'Merlí': muerte al feminismo

Artículo escrito con Marta Roqueta.

En la crítica publicada en Zena sobre la primera temporada de Merlí, argumentábamos por qué consideramos que la serie no sólo escoge representar realidades machistas sino que además lo hace de forma machista. En resumen, el papel de la mujer en Merlí es mucho menos diverso que el del hombre, tanto cuantitativamente como cualitativamente, limitando las representaciones femeninas a personajes secundarios que tienen como función el apoyo de los protagonistas masculinos. Después de que la repercusión que tuvo el artículo amplificara el debate sobre el machismo de Merlí y llegara a oídos de los responsables de la serie, esperábamos ver cuál sería la respuesta a las críticas recibidas y cómo cambiaría (o no) la representación del género y las sexualidades.

Imatge promocional de la primera temporada. Compteu personatges femenins i masculins.

Imagen promocional de la primera temporada. Contad personajes femeninos y masculinos.

En la primera temporada de Merlí hay una carencia absoluta de tratamiento crítico de temas de género. Lo más cercano que encontramos es la representación del personaje de Bruno como homosexual, que si bien es algo positivo, resulta claramente insuficiente en el marco de una narrativa concebida desde el machismo que normaliza conductas inaceptables por parte de los personajes masculinos, como la cruzada manipuladora del propio Merlí en el primer capítulo para seducir a Laia, una profesora 30 años más joven que él. No sólo no había un punto de vista crítico sobre estos comportamientos problemáticos, sino que eran premiados y presentados como una muestra de la superioridad intelectual y racional de Merlí sobre el resto de personajes.

Segona temporada: noves cares, mateix desequilibri.

Segunda temporada: nuevas caras, mismo desequilibrio.

Con el cambio de temporada, y probablemente como respuesta a las críticas redibidas, es cierto que se ha producido una evolución en positivo en este aspecto. Hay nuevos personajes femeninos (si bien también masculinos, manteniendo la enorme desproporción), se presenta una mujer como figura de autoridad en el instituto (Coralina, de quien hablamos más adelante), y el paternalismo y las manipulaciones de Merlí hacia las mujeres se ven rebajados ligeramente. Aún así, el intento por narrativizar cuestiones de género peca de carencia de formación al respecto, y a menudo en lugar de favorecer la representación resulta todavía más perjudicial.

Síndrome Madonna/Puta

En la segunda temporada se introducen tramas relevantes que convierten en protagonistas a las chicas adolescentes, susceptibles de generar debates positivos sobre la sexualidad y el género. Un ejemplo es la maternidad de Oksana, que podría haber sido un buen punto de partida para presentar los problemas que supone la maternidad adolescente, pero en cambio se presenta de forma que refuerza y acentúa la categorización de los personajes femeninos (y por extensión, las mujeres) dentro del binomio Madonna/Prostituta (o feminidad aceptable/inaceptable).

Les alumnes, amb rols ben delimitats.

Las alumnas, con roles bien delimitados.

Oksana se presenta como una adolescente liberada sexualmente, abierta a varias relaciones y sin complejos, pero todo cambia cuando la trama desvela que es madre y la serie limita su rol al cuidado y el apoyo tanto de su hijo como de su pareja, Gerard. En el capítulo final parece que se nos plantea como incompatible el rol de la maternidad con una sexualidad activa, cuando Joan se sorprende al ver a Oksana en la fiesta clandestina que organizan.

Este salto de un lado del binomio al otro se da a la inversa en el personaje de Berta, que si bien en la primera temporada cumplía el papel de chica sexualmente activa, cuando Oksana ocupa este rol Berta queda reducida a la trama de apoyo emocional de Millán y de interés romántico de Ivan, y la serie parece olvidarse de sus aspiraciones artísticas. Se trata de un hecho sorprendente si se tiene en cuenta que la serie ha tratado el talento de Pol para la filosofía y, a partir de esta segunda temporada, las aspiraciones de Marc de convertirse en actor. Precisamente, tanto Marc como Pol tienen vidas sexualmente activas -en el caso de Pol, marca algunas de sus tramas-, pero en ambos casos la cuestión se trata como una faceta más del personaje, no como aquello que lo esencializa.

Volviendo a Oksana, resulta interesante cómo, una vez se sabe que está embarazada y es consciente que esto se puede interpretar como un escarmiento por tener una sexualidad activa, ella se defiende diciendo que decidió tener el niño y no abortarlo. Teniendo en cuenta el contexto en que se produce esta justificación, el argumento de Oksana es problemático en cuanto que da la idea de que el aborto es una vía para no afrontar la responsabilidad de sus actos. Esta afirmación es todavía más problemática si se tiene en cuenta cómo se trata su maternidad en la serie, no sólo como forma para mitigar su sexualización sino también como pretexto para desarrollar la trama de Gerard. En este sentido, resulta una lástima que la serie haga que la trama de dos personajes con tanto de carácter como Oksana y Gina gire alrededor de Gerard y, de alguna manera, las enfrente la una a la otra.

Què vol dir això?

¿Qué significa esto?

La transfeminidad, ¿un juego de disfraces?

Un intento claro de afrontar la cuestión del género se da en el capítulo 'Judith Butler', cuando aparece un personaje femenino nuevo, Quima, y se presenta explícitamente como mujer trans. El hecho de incluir la representación de la transfeminidad en una serie tan popular como Merlí podría haber sido un gran adelanto hacia la normalización trans, pero hay que mirar bajo qué circunstancias y con qué consecuencias se muestra esta representación. Para empezar, nos encontramos con el hecho de que Quima es interpretada por Manel Barceló, un hombre.

Dejando para más adelante el papel que juega Coralina en la trama de Quima, el problema principal de este capítulo viene dado por el hecho de que la propia narrativa contradice totalmente el mensaje que aparentemente busca transmitir la serie. Merlí presenta ante la clase el pensamiento de Judith Butler, filósofa que defiende la desnaturalización del sistema social sexo-género, según el cual una persona que nace con sexo femenino tiene que representar el género femenino, y de la misma forma en el caso del masculino. La transfeminidad es una transgresión de esta norma social: en el caso de Quima, se trata de una persona que a pesar de nacer con sexo masculino, se identifica con el género femenino.

Què divertit és vestir-se de dona.

Qué divertido es vestirse de mujer.

El otro problema llega cuando en la trama del mismo capítulo, y como protesta por la inminente expulsión de Quima, los alumnos del instituto deciden disfrazarse del género opuesto (los chicos de mujeres, y las chicas de hombres). De este modo, la serie pone al mismo nivel la identidad de género de Quima con el juego de disfraces de los adolescentes, con un resultado increíblemente ofensivo. Al mismo tiempo, queda reforzada la concepción del género bajo el binarismo femenino/masculino, negando cualquier otra posibilidad y presentando la transgresión del sistema sexo-género como una excepción puntual e intransigente en lugar de una opción identitaria. Considerando que es precisamente todo esto contra lo que lucha la obra de Judith Butler, habría que ver qué opina del hecho de que se enmarque esta narrativa dentro de su teoría.

Oportunidades perdidas

El tratamiento de la transfeminidad en Merlí es el ejemplo más obvio de cómo los intentos de transgredir e incluir géneros y sexualidades no normativos a menudo han perjudicado más que favorecido la diversidad. La sexualidad de Pol es otro ejemplo, puesto que a pesar de que el personaje mantiene relaciones sexuales tanto con mujeres como con hombres, insiste repetidamente en presentarse como heterosexual, ignorando otras orientaciones sexuales como la bisexualidad o la pansexualidad y perdiendo la oportunidad de usar la serie como plataforma donde visibilizarlas.

