Nostalgia: 'Encantada'

Encantada: La Historia de Giselle (Disney, 2007) es una película musical protagonizada por Amy Adams, Patrick Dempsey y Susan Sarandon que busca cuestionar y deshacerse de los tropos de las películas de princesas, reinventando a una y convirtiéndola en una mujer emancipada e independiente del siglo XXI. No hace falta decir que este objetivo pseudofeminista flojea. Lo mejor: el personaje de Patrick Dempsey rompiendo la cuarta pared musical y la actuación, brillante, de Amy Adams. Lo peor: los mandatos del heteropatriarcado capitalista siendo empujados dentro de nuestras débiles y influenciables mentes de mujer.

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La historia empieza en Andalasia, en dibujos animados, donde conocemos a Giselle (Adams), quien, al más puro estilo princesa Disney, tiene a todo el bosque enamorado con su belleza, bondad y talento musical: los valores de la feminidad que nuestra sociedad occidental ha explotado desde el siglo XVIII, tal y cómo explica Mary Poovey en The Proper Lady and the Woman Writer. Giselle, evidentemente, está locamente enamorada del príncipe, a quien no conoce, pero a quien se encuentra por el bosque cuando este lucha contra un trol, porque el destino tiene estas cosas. Todos los sueños de Giselle (bueno, el único sueño que tiene, ella no necesita mucho, sólo un monarca y el palacio y el reino que van con él) se cumplen cuando él le propone matrimonio. Giselle viaja hasta el palacio, donde la diabólica reina (Sarandon) se quiere deshacer de ella. ¡Oh no! ¡Una mujer con poder conseguido y mantenido por mérito propio no ve con buenos ojos que otra sin experiencia ni ambición ocupe su lugar! Inaceptable. Susan Sarandon, que tiene la capacidad de cambiar de forma, engaña a Giselle (que tampoco es difícil de hacer, pobre criatura) y la envía al mundo sin finales felices, es decir, al nuestro.

En nuestra realidad, Patrick Dempsey regala a su hija pequeña, obsesionada con las princesas, un libro sobre iconos feministas. La intención es buena, Patrick Dempsey, pero tu hija sabe lo que quiere. Y ella quiere princesas. Al fin y al cabo, el modelo de feminidad que explotan las princesas es tan válido como cualquier otro, el problema es que sea el único. Patrick Dempsey le hace este regalo porque la quiere tener contenta cuando le diga que tiene intención de casarse con Idina Menzel, quien por cierto NO TIENE NINGÚN NÚMERO MUSICAL EN ESTA PELÍCULA MUSICAL, SIENDO ELLA UN ICONO DE BROADWAY. No te lo perdonaré nunca, Kevin Lima.

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Por cosas del destino, Dempsey e hija se encuentran a Giselle, perdida por Nueva York, y se la llevan en casa porque pueda llamar a alguien. Giselle, que va vestida para la ocasión, se queda dormidae en el sofá, y Patrick Dempsey, a pesar de ser la voz de la razón de la película, no la despierta. El día siguiente,  Giselle se levanta y como buena mujer que es, se dedica a limpiar a fondo el piso de estos dos desconocidos. Es demasiado ambiguo para mi satisfacción si esta escena tiene el objetivo de criticar este tropo o simplemente reproducirlo.

Mientras su príncipe, que ha viajado hasta nuestra realidad, la busca, Giselle y Patrick Dempsey discuten sobre el amor y el compromiso. Él le intenta hacerle entender que no es normal casarse con alguien que has conocido hace tres días, y ella le pregunta si quiere a Idina Menzel, pero Dempsey no es romántico, él es pragmático. Giselle intenta que Dempsey sea uno mejor novio, con un número musical muy convincente.

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Y bien, el príncipe encuentra a Giselle y ella le pide que tengan al menos una cita antes de casarse, donde descubre que es más burro que el ir a pie. Para consolarla, la hija de Patrick Dempsey se la lleva de compras. Disney sustituye así la magia de la hada madrina por una magia no del todo diferente, la de la sociedad capitalista consumista. Una magia que Disney conoce muy bien. Entre tiendas de marca y manicuras, niña y mujer establecen un vínculo al cual muchas madres aspiran (dinero, señoras, ¡el dinero os lo dará!).

La escena siguiente es el desenlace dramático del filme. Las dos parejas se encuentran en un baile donde la única que no va vestida de época es Giselle, porque su transformación en mujer moderna está completa. Allá, Dempsey y Giselle sellan su amor, pero ¡AY! ¡La malvada Susan Sarandon la envenena! ¡Y sólo un beso de amor verdadero la puede salvar! El príncipe lo intenta, pero no lo consigue, e implora a Patrick Dempsey que lo intente, con el permiso de Idina Menzel, y él lo hace, y ella se despierta, pero ¡AY! Susan Sarandon se convierte en un dragón y se lo lleva volando, al más puro estilo dama en apuros. Y Giselle, que como os he dicho es una mujer moderna, lucha contra el dragón y salva a su querido Patrick Dempsey.

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Giselle ha cambiado, ha crecido, ya no tiene la cabeza llena de grillos. Decide no volver al mundo de los cuentos y quedarse a vivir con el hombre rico del mundo real y abrir su propia tienda. Ah, ¡la magia del capitalismo! Giselle escapa de un cuento de hadas clásico pero cae en un cuento de hadas moderno. Ahora tiene un marido al que ama, en principio, un buen trabajo y una hija. Es una mujer moderna completa. Todo está bien. En cuanto al Idina Menzel (que es positivo que nunca sea antagonitzada), cansada de pragmatismos, se va al mundo de los cuentos y se casa con el príncipe, abandonando su carrera por, espero, gobernar un reino. Y fueron felices por siempre jamás.

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Encantada es una película la premisa de la cual es mucho más ambiciosa que el producto final. Sí, es cierto que Giselle cambia y evoluciona y toma sus propias decisiones, pero no deja de pasar de un modelo normativo anticuado al mismo modelo normativo modernizado, y de glorificar e idealizar una sociedad y un feminismo de segunda ola pasado por agua. Además, peca de una representación POC (siglas en inglés para designar a las personas racializadas) y queer pobre si no inexistente. Y, hablando de ambición, Disney está preparando una secuela, que se llamará Desencantada, y se supone que analizará la realidad después del sí quiero de Giselle y Patrick Dempsey. A ver.

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Imagen destacada: Imagen promocional. Fuente: slashfilm.com.

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Francesca Blanch Serrat

Francesca Blanch Serrat

Doctoranda en Literatura Inglesa del siglo XVIII con perspectiva de género por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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