Sexo, mujer y etiquetas (I): ‘slut-shaming’

El término slut-shaming hace referencia al rechazo o mofa que recibe una mujer debido a su actividad sexual o forma de vestir, considerada como “excesiva” según los estándares sociales.

Uno de los factores que fundamentan el slut-shaming es la creencia que el cuerpo de las mujeres y su sexualidad están al servicio de las necesidades sexuales -entendidas como irrefrenables y fácilmente provocables- de los hombres. Así, la mujer tildada de zorra lo puede ser en tanto que:

  • Su agencia amenaza el rol sumiso de la sexualidad femenina. Teniendo en cuenta el imaginario social, tildarla de puta es una forma de estigmatizarla y de prevenir que otras mujeres sigan su ejemplo.
  • Se considera que su actitud sexual la convierte en un objeto consumible abierto a un gran número de hombres heterosexuales y que, por lo tanto, aquella mujer, al perder la capacidad de ofrecer un servicio en exclusiva, pierde el valor como mujer. En este sentido, puede haber hombres que se opongan al slut-shaming por miedo a perder la capacidad de acceder a lo que ellos consideran una forma fácil de sexo. Una forma que, de rebote, los ayuda a consolidar su identidad como hombres, puesto que el concepto de masculinidad tradicional está vinculado, entre otras características, a la potencia sexual y a la capacidad de seducir a muchas mujeres.
  • En algunas sociedades, hay que añadir componentes de estigmatización vinculados a la raza o a la orientación sexual: así, las mujeres negras en los Estados Unidos han sido objeto de un imaginario que las percibe como lascivas, sexualmente más activas y siempre dispuestas a tener sexo; mientras que a muchas culturas occidentales todavía pervive la representación de la bisexualidad no como opción sexual sino como vicio.

Por todo ello, una mujer puede sufrir slut-shaming por muchas razones: afirmar que se disfruta del sexo, pertenecer a una comunidad percibida como exótica, tener una orientación sexual no normativa, tener una vida sexual activa, mantener relaciones sexuales con varias personas, vestir de una forma que acentúe partes del cuerpo consideradas sexualmente atractivas...

La cultura del slut-shaming contribuye, entre otros, a la estigmatización del deseo sexual de las mujeres, limita las formas de vestir y puede contribuir a la culpabilización de las que han sufrido violencia sexual. En este sentido, dos formas de slut-shaming cada vez más habituales son la difusión de vídeos eróticos de mujeres sin su consentimiento por Internet, las redes sociales y telefonía móvil, así como la inclusión de datos personales de mujeres que no son prostitutas en páginas de contactos, ambas acciones realizadas como forma de venganza o castigo.

Imagen destacada: imagen promocional de la Slutwalk que Amber Rose organizó el 2015 para luchar contra el 'slut-shaming'.

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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