No homo, tete.

No homo, tete.

En el caso de la relación entre Mònica y Joan, claramente abusiva por parte de él, la serie no llega a profundizar en por qué la conducta de Joan es manipuladora y psicológicamente perjudicial para Mònica, que ya había sufrido abusos por parte de una anterior pareja. Es cierto que Mònica acaba con la relación cuando toma consciencia del maltrato, pero ninguno de los personajes habla del tema abiertamente, ni siquiera Merlí (el único comentario viene de parte de la propia Mònica cuando lo denomina machista), y el abuso psicológico queda diluido como una más de las conductas rebeldes de Joan, justificadas incomprensiblemente por la presión que sus padres imponen sobre él. Además, una vez Mònica ha roto con Joan, su relación con Gerard avanza hacia el terreno romántico, como se intuye en el final de temporada. Esto empeora aún más la situación, ya que parece justificar la envidia de Joan y su comportamiento manipulador.

Feminismo y masculinidad

Cada vez se habla más del papel de los hombres en el feminismo y de la importancia de concienciarlos de que es necesario un cambio social. Frecuentemente se cae en el error de “vender” el feminismo a los hombres argumentando que ellos también son víctimas de las estructuras heteropatriarcales hasta el punto de dar a entender que, en el sistema sexo-género, los hombres están al mismo nivel que las mujeres. Esto convierte los hombres en sujetos del feminismo y desplaza el papel primordial de las mujeres en el movimiento, que busca justamente desestabilizar los sistemas estructurales que favorecen culturalmente a los hombres y perjudican a las mujeres.

Siguiendo esta línea, a menudo se analizan las representaciones de la masculinidad como series de comportamientos de un personaje/individuo concreto, dadas por un entorno cultural y unas normas sociales -eso es bueno y necesario tanto para el bienestar de los hombres como para luchar por la igualdad y ha sido gracias a muchos movimientos feministas que se ha impulsado el debate-, pero sin cuestionar cómo estos comportamientos se enmarcan dentro de un engranaje de relaciones de poder interseccionales que funcionan como base estructural de nuestras sociedades.

Merlí, ser racional

Ya hemos comentado cómo el comportamiento de Merlí ante las mujeres es problemático. Si bien en la segunda temporada insiste en este tipo de conductas, es cierto que ocasionalmente es puesto en duda moralmente y parece aceptar que su comportamiento no es aceptable. Aún así, nunca se cuestiona el porqué de estos comportamientos, ni se muestra conciencia de las desigualdades de poder inherentes en las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Parece progresista, por ejemplo, el hecho de que Merlí acepte una relación abierta con Gina, un detalle que queda eclipsado por la propia construcción del personaje como héroe masculino ilustrado, con el poder de la racionalidad, que lo hace superior por defecto a cualquier mujer representada como emocional, sentimental e irracional.

El protagonista masculino continúa siendo así, una temporada más tarde, el eje de la racionalidad en la serie, el ente a través del que se distingue el bien del mal, lo que es universalmente celebrado de aquello que tiene que ser castigado (extendiendo la razón, ligada indudablemente a la masculinidad hegemónica, a la universalidad). Como el hombre hegemónico, es quien lleva aquellas problemáticas consideradas como propias del terreno privado a lo público. Esto se traslada a sus juicios sobre la homofobia o la transmisoginia, por ejemplo, o a sus comentarios políticos metidos con calzador y aplaudidos por los alumnos. Su constante presencia como espejo a través del que juzgar el mundo hace que, cuando elude una situación como la de la relación abusiva entre Joan y Mònica, esta quede en el aire, esperando ser racionalizada y arbitrada por Merlí. El comportamiento de Joan parece corresponder a una “fase rebelde”, en lugar de estar soportado por una serie de desigualdades de poder estructurales que le hacen considerar a Mònica como algo que le pertenece y tiene que defender ante otros hombres.

Masculinidades no hegemónicas

Se debate a menudo sobre el fracaso de los hombres en el intento de conseguir adecuarse a las normas de la masculinidad hegemónica, y de las consecuencias que tiene esta imposibilidad de lograr los ideales de género (a los que también son sometidas las mujeres y los sujetos de géneros no normativos). Focalizando el debate en estas masculinidades alfa, se invisibilizan las problemáticas que se construyen en las masculinidades consideradas beta, subordinadas socialmente a las primeras por las mismas relaciones de poder que subordinan la mujer al hombre.

Estas masculinidades alternativas a la hegemonía han sido poco estudiadas desde el punto de vista del género, a pesar de que a menudo, como en el caso de Ivan y la figura del friqui, son una excusa a partir de la que se justifican la violencia (como la que hemos visto por parte de Ivan) y los abusos de poder sobre los sujetos subordinados a estos hombres, ya sea por motivo de género, raza o clase, mitificando la opresión del hombre blanco privilegiado. Así, Ivan se siente inferior a Pol y por lo tanto empoderado para maltratar a sus compañeros de clase o a su madre, justificando su conducta por el hecho de que él mismo había sido oprimido por otros miembros del grupo.

La trama de la relación de su madre, Míriam, con Pol está enfocada principalmente en cómo afecta esta relación a la amistad que parecen trazar, despacio, los dos personajes masculinos, claramente presentados como antagónicos: Pol es la masculinidad alfa, mientras que Ivan es una subalterna. En esta narrativa de creciente alianza entre los dos personajes, la seducción de la madre de Ivan por parte de Pol se presenta como una traición. En un contexto en que la disputa entre dos hombres se produce por la apropiación de la mujer que se identifica como perteneciente a la esfera privada de uno de los dos, las paces se sellan con Pol cediendo una mujer que se considera dentro de su esfera: no se volverá a liar con Berta, el objeto de deseo de Ivan. La relación entre Berta e Ivan que se entrevé en el capítulo final nace así ya tóxica, y por la actitud de él, parece que irá a peor en este sentido.

En cuanto a Míriam, su atracción sexual hacia Pol es patologizada: Merlí le explica que, en realidad, se siente atraída por él porque no pudo disfrutar de su juventud al quedarse embarazada de Ivan. Esta interpretación resulta chocante si se tiene en cuenta que todas las parejas que hemos visto hasta ahora de Merlí son más jóvenes que él, y la serie no sólo no patologiza esta tendencia sino que la presenta como una de las facetas que hacen de Merlí un personaje irreverente. Como consecuencia de la alianza entre Pol e Ivan en un marco de alianzas masculinas, el deseo del primero hacia Míriam también se considera un error: Pol le confiesa a Ivan que sabía que la relación era perjudicial para Ivan pero aún así no podía contener su deseo y su tendencia a hacer daño a las personas que quiere.

En Pol i l'Ivan.

Pol, Ivan y el tráfico de mujeres.

El hombre cultural, la mujer natural

Uno de los problemas que señalábamos en la primera temporada de Merlí era la distinción de ámbitos que se hacía entre los personajes femeninos y los masculinos: los hombres estaban mucho más presentes en el ámbito profesional, mientras que las mujeres lo estaban en el doméstico. Poco ha cambiado en esta segunda temporada. Hemos visto profesoras dando clase, pero en el caso de Mireia como contexto de otras tramas, mientras que Coralina ha sido retratada la mayoría de veces bajo un prisma negativo y la profesora de inglés, Elisenda, ha sido repetidamente presentada como una incompetente. Más allá de criticar el independentismo de la ANC, el personaje de Elisenda no ha tenido un rol relevante para la historia. Si se tiene en cuenta que su sustituta temporal fue Quima, la sensación de que la serie ha dejado pasar hasta ahora la oportunidad de desarrollar una trama propia para un personaje trans es todavía más grande.

