El Merlí fent classe. Imatge del capítol 4 de 'Merlí', Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals.

Machismo y estereotipos de género en 'Merlí'

Esta publicación se ha escrito conjuntamente con Eric Arnau, filósofo

La forma en la que se tratan los temas relacionados con el género en la televisión es importante. Definir con precisión qué tipo de influencia tienen los medios de comunicación en la sociedad es uno de los temas centrales de las ciencias de la comunicación, y aunque no es en absoluto una cuestión cerrada, el acuerdo es casi universal a la hora de admitir que algunos contenidos pueden afectar negativamente a los espectadores. En el caso de la televisión, es evidente que contribuye de alguna manera a transmitir y asentar determinadas normas sociales, aunque estudiosos de los medios y de la llamada "cultura fan", como Henry Jenkins III, hace tiempo que destacan el hecho de que los espectadores son capaces también de abordar críticamente los contenidos televisivos, reapropiándoselos activamente, y establecer un diálogo fructífero con el medio televisivo. Este tipo de conductas han tendido a aumentar con la aparición de otras herramientas comunicativas, como Internet.

Quizá es precisamente por esta razón, porque la opción de abordar críticamente los productos televisivos existe, que desanima ver el recibimiento acrítico que tienen determinadas emisiones. Es el caso de Merlí, la última serie de éxito de TV3, que se ha situado como líder de audiencia y próximamente será emitida en España. La serie, en emisión desde el pasado septiembre, se centra en la vida de un profesor de filosofía de secundaria, Merlí Bergeron, sus interacciones laborales, sentimentales y familiares, y las de sus alumnos y compañeros. Si bien es habitual que productos de entretenimiento televisivo sean duramente criticados, Merlí ha sido recibida muy positivamente, no sólo por la calidad de la producción y de las actuaciones, sino por tratarse de una serie con un cierto contenido cultural y con un protagonista que se dedica a la enseñanza. Para algunos, la serie viene a dignificar el mundo de la enseñanza en general y el de la filosofía en particular, bastante maltratados en el imaginario popular. Por desgracia, esto parece estar enmascarando algunos de los aspectos negativos de la serie, y en especial el hecho de que transmite un mensaje claramente machista.

Uno de los aspectos relevantes a observar en una ficción televisiva desde el punto de vista del género es qué retrato hace de las realidades sociales que aparecen. ¿Qué ámbitos aparecen representados? ¿Cuál es, de acuerdo con la serie, el papel que la mujer juega en estos ámbitos? ¿Qué nivel de presencia femenina hay en cada uno de ellos? En un primer vistazo a las fotos promocionales de la serie, como la que ilustra la noticia sobre su emisión en el Estado español que hemos enlazado anteriormente, llama la atención la desproporcionada presencia masculina (10 a 3). En el mejor de los casos, esto solo ya sería preocupante en la medida en la que limita la diversidad de personajes femeninos. Veremos chicos de todo tipo, mientras que en cuanto a las chicas se refiere nos tendremos que conformar con una muestra reducida. Desafortunadamente, Merlí está lejos de ser el mejor de los casos. Las mujeres no sólo están infrarrepresentadas entre los alumnos y profesores (y sobrerrepresentadas en el ámbito familiar): peor es la manera en la que los personajes femeninos y las interacciones entre hombres y mujeres están representadas.

El ámbito profesional

El Merlí fent classe. Imatge del capítol 4 de 'Merlí', Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals.

Merlí dando clase. Imagen del capítulo 4 de 'Merlí', Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals.

A efectos de personajes, el equipo docente del IES Àngel Guimerà cuenta con cinco hombres y tres mujeres. Pero los hombres no sólo son mayoría, sino que parecen tener también el monopolio de la función docente. La figura protagonista del profesor de filosofía, Merlí, a quien vemos dar clase y en general velar por sus alumnos de manera presuntamente refrescante e inspiradora, contrasta torpemente con la del profesor de catalán, que es una caricatura de profesor gris, petulante y pasado de moda. Arbitrando en los diversos conflictos que van apareciendo tenemos a Toni, el director del centro, al que vemos cómo intenta gestionar la situación. Incluso a Santi y Albert, los otros dos profesores, los vemos dar clase, aunque sea de forma testimonial, y afrontar las dificultades que entraña su trabajo.

