'Merlí': muerte al feminismo

Artículo escrito con Marta Roqueta.

En la crítica publicada en Zena sobre la primera temporada de Merlí, argumentábamos por qué consideramos que la serie no sólo escoge representar realidades machistas sino que además lo hace de forma machista. En resumen, el papel de la mujer en Merlí es mucho menos diverso que el del hombre, tanto cuantitativamente como cualitativamente, limitando las representaciones femeninas a personajes secundarios que tienen como función el apoyo de los protagonistas masculinos. Después de que la repercusión que tuvo el artículo amplificara el debate sobre el machismo de Merlí y llegara a oídos de los responsables de la serie, esperábamos ver cuál sería la respuesta a las críticas recibidas y cómo cambiaría (o no) la representación del género y las sexualidades.

Imatge promocional de la primera temporada. Compteu personatges femenins i masculins.

Imagen promocional de la primera temporada. Contad personajes femeninos y masculinos.

En la primera temporada de Merlí hay una carencia absoluta de tratamiento crítico de temas de género. Lo más cercano que encontramos es la representación del personaje de Bruno como homosexual, que si bien es algo positivo, resulta claramente insuficiente en el marco de una narrativa concebida desde el machismo que normaliza conductas inaceptables por parte de los personajes masculinos, como la cruzada manipuladora del propio Merlí en el primer capítulo para seducir a Laia, una profesora 30 años más joven que él. No sólo no había un punto de vista crítico sobre estos comportamientos problemáticos, sino que eran premiados y presentados como una muestra de la superioridad intelectual y racional de Merlí sobre el resto de personajes.

Segona temporada: noves cares, mateix desequilibri.

Segunda temporada: nuevas caras, mismo desequilibrio.

Con el cambio de temporada, y probablemente como respuesta a las críticas redibidas, es cierto que se ha producido una evolución en positivo en este aspecto. Hay nuevos personajes femeninos (si bien también masculinos, manteniendo la enorme desproporción), se presenta una mujer como figura de autoridad en el instituto (Coralina, de quien hablamos más adelante), y el paternalismo y las manipulaciones de Merlí hacia las mujeres se ven rebajados ligeramente. Aún así, el intento por narrativizar cuestiones de género peca de carencia de formación al respecto, y a menudo en lugar de favorecer la representación resulta todavía más perjudicial.

Síndrome Madonna/Puta

En la segunda temporada se introducen tramas relevantes que convierten en protagonistas a las chicas adolescentes, susceptibles de generar debates positivos sobre la sexualidad y el género. Un ejemplo es la maternidad de Oksana, que podría haber sido un buen punto de partida para presentar los problemas que supone la maternidad adolescente, pero en cambio se presenta de forma que refuerza y acentúa la categorización de los personajes femeninos (y por extensión, las mujeres) dentro del binomio Madonna/Prostituta (o feminidad aceptable/inaceptable).

Les alumnes, amb rols ben delimitats.

Las alumnas, con roles bien delimitados.

Oksana se presenta como una adolescente liberada sexualmente, abierta a varias relaciones y sin complejos, pero todo cambia cuando la trama desvela que es madre y la serie limita su rol al cuidado y el apoyo tanto de su hijo como de su pareja, Gerard. En el capítulo final parece que se nos plantea como incompatible el rol de la maternidad con una sexualidad activa, cuando Joan se sorprende al ver a Oksana en la fiesta clandestina que organizan.

Este salto de un lado del binomio al otro se da a la inversa en el personaje de Berta, que si bien en la primera temporada cumplía el papel de chica sexualmente activa, cuando Oksana ocupa este rol Berta queda reducida a la trama de apoyo emocional de Millán y de interés romántico de Ivan, y la serie parece olvidarse de sus aspiraciones artísticas. Se trata de un hecho sorprendente si se tiene en cuenta que la serie ha tratado el talento de Pol para la filosofía y, a partir de esta segunda temporada, las aspiraciones de Marc de convertirse en actor. Precisamente, tanto Marc como Pol tienen vidas sexualmente activas -en el caso de Pol, marca algunas de sus tramas-, pero en ambos casos la cuestión se trata como una faceta más del personaje, no como aquello que lo esencializa.