Generalmente, vemos que las mujeres de Merlí son limitadas a roles asociados tradicionalmente en la feminidad: la maternidad, el cuidado y el amor. En cuanto a las chicas adolescentes, tanto Oksana como Tània asumen el rol materno (en el caso de Tània, en relación con Marc y su hermano), Berta actúa como apoyo moral de Millán (es la única que se da cuenta del problema del profesor) y Mònica es definida por su triángulo amoroso con Joan y Gerard. En el ámbito de los adultos poco cambia, siendo la mayoría de los personajes femeninos madres de los chicos (no de las chicas), y sus tramas arraigadas en el fracaso en su rol materno: Aurèlia (madre de Joan) se siente culpable por la actitud de Joan, Míriam (madre de Ivan) trabaja y no tiene tiempo para dedicarle en su hijo (hasta que aparece Merlí como salvador), Lídia (madre de Marc) es presentada como mala madre por trabajar y priorizar la vida social al cuidado de la familia, y Anna (madre de Oliver) no supera la pérdida de uno de sus hijos. En resumen: las madres son malas madres, e incluso Gina, que es la única que consigue el equilibrio entre maternidad y vida laboral, es vista de forma negativa porque sobreprotege a Gerard.

Volviendo a la distinción entre el ámbito público y cultural (concebido como masculino) y el privado y natural (femenino), vemos como los personajes masculinos se construyen de forma que sus vidas van más allá de lo que vemos en el instituto. Conocemos a la familia de Pol y su relación con la abuela, el hermano y el padre, del mismo modo que somos partícipes del entorno familiar de Gerard, Ivan, Joan, Marc y Oliver, y de las aspiraciones y problemas que se encuentran en relación a su familia. De los femeninos, en cambio, sabemos poco o nada: lo único que hemos visto es la intervención de la madre de Berta y la casa de Mònica.

Reacciones al feminismo

La introducción del personaje de Coralina en la segunda temporada de Merlí parece ser una de las reacciones más obvias a las críticas recibidas por la (carencia de) representación femenina en la serie. Coralina llega al instituto como nueva jefa de estudios, posición que la sitúa institucionalmente por encima de Merlí y el resto de profesores. Sabemos poco de su privada, pero desde un primer momento parece ser presentada de forma más o menos explícita como feminista.

La feminista, morta.

La feminista, muerta.

Feminismos hay muchos, y nunca podremos decir cuál es válido y cuál no. Aún así, es obvio que el feminismo de Coralina tiene poco que ver con el propio movimiento y mucho con una visión sesgada de este, influida por la insistente y absurda tendencia a considerarlo una limitación a la libertad de expresión o incluso un instrumento de censura. Desde las primeras muestras de lucha por los derechos de la mujer ha existido este rechazo, hasta cierto punto lógico, puesto que nadie quiere renunciar a los privilegios que considera naturalmente propios. En 1991, Susan Faludi definía esta reacción de los hombres contra el feminismo como “backlash” (una reacción adversa por parte de un gran número de gente hacia un movimiento socio-político), y explicaba como la reacción anti-feminista “no ha sido incitada porque las mujeres hayan logrado la igualdad total, sino por la creciente posibilidad que puedan lograrla. Es un ataque preventivo que detiene a las mujeres mucho antes de que lleguen a la línea de meta”(i). En el caso de Coralina, este ataque preventivo llega en el capítulo final, cuando muere de forma bastante ridícula al caerle una cisterna del baño en la cabeza.

Coralina, parodia del feminismo

No solo su muerte resulta ridícula, sino que todo lo que tiene que ver con Coralina como figura feminista en Merlí parece más una parodia arraigada a este backlash que una representación real del feminismo. De hecho, su forma de actuar contradice la lógica feminista a muchos niveles. La fijación de Coralina con la forma de vestir de Berta y la forma en que la acosa por ir escotada le transmite a la alumna la idea de que su valor como mujer es limitado al de su cuerpo como objeto de deseo masculino. Una absoluta mayoría de los feminismos defenderían radicalmente la decisión de Berta de vestir como lo hace y bajo ningún concepto la culpabilizarían por la atención que recibe de los hombres (lo que denominamos slut-shaming). Hacerlo como lo hace Coralina no sólo apoya una falsa concepción del feminismo, sino que también refuerza la idea de que las adolescentes son responsables de la atención que reciben de los hombres por su vestimenta. Esta idea, extendida y normalizada socialmente, lleva a culpabilizar a las víctimas de abusos sexuales considerando que podrían haberlos evitado si se comportaran de forma diferente, en lugar de culpar los agresores sexuales. Es en este punto en que la trama de Berta recuerda a la de Mònica durante la primera temporada, cuando la culpabilización por haber querido que se la grabara en un vídeo sexual para su pareja no se acaba de desvanecer. Más allá de la forma de vestir de Berta, Coralina demuestra un odio irracional hacia la alumna imposible de justificar.

Considerando aún así a Coralina como un personaje que defiende ciertas ideas del feminismo, resulta completamente ridícula su transmisoginia. Desde el momento en que Quima aparece en el instituto, Coralina la asedia negándole continuamente su identidad e insistiendo, por ejemplo, en llamarla Joaquim. El capítulo intenta transmitir un mensaje de aceptación de la transfeminidad y la transgresión del sistema sexo-género, pero lo cierto es que Coralina echa del instituto a Quima por ser trans, y nadie más vuelve a hablar del tema. Los otros personajes que parecen mostrar reticencias para aceptar a Quima son, también, dos mujeres, Mireia y Gina, un hecho que refuerza la representación de la mujer como sujeto más vinculado a la naturaleza que a la cultura porque se la presenta como más esencialista y con más dificultades para el cambio.

Los momentos en que la serie ha mostrado simpatía por Coralina han sido cuando confiesa a Millán que cuidó a su madre enferma de Alzheimer hasta que murió, así como cuando se presenta la conflictiva relación con su hijo. Es decir, Coralina se presenta como un personaje positivo a través de su éxito y su fracaso para desarrollar el rol del cuidado. Nunca llega a quedar claro si este fracaso como madre es el justificante narrativo de su actitud negativa hacia el mundo en general, pero el resto de personajes insisten en cómo su infelicidad (el tropo de la feminista amargada) le imposibilita aceptar la felicidad de los otros. Esta idea se repite sobre todo en el capítulo final de la temporada, cuando también diversos personajes se refieren a ella como “coja amargada” (y Merlí lo celebra). No hace falta decir (o más bien es completamente necesario decir) que escenas como esta demuestran una insensibilidad hacia la discapacidad que avergüenza.

El tercer momento construido para generar simpatía hacia Coralina es la defensa de Bruno ante su padre. Según Bruno, Coralina y Merlí son iguales, pero cómo ella es mujer se la trata con una vara de medir diferente. Esta defensa resulta incomprensible por dos motivos. En primer lugar porque, tal como explicó Mònica Planas en Ara, la serie ha tratado diferente a Merlí y Coralina desde el inicio. En segundo lugar, porque, tal como hemos explicado con la diferente representación de la sexualidad tanto de las alumnas como de los alumnos, y de Merlí y Míriam, la serie aplica varas de medir diferentes en función del sexo de los personajes.

