Tres razones por las que 'Crazy Ex-Girlfriend' no es una romcom más

Aviso: este artículo contiene spoilers ligeros (no fundamentales en relación a la trama) sobre la serie Crazy Ex-Girlfriend.

Partamos de una premisa clara: Crazy Ex-Girlfriend es una de las series más refrescantes lanzadas en los últimos años.

Y sí, lo sé. Partir de una tesis tan absoluta no es común, pero no hay mejor manera de presentar a esta serie estrenada en 2015 en la cadena americana The CW (y disponible en Netflix para España). Escrita y producida por Rachel Bloom, Crazy Ex-Girlfriend es una romcom (comedia romántica) musical en la que nos ponemos en la piel de Rebecca Bunch, una joven abogada de éxito en Nueva York. Si bien Rebecca parece tener una vida de ensueño, lo cierto es que navega a diario entre aguas de soledad y ansiedad; o al menos, hasta que un día decide mudarse a West Covina (una ciudad del estado de California) con el fin de reencontrarse con su amor de adolescencia, Josh Chan. Si la premisa de la serie les parece loca, descuiden: no hace más que complicarse.

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Fuente: NewsBusters.

Como la sinopsis da a entrever, Crazy Ex-Girlfriend se caracteriza por una trama atípicamente rocambolesca, con Rebecca intentando en cada episodio acercarse a su adorado Josh de maneras cada vez más alocadas. La narrativa, sin embargo, va mucho más allá de las idas y venidas de su personaje principal: y es que Bloom se asegura de que su serie aúne a un elenco de personajes variados en todos los sentidos de la palabra, subviertiendo de forma rotunda nuestras expectativas sobre roles en romcoms, identidades queer o personajes secundarios. Evaluemos estos aspectos y veamos cómo, efectivamente, Crazy Ex-Girlfriend es una serie rompedora merecedora de atención mediática.

Rebecca Bunch, o cómo reventar el concepto de la romcom

Caracterizado por una perpetua infatuación hacia Josh, el personaje de Rebecca Bunch no se limita meramente a reproducir arquetipos esenciales del género romcom -en su lugar, los ilustra de forma tan hiperbólica que cae irremediablemente en la parodia. Y es que cambiar de trabajo y de ciudad por un amor del pasado es, literalmente, su plan menos chocante. Conforme los episodios avanzan, Rebecca socializa con –y se infatúa accidentalmente de– su novia, Valencia; se intenta liar con su mejor amigo, Greg, para darle celos; o se infiltra en su piso, solo por citar algunos ejemplos. Locas como puedan parecer estas tramas,  la focalización de la serie –siempre cercana a Rebecca, pero nunca lo suficiente como para que perdamos nuestra neutralidad– nos permite sentir una cierta simpatía por su enamoramiento, pero también nos percatamos de que sus continuos vaivenes no son, en absoluto, sanos.

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Fuente: TellTaleTV.

La naturaleza exagerada de la serie revela una clara moraleja: perder los estribos por una persona que claramente pasa de ti –y que, además, has idealizado de forma burda a lo largo de los años– solo puede causarte daño psicológico. Los guionistas, por tanto, establecen un diálogo con los espectadores a través de Rebecca, dándoles a entender que, aunque sus devaneos sean divertidos de ver, claramente su romantización de las relaciones no deja de ser la consecuencia de un constructo social. Crazy Ex-Girlfriend utiliza lo grotesco como terapia de choque para desmontar los manidos arquetipos de toda comedia romántica, permitiéndonos simpatizar con la protagonista pero, al mismo tiempo, ver su testaruda idealización del amor como una advertencia.

Secundarios no tan secundarios

A pesar de que gran parte de la serie se centra en los rocambolescos planes de Rebecca, si algo caracteriza a Crazy Ex Girlfriend es la diversidad de personajes y cómo cada uno de ellos tiene sus propias tramas, dotando a cada episodio de un carácter coral y diversificando sus narrativas más allá del mero romanticismo. Personajes como Josh, Valencia, Darryl (el jefe de Rebecca) o Greg tienen sus propios problemas, y la serie cambia de ángulo frecuentemente para mostrarnos sus ansiedades. Dentro de esta tendencia de dimensionalizar a los personajes secundarios, un caso que quiero comentar con especial detalle es el de Paula, la compañera de trabajo y amiga de Rebecca que le ayuda a planear sus estratagemas para acercase a Josh.

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Fuente: Mashable.

Paula es una secretaria en sus cuarenta y de complexión media que, además de ser una aliada leal para Rebecca, inconscientemente desarrolla una adicción a los problemas de su amiga, sumiéndose en ellos para así maquillar su propio vacío tanto profesional como emocional. Al principio de la serie, Paula tiene toda la pinta de ser la clásica sidekick (personaje secundario que asiste al principal) falto de dimensionalidad y con una función meramente narrativa: la serie, sin embargo, se encarga de desafiar esta expectativa al profundizar en la que es una de sus tramas más bonitas.