Volviendo a Oksana, resulta interesante cómo, una vez se sabe que está embarazada y es consciente que esto se puede interpretar como un escarmiento por tener una sexualidad activa, ella se defiende diciendo que decidió tener el niño y no abortarlo. Teniendo en cuenta el contexto en que se produce esta justificación, el argumento de Oksana es problemático en cuanto que da la idea de que el aborto es una vía para no afrontar la responsabilidad de sus actos. Esta afirmación es todavía más problemática si se tiene en cuenta cómo se trata su maternidad en la serie, no sólo como forma para mitigar su sexualización sino también como pretexto para desarrollar la trama de Gerard. En este sentido, resulta una lástima que la serie haga que la trama de dos personajes con tanto de carácter como Oksana y Gina gire alrededor de Gerard y, de alguna manera, las enfrente la una a la otra.

Què vol dir això?

¿Qué significa esto?

La transfeminidad, ¿un juego de disfraces?

Un intento claro de afrontar la cuestión del género se da en el capítulo 'Judith Butler', cuando aparece un personaje femenino nuevo, Quima, y se presenta explícitamente como mujer trans. El hecho de incluir la representación de la transfeminidad en una serie tan popular como Merlí podría haber sido un gran adelanto hacia la normalización trans, pero hay que mirar bajo qué circunstancias y con qué consecuencias se muestra esta representación. Para empezar, nos encontramos con el hecho de que Quima es interpretada por Manel Barceló, un hombre.

Dejando para más adelante el papel que juega Coralina en la trama de Quima, el problema principal de este capítulo viene dado por el hecho de que la propia narrativa contradice totalmente el mensaje que aparentemente busca transmitir la serie. Merlí presenta ante la clase el pensamiento de Judith Butler, filósofa que defiende la desnaturalización del sistema social sexo-género, según el cual una persona que nace con sexo femenino tiene que representar el género femenino, y de la misma forma en el caso del masculino. La transfeminidad es una transgresión de esta norma social: en el caso de Quima, se trata de una persona que a pesar de nacer con sexo masculino, se identifica con el género femenino.

Què divertit és vestir-se de dona.

Qué divertido es vestirse de mujer.

El otro problema llega cuando en la trama del mismo capítulo, y como protesta por la inminente expulsión de Quima, los alumnos del instituto deciden disfrazarse del género opuesto (los chicos de mujeres, y las chicas de hombres). De este modo, la serie pone al mismo nivel la identidad de género de Quima con el juego de disfraces de los adolescentes, con un resultado increíblemente ofensivo. Al mismo tiempo, queda reforzada la concepción del género bajo el binarismo femenino/masculino, negando cualquier otra posibilidad y presentando la transgresión del sistema sexo-género como una excepción puntual e intransigente en lugar de una opción identitaria. Considerando que es precisamente todo esto contra lo que lucha la obra de Judith Butler, habría que ver qué opina del hecho de que se enmarque esta narrativa dentro de su teoría.

Oportunidades perdidas

El tratamiento de la transfeminidad en Merlí es el ejemplo más obvio de cómo los intentos de transgredir e incluir géneros y sexualidades no normativos a menudo han perjudicado más que favorecido la diversidad. La sexualidad de Pol es otro ejemplo, puesto que a pesar de que el personaje mantiene relaciones sexuales tanto con mujeres como con hombres, insiste repetidamente en presentarse como heterosexual, ignorando otras orientaciones sexuales como la bisexualidad o la pansexualidad y perdiendo la oportunidad de usar la serie como plataforma donde visibilizarlas.

No homo, tete.

No homo, tete.