A ellas, en cambio, no. A ellas las vemos hacer fotocopias y apoyar alguna de las opiniones impulsadas por un hombre cuando aparece alguna controversia en la sala de profesores: eso es todo lo que vemos de cómo desarrollan su profesión. La manera en la que los profesores masculinos encaran y desarrollan su profesión es parte de su identidad como personajes. En cambio, de las tres profesoras, una tiene un papel totalmente intrascendente a lo largo de la serie, auspiciado quizás por el hecho que dedica su primera (y casi última) intervención a anunciar que está felizmente casada con el profesor de castellano. Las otras dos, Laia y Mireia, sí tienen un cierto peso en la historia, pero no viene definido por cómo hacen de profesoras o por su manera de interactuar con los alumnos, ya que esto la serie no nos lo enseña en ningún momento. Lo que las define es que ambas serán objeto de deseo de dos de los personajes masculinos. Es difícil no preguntarse si el hecho de que estos personajes sean femeninos responde tan sólo a eso, a la necesidad de dotar a los personajes masculinos de relaciones románticas o sexuales.

El ámbito amoroso y sexual

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Los chicos presumiendo de sus hazañas. Imagen del capítulo 7 de 'Merlí', Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals.

Esto nos lleva al terreno amoroso y sexual. Naturalmente, en una serie de este género, las cuestiones amorosas y sentimentales vehiculan buena parte de la trama, son exageradas y aceleradas para poder atrapar al espectador sin exigirle demasiada paciencia, y casi ningún personaje se escapa de ellas. Sin embargo, en Merlí se producen dos fenómenos que ponen de manifiesto el sesgo de género de la serie.

Por un lado, las dinámicas de seducción que se muestran en la serie son eminentemente del tipo "hombre conquista mujer". Son los hombres los que tienen el papel proactivo. Ellas oponen más o menos resistencia, pero al final terminan "cayendo", o intuimos que lo acabarán haciendo. Los dos casos paradigmáticos de esta dinámica son evidentemente las dos conquistas del protagonista. Primero, Laia, a la que seduce en el primer capítulo: de entrada, le dice que es muy atractiva, y que como tal debería ir con un hombre mayor y más experimentado que su novio, que tiene la misma edad. Cuando ella le recrimina que le tire los tejos objectificándola, él le dice que él es así, que sólo muestra su admiración ante la belleza, y pese a la negativa de ella insiste en elogiar su aspecto físico, esta vez con "morritos de seductor". El segundo paso consiste en fingir haberse apiadado de un perrito que iba a ser sacrificado. El protagonista la manipula para que se haga cargo del perro, con lo que consigue que vayan a pasear al parque y que ella le abra las puertas de su casa. Una vez en su casa, y con la guardia baja, el golpe final: le recita un pasaje de Descartes en francés. Ella, claro, sucumbe a sus encantos. Un par de capítulos más tarde cortará con ella explicándole que ella lo que necesita es alguien con quien tener hijos.

La razón que corte con Laia es la aparición de Gina. La serie se apresura a puntualizar que Gina es diferente. Laia era un divertimento, pero Gina tiene potencial de verdad. Pero, sin embargo, Merlí adoptará exactamente la misma estrategia de seducción, basada en la prepotencia y la manipulación. Le propone insistentemente ir a cenar, ignorando sus negativas. Se ríe de las "excusas de ella" ("Merlí, acabo de salir de una relación ...". "Ah, ya"—burleta— "y no estoy preparada, necesito más tiempo para mí, ya me han hecho bastante daño...". "Pues sí". " Muy bien, ya nos veremos "). Exhibe morros presuntamente seductores. Ella se ríe,"Adiós Merlí ". Pero ya está en el bote, y acaba en casa de él. Él le anima a beber, y le explica que las mujeres desprenden un olor especial. Ella insinúa que quiere dejar la conversación, pero él no se lo permite, porque sabe que sólo se está haciendo de rogar. Por detrás, él le va oliendo el cuello. Y con el crescendo épico de 'El Lago de los Cisnes' ella se entrega, aún dubitativa. "¿Qué estamos haciendo, Merlí?" "Vivir, nena. ¡Vivir!".

Más allá del protagonista, sin embargo, y aún sin su particular estilo, la tendencia es siempre la misma. La antítesis de Merlí, Eugeni, somete a Mireia a una tenaz y patética campaña de seducción con importantes dosis de paternalismo. Al final ella cae. Pol había conquistado a Berta, pero ahora ya se está cansando. Bruno finalmente logra enrollarse con Pol. Gerard lo intenta varias veces con Mónica, con la colaboración de Merlí, que lo instruye en el arte de la seducción basada en el engaño. Precisamente la única situación que podría romper la norma que ellos son quienes las cazan en ellas ("los hombres somos como lobos" dice el Merlí a Gina), cuando Berta se enrolla con Marc, está presentada como una traición de Berta a Tania, más que como Berta consiguiendo tener algún tipo de relación con Marc. Tania sí quiere algo con Marc. Pero lo más parecido que le vemos hacer al respecto es cambiar de look confiando en que él se decida a tomar la iniciativa.

