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The Wicked + The Divine: Identidades explotadas

Cada 90 años, 12 dioses se reencarnan en adolescentes. Esta vez, son estrellas del pop. Son amados, y odiados… y en dos años, mueren. Esta es la premisa de The Wicked + The Divine, la serie de cómics de Jamie McKelvie y Kieron Gillen, conocidos por sus anteriores trabajos juntos en Image Comics (Phonogram) y en los Young Avengers de Marvel - todos centrados en personajes jóvenes verosímiles, diversos y únicos. Así es en The Wicked + The Divine, que Gillen define como la culminación de todo lo que aman de la cultura popular.

[Nota: La primera parte del artículo está limitada al comentario general de The Wicked + The Divine (principalmente su primer volumen, "The Faust Act") intentando limitar los spoilers al máximo. Tras la nota de aviso, se tratan aspectos más concretos de la trama, hasta el tercer volumen publicado.]

Jerarquías culturales: Boom, boom, boom, boom

Lucifer - The Wicked + The Divine #1 (Image Comics)

Lucifer - The Wicked + The Divine #1 (Image Comics)

The Wicked + The Divine funciona como una celebración del pastiche y la hibridación de la alta y baja cultura: el primer volumen, "The Faust Act", abre con una cita de Doctor Faustus de Christopher Marlowe ("Oh, Faustus, ahora tienes apenas una hora de vida, y serás maldecido para la eternidad."), seguida de inmediato de una cita del grupo dance Vengaboys ("Boom, Boom, Boom, Boom") - una declaración de intenciones de sus autores. Comprimiendo las jerarquías culturales, se funde la línea entre la llamada alta cultura y la cultura popular, mezclando dioses con estrellas del pop y presentando las segundas con la misma relevancia cultural que los primeros. The Wicked + The Divine (WicDiv) legitima intencionadamente la comparativa de la religión a la cultura pop, deconstruyendo y desestabilizando las grandes narrativas a favor de las menores. Así, Lucifer (que en la tradición cristiana no es considerado un dios en el sentido estricto del término) se reencarna en una versión femenina de David Bowie en su etapa de Thin White Duke, manteniendo el espíritu rebelde y antiautoritario del ángel caído. De la misma manera, el cómic deja entrever que Lord Byron, considerado el primer celebrity moderno, habría sido una de sus reencarnaciones anteriores.

La hibridación no sólo es de alta y baja cultura, sino también de formas culturales históricamente dominantes y subalternas. En el panteón de WicDiv están presentes todo tipo de mitologías clásicas más allá de la griega y la romana, que son probablemente las más conocidas. Amaterasu, por ejemplo, aparece como la diosa del sol del sintoísmo (la religión japonesa que precede al budismo), y está basada estéticamente en artistas como Florence Welch o Stevie Nicks. Inanna, la diosa principal del panteón sumerio, aparece en el cómic con la estética de Prince. El origen de otros es menos claro: Woden es un dios anglosajón que tiene raíces comunes con el Odin de la mitología nórdica, pero tiene su origen en la segregación de las tribus durante el periodo de migración europeo del siglo V. Con una estética basada en Daft Punk y Tron (y con Mary Wollstonecraft Shelley como supuesta reencarnación pasada), el Woden de WicDiv es un buen ejemplo de cómo las mitologías nunca son absolutas y cerradas en sí mismas, sino que evolucionan y son transformadas por sus reescrituras. Lo que podría convertirse en una apropiación cultural problemática (con el añadido de la diversidad racial), es tratado con sensibilidad y conocimiento de causa. Metanarrativamente los autores se muestran reflexivos en este aspecto cuando hacen que Amaterasu, diosa japonesa, sea cuestionada por haberse reencarnado en una chica no asiática (Breve spoiler: más adelante se nos confirma que, efectivamente, su conocimiento de la cultura japonesa es superficial, lo que lleva a un enfrentamiento importante en la trama pese a las buenas intenciones de la joven).