Por otro lado, Coralina ha defendido su feminismo o las discriminaciones que puede sufrir por el hecho de ser mujer en situaciones en las que el espectador es propicio a ponerse a favor del personaje masculino que en aquel momento interactúa con ella, haciendo que la reivindicación de Coralina se vea o bien aprovechada o bien victimista. En cambio, en las escenas más significativas en las que se ha reivindicado el feminismo o se ha manifestado la discriminación de la mujer en un contexto positivo ha sido gracias a la intermediación de hombres, tanto en el caso de la defensa de Bruno, como en el hecho que Merlí, al introducir en clase la teoría de Judith Butler, la presenta como filósofa feminista. Así pues, hasta que un hombre no ha validado una reivindicación y, en el caso de Merlí, la ha trasladado al terreno del debate público y la racionalidad, ésta no se ha valorado como digna de ser tratada.

La teoria, bé.

La teoría, bien.

 Representaciones de raza y clase

A pesar de que nuestro análisis se centra en el género, no podemos dejar pasar que las teorías feministas cada vez ponen más énfasis en saber cómo esta categoría se relaciona con otras como la raza o la clase social. En la serie hay alumnos no blancos, pero ni siquiera tienen diálogo (en el capítulo final hay una excepción: ¡una chica negra tiene una línea hablada!).

El personaje de Pol, por su parte, es el único a quien vemos una trama vinculada con la clase y la etnia. Pol es el único alumno a quien hemos visto hablar castellano en la vida privada. También hemos visto que su familia pasa por dificultades económicas y que, tanto el padre como el hermano, parecen tener trabajos de baja calificación. De hecho, Pol iba por el mismo camino hasta que llegó Merlí. En la segunda temporada, vemos como Pol compagina los estudios con el trabajo, y después del desenlace parece que en la tercera se volverá a tratar el tema. En general, la familia de Pol se presenta como una familia deshecha, en parte, por la pérdida de la madre, así como también por la propensión a gastar más de la cuenta. Incluso Merlí se toma la licencia de tratar al padre de Pol de ignorante.

La familia de Marc –también monoparental, pero catalanoparlante y con una madre que ejerce una profesión liberal– parece que también pasa por problemas económicos, pero Marc no sólo no se plantea trabajar para aportar dinero a casa, como hace Pol, sino que le recrimina a su madre que coja el turno de noche –en el que se cobra más– y la convence para que coja el de día para que pueda estar más por su hijo pequeño y, en consecuencia, pueda desempeñar mejor su rol de cuidados.


(i) “The anti-feminism backlash has been set off not by women's achievement of full equality but by the increased possibility that they might win it. It is a pre-emptive strike that stops women long before they reach the finishing line.” Susan Faludi, Backlash: The undeclared war against women.

Correcciones: A partir de las sugerencias de Cèlia Casanovas, una lectora trans, hemos realizado cambios en el lenguaje utilizado para hablar de la representación de Quima: en lugar de hablar de transexualidad, ahora hablamos de transfeminidad, y sustituimos transfobia por transmisoginia. También señalamos que el personaje es interpretado por un hombre.

Imágenes: promocionales y capturas de episodios de Merlí (TV3).


T'agrada la nostra feina?

Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

41 comments

  1. Daniela 25 febrero, 2017 at 07:20 Responder

    Hola Irina, me encantó tu nota. Soy de Argentina y me ha atrapado y gustado mucho la propuesta de la serie. Pero desde el principio advertí el encuadramiento machista de la trama y los personajes expresándose claramente en los puntos que resaltás en la nota y siendo muy chocante el trato de Merlí hacia las mujeres, sin como decís vos, jamás problematizarlo. Es frustrante porque la serie tiene de entrada una muy buena propuesta de trama, (de qué nos puede servir la filosofía para entender e intervenir en las problemáticas de los jóvenes blancos de clases medias en el siglo XXI), en un contexto donde abundan series sobre mafia, violencia, competencia (o al menos las que yo conozco). Pero debido a los puntos que señalás, creo que muchas/os no la hemos podido disfrutar hasta el final, en mi caso preocupándome además porque es una serie exitosa y dirigida principalmente hacia las/os jóvenes, qué mensaje les están transmitiendo?. Me desilusionó realmente el final de la segunda temporada, parecía que había una historia de La Coralina por desentrañar que se ve interrumpida por su absurda muerte, es simbólicamente, como decís, muerte a la única mujer que pudo realmente desafiar a Merlí (quien nunca pudo manipularla o engañarla como lo hacía con otras/os personajes). Otra de las cosas que me molestó fue que el personaje de Oksana, quien vive libremente su sexualidad pero de pronto parece haber sido “castigada” por eso con su maternidad temprana (significa que si vivís libremente la sexualidad corrés riesgo de quedar embarazada?), además del rechazo de sus compañeros al enterarse de esta situación, en ningún momento nadie, ni joven ni adulto la defiende o la apoya frente a la discriminación que recibe de sus pares por ser madre adolescente (incluso la mamá de Gerard la descarta como buena candidata para su hijo, y éste, lejos de plantearse la problemática que implica para su pareja el rol de madre, huye como un niño pequeño e irresponsable aunque no se atreve a decírselo). Tenía grandes esperanzas en el capítulo sobre la filosofía de Judith Butler, siendo éste al final una interpretación simplista y heteronormativa de la teoría sobre los géneros.
    En fin, me alivia enterarme las críticas que ha recibido la serie en este sentido y espero igualmente que lo reviertan en la tercera temporada, sobretodo introduciéndonos en las vidas privadas de los personajes femeninos, sus familias, sus deseos, sus miedos, sus fantasías, etc.

    Saludos! Daniela.

    • Irina Cruz
      Irina Cruz 27 febrero, 2017 at 10:58 Responder

      Gracias por tu comentario, Daniela. De acuerdo en todo lo que comentas, y en la necesidad de una recepción crítica de nuestra propia producción cultural, sobretodo aquella que va dirigida a un público especialmente susceptible de las influencias de los medios. Me sorprende cómo a menudo la crítica parece incapaz de encontrar matices grises en su análisis, y es que puede ser una serie interesante, con buenas actuaciones y potencial narrativo, pero a la vez tener aspectos problemáticos que deben ser señalados para mejorarla.

      Un saludo!

    • gonzalo 5 marzo, 2018 at 14:54 Responder

      Perdi 10 minutos de mi vida, la serie es de 10, muy superficial tu analisis, largo y a la vez escueto, hay que disfrutar la serie y dejar de ver machismo en todos lados. buscate un psicologo.

      • Blanki 26 marzo, 2018 at 10:41 Responder

        tu crees que se puede dejar de ver machismo en todos los lados cuando todos los días HAY mujeres que son violadas, cuando HAY mujeres que no pueden salir de casa, cuando hay mujeres que sufren cada día por discriminación machista, sea psicológica, social o físicamente?

        Tu crees que hay derecho a hacer un comentario tan palurdo? De verdad, el mundo ya tiene bastantes problemas como para tener que perder tiempo con tus comentarios pasotas. ¡Hay que ser críticos con lo que vemos, porque si no, somos máquinas que se chupan toda la información que les venga, como plantas al sol…! (justamente eso es lo que le interesa al gobierno que quita la filosofía)

        Aquí el único que necesita un psicólogo eres tú, para que dejes de entoxicar el ambiente.

    • Lucas Tomasini 28 marzo, 2018 at 18:54 Responder

      Y qué tiene de malo que un tipo recurra a alguna artimaña para levantarse una mujer 30 años más joven? Dónde está lo machista? Nadie dijo que no pueda pasar al revés. Simplemente el tipo es un personaje heterosexual masculino que se quiso coger a una mayor de edad pero más joven que él.

