'¿Quién es el 11.º pasajero?': género y performatividad en el espacio

¿Quién es el onceavo pasajero? es una de las obras más conocidas de Moto Hagio, una de las pioneras del manga, tristemente muy desconocida y cuya obra apenas se ha publicado fuera de Japón. ¿Quién es el onceavo pasajero? ha sido publicada en castellano a finales del 2016 este 2017*,  más de cuarenta años después de su publicación original, y desde 1975 propone un cuestionamiento de los roles de género y un discurso crítico, incluso a veces progresista, sobre el género binario tradicional.

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Ciencia ficción utópica

La trama de 11.º pasajero (para abreviar) propone un futuro utópico muy similar al del universo Star Trek, donde una unión de planetas y sociedades convive en paz en la galaxia mediante una administración central confederada. Los protagonistas del manga son candidatos a entrar en la Universidad Estelar, la institución educativa de mayor prestigio de la galaxia, pero para ello deberán superar un último examen: grupos de diez alumnos deben sobrevivir 53 días en una nave espacial a la deriva, si uno solo de ellos resulta herido o decide abandonar el examen, todos suspenden.

El primer conflicto aparece en los primeros instantes del grupo en la nave: su grupo está compuesto de 11 personas y nadie sabe quién es el infiltrado. Esta premisa lanza una narrativa en la cual la reflexión y la cooperación para superar los problemas que aparecen son la norma, elevando la acción a un plano que se separa de la space opera para asemejarse a obras más interesadas lo cerebral, como los relatos de Isaac Asimov. De hecho, una lectora nos comenta que este manga estuvo influenciado por la obra de Ursula K. Le Guin.

No obstante, el elemento de la trama que resulta más interesante, más allá de la resolución de los problemas que se plantean contínuamente en la nave, es la construcción de esta sociedad utópica y el uso de extraterrestres para hacer un comentario -cuando no una crítica abierta- de los roles de género binarios mediante las vivencias de dos personajes concretos.

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Knu y Frol: asexualidad y sexo potencial

Knu, un alienígena humanoide pero con una apariencia algo reptiliana, y Frol, un personaje andrógino, centran gran parte de este comentario, especialmente el segundo. Tanto Knu como Frol pertenecen a especies con un planteamiento del sexo y el género muy similares al planteamiento binario tradicional, aunque se da una diferencia importante: los miembros de estas especies no manifiestan su sexo -y su género, 11.º pasajero en este sentido los hace equivalentes y es bastante tradicionalista- hasta una cierta edad, pasando por un período de transición después del cual son asignados por la sociedad a una serie de roles determinados por su género.

La diferencia principal entre Knu y Frol es que el primero ya ha pasado este período de transición sin manifestar ningún género o sexo, con lo que se convierte en un miembro de una casta separada del resto de la sociedad, monacal pero con un cierto prestigio. Frol, en cambio, aún no ha pasado por su transición y además se revela que su especie puede elegir voluntariamente qué sexo y género asumir -aunque esta decisión es final-. De esta manera Knu y Frol respectivamente están fuera del espectro binario de género o se mueven de manera ambivalente por él.

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Reacción social

El primer planteamiento interesante en torno a estos personajes es la reacción del resto de miembros de la tripulación -todos hombres, a los que podríamos considerar una representación de la sociedad- ante su identidad de género y su sexo. Mientras que Knu no es tratado de una manera distinta, Frol es tratada como si fuera una mujer: al fin y al cabo su apariencia física es muy femenina, aunque su comportamiento sea masculino.

En este sentido, lo que resulta problemático para la tripulación no es que estos personajes sean no-binarios, sinó el hecho que Frol es lo más parecido a una mujer que hay en la nave. En este sentido, el resto de la tripulación desarrolla actitudes de cortejo y protección hacia Frol, estableciendo que su género es el otro cuando el género masculino es el género por defecto e incluso cuando un personaje -Knu- explícitamente no tiene ni género ni sexo es asignado a roles de género masculinos. Todo esto entronca claramente con las teorías de Simone de Beauvoir en su obra El segundo sexo.

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Frol y el género performativo

El segundo planteamiento de la obra en torno al género y el sexo resulta también muy resonante con otra teoría célebre: la del género performativo de Judith Butler. Las circunstancias de Frol y su relación con su propio género son una expresión literal de esta idea: el género de Frol no está determinado -o asignado- a partir de un dato biológico sino que se trata de una interpretación. Además, esta performance se lleva a cabo manifiestamente como reacción a una serie de normas y expectativas de la sociedad que rodea al individuo. Frol transita por ambos géneros a voluntad durante toda la duración de la historia, y además lo hace con su propio control y para empoderarse como individuo.

En la primera parte de la historia, Frol desea ser un hombre para acceder a los privilegios sociales que esto conlleva, y consecuentemente ejerce una serie de ideas asociadas tradicionalmente a la masculinidad: compara su altura y su poder físico a otros miembros de la tripulación, se muestra competente en la lucha, se endurece y cierra emocionalmente y así sucesivamente. En la segunda parte, no obstante, Frol decide que quiere mostrarse como mujer -para interesar a un hombre heterosexual por el que se siente atraída-, con lo que actúa según su idea de cómo debe comportarse una mujer.

Esta relación con un interés romántico heterosexual lleva a Frol a una serie de momentos interesantes: por ejemplo, en un ataque de celos al ver que Tada -el interés romántico- goza de gran popularidad entre las chicas, Frol decide presentarse como hombre y superar la popularidad de Tada como hombre. Al final de este conflicto -llevado con bastante humor-, Tada manifiesta a Frol que le quiere, sin importar su género o actitud. Frol transita de esta manera entre géneros demostrando la fluidez -y hasta cierto punto la artificialidad- del concepto.

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Privilegio masculino, servitud femenina

No obstante, no todo el monte es orégano. 11.º pasajero también recoge una serie de actitudes muy clásicas al respecto de la relación entre géneros y sus roles asignados. Para empezar, el hecho de que Frol desee presentarse al examen de la Universidad Estelar viene determinado porque en su planeta las mujeres solo tienen un rol reproductivo y viven en harenes sirviendo a los hombres en una proporción de cinco mujeres por cada hombre. Su única opción para escapar de esta servitud es convertirse en hombre, privilegio del que solo podrá gozar como miembro de la Universidad.

De la misma manera, al enamorarse de Tada, el interés romántico -masculino- de la historia, Frol decide que se convertirá en mujer. Esta decisión, aunque se presenta como algo romántico, no deja de ser una renuncia por parte de Frol a una serie de posibilidades vitales que está implícito que deberá abandonar como mujer. No deja de ser una resolución poco satisfactoria después del discurso de la obra hasta el momento. Con todo, ¿Quién es el onceavo pasajero? ofrece una discusión interesante sobre el género binario y sus implicaciones sociales, una visión refrescante y sorprendentemente contemporánea para tratarse de un manga clásico.

Todas las imágenes © ¿Quién es el 11º pasajero?, por Moto Hagio.

*Gracias a las aportaciones de la lectora @FlorsEnversa.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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