'Preacher', el sexo como concesión, la violencia y la pederastia

Preacher, estrenada el mayo del 2016 por la cadena norteamericana AMC, está basada en la novela gráfica de Vertigo (DC Comics) con el mismo nombre.

La serie, que se podría definir como una mezcla entre drama, comedia negra y fantasía sobrenatural, se centra en la figura de un predicador del sur de los EEUU, Jesse Custer (Dominic Cooper, Agent Carter) y su relación con sus vecinos y feligreses, una relación que se ve alterada cuando Custer adquiere poderes sobrenaturales. La serie, de diez capítulos, ha sido renovada por una segunda temporada, que se estrenará en el 2017.

Preacher ofrece una mirada necesaria y alejada del morbo a una realidad social que a menudo es romantizada y reducida a un tropo. La serie, que pasa el test de Bechdel en casi cada capítulo y se caracteriza por su humor negro, no se deja llevar por las convenciones del género de horror sobrenatural y ofrece una representación femenina destacable, donde las mujeres no son reducidas a objetos o clichés. El retrato de la violencia contra las mujeres en Preacher es, si bien crudo y realista, tratado lejos del sensacionalismo barato y los tópicos a los que la televisión nos tiene acostumbradas.

Relato duro sobre la violencia contra las mujeres

A nivel de análisis, uno de los elementos más interesantes de Preacher es la cruda representación de las relaciones sociales al sur de los EEUU, y especialmente, en términos de género, el retrato de la violencia contra las mujeres, que es tratada con asiduidad a pesar de no ser parte de la trama principal.

En el capítulo piloto, un niño se acerca a Custer para pedirle que actúe ante los maltratos que sufre su madre a manos de su padre. Custer, haciendo gala de su carácter cínico, le responde “how far do I go?” (¿hasta dónde quieres que llegue?), y añade que no dispone de las herramientas ni de la autoridad para ayudarlo. A continuación, Custer se dirige al Sheriff del pueblo para ponerlo al corriente de la situación. La respuesta del Sheriff es cortante: si no hay una denuncia, él no actuará.

Estas escenas reflejan una dura realidad social y transmiten la impotencia de las víctimas y aquellos que las rodean, así como la incapacidad del sistema para proteger a las mujeres que se encuentran en esta situación. Al final del capítulo, en una escena el desenlace de la cual no revelaremos, Custer y el maltratador se enfrentan. En los capítulos siguientes se revela que la relación entre el matrimonio es más complicada de lo que parece a priori; aparentemente la violencia es consensuada. A pesar de que este giro en los acontecimientos puede parecer que invalide la crítica social inherente en esta trama, esta está muy bien construida y en las subsiguientes escenas se ve claramente como la relación entre la pareja es una de igualdad.

En el segundo capítulo, "See", uno de los vecinos confiesa a Custer que está obsesionado con una de las niñas que conduce cada día a la escuela en autobús. El hombre afirma que nunca ha actuado de acuerdo con sus pensamientos y promete a Custer que después de la confesión hará lo posible para mejorar. Durante todo el capítulo su autobús amarillo aparece de fondo en algunas de las escenas principales, ominoso, y se ve a Custer, distraído de la trama principal, pensando una y otra vez en el hombre y su crimen a la espera de ser cometido. Se hace imposible dejar de pensar en la inminencia del ataque contra esta niña durante los primeros treinta minutos, y la sensación es de absoluta impotencia y angustia. A pesar de esto, la situación es resuelta y en ningún momento la niña ni se encuentra en peligro real, ni aparece en pantalla.

El capítulo cuatro, "Monster Swamp", abre con una persecución de mujeres en ropa interior -que son las prostitutas del prostíbulo del pueblo- a manos de un grupo de hombres armados. La persecución es en realidad una actividad organizada por el prostíbulo en el que las mujeres que trabajan tienen que huir de los clientes mientras ellos las persiguen con escopetas de paintball. Lo más destacable de esta escena es que en ningún momento las mujeres que huyen son sexualizadas; el hecho que vayan vestidas con ropa interior sólo acentúa su vulnerabilidad ante la persecución. La cámara se centra en su angustia, que es el que se transmite de su actuación.

Aunque la representación de la violencia contra las mujeres en Preacher puede ser considerada como un retrato positivo y alejado de los tópicos televisivos, el hecho de que en dos de las anteriores escenas esta no sea consumada puede ser interpretado como una frivolizacón de la misma, alimentando la extendida actitud social que ni condena ni valora -y hasta disculpa- aquella violencia que no es explícita o consumada en un crimen. Cómo posicionarse al respecto queda en las manos de cada espectadora y espectador.

El sexo como concesión

Otro de los temas que llaman la atención en este retrato de la violencia contra las mujeres a la serie es el sexo como concesión. Desde el capítulo piloto y hasta el capítulo siete (el último capítulo a día de hoy), hay tres escenas de cariz sexual. En una la mujer es una prostituta, y por lo tanto el acto se entiende como intercambio económico.

En la otra, el personaje femenino, que deja claro que no quiere tener una relación con el hombre, lo invita a su cama sin ningún tipo de entusiasmo. Sabiendo que él está enamorado pero que nunca podrá tener una relación con ella, el sexo se puede leer como un favor de ella a él, como un intercambio, y su actitud así lo indica. La escena queda implícita y no se ve en ningún momento ningún tipo de acción en pantalla.

En el tercer ejemplo, el personaje femenino invita al personaje masculino, que ha demostrado un interés en ella previamente, a mantener relaciones. En este caso sí que se ve la escena explícitamente, hecho importante porque todo lo que vemos es la cara de absoluta indiferencia del personaje femenino, que mira por la ventana sin disfrutar en absoluto. En este tercer ejemplo, la invitación de la mujer es motivada por un ataque de celos y rabia, así que ella lo utiliza a él para vengarse. La absurdidad de esta decisión refleja la personalidad impulsiva y a veces inmadura de este personaje, así como el poco sentido de este cliché. En este caso el sexo se puede interpretar, además, como una concesión al interés de él.

En los tres casos, la mujer asiste impasible e insatisfecha a la posesión de su cuerpo, y sólo en uno, el primero, obtiene una satisfacción (dinero).

Fotografía de portada: todos los personajes de 'Preacher', en una imagen promocional de la serie. Fuente: Matthias Clamer/AMC - © AMC Networks Entertainment LLC. and Sony Pictures Television Inc.


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Francesca Blanch Serrat

Francesca Blanch Serrat

Doctoranda en Literatura Inglesa del siglo XVIII con perspectiva de género por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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