glob y Mette Carla Albrechsten, convocaron para filmar una película basada en los deseos y frustraciones sexuales de las mujeres danesas. El resultado es un documental sobrio y con buen ritmo, que a pesar de su capacidad para construir un diálogo sobre la sexualidad femenina sereno, sincero y, sobre todo, no mediado por la mirada masculina, mantiene ciertos sesgos de raza, edad, capacitismo y representación cisgénero.

Tal y como sucede con libros corales de Svetlana Alexiévich como La guerra no tiene rostro de mujer, Venus es una obra tejida a partir de las confesiones del centenar de mujeres que se presentaron al casting. Y, como en la obra de la Nobel bielorusa, es en las historias, y el ritmo con el que se encadenan entre ellas, la principal fuerza del relato. La estética acompaña: el documental es una sucesión de planos, desde primeros planos hasta otros de más generales, donde tan sólo vemos a las protagonistas, a menudo sentadas en una silla, ante un fondo blanco, colocado en una habitación austera. Nada más.

En este ambiente, la palabra destaca. Llevan el peso del relato y marcan el ritmo. Este es uno de los grandes aciertos del documental. La sexualidad femenina ha sido tradicionalmente vinculada al deseo masculino heterosexual, un hecho que ha condicionado la forma en la que ha sido representada, reduciéndola a la corporalidad y situándola, a menudo, dentro de un juego de ocultación-exposición-sobreexposición en función del deseo y las necesidades de su consumidor final.

En cambio, en la obra de Glob y Albrechsten es mediante la palabra de la mujer que no sólo aprendemos a leer su cuerpo y subjetividad en función de lo que ella nos muestra y/o nos quiere mostrar. El documental consigue presentar una imagen de la sexualidad femenina como algo intelectual, emocional y sensorial, una representación, en definitiva, que trasciende la objetivación tradicionalmente asociada a su cosificación. Este hecho se refuerza mediante la proliferación de primeros planos del rostro de las protagonistas, en clara oposición a representaciones más comunes de la sensualidad de la mujer, donde la exhibición de partes sexualizadas, como los labios, los pechos o las nalgas, aisladas del resto del cuerpo es el recurso visual más efectivo para la deshumanización de la mujer.

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Es precisamente por eso que las escenas finales, que muestran algunas de las mujeres desnudas, parecen una traición. Un elemento importante de la liberación femenina pasa por la capacidad de decidir cuándo, dónde, con quién y por qué desnudarse. A pesar de esto, se necesitan otros discursos que sitúen la sexualidad femenina en otros ámbitos para evitar que, si bien apoderadas, la desnudez sea el elemento definitorio de la sexualidad de las mujeres. El hecho de que el cuerpo de los hombres no esté sometido a la misma exposición hace que este marco representacional sexo-mujer-cuerpo sea más complicado de redefinir. En este sentido, se echan de menos más Venus donde los protagonistas sean hombres.

Debido al discurso que contextualiza los desnudos, el documental no acaba de deshacerse de la idea que a mayor exposición del cuerpo mayor libertad sexual y, debido a la tradicional represión de la sexualidad femenina a las sociedades occidentales en los últimos siglos, mayor emancipación. De hecho, el documental califica las mujeres que se atrevieron a ir al casting (y que acabaron mostrando su cuerpo hasta donde quisieron), de valientes.

Tal como explican teóricas feministas como Clare Hemmings, esta asociación de ideas en las sociedades occidentales tiene connotaciones problemáticas, en cuanto que no sólo privilegia una forma de ver la sexualidad, sino que la considera la más óptima y, debido a la hegemonía de esta civilización en el mundo, tiende a ser utilizada para cimentar imaginarios colonizadores.

Este hecho se agrava si se tiene en cuenta que la franja de edad de las mujeres entrevistadas alcanza de los veinte a los cuarenta años. Además de mujeres mayores, tampoco vemos mujeres trans, mujeres con alguna discapacidad física o mujeres de otras razas que no sean la blanca. Mujeres, todas ellas, que por las estigmatizaciones añadidas que han recibido y todavía reciben sus cuerpos, no se pueden sentir tan cómodas mostrándolos desnudos. O todo lo contrario. Pero, en todo caso, no están. Y esto, en un documental que se promociona con frases como “qué opinan las mujeres sobre el sexo” chirría.

Aún así, Venus es un documental revelador en cuanto a la exploración de cómo, incluso en un acto tan íntimo y personal como el sexo, el individuo configura su subjetividad mediante una negociación constante con una serie de representaciones e ideas sobre cómo una persona de sus características, en este caso una mujer, se tiene que comportar y sentir. Las mujeres de Venus son tímidas, desinhibidas, tienen fantasías sobre incesto, ven porno lésbico, se enrollan con una mujer para hacer daño a su pareja, quieren perder la virginidad o piensan, varias veces al día, en follar. Pero lo que la mayoría de relatos tienen en común son las dudas sobre cómo los otros, o ellas mismas, percibirán sus actitudes.

* Puedes ver Venus durante este mes de mayo aquí.

Las imágenes son fotogramas del documental. Funte: El Documental del Mes.

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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