SOAS y el ‘odio’ a los filósofos blancos

Durante las últimas semanas, varios medios ingleses han informado sobre la demanda del sindicato de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (School of Oriental and African Studies, SOAS) de Londres de retirar del temario de filosofía a aquellos filósofos blancos y/o europeos (como Platón o Kant) por el simple hecho de serlo.

 

La noticia se consideró un ejemplo más de cómo toda una generación de estudiantes universitarios, influenciados por una ideología que preconiza aquello políticamente correcto por encima de los hechos y el pensamiento libre para evitar ofender a nadie, estaría apoderándose cada vez más de la universidad. Esta es la tesis que sostiene Jorge Marirrodriga en El País escribiendo precisamente sobre el caso de SOAS y los filósofos blancos.

 

Como estudiante de SOAS que realiza un Máster de Estudios de Género, me ha sorprendido mucho la información que he leído en la prensa. Hasta donde alcanza mi conocimiento, en ningún momento se ha pedido expulsar a nadie de ningún temario. Es por ello por lo que me gustaría aportar algunos datos que ayuden a contextualizar lo sucedido.

La Escuela de Estudios Orientales y Africanos

SOAS es de las pocas -sino la única, no lo sé seguro-, universidades en Europa especializada en estudios sobre Asia, África y Oriente Medio. Se trata de uno de los centros académicos sobre estas regiones de más prestigio internacional: entre sus exalumnos destacan diplomáticos británicos y varios mandatarios de países africanos y asiáticos, como la Premio Nobel de la Paz y parlamentaria birmana Aung San Suu Kyi o la ex primera ministra de Mozambique Luisa Diogo. Actualmente estudia allí el humorista británico Russell Brand, lo cual genera un sinfín de anécdotas.

Los estudiantes que cursan un grado, un máster o un doctorado en esta institución buscan un conocimiento especializado sobre dichas regiones, una base de autores, teorías y recursos bibliográficos que no suelen encontrarse en otros departamentos de historia, política, lengua o estudios de género de otras universidades. En mi caso, si hubiera querido estudiar solamente a Judith Butler, Simone de Beauvoir y Monique Wittig, no hubiera venido a SOAS. Y, aún así, he terminado leyendo sobre ellas en una escuela, repito, que está orientada a difundir conocimiento sobre Asia y África.

En el caso del grado de la discordia, y tal y como explica Tom Whyman en The Guardian, debemos tener presente, primero, que SOAS no tiene un departamento de filosofía propiamente dicho. Ésta se incluye dentro de el Departamento de Religiones y Filosofías, donde se ofrece un Grado de Filosofías del Mundo. La descripción del curso, traducida de forma chapucera, sería la siguiente:

“Este curso es adecuado para estudiantes de alto rendimiento que tengan una perspectiva global, así como un interés por tradiciones filosóficas i culturas de sociedades no occidentales, además de aptitudes para el pensamiento crítico y la historia intelectual”.

Teniendo en cuenta las características tanto de la institución en general como del grado en particular, no parece que haya obligación alguna de enseñar conocimiento filosófico europeo. Aún así, en el segundo año del grado se ofrece un curso obligatorio sobre Filosofías anglo-europeas, y basta con echar un vistazo a la bibliografía de asignaturas como Introducción a la lógica, el pensamiento crítico y la argumentación para ver que se tratan textos europeos.

La no obligación de SOAS de enseñar a filósofos europeos ni confirma ni desmiente que el sindicato de estudiantes haya pedido eliminar a filósofos blancos/occidentales de su currículum. Teniendo en cuenta la información que nos ha llegado a los estudiantes, parece que NO lo ha hecho.

Descolonizar SOAS

El 9 de enero del 2017, los estudiantes de SOAS recibimos un e-mail de parte del sindicato en relación a la polémica que decía lo siguiente:

“No estamos pidiendo que se retire a pensadores, sino que se estudien en sus contextos y que el temario incluya perspectivas que reflejen la diversidad del mundo en que vivimos. No buscamos limitar el acceso al conocimiento, sino reflexionar sobre cómo se produce y se enseña”.

