Stephen Hawking, Jane Wilde y los cuidados

La muerte del astrofísico Stephen Hawking, como no podía ser de otro modo, ha generado un alud de obituarios en los medios.

El hecho de que Hawking sufriera de esclerosis lateral amiotrófica (ELA)durante más de cincuenta años ha hecho que muchos obituarios hayan presentado la vida del brillante científico y divulgador como un ejemplo de la dualidad entre el cuerpo y la mente, y de la victoria de la segunda sobre el primero, para acabar siendo un alegato final a las infinitas posibilidades del intelecto humano.

 

Lo que estas biografías tienden a omitir, no obstante, es que si Hawking fue capaz de seguir adelante con su prometedora carrera científica fue gracias a que su primera esposa, Jane Wilde, lo cuidó a él y a los tres hijos que tuvieron durante cerca de treinta años. Y lo hizo mientras intentaba establecer su propia carrera académica: el 1981, Wilde se doctoró en poesía medieval española.

La situación de Wilde recuerda a la vida de mujeres como Zenobia Camprubí, Véra Nabokov o Sofía Behrs. Más allá de ser, respectivamente, las esposas de Juan Ramón Jiménez, Vladímir Nabokov y Lev Tolstoi, eran sus editoras, traductoras, asistentes, chóferes, mecanógrafas, amas de casa, madres de sus hijos y cómplices en el proceso creativo.

De aparecer, Wilde es mencionada en los artículos de forma tangencial. En otros casos, es protagonista de piezas en las que el tema central es la vida amorosa de Hawking, y que suelen estar publicadas a la sección de Gente o similares. Estas piezas ponen al mismo nivel los treinta años de trabajo de cuidados de Wilde hacia a su marido y los maltratos que el físico teórico recibió a manos de su segunda esposa, Elaine Mason. Las piezas, además, suelen reforzar la dualidad entre una masculinidad vinculada a la razón y la claridad y una feminidad inescrutable y misteriosa.

 

En última instancia, lo que estas piezas ponen de manifiesto es una visión medicalizada de la discapacidad, que queda reducida a una enfermedad a batir por parte del individuo que la sufre. Tal como explica nuestro redactor Marc Bellmunt, esta imagen se suele enmarcar en un relato que sitúa a la persona con una discapacidad como un ejemplo de superación. Al atribuir la responsabilidad de curarse en el individuo, el relato pasa por alto todos aquellos factores sociales que permiten a la persona con una discapacidad hacer una vida más o menos autónoma, muchos de los cuales dependen del conjunto de la sociedad. En el caso de Hawking, su clase social y, sobre todo, el hecho de tener a una persona que trabajó para él y para sus hijos, gratis, durante treinta años.

Imagen principal: Stephen Hawking. Fuente: Wikipedia.


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Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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