En el caso de la relación entre Mònica y Joan, claramente abusiva por parte de él, la serie no llega a profundizar en por qué la conducta de Joan es manipuladora y psicológicamente perjudicial para Mònica, que ya había sufrido abusos por parte de una anterior pareja. Es cierto que Mònica acaba con la relación cuando toma consciencia del maltrato, pero ninguno de los personajes habla del tema abiertamente, ni siquiera Merlí (el único comentario viene de parte de la propia Mònica cuando lo denomina machista), y el abuso psicológico queda diluido como una más de las conductas rebeldes de Joan, justificadas incomprensiblemente por la presión que sus padres imponen sobre él. Además, una vez Mònica ha roto con Joan, su relación con Gerard avanza hacia el terreno romántico, como se intuye en el final de temporada. Esto empeora aún más la situación, ya que parece justificar la envidia de Joan y su comportamiento manipulador.

Feminismo y masculinidad

Cada vez se habla más del papel de los hombres en el feminismo y de la importancia de concienciarlos de que es necesario un cambio social. Frecuentemente se cae en el error de “vender” el feminismo a los hombres argumentando que ellos también son víctimas de las estructuras heteropatriarcales hasta el punto de dar a entender que, en el sistema sexo-género, los hombres están al mismo nivel que las mujeres. Esto convierte los hombres en sujetos del feminismo y desplaza el papel primordial de las mujeres en el movimiento, que busca justamente desestabilizar los sistemas estructurales que favorecen culturalmente a los hombres y perjudican a las mujeres.

Siguiendo esta línea, a menudo se analizan las representaciones de la masculinidad como series de comportamientos de un personaje/individuo concreto, dadas por un entorno cultural y unas normas sociales -eso es bueno y necesario tanto para el bienestar de los hombres como para luchar por la igualdad y ha sido gracias a muchos movimientos feministas que se ha impulsado el debate-, pero sin cuestionar cómo estos comportamientos se enmarcan dentro de un engranaje de relaciones de poder interseccionales que funcionan como base estructural de nuestras sociedades.

Merlí, ser racional

Ya hemos comentado cómo el comportamiento de Merlí ante las mujeres es problemático. Si bien en la segunda temporada insiste en este tipo de conductas, es cierto que ocasionalmente es puesto en duda moralmente y parece aceptar que su comportamiento no es aceptable. Aún así, nunca se cuestiona el porqué de estos comportamientos, ni se muestra conciencia de las desigualdades de poder inherentes en las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Parece progresista, por ejemplo, el hecho de que Merlí acepte una relación abierta con Gina, un detalle que queda eclipsado por la propia construcción del personaje como héroe masculino ilustrado, con el poder de la racionalidad, que lo hace superior por defecto a cualquier mujer representada como emocional, sentimental e irracional.

El protagonista masculino continúa siendo así, una temporada más tarde, el eje de la racionalidad en la serie, el ente a través del que se distingue el bien del mal, lo que es universalmente celebrado de aquello que tiene que ser castigado (extendiendo la razón, ligada indudablemente a la masculinidad hegemónica, a la universalidad). Como el hombre hegemónico, es quien lleva aquellas problemáticas consideradas como propias del terreno privado a lo público. Esto se traslada a sus juicios sobre la homofobia o la transmisoginia, por ejemplo, o a sus comentarios políticos metidos con calzador y aplaudidos por los alumnos. Su constante presencia como espejo a través del que juzgar el mundo hace que, cuando elude una situación como la de la relación abusiva entre Joan y Mònica, esta quede en el aire, esperando ser racionalizada y arbitrada por Merlí. El comportamiento de Joan parece corresponder a una “fase rebelde”, en lugar de estar soportado por una serie de desigualdades de poder estructurales que le hacen considerar a Mònica como algo que le pertenece y tiene que defender ante otros hombres.

Masculinidades no hegemónicas

Se debate a menudo sobre el fracaso de los hombres en el intento de conseguir adecuarse a las normas de la masculinidad hegemónica, y de las consecuencias que tiene esta imposibilidad de lograr los ideales de género (a los que también son sometidas las mujeres y los sujetos de géneros no normativos). Focalizando el debate en estas masculinidades alfa, se invisibilizan las problemáticas que se construyen en las masculinidades consideradas beta, subordinadas socialmente a las primeras por las mismas relaciones de poder que subordinan la mujer al hombre.

