Nostalgia| 'La larga marcha', de Stephen King

Stephen King es el autor perfecto para leer en etapas de tu vida que preferirías olvidar.

En sus libros encontraréis toda la justificación necesaria para detestar la humanidad, para que la misantropía más absoluta os parezca la única opción racional: la obra del autor de Maine es tan prolífica en la perversión de sus protagonistas como en número de obras. Repugnancia, odio, mezquindad, maldad, y sobre todo una indiferencia absoluta hacia el otro.

Leí mucho Stephen King en una época muy concreta de mi vida. Es la mejor lectura cuando trabajas de recepcionista en un hotel de lujo y tienes que aguantar un desfile constante de gente que se cree con derecho a pisarte por el hecho de poder pagar 500 € por una noche, empapado de la bilis de una gestión del hotel que sabe que lamerle las botas al dueño corrupto y delincuente del establecimiento es donde más lejos llegará en su vida. Stephen King se bebe tu odio y lo regurgita sobre una colección de historias y personajes que te encantará odiar. Y de todas las novelas de Stephen King, La larga marcha es la que más odio hacia la humanidad genera.

La novela se sitúa en unos Estados Unidos distópicos aunque nada futuristas donde se celebra, sin ningún tipo de justificación más allá de satisfacer los deseos de la población, la Larga Marcha del título. Se trata de un espectáculo tan simple como macabro: 100 niños son elegidos al azar entre la población americana y se les hace caminar hasta que mueren todos menos uno, vigilados por un regimiento de soldados que son responsables a la vez de darles agua y alimentos y de fusilarlos si bajan su velocidad por debajo de los cinco kilómetros hora durante más de treinta segundos. Al superviviente del espectáculo se le otorga el Premio: cualquier cosa que desee, durante el resto de su vida.

La mayoría de la historia sigue de cerca al protagonista, Ray Garraty, mientras se relaciona con los otros marchadores. Sería fácil pensar en los soldados que acompañan la marcha como antagonistas, al estilo de unos Juegos del hambre cualquiera, pero lo que te marca de La larga marcha es la aceptación por parte de los protagonistas de su destino como un acto fuera de su control, aceptado por el resto de la sociedad y del que no tienen ninguna posibilidad de escapar con vida.

Salvo, claro, que mueran el resto de sus compañeros.

La prosa de King es tan despiadada como la premisa de la novela, una destilación del horror en una prosa directa, limpia y horrible en el sentido propio de la palabra. Los críticos y académicos la han considerado desde una metáfora sobre las levas de la guerra de Vietnam hasta un alegato contra el sistema capitalista, pero es, simplemente, la mejor novela de Stephen King.

400 páginas de odio puro, para aquellos días en los que no tienes fe en la humanidad, que afortunadamente para mí son una nostalgia incómoda.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

Deja un comentario

Us de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies perquè vostè tingui una millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment i l'acceptació de la nostra política de cookies TANCAR