Nostalgia: 'Princesa por Sorpresa' y el ritual de paso

El 2001 fue un gran año por los aficionados al cine más jóvenes. Las primeras entregas de películas tan conocidas como Harry Potter y La Piedra Filosofal, Shrek, El Señor de los anillos o Monsters INC se convirtieron en un gran éxito de taquilla y de merchandising.

Hubo para todos los gustos: desde Amélie hasta Spy Kids o El Viaje de Chihiro, pasando por Ocean's Eleven -de aquí poco tendremos un remake femenino- y El Diario de Bridget Jones -este pasado viernes se estrenó la tercera-. De esto hace quince años, lo que convierte esta lista en una enumeración de los clásicos de mi -nuestra, si sois de principios de los noventa- infancia. Si nos fijamos en los estrenos del 2001 desde el punto de vista del género y el feminismo dos producciones destacan: Una Rubia Muy Legal y Princesa por Sorpresa. ¿Cómo nos empodera el cine de rosa chicle, chihuahuas y coronas? En una edad (para mí, los diez años) en que era demasiado mayor para Tú en Londres y yo en California (1998) y demasiado pequeña para Diez Cosas que Odio de Ti (1999) y Bring it On (2000), estas dos películas marcaron un antes y un después. Nunca había sido tan guay ser niña en una película comercial. Las opciones eran las siguientes: que nuestra vida cambiara de la noche a la mañana y convertirnos en princesas de un pequeño país -y nietas de la grandísima Julie Andrews!- o ser la estrella, graduada cum laude por Harvard, de un gabinete de abogados. El mensaje era que podíamos ser cualquier cosa. Que el mundo era nuestro, y que todo era posible. Y si os tengo que ser sincera, ahora me doy cuenta de que siempre he mantenido este espíritu de posibilidad. Gracias Mia y Elle.

Por Julie Andrews me hacía monárquica. Fuente: Variety.

Por Julie Andrews me hacía monárquica. Fuente: Variety.

Princesa por sorpresa, la adaptación cinematográfica de Disney a la primera entrega de la serie de diez libros de Meg Cabot con el mismo nombre, sigue las aventuras de Mia Thermopolis (Anne Hathaway), una estudiante de quince años de San Francisco que descubre que es la heredera al trono de Genovia -un país que a pesar de ser inventado, coincide geográficamente con Andorra, por cierto-. Mia no acaba de encontrar su lugar en el instituto, no tiene éxito con el chico que le gusta, es un desastre en los deportes, y tiene dificultades a la hora de hablar en público. Con la llegada de su abuela (Julie Andrews), la reina Clarisse Renaldi, Mia se tiene que enfrentar con una decisión: continuar su vida como hasta ahora o asumir las responsabilidades reales. Mia accede a ir a "clases de princesa" con su abuela, con la condición que al cabo de unas semanas tendrá que aceptar o renunciar a la corona.

Ciudadana Mia.

Ciudadana Mia.

Y ahora viene la parte complicada. Las "clases de princesa" a las cuales se somete Mia no son más que un proceso de normativización de su cuerpo, carácter y aspecto. Su abuela le enseña a sentarse, saludar y hablar "como es debido", y se encarga de alisarle el cabello, depilarle las cejas y hacer que vista "adecuadamente". En una de las escenas más icónicas de la pelicula, Mia pasa de patito feo a cisne en cuestión de minutos. La escena es, sin duda, problemática: nadie le ha pedido permiso para cortarle y alisarle el cabello, o para romperle las gafas. En otras palabras, Mia pasa por la criba del ideal patriarcal femenino. Varios artículos académicos se han centrado en el rol del tropo del makeover en el cine postfeminista. Diane Negra, por ejemplo, lo define como "ritual clave" a través del cual un personaje femenino "se convierte en mujer" [i].

Princesa Mia.

Princesa Mia.