Amaterasu, The Wicked + The Divine #1 (Image Comics)

Amaterasu, The Wicked + The Divine #1 (Image Comics)

Conocemos a Laura, la protagonista, cuando asiste a un concierto de la propia Amaterasu. Laura se prepara en el baño imitando su estética: peluca rojiza, túnica blanca, pintura de colores vivos alrededor de los ojos. Pese a ser una adolescente corriente, busca parecerse a los dioses, actuar y vestir como ellos, adecuarse a sus expectativas, de igual manera que los fans de las celebrities de nuestro tiempo idolatran e imitan a sus referentes. Frente a Laura se nos presenta a Cassandra, una reportera vlogger que se muestra del todo escéptica con los supuestos milagros del panteón. Cassandra es interesante porque como personaje cuestiona, de nuevo, la relevancia de las grandes narrativas y la alta cultura: con un master en mitología se siente autorizada a sobreponer sus conocimientos a los de Laura, a quién acusa de conocer las mitologías a través de la Wikipedia. Pero es Laura, que limita su conocimiento a la primera página de resultados de Google, la que consigue ser aceptada por los dioses del panteón.

Laura - The Wicked + The Divine #1 (Image Comics)

Laura - The Wicked + The Divine #1 (Image Comics)

Perfomance e identidades múltiples

De la misma manera que la narrativa concilia jerarquías culturales en equilibrio, los personajes juegan sus diferentes roles: jóvenes corrientes (Minerva, la más joven del panteón, tiene sólo 12 años), convertidos en dioses, y éstos en estrellas del pop. Los tres niveles requieren una performance concreta, una aceptación de unos estándares y unas expectativas a conformar para ser aceptados como roles válidos. Lo interesante es cómo estos roles no son limitados por la narrativa a los convencionales de género, sexo o raza, y cómo los personajes son diversos y complejos más allá de sus identidades: hay personajes bisexuales, transexuales, de género fluido o en relaciones poliamorosas, pero ello no se convierte nunca en el foco de atención de la trama sino que se presenta como parte de sus complejidades identitarias.

The Wicked + The Divine #4 (Image Comics)

The Wicked + The Divine #4 (Image Comics)

Aún así, hay expectativas sociales a las que todo adolescente, independientemente de su género o sexualidad, está sometido. Laura juega muchos roles en el cómic y distingue claramente su papel ante los dioses, a los que idolatra, y ante sus padres, con los que, como todo adolescente, siente que no consigue comunicarse. En el caso de los personajes del Panteón, se le debe sumar tanto el hecho de adaptarse a un rol mitológico como el de convertirse en estrellas del pop.

Por una parte está la dificultad de comprenderse a sí mismos no sólo como identidades propias sino también como las figuras míticas que representan: Lucifer está condicionada a ser la rebelde, Sakhmet (la diosa egipcia de la guerra), la salvaje. Morrigan, de la mitología irlandesa, es tres diosas en una, con tres personalidades bien diferenciadas que debe interpretar. Baal tiene dificultades para demostrar que representa a Baal Hadad y no Baal Hammon (siendo el primero de ellos de la mitología asiria y aramea y el segundo fenicio), y se muestra frustrado por el rol que le ha sido impuesto (“No tengo miedo de quién soy. Y menos mal, porque no tengo puta opción."). Aún por encima de ello tienen otro nivel, el de la performance absoluta sobre el escenario. Y para ello es necesario hablar de Tara, quién ni siquiera sabe qué divinidad se supone que representa.

