Max y Furiosa

Max, Furiosa, agresividad y vulnerabilidad

En el universo distópico de Mad Max: Fury Road absolutamente todo se considera objeto de tráfico y posesión. La gasolina, las armas y el agua son motivo de combate, así como los propios cuerpos humanos. Bajo la tiranía de Immortan Joe, los hombres son criados como guerreros y, las mujeres, como úteros al servicio de la guerra misma. Se trata de una cultura de la guerra que lleva la masculinidad estereotípica al extremo tóxico, tanto de forma metafórica como literal, ya que sus víctimas -los llamados War Boys (Chicos de la Guerra)-, sufren en su cuerpo la toxicidad de su entorno. La economía política es la única regla y cualquier cuerpo capaz de producir es deshumanizado y puesto al servicio de la guerra.

La construcción de la agresividad 

George Miller se aferra en esta película más que nunca al principio básico de la distopía: el despertar conciencia a través de la exageración. Así, llevando al extremo las prácticas asociadas a la masculinidad violenta (la agresividad, la cultura de la guerra, la objetivación de cuerpos, etcétera) se consigue desnaturalizar su origen. Siguiendo la teoría de género de, entre otros, Judith Butler, si partimos de la idea base de que el género no es más que un conjunto de prácticas sociales multifacéticas y nada tiene que ver con lo natural, las representaciones que consiguen por su exceso deconstruir el género y mostrar los mecanismos que lo constituyen pueden convertirse en subversivas.

La exageración en la performatividad de la masculinidad nos es útil para identificar y señalar los espacios en que se produce la toxicidad y la agresividad. En otras palabras, Mad Max presenta el comportamiento de los War Boys como algo extremo, pero a su vez nos recuerda que es sólo una hipérbole de algo que sí que está presente en nuestra cultura y en nuestras construcciones de género, como es la relación naturalizada entre masculinidad y agresividad. Esta relación por definición excluye la vulnerabilidad de la ecuación, ya que precisamente la violencia se construye explotando la vulnerabilidad del otro.

En el cine, como en la sociedad, el género se construye a través de la distribución desigual de la vulnerabilidad. Así funcionan las convenciones del cine de acción clásico: personajes masculinos invulnerables y personajes femeninos vulnerables que necesitan ser salvadas. Este desequilibrio, irónicamente, es necesario para el equilibrio del propio sistema de género. Para poder seguir viéndolo como algo natural es necesario reducir la vulnerabilidad a un atributo femenino y la invulnerabilidad a un atributo masculino[i].

Las vulnerabilidades de Max y Furiosa

¿Y qué tiene esto que ver con Mad Max? Principalmente que, si algo tiene de subversivo la película, es que rompe esta norma en la construcción de sus coprotagonistas. Tanto Max como Furiosa son personajes basados en su calidad de vulnerables. La historia de Mad Max (a lo largo de la saga) no es otra que la de su pérdida progresiva de todo lo que posee, tanto físico como mental. En Fury Road, Max llega como un personaje hueco, pasivo, prácticamente subhumano -vale con ver la primera escena de la película para percibirlo-. Su arco en la película consiste en reconstruirse a sí mismo, recuperar la humanidad de la que se le ha ido despojando, y la forma de hacerlo es a través de la empatía y la cooperación.

Furiosa, por su parte, tiene un pasado similar: fue arrebatada de su comunidad de pequeña, perdió a su madre y todo lo que conocía para ser integrada en un sistema que la explota como cuerpo. Como personaje, debe buscar la venganza y el retorno a los principios de su comunidad. Si bien ésta ya no existe como lugar, la puerta queda abierta a su reconstrucción en la propia Citadel tras los hechos de la película.

El duelo y la unión

Ambos personajes han perdido algo y a alguien, y su duelo se une en un punto crucial de la película, la muerte de Angharad, que funciona como punto de giro exactamente a mitad de la película. La pérdida en común consigue unir a Max y Furiosa, así como al resto del grupo, para realmente cooperar y luchar juntos.

La película es de una complejidad metafórica sorprendente, pero hay un par de escenas que son útiles para ilustrar esto, precisamente aquellas en que Max y Furiosa se salvan la vida mutuamente. En la última persecución entre el grupo y Immortan Joe, Max cae del capó del camión y es salvado por Furiosa, que le agarra a tiempo. Visualmente, el momento funciona como metáfora perfecta de la unión a partir del duelo: Furiosa utiliza su brazo protésico para sujetar a Max, justamente de la prótesis de su pierna.  Las pérdidas corporales, muestra evidente de su vulnerabilidad ante la violencia del entorno en el que han sido forzados a vivir, se convierten en punto de unión física y metafórica entre ambos personajes. Se repite una situación similar unas escenas después, cuando Furiosa es herida y Max le transfiere sangre para salvarla. La vía es precisamente el instrumento que el régimen de Joe había tomado para objetivar su humanidad y utilizarle como bolsa de sangre, aprovechando que es donante universal. Max recobra así su propia vulnerabilidad humana, para unirse de nuevo con Furiosa y salvarle la vida.

Ambos personajes siguen caminos paralelos, que van del duelo a la reapropiación de la vulnerabilidad como herramienta subversiva. Por otra parte, Miller trabaja para desnaturalizar la relación entre masculinidades y agresividad con los War Boys, a la vez que, dándole el arco protagonista al personaje de Nux, uno de ellos, apunta la posibilidad de redención de éstos. En conjunto, la película deconstruye los tópicos de género comunes en el cine de acción, no necesariamente elevando a Furiosa a la categoría masculina como si de un plano superior se tratara -error común al crear los llamados ‘personajes femeninos fuertes’-, sino haciendo devenir a ambos como personajes vulnerables que necesitan al resto para reconstruirse a sí mismos.

[i] Para entrar en profundidad en la teoría de la distribución de vulnerabilidad, es recomendable leer el volumen editado por Icaria que recoge las reflexiones en torno a la violencia de Judith Butler y Adriana Cavarero [Saez Tajafuerce, Begonya, ed. Cuerpo, Memoria Y Representación: Adriana Cavarero Y Judith Butler En Diálogo. Barcelona: Icaria, 2014.]

Imagen principal: promocional de la película.


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Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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