  2. Gabriel 5 junio, 2017 at 20:24 Responder

    No vengo a defender a Merlí, la primer temporada la disfruté, la segunda no, me aburrió, aunque la vi completa. Pero leer este artículo me dio mucho que pensar. Y la pregunta que ronda en mi cabeza es ¿y por qué diablos una serie debería balancear los personajes relacionados al feminismo o dar mas o menos enfoque a un tema en particular para ser políticamente correcta?, ¿porque la serie tiene que ser como ustedes quieren que sea para ser adecuada?.

    La búsqueda de la justicia social y la corrección política le va a terminar por dar al traste a la libertad artística.

    Y si, ya se que dicen que va dirigida a un público susceptible, pues los padres de ese público debería educar a sus hijos en estos temas, formarles un criterio, aclarar sus dudas, guiarlos…

    Merí y todos sus personajes podrán ser lo que sea y como sean, y que importa… Es una serie de TV… Por mi que Merlí sea machista y la Coralina feminista, y que a ambos se los lleve un tren si a los escritores así les parece, las expresiones artísticas, como las series, el cine la música y demás expresiones de arte son y deberán ser absolutamente libres, para educar están los padres.

    En el momento en que el arte se convierte en un instrumento de educación y de corrección política, esto se ha ido a la mierda. Ahora resulta que en todas las series hay la pareja gay, el transexual, el gay, el discapacitado, el de la minoría étnica; Todo para ser incluyentes y no ofender a nadie… Y luego vienen estos análisis que solo acentúan la necesidad de filtrarles todo a todos para que sea aceptable.

    El cáncer de nuestra juventud es la corrección política, el que les queramos filtrar todo de la vida, y que sus castos oídos solo oigan lo que es correcto y que sus tiernos ojos vean solo lo que es correcto. Estamos formando una generación de inútiles.

    • Marta
      Marta 6 junio, 2017 at 14:43 Responder

      Gracias por tu comentario. En realidad no queremos censurar a nadie, ni a los creadores ni a nuestros lectores, por eso admitimos todos los comentarios, sino simplemente analizar series desde una perspectiva de género, que es una de las muchas formas de analizar una serie. Siento, pues, que percibas una forma de crítica legítima como un acto de censura. No eres el único, es algo normal para muchas personas: nos han hecho creer que la perspectiva masculina, blanca, heterosexual y capacitada es la universal y que, por lo tanto, es la vara de medir de la calidad artística. Por ello, es complicado ver el mundo desde otros puntos de vista. Desde aquí te animamos a que nos leas para que explores las posibilidades de estos nuevos enfoques. Por ejemplo, te recomendamos la serie “Master of None”: es una serie de gran calidad, el protagonista es un hombre y las representaciones de las masculinidades y feminidades son de lo más innovadoras. Saludos.

      • Leandro 13 abril, 2018 at 01:19 Responder

        Que bueno que recomiendes la serie del abusador Ansari. Es un paso adelante para integrar a los abusadores en la sociedad y dejar de condenarlos como se está haciendo en todo el mundo

  3. Carlos 1 enero, 2018 at 17:48 Responder

    Bueno, que digo, me gusto mucho la serie Merli
    Pero lo que no me gusto, es que no hay diversidad de razas. Al parecer los estudiantes negros no tienen problemas o bien son invicibles. Creo que la discriminacion por raza es el mega problema de los jovenes y una problematica importante de tomar
    La serie ubiera sido mas que majestuosa y hubiera tracendido, si los escritores que de plano no son negros y por ello su vision se quedo corta.
    Espero que en una siguiente temporada se aborde
    El tema racial, ya que puede ayudar a muchos jovenes en esas dificultades. En las ecenas aparecen 2 o 3 estudiantes negros, y es impodible que en un aula a esta minoria y tan notoriamente diferentes alnresto de canchitos, no se compare o se diga nada de los negros.
    Ahora yo no soy de raza negra Soy latino.
    Pero igual seria discriminado por mi raza ante tanto canchito.
    Bueno la serie me ha gustado. Solo espero que sea mas coherente con la vida estudiantil de los jovenes y sus problemas ya que el punto de partida de la serie es situarnos en situaciones reales y la discriminacion por raza es la primera. Por lo que al bo tomarla.dice mucho de la produccion o bien bo se atreven o les hace falta escritores

  4. Bauti Rímini 13 enero, 2018 at 14:30 Responder

    Totalmente de acuerdo con Gabriel:
    “¿y por qué una serie debería balancear los personajes relacionados al feminismo o dar mas o menos enfoque a un tema en particular para ser políticamente correcta?, ¿porque la serie tiene que ser como ustedes quieren que sea para ser adecuada?”

  5. Felix 2 febrero, 2018 at 16:37 Responder

    He leido tu articulo, porque queria saber opiniones sobre el personaje de Quima, y sinceramente me ha decepcionado lo que he leido, tu critica despiadada a toda la serie y sus personajes. Muchos párrafos dedicados a lo que tu consideras de como o que manera deberían tratarse los personajes y situaciones. Y porque no lo haces tú?, que sabes de television?, porque no te preguntas mejor porque se tratan de esa manera los temas?, y entenderas que no se hacen los programas o series de acuerdo a tu vision, sino a tratando de llegar a todos, porque te olvidas de la diversidad de pensamiento. Y tod@s es un concepto inmenso. Demasiado “castrador” tu artículo. Pero como dice el dicho, “tus palabras dicen mas de ti que de lo que o quien hablas”.

  6. Verónica 6 febrero, 2018 at 04:37 Responder

    A mi me encantó la serie en ambas temporadas. Creo que lo valioso de Merlí es, precisamente, que no es un tipo perfecto, sino todo lo contrario: es cínico, inmaduro, algo misógino y contradictorio como lo es la propia humanidad. No es un puñado de virtudes; lo rescatable de él, y de la serie en general, es que Merlí, tendrá muchos defectos, pero sabe conectarse con los adolescentes y, a partir de eso, la serie permite acercarte a las diversas problemáticas de la juventud y de la sociedad en general. Yo la disfruto así, como es, sin intelectualizarla tanto pues considero que no es la pretensión de la serie. Disfruten las actuaciones que por cierto son muy buenas. La mamá de Merlí es genial. Saludos

    • Laura 3 marzo, 2018 at 00:37 Responder

      Remarco que me ha parecido bastante interesante la nota. También me ha gustado la serie y he disfrutado de las actuaciones. Claro que Merlí no es un tipo perfecto, concuerdo en que es “cínico, inmaduro, algo misógino y contradictorio” pero discrepo en esa frase ” como lo es la propia humanidad”…No naturalicemos tanto o más bien hagamos lo contrario, como proponen disciplinas como la sociología, la antropología y obviamente la filosofía. Merlí, como bien decís, nos acerca a “problematicas” de la juventud y la adolescencia pero no olvidemos que esas problemáticas son construcciones culturales (de hecho las categorias “adolescencia” y” juventud”, también lo son) y lo mismo corre para la forma en que son abordadas. En fin, creo que muchos disfrutamos la serie y por ello mismo, nos gusta analizarla. Tal vez sentimos que ciertas actitudes o diálogos evidenciaban relaciones de poder legitimadas, algo que además puede resultar curioso viniendo de un personaje como Bergeron, que le encanta cuestionar, discutir e incomodar. Sinceramente desconozco el propósito de los creadores de la serie, pero eso no quita que no podamos ir más allá de eso y ver qué nos muestra de nuestra propia cultura.
      Saludos desde Argentina

  7. Rael 14 febrero, 2018 at 16:35 Responder

    Me parece una crítica fantástica de principio a fin. No pude durar más de dos cápitulos de la serie, pues me resultaba revolucionaria de pacotilla, con un problema de Gary Stu tocho al girar todo en torno a Merlí, no haciendo al personaje respetable y admirable si no haciendo a todos los demás directamente impresionados con las primeras dos frases de mierda que escucharan de él. Además de cliche y sin puta idea a la hora de tratar la pedagogía. Y ahora me alegro aun más, el mero hecho de que la profesora de 27 con novio semi-serio no le mandara a la mierda en el momento que Merlí se le acerca a “ligar” ya me resultó malrollista y las proximas escenas de conversaciones y el como le sale al final la jugada darían miedo si el guión no lo hubiera escrito como que la profesora cae rendida a sus encantos; pero después de encima leer toda tu crítica Dios santo que basura de serie, no merece ver la luz del sol tal creación.