 

[AVISO DE SPOILERS: A partir de aquí, detalles explícitos de la trama hasta el tercer volumen]

 

Fucking Tara: The Fame Monster

The Wicked + The Divine #13 (Image Comics)

The Wicked + The Divine #13 (Image Comics)

No conocemos a Tara cara a cara hasta el tercer volumen de la saga, “Commercial Suicide. Aún así, llevamos leyendo sobre ella desde las primeras páginas, donde Laura asegura que Amaterasu es mejor que Baal, Sakhmet, Inanna… e incluso que fucking Tara. Desde ese momento todos los personajes se refieren a ella despectivamente, definiendo un perfil de estrella del pop que resulta del todo real, definido por Gillen como una mezcla entre Taylor Swift y Lady Gaga (Lucifer se mofa del vestido de carne de Tara, que recuerda al que Gaga llevó a los premios MTV de 2010). Se trata de dos artistas obviamente muy distintas, pero que sirven como ejemplo para tratar uno de los temas más recurrentes en el cómic en general y de este tercer volumen en concreto: la problemática sexista de la cultura popular que expone como públicos los cuerpos y vidas de las artistas. No conocemos a Tara, no sabemos su nombre real, ni tampoco la divinidad a la que representa, pero nos sentimos legitimados para odiarla.

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The Wicked + The Divine #13 (Image Comics)

Tara es adorada por sus fans como estrella del pop, pero no se siente a gusto en su papel. Cuando decide interpretar en un concierto canciones escritas por ella misma, recibe tomatazos y es acusada de egoísta: “Me amaban. No, no a mí. Ese era el problema. Lo amaban." Su historia compone el capítulo más emotivo de la serie, cogiendo al lector completamente desprevenido. Tara, o la adolescente que le da forma, nos cuenta como desde los 11 años ha sentido que existe simplemente para el placer ajeno (“He oído '¡Eh, guapa! ¡Eh, diosa!' convertirse en 'Te voy a violar, puta' suficientes veces como para saber que lo primero es simplemente lo segundo con un lazo.").

Para ella, las canciones y los versos eran vehículos de huida: actuaba con anchas túnicas y una máscara que la alejaba de la cosificación por parte de sus espectadores. Así era hasta que fue elegida para acoger en su cuerpo a Tara y convertirse en una diosa real. “Mi música, mi máscara, mi ropa. Todo son maneras de esconderme. Siempre me vais a mirar. Mirad esto, no a mí.” Pero el público no acepta la máscara, que irónicamente representa la verdadera identidad de Tara, y la acosa constantemente para que actúe como se espera de ella, ofreciendo su propio cuerpo. Es algo que también experimenta Laura cuando comienza a tener la presencia mediática que tanto ansiaba: “Mi cara estaba en las noticias. Era lo que siempre había deseado. En realidad no lo era. Me sentí una extraña para mí misma. Me sentí como si me hubieran arrancado la cara."

 

The Wicked + The Divine #13 (Image Comics)

The Wicked + The Divine #13 (Image Comics)

El momento en el que se nos muestran a doble página las menciones en Twitter a Tara resulta horripilante por su verosimilitud (cualquier mujer expuesta públicamente es objeto de acoso en las redes). Bajo el hashtag #FuckingTara (no libre de implicaciones sexuales), se acumulan insultos, amenazas de violaciones e incluso de muerte. Es el mismo “fucking Tara” que se repite en el texto y hace cómplice al lector de este difamatorio juego que nadie cuestiona. Tara es estúpida, superficial y pretenciosa, y no es necesario conocer su versión para aceptarlo.

Por eso, cuando se nos muestra la realidad tras el fucking Tara, no podemos evitar sentirnos partícipes del acoso que la lleva al suicidio (suicidio comercial, ya que ni siquiera su propia muerte le pertenece). También así al resto de personajes: Baal se arrepiente de haberse peleado con ella y reconoce que a él también le hubiera gustado escribir sus propias canciones, pero señala que para dioses es imposible elegir quién ser. Pese a luchar contra el reclamo violento de su identidad y su cuerpo, finalmente cede ante acoso (“Que os jodan. Que os jodan a todos. No estoy aquí para placer vuestro. Pero sí lo estoy."), y nos da una lección del peligro de seguir el juego de la intimidación y la difamación online: “Intentad ser más amables. No tenéis ni idea de por lo que está pasando la gente. Vuestra, Fucking Tara".

 

The Wicked + The Divine #13 (Image Comics)

The Wicked + The Divine #13 (Image Comics)

 

Imagen principal: Image Comics


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Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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