Estas masculinidades alternativas a la hegemonía han sido poco estudiadas desde el punto de vista del género, a pesar de que a menudo, como en el caso de Ivan y la figura del friqui, son una excusa a partir de la que se justifican la violencia (como la que hemos visto por parte de Ivan) y los abusos de poder sobre los sujetos subordinados a estos hombres, ya sea por motivo de género, raza o clase, mitificando la opresión del hombre blanco privilegiado. Así, Ivan se siente inferior a Pol y por lo tanto empoderado para maltratar a sus compañeros de clase o a su madre, justificando su conducta por el hecho de que él mismo había sido oprimido por otros miembros del grupo.

La trama de la relación de su madre, Míriam, con Pol está enfocada principalmente en cómo afecta esta relación a la amistad que parecen trazar, despacio, los dos personajes masculinos, claramente presentados como antagónicos: Pol es la masculinidad alfa, mientras que Ivan es una subalterna. En esta narrativa de creciente alianza entre los dos personajes, la seducción de la madre de Ivan por parte de Pol se presenta como una traición. En un contexto en que la disputa entre dos hombres se produce por la apropiación de la mujer que se identifica como perteneciente a la esfera privada de uno de los dos, las paces se sellan con Pol cediendo una mujer que se considera dentro de su esfera: no se volverá a liar con Berta, el objeto de deseo de Ivan. La relación entre Berta e Ivan que se entrevé en el capítulo final nace así ya tóxica, y por la actitud de él, parece que irá a peor en este sentido.

En cuanto a Míriam, su atracción sexual hacia Pol es patologizada: Merlí le explica que, en realidad, se siente atraída por él porque no pudo disfrutar de su juventud al quedarse embarazada de Ivan. Esta interpretación resulta chocante si se tiene en cuenta que todas las parejas que hemos visto hasta ahora de Merlí son más jóvenes que él, y la serie no sólo no patologiza esta tendencia sino que la presenta como una de las facetas que hacen de Merlí un personaje irreverente. Como consecuencia de la alianza entre Pol e Ivan en un marco de alianzas masculinas, el deseo del primero hacia Míriam también se considera un error: Pol le confiesa a Ivan que sabía que la relación era perjudicial para Ivan pero aún así no podía contener su deseo y su tendencia a hacer daño a las personas que quiere.

En Pol i l'Ivan.

Pol, Ivan y el tráfico de mujeres.

El hombre cultural, la mujer natural

Uno de los problemas que señalábamos en la primera temporada de Merlí era la distinción de ámbitos que se hacía entre los personajes femeninos y los masculinos: los hombres estaban mucho más presentes en el ámbito profesional, mientras que las mujeres lo estaban en el doméstico. Poco ha cambiado en esta segunda temporada. Hemos visto profesoras dando clase, pero en el caso de Mireia como contexto de otras tramas, mientras que Coralina ha sido retratada la mayoría de veces bajo un prisma negativo y la profesora de inglés, Elisenda, ha sido repetidamente presentada como una incompetente. Más allá de criticar el independentismo de la ANC, el personaje de Elisenda no ha tenido un rol relevante para la historia. Si se tiene en cuenta que su sustituta temporal fue Quima, la sensación de que la serie ha dejado pasar hasta ahora la oportunidad de desarrollar una trama propia para un personaje trans es todavía más grande.

