Sexo, mujer y etiquetas (y II): ‘prude-shaming’

Ante el conjunto de representaciones y actitudes sociales –tan variables y arbitrarias- asociadas al slut-shaming, se podría llegar a la conclusión de que la mejor opción para una mujer es la de limitar, tanto como sea posible, su sexualidad, así como vestir de una forma que no se considere provocativa para el deseo de los hombres heterosexuales.

Esto es, a grandes rasgos, lo que pensó Veronica Partridge. Esta estadounidense escribió en su blog que había decidido no vestir mallas en público porque no quería despertar deseos sexuales en ningún hombre que no fuera su marido.

Los ataques personales que Partridge recibió en la red por esta decisión han sido englobados dentro de lo que se conoce como prude-shaming (ridiculizar a la puritana). Este concepto hace referencia al rechazo o mofa que recibe una mujer que tiene valores sobre su sexualidad o forma de vestir considerados socialmente como “conservadores”. Las razones que pueden causar el prude-shaming pueden ser:

  • La percepción de que se trata de una forma retrógrada y/o religiosa -léase opresora y nociva- de ver la sexualidad. En este contexto, se trata, pues, de actitudes a evitar.
  • La percepción de que una mujer con actitudes sexualmente conservadoras será incapaz de satisfacer las necesidades sexuales del hombre.

A pesar de que pueden parecer mutuamente excluyentes, los conceptos de slut-shaming y prude-shaming pueden convivir perfectamente en una misma sociedad y, de hecho, es lo que suele pasar en occidente. Hay que decir que el objetivo de la creación de los dos conceptos no es blindar de cualquier crítica, debate o reflexión las decisiones que pueda tomar una mujer sobre su identidad. Más bien al contrario, se trata de dos conceptos que nos pueden ayudar a poner el foco en cuestiones sobre:

  • cómo se ejerce el control de la sexualidad femenina y/o cómo se define en relación a la masculina,
  • bajo qué condiciones determinadas actitudes sexuales se convierten en normativas y, en consecuencia,
  • qué mecanismos se ponen en marcha para castigar a aquellas mujeres que no las realizan.

Basándonos en esta utilización, ambos principios pueden ser útiles para identificar sesgos en la puesta en marcha de políticas feministas en campos como la prostitución, la pornografía o el striptease (slut-shaming); así como en la religión, el racismo y la islamofobia (prude-shaming).

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Imagen principal: viñeta crítica con la estigmatización de la sexualidad femenina. Fuente: Your Ecards.

"Entonces, si no tengo sexo contigo soy una puta puritana, si tomo anticonceptivos soy una zorra, si me quedo embarazada una tonta y si escojo abortar soy el demonio. Vale".

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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