'Poldark' y la agresión sexual a las mujeres como entretenimiento

El pasado domingo 23 de Octubre, la BBC emitió el séptimo capítulo de la segunda temporada de la serie británica de época Poldark, basada en la serie de libros de Winston Graham. Poldark había destacado hasta el momento por una fórmula que ha atraído a miles de espectadores, y especialmente, espectadoras. El atractivo de los actores principales y sus escenas subidas de tono, tratadas con respeto y énfasis en el erotismo, la estética de época, los personajes femeninos asertivos y valientes, y los conflictos trágicos con resoluciones en el último minuto la convierten en una telenovela de moda con muchos seguidores, especialmente en el Reino Unido.

La serie sigue las aventuras de Ross Poldark y su familia, y ha convertido a Aidan Turner (El Hobbit, Desperate Romantics) y Eleanor Tomlinson (The White Queen) en sex symbols británicos. Todo iba bien, como decía, hasta el capítulo siete. El capítulo ha traído cola, tanto a las redes sociales como a los medios de comunicación ingleses, por una escena de agresión sexual contra uno de los personajes femeninos principales. Esto no es nuevo (recordaréis Game of Thrones, sin ir más lejos), pero que sea una vieja historia no quiere decir que la podamos ignorar.

La escena, descrita como "fiery encounter which concludes with a consentual act" (un encuentro apasionado que culmina en un acto consentido) no tiene nada, de consentida. Y este es el problema: disfrazar de consentimento y ambigüedad una negativa clara por parte de la víctima.

Eleanor Tomlinson y Aidan Turner como Demelza y Ross Poldark. Fuente: Bustle.

Eleanor Tomlinson y Aidan Turner como Demelza y Ross Poldark. Fuente: Bustle.

Hay dos maneras de representar una agresión sexual en la ficción. Lo puedes hacer bien o lo puedes hacer mal. Hacerlo bien significa focalizar la atención en la víctima, retratar el horror, el miedo, el odio que sufre el sujeto que está siendo violado. Si lo haces así, es indudable que estás mostrando un crimen siendo cometido. Por otro lado, hacerlo mal es no hacer nada de lo que acabo de decir. Y, en Poldark, lo hacen muy mal. En Poldark, como en tantos otros productos de entretenimiento, la violación no es representada como un crimen, sino como una escena de sexo como cualquier otra.

La escena forma parte de la tradición de la fantasía de la violación, la idea que sexo sin consentimiento es sexy. La lucha de poderes entre el macho alfa, el héroe Byronico, y la damisela que dice que no, porque es lo que tienen que decir las damiselas, pero quiere decir que sí. Es parte de la marca Poldark, sensualidad y erotismo, aquello que explotan tan bien series como Outlander (aunque en Outlander las agresiones sexuales son una parte integral de la trama y el desarrollo de los personajes, y están tratadas correctamente, con un análisis consistente de las consecuencias físicas y psicológicas que sufre la víctima), y perpetúa ideas inquietantes sobre la línea entre consentimiento y agresión, una línea que tendría que ser muy definida e iluminada con luces de neón.

Lo que pasa es que esto es una idea revuelta, perturbadora y muy peligrosa, que aquí se excusa detrás el escudo del género: oh, es de época, esto pasaba, nos ceñimos a una realidad histórica. Mira, lo más real históricamente en el siglo XVIII es que no se lavaban mucho, y bien que lo ignoras, porqué tener un protagonista sex-symbol como Aidan Turner con los dientes sucios que le corresponden no vende.

No os engañéis, esta excusa no sirve. Esto es un producto por una audiencia del año 2016. Y en 2016, igual que no venden los dientes sucios, no tendrían de vender agresiones sexuales. Y, en esta línea, dejadme responder a otra de las respuestas que más en boca de todos ha estado estos días: "¡Pero sale en el libro!" me decís, abrazando el volumen de Warleggan cómo si os fuera la vida. Esto tampoco es excusa. La gente detrás de Poldark tiene una responsabilidad hacia la realidad que describen a su audiencia: cuando adaptas una pieza de ficción, lo estás pasando por la criba para una audiencia contemporánea. Por supuesto, si es un elemento relevante de la trama, muestra la violación. Pero hazlo bien. No la frivolices, cómo han hecho. No digas que es consentida cuando en ningún momento la mujer dice "sí" (al contrario, dice repetidamente que no). No la sensacionalices.

Aidan Turner como Ross Poldark en una muestra clara de fanservice. Fuente: Daily Mirror.

Aidan Turner como Ross Poldark en una muestra clara de fanservice. Fuente: Daily Mirror.

La ficción, sean series, películas, teatro o libros, funciona a través de la empatía. Nosotros, como público, disfrutamos viendo a un grupo de gente que no existe haciendo cosas. Cuando lo pasan mal, sufrimos. Cuando lo pasan bien, nos alegramos. La tragedia funciona porque es una manera de experimentar emociones fuertes, emociones que rehuimos en la vida real, desde un lugar privilegiado de seguridad. Si matan a la protagonista lloraremos, pero apagaremos la televisión, cerraremos el libro, y este dolor quedará aparcado. Estaremos seguros/as. Esta pared de seguridad se agrieta cuando el producto de entretenimiento que hemos escogido hace un mal uso de esta empatía, traiciona nuestra confianza. Cuando violan a una mujer en una serie, queda demasiado cerca de casa. Cuando tratan esta agresión con ligereza, inadecuadamente, cuando la frivolizan y dan la idea que no es sí, juegan con fuego. Perpetúan una idea que sólo beneficia a los agresores, y que vulnerabiliza a las víctimas. Porque la ficción influye más a la realidad que no a la inversa. Es una herramienta, y muy poderosa; es una enorme responsabilidad. Poldark ha metido la pata, y hasta el fondo.

Imagen destacada: Verity Poldark y Ross Poldark. Font: Fanpop.

Francesca Blanch Serrat

Francesca Blanch Serrat

Doctoranda en Literatura Inglesa del siglo XVIII con perspectiva de género por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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