    • Iñaki 3 marzo, 2018 at 07:25 Responder

      Si no te gusta Merlí tenés la versión femenina llamada “Rita”, que se encuentra en Netflix. Creo que no hay que quedarse con lo novelesco de la serie sino con lo esencial de ella, que son los temas de filosofía, dados para reflexionar. Pero depende de la sensibilidad de cada uno y a qué está enfocada.

    • Wara 21 abril, 2018 at 03:59 Responder

      Me pasó exactamente lo mismo. que se plantee como “rebelde” poner incómoda a tu compañera de trabajo y luego ser condescendiente y paternalista con ella cuando te pone los puntos me la re bajó. No es rebelde, es lo más normal del mundo y pasa todos los putos días. De hecho, el planteo de que un viejo se sienta con derecho a sugerirte con quien tenés que coger, o que te diga que necesitás a alguien experimentado, como si un clítoris fuera un instrumento dificilísimo de manejar, es un tropo cansadísimo, es de viejo verde, y sí, es machista.
      Y para mí hay estereotipos sobre la docencia en la serie. No es muy innovador salir del salón. Hay cantidad de propuestas pedagógicas que plantean salir del salón, o hablar mientras estás en movimiento. No parece que el grupo que maneja sea super demandante, están muy socializados, son dóciles, responden inmediatamente a propuestas y consignas. Una clase en la que el docente habla y los alumnos responden no es una clase antitradicionalista, aún si están caminando o si están fuera del salón. Sigue siendo una clase expositiva. Es algo que a los no docentes les parece copado sin serlo necesariamente. Son opciones que ya se barajaron mil veces en diversas teorías educativas.
      La idea vaga de que el carisma y el talento generan que los alumnos te amen y simplemente podés dar una clase hablando y eso ya es súper revolucionario es otra idea que me rompe mucho los huevos. Onda, no. Una clase hablada es expositiva. No me importa si les hablás de tú, o te hacés el que entiende a los adolescentes.
      Estaría genial ver una serie en la que se muestre por ejemplo, las formas en las que los docentes estructuramos actividades para que lxs alumnxs elaboren contenidos, investiguen por sus propios medios. Etc. Que muestre a un docente tratando de terminar de dar una consigna mientras se le interrumpe mil veces para pedir una curita, ir al baño, hacer un chiste. Que muestre las horas y horas de planificación, evaluación, reuniones de profesores. No tener materiales y pagarlos de tu bolsillo, etcétera.
      Que muestre la contradicción entre lo que los docentes hacen y dicen a solas; porque no es verdad que el docente que es “bueno” nunca dice ni piensa nada malo de un estudiante. El docente bueno es el que puede decir y hacer lo que conviene para sus estudiantes mas allá de lo que te tironea, desgarra y demanda la profesión docente.
      Yo hoy tuve que separar a cuatro pibes que le pegaban patadas a un quinto pibe que estaba en el piso. Conseguí que se separaran y tuvieran una conversación en la que se explicaron por qué estaban peleando y se pidieron perdón. Tipo hablaron de sus emociones y de lo difícil que les resulta detenerse a pensar cuando se enojan. Lo conseguí con un grito (Paren!) y una charla (Porqué hacen esto? Les parece justo pegarle a uno que está cáido? blah blah blah). Ahora, se piensan que en el fondo de mi alma, cuando les hablaba, no los quería cagar a puteadas? Piensan que cuando llegué a casa narré esta historia refiriéndome a ellos como adorables jóvenes? A los pibes los amamos pero cuando se lastiman los queremos re cagar a puteadas. Lo que nos hace aptos para la profesión es que podemos no hacerlo y actuar desde lo que conviene para resolver la situación, no que sólo sentimos por ellos un pozo de comprensión y de calma inacabable y sólo pensamos cosas dulces y bonitas y creemos que somos los mejores amigos de los alumnos.
      En resumen, no me la pude fumar a la serie.
      Lo peor es que tengo compañeros docentes super tradicionalistas y nefastos que recomiendan Merlí. Te dicen que es sobre un profesor “poco convencional”, “rebelde” y “especial”. Creo que el hecho de que a los docentes tradicionalistas les parezca que es rebelde es una muestra de lo convencional que es en el fondo.

  8. Frank 20 febrero, 2018 at 13:21 Responder

    Son personajes de una serie, y cada uno está bien perfilado, las actuaciones son muy buenas, me vi las tres temporadas y me encantaron. El personaje de Merlí, no es machista, y la serie tampoco lo es. Son personajes con características muy reales, todos los personajes tienen defectos y virtudes, al fin y al cabo en lo personal, el personaje principal no es solo Merlí, sino los alumnos… Cada uno de ellos ayuda a relatar la sociedad tal como es… o por lo menos ese es el intento de la serie. Y no dejar un mensaje o enseñanza. Una película, obra teatral o obra literaria (novela), perdería sentido si es creado para dar un mensaje, o intentar revolucionar mentes, ese arte se hace para simplemente entretener o sea contarnos una historia y ya, es mas ni siquiera es una serie filosófica, y eso no la vuelve mala, al contrario, lograron añadir la filosofía en un contexto cotidiano lo cual lo vuelve apto para todo joven y sin ser un serie que intente cambiarte de idea o enseñarte algo nuevo, logra dejarte un buen sabor y enseñarte mucho.

    • Laura 3 marzo, 2018 at 01:16 Responder

      Merli y los estudiantes son los protagonistas. La serie termina cuando él muere, pero tambien termina cuando ellos finalizan el último año de secundaria; es algo simbólico.
      La serie muestra a la sociedad como es, sí. Eso es lo que hace todo producto cultural, nunca va a estar desprendido de la cultura de la cual sale. Yo no reduciría el arte a algo que simplemente cuenta una historia para entretener, el arte también nos increpa, nos incomoda, nos hace pensar en cómo interpretar aquello que vemos, leemos o escuchamos. Hay mensaje/s….que coincidan o no con la intencionalidad del autor, es otro tema.
      No es una serie filosófica ni educativa pero dice muchísimo sobre educación y filosofía, entre otros temas. Además, la serie muestra ciertos valores, Merli de hecho les enseña y remarca a los estudiantes el respeto a la diversidad, por ejemplo. El tema es que les da herramientas para cuestionarse el orden establecido, sin ir demasiado a fondo, por eso termina reproduciendo y/o legitimando estereotipos, relaciones de poder, etc.

  9. Javiera 20 febrero, 2018 at 19:41 Responder

    Hola! me ha encantado el artículo, demasiado bueno y es lo que yo me cuestionaba también mientras la veía, absolutamente todo. Espero que hagan uno también de la tercera temporada que ya salió, sigan así!

