Nostalgia | 'Sailor Moon': en el Nombre de la Luna

Descubrí Sailor Moon en un rincón de la revista del Club Súper 3 en 2001, donde anunciaban el estreno en catalán del anime. Sólo era una columna pequeña con un resumen de la trama y una imagen de Guerrero Luna. Tenía muchos lazos y una tiara, y no podía dejar de mirarla. Sabía que no podía mirar la fotografía durante mucho rato, a pesar de que quería recortarla; no quería que se notara que le hacía caso. Aquel dibujo era una de las peores cosas que se pueden ser: cursi.

Sailormoon (Bishojo Senshi Sera Mun, literalmente "Bonita Guerrera Marinera Luna") seguía los pasos de series similares de los espacios de Tv3, la televisión pública catalana, como Utena, la Chica Revolucionaria; Sakura, la Cazadora de Cartas, o Azuki. Durante los años siguientes llegaron El Detective Conan, Fushigi Yuugi, Jeanne, Ladrona Kamikaze, InuYasha, Magical Doremi. Todos estos animes tenían algo en común: adolescentes atrapados entre conflictos sobrenaturales y el día a día de la escuela.

De todos ellos, mis animes favoritos eran los de magical girls (maho shojo) un subgénero del shojo manga –es decir, manga dirigido a chicas– donde eran precisamente las jóvenes las que tenían poderes mágicos y luchaban contra el mal, siempre con transformaciones espectaculares, vestidos más bien poco prácticos, y un buen ojo por el diseño de merchandise. A pesar de que el género viene de los años cincuenta, se popularizó gracias al manga de Sailor Moon (1991-1997) y la exportación mundial de la primera versión animada de 200 episodios (1992-1997). La década de los noventa fue el momento perfecto para el espectacular éxito del equipo de Guerrero Luna en Occidente, con el girl power pseudofeminista que se respiraba en el ambiente gracias a las Spice Girls y los mensajes de empoderamiento más creíbles de Sabrina, Xena o Buffy. Cuajó, y en seguida tuvimos series como Supernenas y cómics como W.I.T.C.H, además de princesas como Mulan o personajes como Hermione. Era un buen momento si eras, como yo, una niña obsesionada con los poderes mágicos y las posibles variaciones del color lila.

El manga de Sailor Moon, de Naoko Takeuchi, tiene una trama más bien difícil de explicar. Hay reencarnaciones, viajes en el tiempo, aliens, circos malignos, pegasos (dame tu fuerza –Saint Seiya es una influencia clara), amor verdadero, asesinatos, rosas volantes, gatos que hablan. La protagonista, Bunny Tsukino (Usagi a la versión original), se transforma en Guerrero Luna para luchar contra las fuerzas del mal, encontrar al resto de guerreras y proteger a la Princesa de la Luna –que resulta ser ella misma.


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Whisky es lo que necesito yo después de esto. (Fuente: Sailor Moon Screen Caps / Tumblr)

La mayoría de revisiones feministas de Sailor Moon –y hay muchas, puesto que somos muchas las que nos formamos con Bunny y sus amigas– se fijan en la relación romántica de las guerreros Urano y Neptuno, Haruka y Michiru, que en el doblaje americano se convirtieron en primas. Entre los secundarios, Kunzite se adaptó como mujer para mantener su relación con Soizite. Censura aparte, se representan relaciones homosexuales abiertamente y con naturalidad -dentro de lo que cabía en la animación comercial de los noventa- y también personajes que desafían lo preconcebido sobre el género, como por ejemplo las Star Lights, hombres en su versión civil que se convierten en mujeres para luchar en el anime; en el manga, simplemente se visten de hombres para ir de calle.

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Get in, loser. (Fuente: Sailor Moon Screencaps / Tumblr)

Mientras que el manga se centra más en la evolución de Bunny y su relación de amor con Mamoru (Armando en la versión española) –el Señor del Antifaz, conocido por tener poderes que no sirven de mucho pero que quedaban chachis– el anime tiene más tiempo para seguir las relaciones entre todas las chicas, cada una protectora de un planeta del sistema solar, con ternura y mucho humor. Si Sailor Moon tiene mensaje, es la importancia de la auto-superación, el trabajo en equipo y el sacrificio por la gente que amas. Era una joya si querías jugar a la hora del patio, porque podías elegir entre nueve personajes (más los secundarios), cada una con personalidades y afinidades muy marcadas; casi estereotipadas, pero nunca planas.

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(Fuente: Sailor Moon Screencaps / Tumblr)

Yo era Ami, Guerrero Mercurio; callada, estudiosa, poco dada al conflicto. Lo que me gustaba más de Sailor Moon, sin embargo, era lo que me costaba más admitir: el vestuario, la purpurina, la hiperfeminidad. Tengo libretas donde página tras página aparece Bunny con sus uniformes de estudiante y de guerrera. Lo primero que aprendí a descargar de Internet fueron imágenes de la serie, y veía los vídeos de las transformaciones uno detrás de otro. Podía fijarme en la ropa sin que la serie me hiciera sentir estúpida: las tiaras y las botas rosas eran señales de poder.

Aun así, reflexionando ahora es fácil fijarse en cómo este supuesto empoderamiento a través de la feminidad en realidad se basa en una feminidad obligatoria, siempre dentro de lo esperado y aceptable en las niñas pequeñas; a la hora de luchar, las chicas que de calle se diferencian claramente en actitudes, estilos y roles adoptan las mismas faldas cortas. Todas son jóvenes y preciosas, dentro del culto a lo adorable e infantil, y más altas o más bajas, todas tienen el mismo tipo de cuerpo. El mensaje es más conservador de lo que parece, porque el poder está en una esencia de lo femenino inalterable e indiscutible.

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¿Quién es quién? (Fuente: Sailor Moon Artbook, V. IV)

Esto dificulta y limita cualquier lectura feminista de Sailor Moon, pero no la invalida. A lo largo de la serie, Bunny crece de desastre llorica a líder madura; puede explorar una relación romántica y sexual sin que se cuestione su pureza de corazón, un tema muy importante dentro del shojo manga; jamás se cae en la dicotomía de la virgen y la puta. Los malos de cada episodio suelen ilustrar presiones comunes sobre las adolescentes, usando sus puntos débiles –la preocupación por la imagen, el romanticismo idealizado, el consumismo– para explotar su energía. Las protagonistas de Sailor Moon son princesas, pero también científicas, artistas, atletas, amantes de los vídeojuegos (¡con persecución por parte del friki machista local incluida!). Los nombres de los personajes transmiten la pasión de la autora por la química y la astronomía, despertando la curiosidad por explorar el universo y lo que nos rodea, y por defenderlo en el nombre de la luna.


 

Imagen principal: Manga Style: Sailor Moon Artbook Vol. 2

Fuentes:

Bridges, Rose: "The Feminism of Sailor Moon", Bitch Media, 2014.
Bot, Ella: "East vs West. Sailor Moon: A Contextualisation and Feminist Reading of Sailor Moon", Sophomore Mag, 2016.
Lo, Soleil: "What I Learned About Gender and Power from Sailor Moon", Bitch Media, 2013.
Lee, Anne: "Sailor V Battled Gaming Gatekeepers - Over 20 Years Ago", Shojo Power, 2016.
Russell, N'Donna: "What Sailor Moon Means to Women All Over the World", Pri, 2015.

Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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