Generalmente, vemos que las mujeres de Merlí son limitadas a roles asociados tradicionalmente en la feminidad: la maternidad, el cuidado y el amor. En cuanto a las chicas adolescentes, tanto Oksana como Tània asumen el rol materno (en el caso de Tània, en relación con Marc y su hermano), Berta actúa como apoyo moral de Millán (es la única que se da cuenta del problema del profesor) y Mònica es definida por su triángulo amoroso con Joan y Gerard. En el ámbito de los adultos poco cambia, siendo la mayoría de los personajes femeninos madres de los chicos (no de las chicas), y sus tramas arraigadas en el fracaso en su rol materno: Aurèlia (madre de Joan) se siente culpable por la actitud de Joan, Míriam (madre de Ivan) trabaja y no tiene tiempo para dedicarle en su hijo (hasta que aparece Merlí como salvador), Lídia (madre de Marc) es presentada como mala madre por trabajar y priorizar la vida social al cuidado de la familia, y Anna (madre de Oliver) no supera la pérdida de uno de sus hijos. En resumen: las madres son malas madres, e incluso Gina, que es la única que consigue el equilibrio entre maternidad y vida laboral, es vista de forma negativa porque sobreprotege a Gerard.

Volviendo a la distinción entre el ámbito público y cultural (concebido como masculino) y el privado y natural (femenino), vemos como los personajes masculinos se construyen de forma que sus vidas van más allá de lo que vemos en el instituto. Conocemos a la familia de Pol y su relación con la abuela, el hermano y el padre, del mismo modo que somos partícipes del entorno familiar de Gerard, Ivan, Joan, Marc y Oliver, y de las aspiraciones y problemas que se encuentran en relación a su familia. De los femeninos, en cambio, sabemos poco o nada: lo único que hemos visto es la intervención de la madre de Berta y la casa de Mònica.

Reacciones al feminismo

La introducción del personaje de Coralina en la segunda temporada de Merlí parece ser una de las reacciones más obvias a las críticas recibidas por la (carencia de) representación femenina en la serie. Coralina llega al instituto como nueva jefa de estudios, posición que la sitúa institucionalmente por encima de Merlí y el resto de profesores. Sabemos poco de su privada, pero desde un primer momento parece ser presentada de forma más o menos explícita como feminista.

La feminista, morta.

La feminista, muerta.

Feminismos hay muchos, y nunca podremos decir cuál es válido y cuál no. Aún así, es obvio que el feminismo de Coralina tiene poco que ver con el propio movimiento y mucho con una visión sesgada de este, influida por la insistente y absurda tendencia a considerarlo una limitación a la libertad de expresión o incluso un instrumento de censura. Desde las primeras muestras de lucha por los derechos de la mujer ha existido este rechazo, hasta cierto punto lógico, puesto que nadie quiere renunciar a los privilegios que considera naturalmente propios. En 1991, Susan Faludi definía esta reacción de los hombres contra el feminismo como “backlash” (una reacción adversa por parte de un gran número de gente hacia un movimiento socio-político), y explicaba como la reacción anti-feminista “no ha sido incitada porque las mujeres hayan logrado la igualdad total, sino por la creciente posibilidad que puedan lograrla. Es un ataque preventivo que detiene a las mujeres mucho antes de que lleguen a la línea de meta”(i). En el caso de Coralina, este ataque preventivo llega en el capítulo final, cuando muere de forma bastante ridícula al caerle una cisterna del baño en la cabeza.

Coralina, parodia del feminismo

No solo su muerte resulta ridícula, sino que todo lo que tiene que ver con Coralina como figura feminista en Merlí parece más una parodia arraigada a este backlash que una representación real del feminismo. De hecho, su forma de actuar contradice la lógica feminista a muchos niveles. La fijación de Coralina con la forma de vestir de Berta y la forma en que la acosa por ir escotada le transmite a la alumna la idea de que su valor como mujer es limitado al de su cuerpo como objeto de deseo masculino. Una absoluta mayoría de los feminismos defenderían radicalmente la decisión de Berta de vestir como lo hace y bajo ningún concepto la culpabilizarían por la atención que recibe de los hombres (lo que denominamos slut-shaming). Hacerlo como lo hace Coralina no sólo apoya una falsa concepción del feminismo, sino que también refuerza la idea de que las adolescentes son responsables de la atención que reciben de los hombres por su vestimenta. Esta idea, extendida y normalizada socialmente, lleva a culpabilizar a las víctimas de abusos sexuales considerando que podrían haberlos evitado si se comportaran de forma diferente, en lugar de culpar los agresores sexuales. Es en este punto en que la trama de Berta recuerda a la de Mònica durante la primera temporada, cuando la culpabilización por haber querido que se la grabara en un vídeo sexual para su pareja no se acaba de desvanecer. Más allá de la forma de vestir de Berta, Coralina demuestra un odio irracional hacia la alumna imposible de justificar.

