Nostalgia| ‘Bienvenidos a Belleville’

Bienvenidos a Belleville (Les Triplettes de Belleville, Sylvain Chomet, 2003) es una joya del cine animado. Si su animación es una rareza, por su preciosismo y su surrealismo, su trama no se queda atrás: está protagonizada por, nada más y nada menos, cuatro mujeres de la tercera edad.

La historia empieza cuando Madame Souza se hace cargo de su nieto, Champion, a raíz de la muerte de sus padres. La bicicleta parece ser lo único que ayuda Champion a superar la pérdida, de manera que Souza se vuelca en cuerpo y alma a la carrera ciclista del niño (con sesiones a golpe de silbato bajo la lluvia incluidas). Con el tiempo, Champion conseguirá hacer realidad su sueño: participar en el Tour de Francia.

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Pero mientras participa en la competición, Champion es secuestrado por un mafioso que se lo lleva a la ciudad de Belleville, algo así como una Nueva York surrealista. Madame Souza no se lo piensa dos veces: cruza el mar con su perro, Bruno, para rescatar a su nieto. Una vez al otro lado del charco, Souza contará con la ayuda de las trillizas de Belleville –antiguas cantantes de cabaret reconvertidas en artistas alternativas–, que no sólo la acogerán en su casa, sino que la dejarán participar en sus números artísticos.

Así pues, por un lado, el tropo de la dama en peligro que tiene que ser rescatada por el héroe se subvierte, de forma que es la pequeña y aparentemente frágil Madame Souza, con sus icónicas gafas de culo de vaso y una pierna más corta que la otra, quien salvará su abastecido nieto. El acto heroico se sitúa en un cúmulo de acciones definidas por los cuidados, de forma que el viaje de la heroína, y la consecuente victoria, son un reconocimiento a este trabajo, a menudo infravalorado.

Por el otro, las relaciones que se establecen entre las trillizas no son conflictivas –¿cuántas series/películas se basan en la idea de que las germanas se pelean?–, sino que las tres viven juntas, y se llevan bien entre ellas y con Souza. Además, a pesar de la idea de que las mujeres mayores suelen ser conservadoras, las cuatro protagonistas muestran una gran capacidad de adaptarse a los tiempos que corren gracias a su capacidad de sacar recursos de donde sea.

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En cuanto a la representación racial, hay que destacar que el número inicial de la película contiene un cameo animado de la bailarina Josephine Baker. Vista con ojos actuales, su representación cae en el tópico de la mujer negra hipersexualitzada que excita a los hombres blancos, una escena que deriva en que los hombres blanquísimos y burguesísimos se transforman en monos que saltan hacia ella. Así, a pesar de todo, el tropo que asocia el hombre negro con el mono se subvierte, al ser el hombre blanco quien es representado como tal.

Además de ser una bailarina, Josephine Baker fue la primera mujer negra que protagonizaba un largometraje (Zouzou, 1934). También era una activista comprometida. Si queréis saber más sobre ella, podéis mirar este reportaje.

Todas las imágenes son promocionales de la película.


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Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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