Me he puesto en contacto con el sindicato para confirmar su opinión, y me han remitido a la información publicada en dicho correo electrónico así como en su muro de Facebook, donde han colgado la información contenida en el correo. Por otro lado, estudiantes de la carrera de Filosofías del Mundo me han comentado que en ningún momento han pedido eliminar autores blancos del temario, sino contextualizar a los autores que estudian.

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La petición de contextualizar a autores, en especial europeos, forma parte de la iniciativa Descolonizar SOAS (Decolonising SOAS) que no sólo impulsa el sindicato, sino también varios profesores y alumnos del centro. Según nos informó el sindicato en el mismo correo, descolonizar la institución fue la petición más demandada por los estudiantes en una encuesta que realizaron para determinar cuáles serían sus prioridades para los próximos tres años.

A grandes rasgos, lo que se busca es analizar cómo las relaciones establecidas entre potencias coloniales y países colonizados han influido tanto en la producción de conocimiento académico como en el acceso a él, así como incluir a más autores no-blancos en los temarios. Por lo que he podido captar en algunas clases, no todos los centros y departamentos de SOAS están adheridos a la campaña con la misma intensidad. En el Centro de Estudios de Género, por ejemplo, estamos bastante al corriente de todo, pero hay estudiantes de otros centros que no.

En el caso del máster que curso, analizamos, aún más si cabe, no sólo cuáles son los pros y contras de teorías feministas como las de Judith Butler o Gayle Rubin (blancas), Audre Lorde o bell hooks (negras), sino si sus postulados son extrapolables a otras realidades del mundo. En algunos casos, hemos llegado a discutir qué limitaciones en cuanto a representación de género se refiere tienen las teorías de Edward Said o Frantz Fanon, dos autores que no son ni precisamente blancos ni precisamente afines a proyectos colonialistas. Las charlas que hemos recibido en nuestros seminarios incluyen a autoras no blancas, y se han tratado temas sobre cómo descolonizar temarios académicos e instituciones universitarias. Por otro lado, también se nos anima a reflexionar sobre qué privilegios –de raza, clase o capacidad– nos permiten estudiar en SOAS.

¿Quién es el políticamente correcto?

Huelga decir que ninguno de estos procesos ni es fácil ni unánime. Más bien lo contrario, he vivido debates en SOAS muy intensos (y algunas veces yo he contribuido a subir la intensidad).

Desde el punto de vista de una mujer blanca y europea, resulta un reto intelectual de lo más estimulante ver cómo facetas del conocimiento que has adquirido a lo largo de tu vida no sirven para explicar y comprender otros contextos, así como asumir que instituciones que se han presentado como bastiones del pensamiento libre han producido teorías que han apuntalado proyectos basados en la exclusión de seres humanos por razones de sexo, raza o religión. Y que aún seguimos arrastrando muchos de aquellos tics. Todo ello, sin llegar a la conclusión que el conocimiento occidental es deleznable y el no occidental la panacea. Es precisamente esta habilidad de aplicar el pensamiento crítico para evitar caer en el relativismo cultural, en el buenismo, en el sólo puedo estudiar mi cultura, o en el efecto contrario, el encerrarse en la identidad europea y blanca como ente moralmente superior, lo que más estoy ejercitando durante el máster.

En este sentido, considero mucho más políticamente correcto creer que todos los autores del mundo, especialmente los europeos/occidentales/blancos, son vulcanianos sin emociones procedentes del planeta libre de prejuicios, con una capacidad innata para producir LA VERDAD en una institución, la universidad, que parece que siempre ha tenido las puertas abiertas para todo el mundo.

Imagen de portada: SOAS. Fuente: SOAS Spirit.

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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