El otro sesgo de género sistemático en la serie, en cuanto a las relaciones sentimentales se refiere, es que son ellas las que arrastran las secuelas de relaciones que han ido mal y/o las han dejado en la situación de tener que hacerse cargo de la familia solas. Berta tiene el trauma de que Pol no la ama como ella a él, lo que la lleva a insinuar un falso embarazo para vengarse de él por haberla utilizado. Mónica tiene el trauma del ex que la acosó tras no aceptar la separación y difundió un video erótico de ella. La madre de Berta, la madre de Iván y la madre de Gerard han tenido que hacerse cargo ellas solas de los hijos. En el caso de Gina, el único en el que profundizamos un poco, sabemos que los abandonó. Lo mismo que años antes había hecho Merlí con su exmujer y su hijo. Incluso Mireia, la profe de latín, sufre por la mala relación con su marido. El tema "ellos las hacen sufrir" es omnipresente. En cambio, ninguno de los hombres parece tener problemas con relaciones fallidas. En la visión de la serie sobre el amor y el sexo, el problema de los hombres es la impotencia de no poder conseguir a quien querrían; el problema de las mujeres es otro y viene después, cuando no pueden retener el hombre con el que están o bien cuando descubren que a pesar de dejarlo ellos les siguen haciendo pasarlo mal.

El ámbito familiar

Míriam comprende que ha estado sobreprotegiendo su hijo. Imagen del capítulo 5 de 'Merlí', Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals.

Por último, fijémonos en el ámbito familiar. Enseguida vemos como la proporción de hombres y mujeres se invierte. Tenemos cinco madres y dos abuelas por dos padres y un hermano. Pero, curiosamente, la serie sólo nos enseña la vida familiar de los chicos. Vemos recurrentemente escenas familiares de Bruno, de Pol, de Juan, de Iván y de Gerard. De Tania y de Mónica, en cambio, no vemos ni una; sólo una de Berta. Aquí también, sin embargo, lo más relevante es cómo están representados los roles de género en el ámbito familiar. En este sentido, la serie cae recurrentemente en el estereotipo de las madres que sobreprotegen a sus hijos. Un mal aparentemente generalizado entre las madres de los alumnos del Merlí, y que él no deja ninguna oportunidad de señalar, ridiculizar y culpabilizar, atribuyéndolo implícitamente a algún tipo de debilidad connatural a las mujeres. Las dos madres que tienen más presencia en la serie son un ejemplo de ello. Tanto a Gina como a Miriam, la madre del chico agorafóbico, Merlí les debe "mansplicar" que tienen a su hijo demasiado mimado. A Gina se lo reprocha constantemente: "mama más de tu teta que yo". Y sus conversaciones sobre la relación con los hijos acaban de remachar el estereotipo. El caso de Miriam es todavía peor. Primero, él ridiculiza su actitud. Luego, cuando ella se asusta al ver que Iván tiene un ataque de pánico, le dice que le está sobreprotegiendo. Y lo remata en una escena climática en la que Merlí le explica a Miriam que el problema de su hijo es ella, porque le da pena. Él, en cambio, no tiene esa debilidad femenina. Para que ella reaccione, sin embargo, él la debe provocar: "¿Te has visto? Eres un alma en pena, de casa en el bar y del bar en casa". Aquí ella pierde los nervios y le suelta la inevitable bofetada. Esta es la señal que indica a Merlí que es el momento de cambiar de tono y ofrecerle apoyo moral. Refiriéndose a su aspecto físico, claro. ("Joder, si eres una tía muy guapa, te podrías comer el mundo .... Sale. Distráete. Iván se sentirá más fuerte. Y acabará viniendo al instituto"). Ella, conteniendo las lágrimas, comprende que él tiene razón.

La misoginia del protagonista

Gina sucumbe a los encantos de Merlí. Imagen del capítulo 5 de 'Merlí', Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals.