Considerando aún así a Coralina como un personaje que defiende ciertas ideas del feminismo, resulta completamente ridícula su transmisoginia. Desde el momento en que Quima aparece en el instituto, Coralina la asedia negándole continuamente su identidad e insistiendo, por ejemplo, en llamarla Joaquim. El capítulo intenta transmitir un mensaje de aceptación de la transfeminidad y la transgresión del sistema sexo-género, pero lo cierto es que Coralina echa del instituto a Quima por ser trans, y nadie más vuelve a hablar del tema. Los otros personajes que parecen mostrar reticencias para aceptar a Quima son, también, dos mujeres, Mireia y Gina, un hecho que refuerza la representación de la mujer como sujeto más vinculado a la naturaleza que a la cultura porque se la presenta como más esencialista y con más dificultades para el cambio.

Los momentos en que la serie ha mostrado simpatía por Coralina han sido cuando confiesa a Millán que cuidó a su madre enferma de Alzheimer hasta que murió, así como cuando se presenta la conflictiva relación con su hijo. Es decir, Coralina se presenta como un personaje positivo a través de su éxito y su fracaso para desarrollar el rol del cuidado. Nunca llega a quedar claro si este fracaso como madre es el justificante narrativo de su actitud negativa hacia el mundo en general, pero el resto de personajes insisten en cómo su infelicidad (el tropo de la feminista amargada) le imposibilita aceptar la felicidad de los otros. Esta idea se repite sobre todo en el capítulo final de la temporada, cuando también diversos personajes se refieren a ella como “coja amargada” (y Merlí lo celebra). No hace falta decir (o más bien es completamente necesario decir) que escenas como esta demuestran una insensibilidad hacia la discapacidad que avergüenza.

El tercer momento construido para generar simpatía hacia Coralina es la defensa de Bruno ante su padre. Según Bruno, Coralina y Merlí son iguales, pero cómo ella es mujer se la trata con una vara de medir diferente. Esta defensa resulta incomprensible por dos motivos. En primer lugar porque, tal como explicó Mònica Planas en Ara, la serie ha tratado diferente a Merlí y Coralina desde el inicio. En segundo lugar, porque, tal como hemos explicado con la diferente representación de la sexualidad tanto de las alumnas como de los alumnos, y de Merlí y Míriam, la serie aplica varas de medir diferentes en función del sexo de los personajes.

Por otro lado, Coralina ha defendido su feminismo o las discriminaciones que puede sufrir por el hecho de ser mujer en situaciones en las que el espectador es propicio a ponerse a favor del personaje masculino que en aquel momento interactúa con ella, haciendo que la reivindicación de Coralina se vea o bien aprovechada o bien victimista. En cambio, en las escenas más significativas en las que se ha reivindicado el feminismo o se ha manifestado la discriminación de la mujer en un contexto positivo ha sido gracias a la intermediación de hombres, tanto en el caso de la defensa de Bruno, como en el hecho que Merlí, al introducir en clase la teoría de Judith Butler, la presenta como filósofa feminista. Así pues, hasta que un hombre no ha validado una reivindicación y, en el caso de Merlí, la ha trasladado al terreno del debate público y la racionalidad, ésta no se ha valorado como digna de ser tratada.

La teoria, bé.

La teoría, bien.

 Representaciones de raza y clase

A pesar de que nuestro análisis se centra en el género, no podemos dejar pasar que las teorías feministas cada vez ponen más énfasis en saber cómo esta categoría se relaciona con otras como la raza o la clase social. En la serie hay alumnos no blancos, pero ni siquiera tienen diálogo (en el capítulo final hay una excepción: ¡una chica negra tiene una línea hablada!).

