'Shadowhunters' y la representación en el 'young adult'

Shadowhunters (Freeform, Netflix) es la adaptación para la televisión de la serie de seis novelas de Cassandra Clare Cazadores de Sombras (Grup62), y la segunda vez que se adapta la historia de Clary Fray, que ya fue llevada a la gran pantalla el 2013 bajo el nombre de Cazadores de Sombras: Ciudad de Huesos (Constantin Film). Shadowhunters, que empezó como un fanfic de Harry Potter publicado en la red (no cuesta mucho encontrar puntos en común), se sitúa en un mundo mágico que existe paralelo al nuestro donde un grupo de jóvenes lucha contra un malvado que pretende eliminar a quienes considera una raza inferior a la suya.

En la línea de mucha literatura young adult, el destino del mundo está en las manos de un grupo de jóvenes de entre 15-18 (en el libro) y 18-20 años (en la serie). La protagonista, Clary Fray, ha crecido ignorando su relación con este mundo, y esto facilita la introducción de los elementos sobrenaturales que lo configuran al espectador: la lucha cuerpo a cuerpo, la magia a través de runas tatuadas al cuerpo y las pociones y hechizos de las otras razas fantásticas de este universo son tan nuevas para Clary como para nosotros. El mundo de los shadowhunters se estructura jerárquicamente en términos de raza: los cazadores, descendentes del ángel Raziel (y por lo tanto, por designio divino), ocupan el punto más alto de la pirámide, y regulan, controlan y dominan al resto a través de un organismo central que legisla y ejecuta las leyes. Debajo están los downworldlers, los habitantes del mundo inferior, que incluye desde vampiros hasta warlocks, pasando por duendes u hombres lobo, todos representados a la serie y unidos a los cazadores a través de Clary, que actúa de nexo de unión entre todos los mundos. Este dominio absoluto por parte de los cazadores, altamente problemático, no es puesto en entredicho a la serie, donde la cuestión moral se centra en si las "razas inferiores" merecen morir (cómo mantiene el malvado) o ser salvadas (la postura de los cazadores).

De izquierda a derecha: Luke, el hombre lobo Alec, Izzy, Clary i Jace, los cazadores, y Simon, el vampiro. Fuente: Freeform.

De izquierda a derecha: Luke, el hombre lobo Alec, Izzy, Clary i Jace, los cazadores, y Simon, el vampiro. Fuente: Freeform.

En cuanto a la representación de género, de los cuatro protagonistas, la mitad son mujeres. Justo es decir que de estas dos mujeres, una, Clary, tiene una relación o bien sentimental o bien fraternal (es... complicado) con uno de los hombres, Jace, mientras que la otra, Izzy, es hermana de Alec. Aun así, su relevancia en la trama o dentro de la estructura interna del grupo no se supedita a estas relaciones. Es destacable como la serie, la hipersexualización de Izzy (en la foto, con tacones imposibles) se presenta como empoderadora, y se remarca en varias ocasiones como de cómoda Izzy se siendo con su cuerpo y su sexualidad. Aun así, esto queda en un segundo plano: Izzy es una excelente luchadora y científica, lo que la convierte en una shadowhunter muy valiosa.

En términos de representación racial, la serie pasa de curso con un notable alto: de los protagonistas, Izzy (Emeraude Toubia), Simon (Alberto Rosende) y Raphael (David Castro) son latinos, Luke (Isaiah Mustafa) es afroamericano y Magnus (Harry Shum Jr) es de ascendencia china. Los secundarios también destacan por una gran diversidad étnica y racial. El hecho que Alec (Matthew Daddario) y Izzy sean hermanos no ha contribuido a acabar el mundo, sorprendentemente, y en la serie Izzy y Raphael han tenido frases en su lengua materna, el castellano. Por lo tanto, la serie no sólo cuenta con un casting muy diverso sino que también explota esta diversidad al nivel de meta-ficción.

Malec. Fuente: Freeform.

Malec. Fuente: Freeform.

En cuanto a la sexualidad, Shadowhunters no se salva del queerbaiting ocasional -o repetitivo, en el caso de Izzy y Clary o Simon y Raphael. Aun así, la centralidad en la trama de la relación entre Magnus y Alec es excelente. La pareja, que incluso tuvo un capítulo con el nombre de su ship, Malec, disfruta con más minutos de pantalla que la de los heterosexuales protagonistas, Clary y Jace.

La homosexualidad de Alec se trata con la dosis justa de normalidad (las reacciones negativas de la familia de Alec son atribuídas al hecho de que Magnus es de una raza inferior) y profundidad, manteniéndola a un nivel de exploración progresiva: a lo largo de la primera temporada vemos a Alec teniendo muchas dificultades para aceptarse a si mismo y salir del armario, enamorado cómo está de su hermano adoptivo Jace, y una vez acepta sus sentimientos por Magnus, la pareja se lo toma con calma, dando espacio y tiempo a Alec para entender y asimilar su sexualidad. Además, la bisexualidad de Magnus es mencionada (cae confeti rosa, lila y moratón del techo), explorada y repetida a lo largo de la temporada. No se permite que la orientación de Magnus quede ahogada con su relación homosexual con Alec, ni que se confunda o se olvide. Y esto no se encuentra en la televisión actual. Magnus es el santo patrón en contra de la bisexual erasure.

En conclusión, y sin juzgar ni la relación entre los libros y la serie ni la calidad de esta, podemos afirmar que Shadowhunters se erige como una de las series con más y mejor representación racial y LGTBI+ , y esperamos que esto continue.

Imagen destacada: imagen promocional. Freeform.

Francesca Blanch Serrat

Francesca Blanch Serrat

Doctoranda en Literatura Inglesa del siglo XVIII con perspectiva de género por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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