Es interesante preguntarse si es precisamente esta representación profundamente sesgada de los roles de género en general lo que facilita que la misoginia evidente en la conducta del protagonista haya pasado desapercibida o, cuando menos, no haya despertado la animadversión que merecería. Como hemos visto, la relación de Merlí con las mujeres de la serie gira en torno a dos ejes: una "seducción" basada en la manipulación y en unas exhibiciones de "seguridad" que resulta imposible no interpretar en términos de dominación, y una tendencia al aleccionamiento que, si bien no se dirige exclusivamente a las mujeres, se acentúa mucho con ellas. El hecho de que las mujeres sean representadas de una manera tendenciosa, que daría la razón, hasta cierto punto, al personaje, disimula el carácter machista de sus acciones: al fin y al cabo, parece que ellas lo necesitan, que a ellas les gusta. Pero, más allá de eso, lo que este tipo de planteamiento en la ficción consigue es reforzar normas machistas que, por desgracia, existen en la realidad, desactivando los aspectos más obviamente peligrosos y mostrándose como conductas "interesantes", propias de un personaje con el que se nos pide que empaticemos. Si tomamos distancia de este juego, la lista de normas machistas normalizadas en la serie es larga: el hombre es quien es activo en las relaciones amorosas, mientras la mujer aparece como víctima; manipular, engañar y hacer sentir inseguro al otro son herramientas de seducción válidas; menospreciar a una mujer en base a su edad, a su situación familiar o en sus preferencias amorosas es "sinceridad"; insistir en intentar "ligar" con alguien (o ir a la cama) ante negativas explícitas no es cultura de la violación, es audacia.

Una posible defensa de la serie podría mantener que no hay que confundir el discurso del personaje con el de la serie, que estas conductas son defectos del personaje. Esto queda invalidado por dos razones. En primer lugar, como ya hemos visto, el discurso de la serie es efectivamente sesgado, de tal modo que la conducta de Merlí resulta adecuada a la representación que se hace de las relaciones entre géneros. En segundo lugar, no hay ninguna duda de que la serie busca que nos guste el personaje protagonista, los defectos del cual se presentan como menores, como excentricidades que en el fondo muestran un buen carácter. El creador, Héctor Lozano, admite que ha "escrito la serie que me hubiera gustado ver cuando tenía 16 años". Y añade: "Quería que fuera una serie que retratara un mundo reconocible por todos: la Escuela. (...) Y, sobre todo, necesitaba un gran protagonista: un profesor especial, que sabe conectar con los alumnos, carismático, culto, seductor, sensible pero también con defectos, con una moral propia, y con constantes conflictos con el resto del profesorado: Merlí. Debía ser una serie que hiciera reflexionar". En esta línea, el director de la serie, Eduard Cortés, celebra haber tenido la oportunidad de "construir junto a Francesc Orella este profesor imprevisible, incontrolable, transgresor, pero a la vez extraordinariamente humano y cercano que ha creado Héctor Lozano. "

Lo más preocupante, en cierto sentido, es que ni el equipo de creadores ni el público parecen ser conscientes, a pesar de las claras ambiciones culturales y educativas de la serie, del machismo que la permea. Al contrario, la serie es percibida, aparentemente, como una retrato preciso de ciertas realidades: de la misma manera que la conducta de Merlí en la serie queda justificada por el contexto sesgado, el hecho de que en la vida real todas estas conductas y estereotipos sean comunes hace que no sean chocantes cuando aparecen en la serie. Pero el hecho de que el machismo sea, efectivamente, un problema extendido en la sociedad (y sin duda también en la educación secundaria y en la filosofía) no debería impedirnos ver qué relatos los refuerzan. La realidad es compleja y no se reduce a una posición, pero una serie adopta un discurso de forma premeditada, y debe asumir responsabilidades por el contenido de este discurso.

Andreu

Andreu

Sociólogo, filólogo e investigador en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona.