El personaje de Pol, por su parte, es el único a quien vemos una trama vinculada con la clase y la etnia. Pol es el único alumno a quien hemos visto hablar castellano en la vida privada. También hemos visto que su familia pasa por dificultades económicas y que, tanto el padre como el hermano, parecen tener trabajos de baja calificación. De hecho, Pol iba por el mismo camino hasta que llegó Merlí. En la segunda temporada, vemos como Pol compagina los estudios con el trabajo, y después del desenlace parece que en la tercera se volverá a tratar el tema. En general, la familia de Pol se presenta como una familia deshecha, en parte, por la pérdida de la madre, así como también por la propensión a gastar más de la cuenta. Incluso Merlí se toma la licencia de tratar al padre de Pol de ignorante.

La familia de Marc –también monoparental, pero catalanoparlante y con una madre que ejerce una profesión liberal– parece que también pasa por problemas económicos, pero Marc no sólo no se plantea trabajar para aportar dinero a casa, como hace Pol, sino que le recrimina a su madre que coja el turno de noche –en el que se cobra más– y la convence para que coja el de día para que pueda estar más por su hijo pequeño y, en consecuencia, pueda desempeñar mejor su rol de cuidados.


(i) “The anti-feminism backlash has been set off not by women's achievement of full equality but by the increased possibility that they might win it. It is a pre-emptive strike that stops women long before they reach the finishing line.” Susan Faludi, Backlash: The undeclared war against women.

Correcciones: A partir de las sugerencias de Cèlia Casanovas, una lectora trans, hemos realizado cambios en el lenguaje utilizado para hablar de la representación de Quima: en lugar de hablar de transexualidad, ahora hablamos de transfeminidad, y sustituimos transfobia por transmisoginia. También señalamos que el personaje es interpretado por un hombre.

Imágenes: promocionales y capturas de episodios de Merlí (TV3).


T'agrada la nostra feina?

Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

5 comments

  1. Daniela 25 febrero, 2017 at 07:20 Responder

    Hola Irina, me encantó tu nota. Soy de Argentina y me ha atrapado y gustado mucho la propuesta de la serie. Pero desde el principio advertí el encuadramiento machista de la trama y los personajes expresándose claramente en los puntos que resaltás en la nota y siendo muy chocante el trato de Merlí hacia las mujeres, sin como decís vos, jamás problematizarlo. Es frustrante porque la serie tiene de entrada una muy buena propuesta de trama, (de qué nos puede servir la filosofía para entender e intervenir en las problemáticas de los jóvenes blancos de clases medias en el siglo XXI), en un contexto donde abundan series sobre mafia, violencia, competencia (o al menos las que yo conozco). Pero debido a los puntos que señalás, creo que muchas/os no la hemos podido disfrutar hasta el final, en mi caso preocupándome además porque es una serie exitosa y dirigida principalmente hacia las/os jóvenes, qué mensaje les están transmitiendo?. Me desilusionó realmente el final de la segunda temporada, parecía que había una historia de La Coralina por desentrañar que se ve interrumpida por su absurda muerte, es simbólicamente, como decís, muerte a la única mujer que pudo realmente desafiar a Merlí (quien nunca pudo manipularla o engañarla como lo hacía con otras/os personajes). Otra de las cosas que me molestó fue que el personaje de Oksana, quien vive libremente su sexualidad pero de pronto parece haber sido “castigada” por eso con su maternidad temprana (significa que si vivís libremente la sexualidad corrés riesgo de quedar embarazada?), además del rechazo de sus compañeros al enterarse de esta situación, en ningún momento nadie, ni joven ni adulto la defiende o la apoya frente a la discriminación que recibe de sus pares por ser madre adolescente (incluso la mamá de Gerard la descarta como buena candidata para su hijo, y éste, lejos de plantearse la problemática que implica para su pareja el rol de madre, huye como un niño pequeño e irresponsable aunque no se atreve a decírselo). Tenía grandes esperanzas en el capítulo sobre la filosofía de Judith Butler, siendo éste al final una interpretación simplista y heteronormativa de la teoría sobre los géneros.
    En fin, me alivia enterarme las críticas que ha recibido la serie en este sentido y espero igualmente que lo reviertan en la tercera temporada, sobretodo introduciéndonos en las vidas privadas de los personajes femeninos, sus familias, sus deseos, sus miedos, sus fantasías, etc.

