Nostalgia | 'Space Jam'

Vamos a sentirnos viejos: hace veinte años que se estrenó Space Jam.

De ahí que, en la época dorada de las secuelas en Hollywood, ya se esté trabajando en Space Jam 2, con LeBron James en el papel de Humano que Juega Muy Bien a Baloncesto. La polémica está servida, ya que la mayoría de la crítica no confía mucho en que James pueda llenar el hueco que dejó Michael Jordan, protagonista de la película original, e incluso el director de ésta, Joe Pytka, ya avisó de que mejor ni lo intentaran porque sería un fracaso. Lo cierto es que el proyecto avanza tan lentamente que se les acabará pasando el aniversario de largo sin anunciar oficialmente su producción. Aún así, Space Jam vuelve a los cines estadounidenses en noviembre para celebrar los veinte años de la ideaca más grande del cine de los noventa.

Un amor impossible. (Warner Bros.)

Un amor imposible.

Antes de volver a ver Space Jam, era consciente de que durante mi infancia la había visto aproximadamente un centenar de veces, hasta el punto de que llegué a rallar la cinta VHS. Aún así, no era capaz de recordar la trama más allá del baloncesto, Michael Jordan y Lola Bunny. Así, al darle al play y empezar a sonar I believe I can fly mientras el pequeño Michael juega a cámara lenta en la canasta de su jardín, mi cerebro cayó en una espiral nostálgica más intensa que los créditos iniciales, que duran casi cinco minutos.

Lógica looney

Space Jam parte del momento, “basado en una historia real”, en el que Michael Jordan anuncia su retirada del baloncesto para dedicarse al béisbol. Siendo esto ya de por sí surrealista, no es nada en comparación con lo que está por venir. En el mundo en 3D Michael se dedica a perder la dignidad como bateador, con su publicista (Wayne Knight – ¿hay algo más noventero que Wayne Knight?) lamiéndole el culo a todas horas. Mientras tanto, en un planeta animado no muy lejano, el malo malísimo (una ¿rana? que fuma puros) decide que necesita nuevos reclamos en su parque de atracciones y manda a sus esbirros a secuestrar a los Looney Tunes.

L'amenaça extraterrestre. (Warner Bros.)

La amenaza extraterrestre.

Una cosa hay que decir: la trama de la película roza el dadaísmo, pero sorprendentemente consigue absorberte en su bizarra lógica y engancharte. Allá van los esbirros, cinco monstruíllos enanos de anatomía indefinida, a secuestrar a Bugs Bunny y compañía. Los Looneys forman un gabinete de crisis y deciden retar a los esbirros a un partido de baloncesto, pensando que al no levantar palmo del suelo tienen las de ganar.

Lo que no saben es que los diminutos monstruos son capaces de transformarse en… ¿energía rosa? para poseer a jugadores de la NBA, robarles su talento, y convertirse en gigantes. Y claro, secuestro por secuestro, los looneys absorben a Michael Jordan a través de un agujero de un campo de golf para que les ayude a ganar. Importante: sólo por las transiciones molonas entre escena y escena esta película merecería doblar como tróspida. En este momento me vino a la cabeza la posibilidad de un remake español de Space Jam en el que, no sé, los trolls de David el Gnomo poseyeran a Sergio Ramos o Iniesta y David fuera en busca de Messi para que les ayudara a vencerles en un partido (seguramente haya referencias de animación española más recientes, lo siento, es la nostalgia).

Michael Jordan rebotant com una pilota no té preu. (Warner Bros.)

Michael Jordan rebotando como una pelota no tiene precio.