A partir del makeover, Mia se comporta de manera diferente: se la ve más confiada, más cómoda, y más feliz. ¿Por qué? Bien, por un lado, narrativamente, se podría decir que Mia finalmente se encuentra cómoda en su entorno: ya no tiene problemas de autoestima, ya no es invisible. Se ha convertido en una chica como cualquier otra, y esto, dicen, es positivo. Aun así, tal y como Negra argumenta, Mia ha pasado de invisible a hipervisible: es atractiva y tiene un título nobiliario. Por primera vez, la invitan a una fiesta, una actividad social que le había sido vetada anteriormente. Desgraciadamente, no tarda al darse cuenta que la gente que ahora la rodea no son sus amigos y le quieren mal. A partir de este momento, las consecuencias e implicaciones del makeover pasan a un segundo plano para poner de relevo el crecimiento personal de Mia (la relación entre el cual y el makeover nunca son exploradas, al fin y al cabo, esto es Disney).

Qué ha hecho la humanidad para merecer a Julie Andrews?

¿Qué ha hecho la humanidad para merecer a Julie Andrews?

Mia, asustada (al fin y al cabo tiene quince años) decide que toda esta responsabilidad es para ella y anuncia que abdicará. Su madre, que la apoya incondicionalmente en todas sus decisiones durante la pelicula, está a su lado, pero su mejor amiga, el activista Lily Moscobitz, le recuerda aquello de que una gran responsabilidad comporta también un gran poder, y que la hipervisibilidad que le dará su título le permitirá influir realmente para cambiar las cosas. Al final, Mia, alentada por una carta de su difunto padre, decide aceptar el poder y la responsabilidad y afirma, ante las jefes de gobierno y la prensa, que "ya no tengo tanto miedo", y se convierte en princesa de Genovia.

Princesa por sorpresa sigue la estructura de un bildungsroman (la evolución y el crecimiento personales de un personaje a través de una serie de aventuras) y, a pesar de pecar de postfeminista con el cambio físico de la protagonista y con el antagonismo de los personajes femininos planos del grupo de animadoras, es divertida, alentadora y positiva, y es una historia de superación de los miedos y nervios adolescentes. Con sólo tres personajes principales masculinos, uno de los cuales está muerto y los otros dos existen como interés romántico, el protagonismo recae en un grupo de mujeres muy diferentes (Lily, el activista, Clarisse, la reina, Helen, la madre artista bohemia, Mia, el adolescente que tiene que encontrar su lugar) que se apoyan las unas a las otras. Es fácil identificarse con la patosa Mia, y por eso es tan gratificante asistir a su desarrollo personal.

Fat Louie. Importante.

Fat Louie. Importante.

Imagen destacada: Mia Thermopolis. Fuente: hellogiggles. 
Todas las imágenes en este artículo son fotogramas de Princesa por Sorpresa i pertenecen a Disney.


[i] Negra, Diane. What a girl wants?: Fantasizing the Reclamation of Self in Postfeminism. Routledge, 2009.

Francesca Blanch Serrat

Francesca Blanch Serrat

Doctoranda en Literatura Inglesa del siglo XVIII con perspectiva de género por la Universidad Autónoma de Barcelona.

1 comment

  1. Jesus 4 mayo, 2017 at 19:06 Responder

    Quiero creer que es una broma, el diario de la princesa junto a sus secuela son las peliculas mas estupidas que han aparecido y que se puede decir de los libros en los que se basan, puaj, una oda a la vanilidad idiotizante, carajo que como chiste es malo, muy malo.
    Pero bueno es Hollywood y nunca se a caracterisado precisamente por el entretenimiento inteligente, como muestra esa idiotez de rapido y furioso que por cierto tambien era de esa epoca.
    Entre princesas imbeciles y montañas de musculos sin cerebro, 20 años haciendo lo mismo, no, peor.
    Kimposible, esa si es una heroina feminista de calidad, lastima que ya no haga nada semejante ahora tenemos a crepusculo y 50 sombras, si me lo hubieran dicho 20 años atras no me lo hubiera creido.
    Mejor me pongo a ver en la tv Chocolate, una cinta Thailandesa y con una heroina memorable

    https://www.youtube.com/watch?v=nqW9J7Oo7xI

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