  10. erica 2 marzo, 2018 at 19:22 Responder

    Hola, aquí desde argentina; la verdad creo que con este tipo de articulos, el feminismo esta pronto a vencer! no leo nada mas revolucionario desde el manifiesto comunista!, vamos chicas que estan cerca!. Igual, la ansiedad de cambio traducida en un sufrimiento constante por todo loq ue nos rodea, es un poco mal llevada. suerte cambiando el mundo!. yo voy a ver netflix y ayudar a la gente que no tiene para comer!

  11. sandro 6 marzo, 2018 at 21:57 Responder

    Respeto la critica que vos realizas, pero te cerras tanto en el “machismo” de la serie, que es enfermizo de tu parte…merli es un promiscuo, pero las profesoras NO dicen que No. Tipico de las mujere histericas…les molesta que las miren, pero se ponen el tanga mas chiquito que encuentran y se empecinan para que los hombres las miren…ese jueguito de “mirame, deseame..pero no me toques”. ..ver machismo por donde no lo hay. jajaja

  12. merlin 10 marzo, 2018 at 20:15 Responder

    Un desastre esta critica, patetica, sumada a la imposicion por la fuerza de la ideologia de genero que es falsa y hace agua por todos lados. Hay dos sexos, femenino y masculino, si no les gusta porque se odian a ustedes mismos es problema de los trastornos mentales de cada uno. Yo me puedo creer una ballena azu con poderes mutantes y eso no hace que de verdad sea una. Con ese criterio también me puedo creer el rey del mundo y obligar a todos que lo acepten porque tengo libertad de creerme cualquier cosa, no el mundo y la realidad no funcionan bien asi.

  13. Jorge 11 marzo, 2018 at 04:22 Responder

    Hola, me gustaría leer un análisis de la serie Rita. Por favor, si alguna vez lo hacen me gustaría que me lo comunicaran por correo. Saludos.

  14. Francisco 18 marzo, 2018 at 20:31 Responder

    Me ha gustado mucho la critica de la 2da temporada. También confieso que me gusta la serie, por eso termine las temporadas 1 y 2, y veré la 3ra.
    Me ha gustado la serie, por un lado, por el personaje de Merlí, alguien irreverente, sin pelos en la lengua para decir lo que piensa, y que genera una disrupción en ese Instituto a partir de su peculiar metodología pedagógica. Por otro lado, siendo profesor de filosofía, también me agrada que se aborden temas filosóficos en cada clase. Además, presenta un mundo adulto, no como contraposición del mundo juvenil, ya que dista de ser perfecto y modelo a seguir. Los adultos son personas con conflictos, imperfecciones, que hace que uno los comprenda o empatice con ellos.
    Ahora bien, que me guste la serie no implica que no pueda ejercer una mirada crítica sobre la misma. Confieso que llegue a este sitio al buscar una critica de la 2da temporada por la muerte ridícula de “La Coralina” y quería saber si a alguien más le genero sentimientos encontrados ese desenlace. Efectivamente, dicho desenlace me pareció muy caprichoso aunque no haya sido un personaje estimable, creo tenía para dar y su muerte fue como un “este personaje genera ruido al personaje de Merli, mejor saquémosla de encima y listo”
    Como decía, me ha gustado encontrarme con este sitio, que explica muy bien cuestiones que me sonaban, pero no terminaban de corporizarse en ideas concretas. Releí la primer critica, y me gusto, sobre todo, la idea de que “los espectadores son capaces también de abordar críticamente los contenidos televisivos, reapropiándoselos activamente, y establecer un diálogo fructífero con el medio televisivo”
    El ejercicio critico implica salir de la zona de confort, y entiendo ese genere muchos rechazos. (como se leen en algunos comentarios propios de “trolls”). Estoy de acuerdo en muchas cosas que se mencionan aquí, diría que la gran mayoría, y en otras disiento. Pero allí me parece radica lo enriquecedor de la ocasión, discutir, debatir, no es algo negativo, todo lo contrario. Siempre y cuando el tono no sea de imposición sino de dialogo.
    Creo que la serie no solamente intenta representar una realidad plausible, aunque ficcionada, sino que también cae al ser espejo de aquella sociedad a la cual, más luego, el personaje de Merli critica con saña en sus clases. Efectivamente, la serie tiene sesgo machista, porque la sociedad en la cual se inscribe es machista, y por más transgresora que intente ser (por incorporar temas como la homosexualidad, y sus vertientes -Oliver # Bruno- la transexualidad o critica al modelo binario). Aunque al contrario de lo que comento una chica más arriba, que esto sea así, no implica que DEBA seguir siendo así. De hecho, eso explica Merli en alguna de sus clases.
    No obstante, coincido con un comentario de otro lector que menciona que los hombres, a pesar de tener mayor presencia e “historia de fondo” tampoco quedan bien parados. Tenemos a un niño mimado egocéntrico, un tipo que no para de cagar las situaciones (roba a su amigo, usa a las mujeres, se acuesta con la madre de un amigo, etc.) otro que es un celoso manipulador, ¡y Merli que rompe todos los moldes! Si me hubiera gustado saber más sobre las vidas de las chicas, que me imagino tienen mas cosas por contar y metas por cumplir que ser el objeto de deseo del plantel masculino.
    Me gusta la serie, me gusta los temas que aborda, tal vez no la forma. Pero valoro que se preste aunque sea al interes de ejercitar la crítica. Y de eso modo, aprender otras cosas que en la serie no estaban planteadas, como lo que se explica en esta página.
    Espero ver la 3er temporada, no creo que se modifique mucho su enfoque, pero la veo y después los leo.
    Abrazo, y gracias por tan buena nota!.

  15. ivan 30 marzo, 2018 at 22:22 Responder

    Hola. Muy buen artículo. Pero al margen de la perspectiva de género hubiera sido muy interesante que hubieses tratado el problema que denominaría “EL PADRE DE POL” ¿es casualidad q la única persona que habla en castellano tenga un padre tan inculto, pobre y rancio; que tengan la peor casa con muebles espantosos, que el pobre sienta q su hijo se avergüenza de él ¿Es un reflejo de la realidad Catalana, la de “els altres catalans” o pura manipulación en el marco del “procés”

  16. Mauricio 3 abril, 2018 at 06:35 Responder

    Me encantó tu análisis!! Justo acabo de terminar de ver la 2da temporada y estoy fascinado con la serie. He aprendido mucho y reflexionado sobre muchísimas cosas pero definitivamente no me había dado cuenta de esos pequeños detalles que pasan inadvertidos respecto a cuanto conocemos de los personajes hombres y mujeres. Definitivamente, este es un análisis que invita a ver esta serie de manera mas crítica e incluso poder disfrutarla más al llegar a conclusiones extra de las que la propia serie induce. Ahora que voy a empezar la tercera temporada, estaré poniendo atención a estos detalles. Muchas gracias!!

  17. Escri 9 abril, 2018 at 23:24 Responder

    No leí todo el artículo; es más, leí sólo los dos o tres primeros párrafos. Igual con los comentarios: leí algunos a favor y otros en contra del contenido del artículo, Pero todo eso es lo de menos,
    Lo que realmente importa es responder a la pregunta: ¿toda obra de artística -especialmente literaria o audiovisual (teatro, cine, tv)- debe tener un contenido “ideológico” explícito? Obviamente, ninguna obra artística deja de tener contenido ideológico. Entonces, quizá sea mejor reformular la pregunta: ¿el artista, debe NECESARIA y EXPLÍCITAMENTE, al realizar una obra definirse sobre algún aspecto “ideológico”?

    Si la respuesta es “sí”, sugiero empezar a quemar todos los ejemplares del Quijote.