    Saludos! Daniela.

    • Irina Cruz
      Irina Cruz 27 febrero, 2017 at 10:58 Responder

      Gracias por tu comentario, Daniela. De acuerdo en todo lo que comentas, y en la necesidad de una recepción crítica de nuestra propia producción cultural, sobretodo aquella que va dirigida a un público especialmente susceptible de las influencias de los medios. Me sorprende cómo a menudo la crítica parece incapaz de encontrar matices grises en su análisis, y es que puede ser una serie interesante, con buenas actuaciones y potencial narrativo, pero a la vez tener aspectos problemáticos que deben ser señalados para mejorarla.

      Un saludo!

  2. Gabriel 5 junio, 2017 at 20:24 Responder

    No vengo a defender a Merlí, la primer temporada la disfruté, la segunda no, me aburrió, aunque la vi completa. Pero leer este artículo me dio mucho que pensar. Y la pregunta que ronda en mi cabeza es ¿y por qué diablos una serie debería balancear los personajes relacionados al feminismo o dar mas o menos enfoque a un tema en particular para ser políticamente correcta?, ¿porque la serie tiene que ser como ustedes quieren que sea para ser adecuada?.

    La búsqueda de la justicia social y la corrección política le va a terminar por dar al traste a la libertad artística.

    Y si, ya se que dicen que va dirigida a un público susceptible, pues los padres de ese público debería educar a sus hijos en estos temas, formarles un criterio, aclarar sus dudas, guiarlos…

    Merí y todos sus personajes podrán ser lo que sea y como sean, y que importa… Es una serie de TV… Por mi que Merlí sea machista y la Coralina feminista, y que a ambos se los lleve un tren si a los escritores así les parece, las expresiones artísticas, como las series, el cine la música y demás expresiones de arte son y deberán ser absolutamente libres, para educar están los padres.

    En el momento en que el arte se convierte en un instrumento de educación y de corrección política, esto se ha ido a la mierda. Ahora resulta que en todas las series hay la pareja gay, el transexual, el gay, el discapacitado, el de la minoría étnica; Todo para ser incluyentes y no ofender a nadie… Y luego vienen estos análisis que solo acentúan la necesidad de filtrarles todo a todos para que sea aceptable.

    El cáncer de nuestra juventud es la corrección política, el que les queramos filtrar todo de la vida, y que sus castos oídos solo oigan lo que es correcto y que sus tiernos ojos vean solo lo que es correcto. Estamos formando una generación de inútiles.

    • Marta
      Marta 6 junio, 2017 at 14:43 Responder

      Gracias por tu comentario. En realidad no queremos censurar a nadie, ni a los creadores ni a nuestros lectores, por eso admitimos todos los comentarios, sino simplemente analizar series desde una perspectiva de género, que es una de las muchas formas de analizar una serie. Siento, pues, que percibas una forma de crítica legítima como un acto de censura. No eres el único, es algo normal para muchas personas: nos han hecho creer que la perspectiva masculina, blanca, heterosexual y capacitada es la universal y que, por lo tanto, es la vara de medir de la calidad artística. Por ello, es complicado ver el mundo desde otros puntos de vista. Desde aquí te animamos a que nos leas para que explores las posibilidades de estos nuevos enfoques. Por ejemplo, te recomendamos la serie “Master of None”: es una serie de gran calidad, el protagonista es un hombre y las representaciones de las masculinidades y feminidades son de lo más innovadoras. Saludos.

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