12 comments

  1. Carlos 23 abril, 2016 at 04:50 Responder

    Estoy de acuerdo contigo en mucho de lo que escribiste, pero me gustaría que me aclararas algunas cosas. No sé mucho del tema así que sí mis dudas te parecen estupidas o algo por el estilo lo lamento.
    Que la serie muestre a la mujer como objeto a conquistar es machista? Es que me parece que ser conquistado no es malo, si creo que la serie peca en el hecho de que las mujeres “caen” con facilidad con las barbaridades que les dice Merlí.
    Estoy de acuerdo completamente en que falta presencia de personajes femeninos, pero no creo que la serie sea machista por eso, dudo que se le acuse de hembrismo a sex and the city.
    Lo que dices de la familia no comprendo el punto negativo, ósea que una madre soltera trabaje en un bar y sobre proteja a su hijo, me parece bastante entendible y usual en la actualidad y que la mamá del protagonista viaje a Roma por trabajo lo encontre genial.
    Es verdad que los personajes femeninos tienen defectos, pero los masculinos igual, hay un profesor que se desquita con un alumno por enojarse con su papá, Bruno en un comienzo está empeñado en comportarse según lo que la hetero normativa señala, el profesor de educación física por alguna extraña razón al escuchar al prota cuando le dice lo que hay entre su novia y Merlí golpea a este último, sin siquiera dudar de las palabras de Bruno. Pero por sobre todos los personajes masculinos con defectos el que tiene más me parece que es el prota, es misógino, no tenía trabajo, aún vive con su madre (no sé si es defecto), la relación con su hijo era prácticamente nula, abandonó a su familia, es prepotente (odie la forma en la que le hablo a la madre del niño que se encerraba en su casa, dándoselas de psiquiatra) y un largo etcétera.
    Yo pienso que la serie tiene personajes tantos masculinos como femeninos llenos de defectos y espero que en su segunda temporadas las mujeres sean más fuertes y seguras, como también espero que los hombres remedien sus fallos.
    PD: en la serie me pareció además que deja un poco mal a los hombres, la mayoría abandono a su familia dejándole toda la responsabilidad a su esposa.

  2. yolanda 11 mayo, 2016 at 16:54 Responder

    Sr. Arnau, suscribo una a una sus opiniones. Pensé que era la única persona que veía ese machismo y misoginia insoportables, no ya del personaje principal, si no de la misma serie, como usted muy bien indica…y todo ello, recubierto con una capa de chocolate cultural que acalla la razón crítica. Increíble. Tenían una buena oportunidad de hacer algo realmente verdadero y filosófico.
    Saludos y gracias por su análisis

  3. Elena 25 septiembre, 2016 at 03:57 Responder

    Los hechos que se narran y la buena opinión de la gente fué lo que me mantuvo en creciente consternación viendo esta apestosa serie durante su primera temporada. Ya en los primeros capítulos obtuve la total certeza de que el guionista de esta machistorrada no podía ser una mujer como yo, como cualquiera. Totalmente de acuerdo con el análisis realizado de las relaciones entre adultos que se observan en la serie.
    Me llamó mucho la atención el grupo de alumnos protagonista, que solo tiene 2 o 3 chicas … ¡Y que 3!: su única relevancia es el cotilleo, la tontería y la superficialidad, hasta en la asignatura María (Filosofía), presuntamente orígen de la ciencia y de la profundidad del pensamiento humano (esa ciencia que siempre despreció y denegó a las mujeres, su alma, su intelecto, su capacidad etc, así que muy a tono con la historia) ellas parecen pasivas-tontas; sólo un alumno, chico (el más chulo bocazas) es la lumbrera en la materia, sólo ellos parecen tener algún tipo de iniciativa y autonomía, la iniciativa de ellas se cifra en estar por ellos…. (inventándose un embarazo -la muy pécora- si hace falta, !qué fuerte! ¿así ve el autor a las mujeres jóvenes?) Y a parte de la pécora, tenemos también la buenaza gorda sonrisitas que tó le parece bien, y para terminar con estereotipos, el de la chica madura (ya sabes, las chicas maduran antes) es decir: la fresca, la sumisa, la seria o inalcanzable (aunque a todas al final se las pasan por la piedra – salvo la gorda buenaza ¡como no!-). De los chicos, pues …. ¡ellos sí que piensan y se espabilan! También la homosexualidad es sólo de los hombres…. en fín, un bodrio indigerible.
    La nueva temporada trae a 1 nueva chica. Y ¿qué ha hecho nada más comenzar? Interesarse por el novio de otra y mientras, llevarse a otro al WC para frotarle manual, explicitamente y con fruición, la minga. Y la gente se cree que todas somos ellas.
    Me alivia ver que no soy la única que detecta el machismo rancio de toda la vida en esta serie, y al fin y al cabo se trata de la TV, así que tampoco voy a ensañarme (es lo de siempre). Soy mujer y claro, no encuentro NINGUNA identificación en ninguno de los rasgos de esos personajes femeninos. Es la pobreza, la miseria en la creación de personajes con una mínima complejidad, lo que revela el género y la ignorancia del autor.
    Y a tí, Merlí, no te veo filósofo, te veo chulo, paleto, ignorante y zafio. Tal vez estarías mejor de payaso de feria o de go go boy en parque temático.