  18. Nacho 18 abril, 2018 at 15:13 Responder

    Hola, me gustó mucho tu artículo. Te hago una consulta, no te parece que hay alguna cuestión técnica con la fotografía, algún ajuste mal hecho -o hecho desde cierta concepción racista inconsciente- que hace que los rasgos de la chica negra por momentos no se distingan bien? Alguna vez leí que para balancear los tonos de las fotos, los fabricantes de film habían tomado como norma a personas de piel clara…

  19. Gabriel 24 abril, 2018 at 05:48 Responder

    Critica interesante que me hizo notar muchas cosas a las que no habia prestado atencion, pero le he notado varios errores. Alguno de ellos:
    Decir que se acepta el maltrato de Ivan a sus compañeros cuando se critica explicitamente (Oliver se lo recrimina y le compara con lo que el ya ha sufrido antes)
    Decir que se naturaliza el culpabilizar a las mujeres por su vestimenta cuando se plantea desde el personaje rancio conservador
    Decir que a las mujeres se les intenta dejar como ‘malas madres’ por mostrar sus complicaciones cuando en la mayoría de las situaciones representadas es el hombre el abandonador o el abusivo (incluso en la anterior critica decían que esto también era machista)
    Específicamente decir en el caso de la madre de Joan que el que se sienta culpable por su hijo es “mostrarla como mala madre” cuando en esa situación familiar la critica es siempre hacia el padre y a ella se la muestra tambien como victima al igual que al hijo y como la parte comprensiva con la que se puede hablar
    Decir que a Tania se le intenta dar un rol materno por ayudar al hermano de Marc cuando es este el que se ve obligado a asumir un rol totalmente paterno que no le correspondería
    En la nota de la primera temporada critican que cuando Berta se enrolla con Marc sea mostrado como una traición a Tania sin nombrar en ningun momento la cosificacion del hombre como algo que puede ser una propiedad a respetar, tal como si se ha hecho ahora con lo de la madre de Ivan.

  20. Anabel 30 abril, 2018 at 07:21 Responder

    Hola. Me ha gustado bastante tu reflexión. Algunos de los puntos que comentas, como la diferenciación por género respecto a la profundidad en el tratamiento de los personajes y su vida fuera del aula; el doble discurso en torno a la maternidad de Oksana; la personificación de la violencia en el noviazgo por parte de Joan; el tratamiento de la homosexualidad desde una perspectiva únicamente masculina; la cosificación de Miriam y Bertha como mujeres propiedad de Iván y Pol; y el tratamiento superficial en torno al personaje de Quima, quien, me parece, da en el clavo cuando afronta a Merlí al decirle que sus actitudes hacia ella no hacen más que evidenciar que éste la sigue percibiendo como un hombre vestido de mujer. De otra parte, también me haz hecho pensar en cuestiones en las que no había reparado, como en el doble rol de Coralina como hija buena y madre mala y la empatía que esto generó en el público, así como en el papel de las “malas madres” por todos lados esbozado para justificar carencias de los personajes masculinos. Ni qué decir de cuestiones más locales, como el uso del idioma (soy de México y por acá miré la serie en castellano, por lo que no me percaté del uso del catalán, por ejemplo, ni de las implicaciones que esto tiene para dar una segunda lectura a la serie y lo cual me parece por demás interesante). Me gustaría leerte nuevamente en un análisis como este en torno a la tercera temporada, que por ahí hay una maestra de historia en cuyo personaje, de nuevo, no se termina de profundizar y que viene más bien a reivindicar el rol de la mujer villana de la serie. Además de continuar con un tratamiento superfluo en torno a Quima. Por tu escritura crítica, muchas gracias. Y a quienes han criticado tus argumentos, defendiendo la independencia del quehacer artístico frente a cualquier perspectiva ideológica, yo les diría que no todas las manifestaciones artísticas son arte y que el arte, para que lo sea, tendría además que plantear una postura crítica y de denuncia social, es decir, nunca despegarse de su sentido humanista y de la defensa de los Derechos Humanos y del respeto a la vida, en cualquiera de sus manifestaciones. Si en el análisis del discurso de cualquier expresión artística encontramos una contraposición a estos temas, no hablamos pues, de arte como tal. De nuevo miles de gracias por tan juiciosa escritura.

  21. David 4 mayo, 2018 at 01:45 Responder

    He visto la serie en Sudamerica, obviamente en esta latitud las diferencias sociales aún están en etapa prehistórica y ni que decir el feminismo. No obstante, creo estas críticas muy lapidarias. Me he sentido muy identificado con esta serie. He cursado el colegio en un esquema muy parecido inclusive en la configuración de personajes y desarrollo de guion y puedo decir que TODO gráfica de manera MUY REAL lo que viven los adolescentes. En síntesis es muy REAL. Elementos como animarse a salir del closet y el hecho de tratar de ocultar la maternidad prematura, la amargura de una profesora enemistada con la vida por frustraciones personales son situaciones al orden del día. Creo que no sobra ni falta nada a esta serie que me hizo reír, pensar, llorar, emocionar, soñar y mas sensaciones. ME ENCANTO!!!!!

  22. Luisa 14 mayo, 2018 at 14:17 Responder

    Hola!!

    Me ha encantado tu nota. Aunque la serie me guste mucho, todas las observaciones hechas vienen perfectamente puestas y me parece una crítica importante!

  23. Ana 21 mayo, 2018 at 06:21 Responder

    Es increíble lo que hacen con las mujeres en esta serie.. hace bien tener una serie que planteé dudas serias a los adolescentes, pero el papel de la mujer en la serie sigue siendo principalmente el del objeto de atracción. Hasta cuándo Ivan se enfada con su madre está poseyéndola, le llama puta, es tremendo.

  24. Ana 21 mayo, 2018 at 06:25 Responder

    Es increíble porque además su madre acaba pidiéndole perdón a él y jurándole y perjurándole que no volverá a liarse con Pol .

  25. Manuela 25 mayo, 2018 at 19:01 Responder

    Hay muchas observaciones importantes en esta nota, pero creo que si una serie o una pelicula presenta una situacion no necesariamente es porque concordan. Por ejemplo, a mi me parece que la represión moralista que Coralina dedica a Berta es visto como algo negativo en la serie. Además, la arte es una representación de la vida. Aun que si puede usar el espacio para discutir temas (como Merlí o hace en muchas ocasiones), no si puede esperar que no mostrem los papeles de genero que son (todavía) una realidad.

    Pero si, hay pocas mujeres fuertes en la trama y es verdad que la historia familiar de las alumnas no es mostrada. La madre de Tania solo aparece en la ultima temporada. A mi me incomoda también la envidia y control que todos los alumnos hombres tienen en relacion a sus madres, no aceptando que tienen vida sexual activa y otros interés que no la familia.

    Al fin, me gustaría apenas de acuerdar el brillante papel de Carmina, la madre de Merlí. Para mi una de las mejores personajes: auténtica, divertida y reconocida en su trabajo.

  26. Lea 29 mayo, 2018 at 17:47 Responder

    La razón por la que el feminismo no avanza es porque las mujeres son incapaces de llevarse bien entre ellas. Y cada vez que leo artículos de este tipo menos creo esa premisa de que buscan la igualdad de género.
    Tampoco entiendo qué fue lo que estuvo viendo, que yo recuerde cada vez que se cuestionaba su sexualidad pol pedía que no lo etiqueten.
    Una de las cosas que más me gustó de la serie era que tenía de todo, si está bien o mal “desarrollado” es subjetivo, cada persona tiene gustos diferentes y cada uno decide si la serie lo vale o no.
    Eso de que definan como tiene que ser una sería ya harta. La serie será lo que el creador quiere que sea, si a usted no la convence, cree su propia serie.

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