A través de la exploración de sus propios problemas, Paula obtiene una subtrama propia que la desliga de Rebecca y nos hace verla como un personaje de derecho propio. Por ejemplo, en un episodio Paula está más descontenta que nunca con su matrimonio y considera ser infiel: no solo es una trama atípica en una romcom al tratar la insatisfacción de una relación consolidada, sino que además normaliza la sexualidad de Paula–una mujer que, en otra serie, habría sido asexualizada y relegada a un rol cartón. Este aspecto ha sido comentado por la propia actriz que da vida a Paula, Donna Lynne Champlin:

«[Paula] es tridimensional. Tiene sus propios asuntos. Tiene su propia familia, la cual no se menciona solo de pasada. Está dedicada a sus hijos y su marido. Y creo que el aspecto más importante de Paula es que se muestra sexualizada. […] Normalmente si hay una mujer sidekick, la mujer protagonista es sexualizada y en busca de amor, y la secundaria solo está ahí para hacer una labor asexual» [i].

Este, sin embargo, no es el caso de Paula, que se muestra como cualquier otra mujer de su edad y físico, con ambiciones y deseos al igual que Rebecca. También se nos invita a descubrir sus ansiedades profesionales, revelándonos a una mujer frustrada que no pudo cumplir su sueño de estudiar derecho y que descubre que nunca es tarde para realizar tus sueños: nuevamente, Crazy Ex-Girlfriend nos sorprende con un enfoque muy atípico –y, ni qué decir, positivo– para un personaje como Paula, promoviendo un patrón narrativo que debería ser perfectamente normal y seguido por más series.

Una mirada queer

Finalmente, otro aspecto bastante positivo de la serie es su tratamiento de la bisexualidad y la homosexualidad –un tema que nuestra redactora Francesca Blanch ya comentó en su artículo sobre bisexualidad en los medios. Crazy Ex–Girlfriend se caracteriza por tener diversos personajes de sexualidades no normativas y, sobre todo, por representar dichas sexualidades con la normalidad con la que deberían ser tratadas siempre. Un ejemplo de esta representación es Rebecca misma, la cual desarrolla una atracción sexual hacia Valencia en un episodio y no tiene ningún dilema a la hora de explorarla. Otro caso interesante es el de su jefe, Darryl, el cual descubre en sus cincuenta que es bisexual y comienza una relación con White Josh –amigo de Josh y al cual se parece bastante, de ahí su peculiar mote–: si bien Darryl se siente incomodado y confuso a primeras, algo que podríamos atribuir a creencias generacionales, no tarda en aceptar sus preferencias y enorgullecerse de ellas.

Tanto los descubrimientos de Rebecca y Darryl como la naturaleza con la que White Josh revela que es gay –diciéndolo de forma completamente casual– aportan una perspectiva muy normalizadora que contrasta con otras series en las que el ser queer aún resulta una aventura artúrica. Aunque el descubrir nuevas preferencias siempre involucra una fase de autoconocimiento, la serie se encarga de enfocarlo como algo normal que no debe condicionar nuestra percepción de los personajes; aportando un patrón muy refrescante que solo es de esperar que cada vez más series (sean romcoms o no) sigan en el futuro.

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Fuentes: Tumblr (1), HeadOverFeels (2).

Crazy Ex–Girlfriend es, en resumidas cuentas, un soplo de aire fresco a la televisión de los últimos años. No solo nos ofrece una narrativa a medio camino entre el homenaje y la subversión de la comedia romántica, sino que además presenta un plantel de personajes caracterizado por un balance narrativo y una diversidad digna de admiración. La serie también tiene elementos que podríamos escrutinizar y criticar en más detalle –después de todo, sigue ajustándose a la mecánica de chica obsesionada con ideales osificados del amor, y a ratos las tramas de Rebecca pecan de repetitivas y cíclicas–, pero a título general, el proyecto de Rachel Bloom progresa adecuadamente. A pesar de sus escuetas audiencias, la serie ha sido renovada para una temporada que se espera que comience en octubre de este año.

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[i] Carey Purcell, “That Was Unheard Of – Why ‘Crazy Ex-Girlfriend’ Star Donna Lynne Champlin Never Saw A Woman Like Herself On TV Until Now.” Bust, 7 de marzo de 2016, https://bust.com/tv/15803-how-donna-lynne-champlin-went-from-theatre-to-crazy -ex-girlfriend-bust-interview.html [Visto el 25 junio 2017]

Jose Viera

Filólogo e investigador independiente con un máster en estudios ingleses avanzados obtenido en la Universitat Autònoma de Barcelona. Su trabajo de fin de máster versó sobre representaciones de hombres homosexuales mayores en los medios. Actualmente prepara su tesis doctoral en representaciones neo-victorianas del autor Charles Dickens.

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