  4. João Marcos Santiago 8 diciembre, 2016 at 09:29 Responder

    ESSA MENSAGEM ESTÁ EM PORTUGUÊS DO BRASIL.
    Olá, sou graduando em história por uma Universidade Federal aqui no Brasil. Eu acabei de assistir o primeiro episódio da primeira temporada dessa série e fiquei abismado. Não sei se vou conseguir terminar de ver, até porque eu não quero. Desde o meu ensino médio eu procuro me informar sobre os estudos de gênero e combater o resto de preconceito que ainda tenho. Eu não pude deixar de pesquisar para saber se alguém já tinha exposto isso. Quero parabenizar o autor do texto e fico muito feliz de saber que existem pessoas no mundo inteiro lutando contra o machismo e estereótipos de gênero, muitos, de certa forma, propagados por esse seriado. Para finalizar (apesar que acho que está bem claro) eu concordo com cada ponto abordado nesse texto e dizer que sou interessado em conhecer mais sobre pesquisas de gênero. Se tiver como entrar em contato, ficará agradecido. Tenha um bom dia.

  5. Carlos Kindelán 28 diciembre, 2016 at 23:34 Responder

    Me parece una serie excelente. Su objetivo es el entertainment, no una terapia para sostener la autoestima de las mujeres. En ese aspecto la producción es realista. Las mujeres de la serie son perfectamente reconocibles. Los chicos siempre van por delante. ¿Acaso no es así en la realidad de cualquier instituto?. Hay algo más interesante que observar. Cómo los chicos heteros se atreven con experiencias homosexuales. Jamás un chico se considera víctima de la “cultura de la violación”. Al contrario, está encantado. Las mujeres se están quedando fuera.

  6. Carlos 19 enero, 2017 at 06:57 Responder

    Una idiotez está crítica.

    De repente tiene q haber más mujeres porque si. Porque 50 y 50%

    Ese es el argumento? Ridículo.

    No se muestran otras profesoras dando clase. No se muestra a ningún otro profesor pero la serie es machista

    Reescriban Heidi xq hay más mujeres q hombres

    Matense

    • Marta
      Marta 19 enero, 2017 at 21:46 Responder

      Hola Carlos, en ningún momento se ha dicho cómo deben ser las series. Simplemente se está analizando su contenido para ver qué representaciones llegan a los espectadores sobre hombres y mujeres. Los análisis sobre series de televisión, libros, películas, videojuegos y demás llevan décadas haciéndose, y se ha analizado de todo: cine y fútbol, la guerra en la literatura… el género es sólo una faceta más. Sentimos que la reflexión crítica te incomode.

  7. Matias Santos 13 marzo, 2017 at 20:42 Responder

    La verdad, me había llamado la atención el lugar de la mujer en la serie, y leyendo esta crítica, afirma mis sospechas. La historia está contada desde Merli, de cómo es él, los alrededores del profesor tienen coherencia con su vida. La subjetividad de la mujer está muy poco desarrollada en la historia. Acabo de terminar de ver la primer temporada y la verdad me gustó y mucho la serie y me identifiqué con los adolescentes en los momentos de conquistas, todas las dudas que cargan ante el amor es tal cual sucede en la mayoría de los chicos. Y el gran enigma en toda historia masculina adolescente es “¿Qué le pasa a ella?” En Merli, no hay respuestas de esto; no hay mundo femenino. Lo que le pasa a Mónica no lo sabemos. No sabemos que pasa del otro lado. Eso desespera, eso intriga, eso incita a la violencia. “¡Quiero saber qué le pasa!” Ni preguntándoselo, tendríamos la respuesta. Acepto que esté narrado desde un lado del espejo, quizá más adelante haya un giro en la forma narrativa y se opaque un poco más el lado masculino.

  8. Daniel 15 marzo, 2017 at 04:20 Responder

    Estoy finalizando de ver la primer temporada. Serie recomendada por mi hija . En realidad no encuentro mucho machismo a simple vista pero es muy bueno el análisis del autor sobre la serie.
    Como soy docente en la Argentina, la serie no refleja lo que sucede en nuestras aulas con los adolescentes y creo que en el resto de latinoamerica tampoco.
    Por otra parte, lo que le sucede a Merli con las mujeres y sus logros con los alumnos , creo que raya lo utópico dentro de un ámbito educativo. En realidad es la película “La ciudad de los poetas muertos” seriada. A pesar de eso, muy buen logrado los personajes .

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