Nostalgia| 'Mujercitas'

Mujercitas, que en Catalán es Donetes y en su versión original es Little Women, es una novela de la autora norteamericana Louisa May Alcott (1832-1888) publicada el 1868.

La historia sigue los sueños y aventuras de un grupo de hermanas (Meg, Yo, Beth y Amy) creciendo en el norte de los Estados Unidos durante la guerra civil. Prueba del éxito rotundo de la novela son las seis adaptaciones cinematográficas, cuatro de televisivas y dos de teatro musical que se han hecho de ella. La película de 1994, que veo ritualmente cada primero de año, es una de aquellas que Tv3 tiene en la pila de Películas-que-no-son-de-Navidad-pero-hacemos-cada-Navidad (junto con Harry Potter), cosa que ha contribuido al hecho de que la Navidad y Mujercitas sean dos conceptos inseparables. Para mí, además, Mujercitas es una parte indivisible de mi identidad como mujer y como estudiante de literatura, la considero esencial en mi desarrollo literario y personal, y una pieza clave en el desarrollo de mi conciencia feminista. Es por eso que hoy escribo sobre el pilar de mi nostalgia, y comparto con vosotros una cuestión en la que pienso más veces de las que quizás haría falta: es Mujercitas una novela feminista?

Gatitos! Fuente: Sony.

¡Gatitos! Fuente: Sony.

Aunque es cierto que Mujercitas muestra un modelo de mujer doméstico, apacible y maternal, que muchos críticos han descrito como el ideal femenino norteamericano de la época (las hermanas March cosen, se cuidan de la casa y adoran al patriarca March), sería injusto quedarnos con esta imagen superficial que no hace justicia a nuestras protagonistas. Mujercitas no se puede acusar de venerar un único modelo de mujer ni de feminidad, porque sus personajes contienen una variedad de personalidades y aspiraciones -a pesar de que se podría argumentar que su seqüela sí lo hace. Cada hermana March es un personaje redondo y complejo, los defectos de la cual son puestos encima la mesa constantemente, y el esfuerzo para superarlos y crecer personalmente es uno de los temas principales de la obra, cosa que tiene mucho que ver con el aferrado sentimiento religioso de May Alcott. De hecho, sus defectos son lo que las convierten en personajes universales y eternos, es la manera cómo reaccionamos a ellos lo que cambia con los años: todo el mundo puede comprender, y en muchas ocasiones sentirse identificado con la ambición de Jo, la vanidad infantil de Amy y la frivolidad pasajera de Meg. Y... en cuanto a Beth... bueno. Todos y todas moriremos algún día.

Las dos hermanas March adultas trabajan, y sus trabajos, mal pagados, desagradecidos y de cariz doméstico, nos hablan de una época, de una frustración y de una lucha feminista por hacer. Meg cuida de los odiosos hijos de una familia del barrio, y Jo lee y hace compañía a la tía March. Las dos sueñan con escapar de estos trabajos -Jo con más empuje que la resignada Meg- pero sin un hombre a la familia (el padre March está en la guerra)- estos pocos ingresos hacen falta. A pesar de esto, las March son incansables. Trabajan, educan a sus hermanas pequeñas cuando su madre saca a Amy de la escuela, indignada, después de que su profesor la haya pegado, se cuidan de la casa, y tienen tiempo por la caridad cristiana y para jugar y pasárselo bien como niñas que son en un teatro amateur que organizan en su casa. Aun así, no dejan de protestar por esta carga, ni de soñar en poderse permitir una vida más sencilla y lujosa. No se conforman, ni se limitan, y no paran nunca de perseguir aquello que desean.

Bae. Fuente: Sony.

Bae. Fuente: Sony.

Jo, incansable, con la cabeza llena de historias y objetivos, a quién le estorban las faldas y quién llora por sus cabellos vendidos, ha sido criticada en numerosas ocasiones por renunciar a estos sueños, cosa con la cual no estoy nada de acuerdo. Jo pone de manifiesto las dificultades de una mujer que se quiere hacer camino en un mundo de hombres: ella quiere irse de casa, quiere ver mundo, quiere ser independiente y mantenerse a sí misma y a su familia con el dinero que le de lo que escribe. Y, a pesar de las muchas dificultades, lo consigue: se va a Nueva York, publica historias, gana dinero. Además, rechaza una oferta de matrimonio de su mejor amigo, lo cual lo considero el equivalente de pisar al patriarcado en la cara. Sí, entonces se enamora de un hombre con quien puede compartir mucho más a nivel intelectual y personal y decide casarse con él, pero esto no significa que reduzca sus ambiciones y acabe limitada a la subordinación a su marido, al contrario. Lo que pasa después de la mítica escena bajo la lluvia de la película de 1994, es que Jo, con su marido al lado por decisión propia, funda una escuela por niños y niñas, donde los dos trabajan el uno junto al otro en términos de igualdad. Jo cumple todos sus sueños y lo hace sin renunciar a su identidad.

En cuanto a Meg y Amy, me niego a aceptar que mucha gente defienda que no lo petan muchísimo. Amy, que se pasa toda la infancia repitiendo que todo lo que quiere es ser rica y casarse con un hombre que la mantenga, lo consigue. Tiene tiempo y dinero para dedicarse a ser estupenda, a pintarse y a vestirse con ropa cara. Cada cual tiene sus sueños, y no seré yo quien se suba a la mesa a criticar a una mujer como Amy, quien decide desde muy pequeña, al contrario de Jo, que el camino marcado por el heteropatriarcado ya le va bien. Sí, se limita a cumplir con el modelo de feminidad de la época, pero es su decisión. El desarrollo de Meg es parecido. La grande de las March, siempre maternal y adecuada, se casa por amor y tiene dos gemelos, y dedica su vida al ámbito doméstico. Ella no sube de clase, pero es representada como una mujer feliz con sus decisiones. Y si Meg es feliz haciendo mermelada con un bebé a cada brazo, no seré yo quien la critique. Si lo que queremos es criticar que cada hermana acabe casada, renunciando a una vida independiente -a pesar de que sigo defendiendo que esto es una simplificación, hay que tener en mente que su creadora lo que quería era poder vender esta obra, y que en su época, una novela de este tipo, con estos personajes y de una pluma que nunca disfrutó de ventajas económicas, sólo puede ser subversiva hasta cierto punto.

En conclusión, para mí Mujercitas es claramente una historia feminista, a pesar de que es evidente que contiene argumentos suficientes para defender lo contrario. Sea como sea, las hermanas March me enseñaron muchas cosas sobre ser niña, sobre tener sueños y tener la valentía de hacerlos realidad, sobre la amistad y el apoyo incuestionable entre mujeres y sobre las múltiples expresiones y caminos de las feminidades.

Imagen destacada: Fotograma de la película. Fuente: Sony.


Nota: No hablo ni de Little Men ni de Jo's Boys, que son infinitamente más problemáticas.

Francesca Blanch Serrat

Francesca Blanch Serrat

Doctoranda en Literatura Inglesa del siglo XVIII con perspectiva de género por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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