'Un Día a la Vez' y la interseccionalidad

Una de las primeras comedias en llegar a Netflix este 2017 Netflix ha sido el reboot del clásico de los ochenta Un Día a la Vez (One Day at a Time, 1975-84) con el mismo nombre. La serie de trece capítulos se centra en una familia de cubanas-americanas liderada por Penélope Alvarez (Justina Machado), una veterana de guerra que trabaja como enfermera, y su madre, Lydia Riera (Rita Moreno), una bailarina retirada que huyó del régimen Castrista gracias al programa Pedro Pan cubano. El núcleo familiar lo completan Elena (Isabella Gomez), adolescente de quince años ecofeminista y justiciera social, y Alex (Marcel Ruiz), de doce años, el hermano pequeño. La familia Álvarez se estructura y auto-gobierna sin necesidad de figura paterna, algo que es enfatizado en varias ocasiones. Penélope se erige como la espina dorsal de las Alvarez, y sobre sus hombros recaen las tareas tradicionalmente asociadas con un rol masculino, mientras que su madre se encarga de todo aquello relacionado con el cuidado de los hijos y el mantenimiento de la casa.

Un Día a la Vez es una comedia enérgica y revitalizante, con guiones tan brillantemente cómicos como conmovedores. Además, no sólo está protagonizada por tres personajes femeninos declaradamente feministas e inmigrantes (primera, segunda y tercera generación) sino que no se escabuye de ninguno de los debates actuales: racismo, inmigración, legalidad y deportaciones, la herencia cubana, la crítica al régimen castrista, la devoción religiosa, el feminismo interseccional, la ecología, el sexismo y los micromachismos, las dificultades con las que topan los y las veteranas de guerra de Estados Unidos (un sistema sanitario que no funciona, la terapia de grupo, la sororidad como herramienta elemental para sobrevivir), la identidad LGTB+ o las cuotas de diversidad, todo tratado con seriedad y respeto pero con un tono fresco y optimista que los hacen accesibles a todos los públicos.

El elenco lo completan Schneider (Todd Grinnell), el vecino y propietario del inmueble, playboy adinerado y hipster con un gran corazón que prácticamente vive en casa de las Alvarez, y el doctor Berkowitz (Stephen Tobolowsky), el entrañable jefe de Penelope e interés romántico de Lydia. Schneider, que es muy blanco, sirve como contrapunto cómico representando e iluminando las insensibilidades caucásicas. Gestos como llevar una camiseta del Che como complemento de moda conducen a situaciones tragicómicas donde, entre broma y broma, las Alvarez educan tanto a Schneider como al espectador, y nos llevan a reflexionar sobre todas aquellas actitudes que nuestro privilegio blanco nos hace obviar.

Fuente: Netflix.

Fuente: Netflix.

A partir de aquí, si no habéis visto la serie todavía (¿y a que esperáis?) cuidado, que hay spoilers.

Elena Alvarez y la identidad LGTBI

Hay muchas tramas, situaciones y capítulos que destacaría de Un Día a la Vez, pero por razones de espacio, me limitaré a analizar una de las tramas protagonizadas por la hija adolescente, Elena. Elena es el arquetipo de la millenial woke. Definida por su abuela como "annoying" (irritante), Elena abraza todas las causas, desde el reciclaje a la cafetería del instituto hasta la lucha contra la misoginia en el trabajo. Firme defensora de los derechos de todas las minorías oprimidas, el apoyo de Elena hacia su madre separada es incuestionable y feroz. A diferencia otras comedias, donde este tipo de personaje podría ser reducido a una broma recurrente, aquí el activismo de Elena es apoyado por su familia y llevado a cabo de manera crítica, humana e incansable.

A mediados de temporada vemos a Elena cuestionándose su identidad sexual. Este descubrimiento (muy importante que lo sea, puesto que se desmarca de la tradición del queer torturado que se debate entre salir o no del armario) viene motivado por un afán de autoanálisis y conecimiento propio, y no por un interés romántico. Elena, a los quince años, se plantea, muy simplemente, si le gustan los chicos o si le gustan las chicas, y no se cierra a la posibilidad de que le gusten ambos. Finalmente descubre que se identifica como lesbiana, etiqueta que abraza. Después de un tiempo de duda e inseguridad, temiendo la reacción de su familia, Elena comparte con su madre primero y su abuela después su descubrimiento. Sus reacciones son muy interesantes. Lydia, la abuela, ofrece su apoyo absoluto y besuquea a su nieta al grito de "¡que valiente mi niña!", pero confiesa a Penelope que este reajustamiento le está costando. Aun así, en un monólogo brillante de medio minuto, la cubana pone todos sus argumentos (religiosos) encima de la mesa, los debate, y decide que, puesto que Dios nos hace a su imagen y Dios no comete errores, ella no es nadie para cuestionarle.

Penelope, que se esfuerza para fingir que la noticia no le cambia los esquemas, representa a todos aquellos padres y madres heterosexuales que, en un momento dado, se encuentran en esta misma situación, y, a pesar del amor y apoyo incondicionales que ofrecen a sus hijos, se encuentran con su mundo revuelto y la necesidad de reencontrar el equilibrio. Este debate interno de Penelope lo lleva a cabo al margen de Elena, puesto que considera que es responsabilidad suya encontrar la manera de acomodarse. Es de agradecer que la serie nos ofrezca este punto de vista, uno que quizás no siempre nos paramos a considerar.

Un Día a la Vez es una joya y ofrece un rayo de luz en un momento sociopolítico especialmente gris. La serie nos acerca, con ternura, humor y respeto, a la realidad de tres generaciones latinas viviendo en los Estados Unidos, y ofrece un espacio para hablar de todo y para hacerlo con todo el mundo.

Imagen destacada: Netflix. Gif: Tumblr.

Francesca Blanch Serrat

Francesca Blanch Serrat

Doctoranda en Literatura Inglesa del siglo XVIII con perspectiva de género por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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