#MeToo y sus respuestas

Durante los últimos meses se han visto en los medios múltiples noticias sobre campañas contra el acoso sexual, juicios por violaciones y denuncias sobre las agresiones que sufrimos las mujeres en nuestra vida.

Una de las más sonadas ha sido la campaña #MeToo, que se inició en octubre del 2017 en las redes sociales para visibilizar el acoso sexual contra las mujeres a raíz de todas las acusaciones al magnate y productor de cine Harvey Weinstein que se estaban produciendo. La campaña se hizo viral en todo el mundo y más de quinientas mil mujeres se sumaron.

Que las mujeres sufrimos acoso constante es algo bien sabido por todos. El problema es que nos encontramos en una sociedad que ha normalizado este tipo de agresiones mediante los medios de comunicación y de productos culturales como el cine, las series y la literatura. Hay, por un lado, una representación normalizada de la seducción como un proceso en el que la mujer es puro objeto pasivo, y gestos e indicaciones claros como "no estoy cómoda", "no quiero que hagas eso" no se leen como ausencia de consentimiento. Podría hacer una lista muy larga de situaciones televisivas donde se muestra algo que en la vida real indicaría de manera evidente una falta de consentimiento por parte de la mujer, pero que sin embargo que se presentan como situaciones románticas exitosas.

Además, hay una tendencia en los medios a mostrar como agresión sexual sólo aquellas situaciones donde hay violencia explícita y coacción, ya mostrar el señor que está perpetrando el crimen como alguien con quien nadie se podría identificar (porque se presenta como a alguien innatamente malo, un "loco").

Aunque, desgraciadamente, los casos de agresión con violencia son más comunes de lo que nos gustaría, es igual de preocupante el hecho de que lo que en la realidad sería también, pese a la ausencia de violencia física, un agresor sexual se presente a menudo como un seductor, un personaje atractivo y con el que es sencillo empatizar. El ámbito cultural de la "seducción" es un un mundo en el cual el consentimiento de la mujer se pisa y se trata como algo a superar para llegar al premio del sexo.  

No es de extrañar, entonces, que salgan a la luz casos como los de Harvey Weinstein, Kevin Spacey, o con un matiz diferente, Aziz Ansari. Este último ha generado mucha controversia, ya que no se trata de un abuso de poder ni de una agresión evidente. Ansari ignoró, en una cita consensuada con una persona que no trabaja para él, muchos de los intentos de una mujer para mostrar que no estaba cómoda con sus avances. Muchos de los comentarios en las redes sociales han ido dirigidos contra ella, culpándola de exagerar en sus comentarios posteriores y de no explicitar lo bastante claramente que no quería una relación sexual.

Como respuesta al #MeToo ha aparecido recientemente un artículo en Le Monde donde muchas mujeres famosas, entre las que se incluyen estrellas como la actriz Catherine Deneuve, denunciaban este campaña tildándola de "ola de puritanismo". En el artículo se afirma, por ejemplo, que la caballerosidad no es un crimen, que insistir de forma torpe no constituye una agresión machista y que las campañas como el #MeToo llevan a una guerra de sexos donde muchos hombres pueden acabar siendo víctimas (siendo sancionados en el trabajo, no pudiendo expresarse en libertad). En resumen, este grupo de mujeres consideran que está habiendo un retroceso en materia de libertad sexual

¿Es realmente la denuncia masiva de este tipo de comportamientos masculinos un retroceso de la libertad sexual? La cuestión de la libertad sexual es un punto clave en este debate. Las campañas como #MeToo no quieren ser una caza de brujas,  sino que pretenden señalar una cuestión estructural en nuestra sociedad: que el deseo de la mujer ha sido invisibilizado en el mundo de la seducción. Los hombres tienen que tomarse el deseo femenino (y su ausencia) en serio, esto no constituye un retroceso en el campo de la libertad sexual, porque para que una relación sea libre debe darse entre iguales y, en el caso de una relación sexual o romántica, esto implica conocer y respetar el deseo del otro. La caballerosidad, vinculada a la superioridad y a la insistencia, nunca ha tenido en cuenta el deseo femenino. Es sintomático que el manifiesto francés denuncie el hecho de que muchas mujeres nos hayamos atrevido a visibilizar una realidad que nos afecta, aunque sea indirectamente, todos los días de nuestra vida y que nos hayamos decidido a juzgarla públicamente como nociva. Para empoderar la mujer y restituir su agencia en la sexualidad, se tienen que buscar nuevas maneras de representar la seducción, maneras en las que el deseo femenino sea tan central como lo ha sido siempre el masculino.

Imagen destacada: meme sobre #MeToo Fuente: The Charger Voice.


T'agrada la nostra feina?

Deja un comentario

Us de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies perquè vostè tingui una millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment i l'acceptació de la nostra política de cookies TANCAR