 Lola Bunny, la chica guay

En mi memoria, Lola Bunny (Bugs Bunny con pestañas y pechos – no la busquéis en Google si no queréis arrancaros los ojos) era la heroína absoluta de la película, por encima de Michael Jordan, ídola de masas, reina de la pista. En la realidad, resulta que Lola no aparece hasta el minuto cuarenta y es un mix del principio de la Pitufina y el síndrome de Trinity con patas, sombra de ojos y ropa sexy. Lola es la única del grupo que realmente sabe jugar a baloncesto, aunque eso no tiene la más mínima importancia durante el resto de la película. Pese a que su entrada promete, amenazando a Bugs Bunny por llamarla “muñeca”, Lola no deja de ser el típico personaje femenino que, a lo chica guay de Perdida, debe ser excepcionalmente “guay” (siempre en términos de masculinidad) para juntarse con los bros protagonistas y aspirar a ser interés romántico/mujer trofeo. Spoilers que no sorprenden a nadie: acaba besando a Bugs Bunny sin venir a cuento, como premio por haber ganado el partido. Pero para eso aún falta media película (en la que sólo aparecen un par de personajes femeninos más en papeles poco o nada relevantes, como la abuelita de Piolín haciendo de animadora).

Sense comentaris. (Warner Bros.)

Sin comentarios.

De secuestros y esclavitud

Michael Jordan, presuntamente sin haber fumado nada, se mete hasta lo hondo del universo Looney Tunes y lo vive a tope, y recupera la fe en sí mismo como jugador de baloncesto. Bugs y el Pato Lucas se aventuran una noche por el mundo 3D para conseguir las zapatillas que Michael guarda en casa, cruzándose con sus hijos, que descubren y aceptan que su padre va a jugar un partido con los Looney Tunes.

El encuentro es bastante tierno, pero me pregunto cuántos niños tuvieron pesadillas en las que el demonio de Tasmania aparecía a media noche bajo la alfombra de su habitación. A todo esto, en el mundo real se cancela la temporada de la NBA después de que la pérdida de talento de los jugadores poseídos por los esbirros se crea un virus contagioso. Pero eso no importa, porque en el mundo de Warner empieza el partido del siglo: los Monstars contra el TuneSquad, con la libertad de Bugs y compañía en juego, porque friendly reminder de que el objetivo del malo malísimo es esclavizarlos hasta el fin de los días en su parque temático. El partido es… tremendamente violento. Van a matar. Pero claro, ningún golpe afecta a los Looneys, que se dedican básicamente a atacarse unos a otros… excepto en el caso de Lola, a quién Bugs tiene que salvar dramáticamente de un ataque para ganarse un beso. En fin.

Michael contra els esbirros gegants.

Michael contra los esbirros gigantes.

La rana que fuma puros, que observa el partido mientras le dan masajes en la espalda, decide que para qué va a secuestrar a los Looney Toons si puede llevarse a Michael y tenerlo firmando autógrafos hasta que se le caigan los dedos. Dentro de la lógica aplastante de la película es completamente normal tanto esto como la decisión de Michael de jugarse su propia esclavitud para salvar a los dibujos animados: si ganan los Looneys, los malos le devolverán el talento a los pobres jugadores de la NBA, y si ganan los esbirros agigantados, Michael irá con ellos. La situación es dramática y el suspense mortal. No es hasta el último minuto del partido, y la aparición gratuita de Bill Murray (“Soy amigo del productor”), que Michael tiene un momento de lucidez y se da cuenta de que, si están en el mundo animado, puede deformarse y estirarse a su parecer sin consecuencia alguna. Y es así, en uno de los momentos más épicos del cine de los noventa, como hace la última canasta del partido y salva a la NBA y a sí mismo de la esclavitud eterna.

Història del cinema.

Historia del cine.

No hay posibilidad de secuela, más vale que abandonen el proyecto. Space Jam fue obra de un momento mágico de inspiración divina que no podía haber sido posible en ningún otro contexto, y pese a sus defectos debemos estar eternamente agradecidos y tenerla como referente de ideaca.

Gràcies WB.

Gracias, WB.

Todas las imágenes del artículo son capturas de la película de Warner Bros.


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Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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