Los miércoles vamos de rosa: 'Chicas malas' y Judith Butler

Regina George habla; mi lóbulo temporal medial responde. Hay una Santísima Trinidad de películas que, cuando las vuelves a ver años más tarde, descubres que tienes todas las frases grabadas en el cerebro. A fuego -o a memes. La Guerra de las Galaxias es, por supuesto, la primera. Shrek es la segunda. La tercera, como he descubierto hace poco, es Chicas malas.

Chicas malas -la traducción al castellano de Mean Girls- es un clásico de culto de la comedia adolescente. Estrenada en 2004, es recordada por confirmar el estatus divino de Lindsay Lohan, lanzar al estrellato a Amanda Seyfried (Mamma mia!, Los miserables) y Rachel McAdams (Medianoche en París, Spotlight), y un guión de Tina Fey (Saturday Night Live, 30 Rock) que es el equivalente lingüístico de los vídeos de gatos en internet. A día de hoy resulta imposible simplemente ver esta película, ya que no hay escena, frase o tic de personaje que no haya pasado al plano abstracto y algo raruno de las memes.

Sin embargo, lo he intentado.

El argumento, por si alguien nunca ha usado una red social: Cady (Lohan) es la chica nueva en el instituto -literalmente nueva, es la primera vez que va a la escuela. Allí se hace amiga de los artistas algo frikis, Janis (Lizzy Caplan) y Damian (Daniel Franzese), pero consigue caer en gracia al trío más popular del instituto; Gretchen (Lacey Chabert), "mi padre, el inventor del strudel tostado, tendrá algo que decir al respecto"; Karen (Seyfried), "mis pechos me dicen cuándo va a llover"; y la reina absoluta, Regina (McAdams), de quien se dice que es "el mal en forma humana". Cady se convierte en una de ellas, en teoría para echarse unas risas -como quien ve Divinity irónicamente- pero termina siendo absorbida por su narcisismo, el poder que ejercen sobre la sociedad adolescente y sus códigos. Hay una trama amorosa, por supuesto, pero igual que ocurre en Whip It o Easy A, es totalmente irrelevante. La trama no es nada del otro mundo, pero capta la mezquindad de las relaciones adolescentes de forma sorprendentemente ácida.

Buenas noticias: Chicas malas ha envejecido bien. Por alguna razón, una película sobre las crueldades de instituto exageradas hasta la parodia y con personajes estereotipados y planos sigue partiendo la pana. Que se produjo a principios de los 2000 está claro: las adolescentes se llaman por teléfono (¡en grupo!), no hay mención de internet, el acoso es completamente analógico, la hermana de Regina baila Milkshake de Kelis, el criterio de John Stamos es palabra divina y las referencias al feminismo no incluyen a Beyoncé. Si Chicas malas está tan atada a su contexto -chicas americanas de clase media-alta antes de la crisis de 2008 en el ecosistema de un instituto- ¿por qué sigue teniendo tanta garra?

En primer lugar están los diálogos. Todas las frases se pueden citar hasta la saciedad, y webs desde Buzzfeed a Cosmopolitan saben bien que el titular "Top Mean Girls quotes" es clickbait del bueno. Están las que puedes usar en el día a día, como "es 3 de octubre" o "los miércoles vamos de rosa", "no le puedes preguntar a la gente por qué es blanca", "el pelo del pecho de TU MADRE", "siento que la gente me tenga envidia, pero no es mi culpa ser tan popular" y la intraducible "Get in, loser. We're going shopping." El archivo KnowYourMeme recoge cinco memes distintas que han salido de esta película, pero saben a poco. Escenas enteras, como la del Jingle Bell Rock, han sido parodiadas hasta la saciedad. Hasta la cuenta oficial de la Casa Blanca ha usado referencias a "Fetch", tal vez la mayor aportación de Mean Girls al vocabulario contemporáneo.

La presencia de Tina Fey -con sus controversias y sus limitaciones- ya nos debería indicar que Mean Girls está pensada como una narrativa feminista. No está solo el hecho de que trate sobre chicas y esté pensada para chicas, y que supere con creces el test de Bechdel. Entre todas las discusiones sobre el acoso escolar que se exploran en Chicas malas están el narcisismo, los problemas de imagen y autoestima y los abusos como resultado de la obsesión con cánones estéticos, la heteronormatividad, la hipersexualización de las chicas y, por encima de todos, el "slut-shaming".

Este concepto, que Wikipedia traduce llanamente como "tildar de puta", incluye la doble moral que castiga y persigue a las mujeres -en este caso las adolescentes- por ser sexualmente activas. En el caso de Mean Girls, las chicas se tildan de puta entre ellas -en parte en broma, en parte como insulto abstracto, pero siempre insidiosamente. De hecho, la lección moral más explícita de la película es que las adolescentes se hacen un flaco favor al usar este tipo de vocabulario sin ningún tipo de reflexión. Esta es una lección muy básica de feminismo, pero ¿es la única que podemos extraer?

Sentaos alrededor del fuego. Coged las mantitas.

Vamos a hablar de Judith Butler.

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Regina George nos habla de la performatividad. Fuente: Meangirls.Wikia

La filósofa y teórica americana Judith Butler, una figura central en los Estudios de Género y Queer, formuló su teoría de la performatividad de género en El género en disputa (1990) y clarificó sus ideas en Cuerpos de importan (1993). Sus obras son claves en el feminismo actual, pero la suya no es precisamente una prosa accesible. Al contrario que -exacto- Chicas malas.

Según Judith Butler, el género no es algo tangible y fijo sino un conjunto de efectos. Ninguno de nosotros es ajeno al género, y nuestras identidades siempre están marcadas por este. Cuando actuamos "femeninamente", estamos imitando un ideal, "lo femenino", que no sólo no existe sino que es incomprensible y cambiante. Caminamos de una forma concreta; hablamos de una forma concreta; nos vestimos de una forma concreta. Así, reiteramos unas normas que nos preceden y sobrepasan. No nos las hemos inventado, ni lo hacemos a propósito o voluntariamente. Como menos obvias son estas normas de comportamiento mejor funcionan.

Mediante la repetición de estos actos, que no buscan sino llegar a un ideal, se crea el "efecto de unidad de género". "Feminidad" no significa nada, sino que se construye mediante la performatividad de actos "femeninos". La performance es otra cosa; en una performance o actuación, el actor es agente -tiene elección y consciencia sobre qué hace y por qué. Judith Butler utiliza el drag como ejemplo de performance de género. Si el drag exagera las normas de género -ese cómo caminar, cómo hablar y cómo vestirse- hasta la parodia, las expone como algo artificial y empezamos a ver por dónde fallan. [i]

No sé qué opina Judith Butler de Mean Girls, y no sé si me atrevería a preguntárselo. Sin embargo, a grandes rasgos, vemos como Cady llega al instituto sin apenas saber nada, pero ya con conocimiento de lo que es el género y lo que son las normas, en términos generales -por ejemplo, sabe dónde no puede sentarse en la cantina. Conoce a Damien y Janis, que sufren la normatividad de género en sus carnes y la reconocen como absurda pero no pueden escapar de ésta, ya que no existe un sistema o un vocabulario comprensible alternativo, y toda subversión tiene que ocurrir desde dentro.

Lo más parecido al ideal de feminidad hegemónica es, por supuesto, Regina, y por lo tanto todas las chicas la imitan, sin saber que es una historia de nunca acabar. Regina también está siguiendo los pasos de su madre y, más allá, imitando el ideal de mujer blanca americana rica de revistas y películas. Regina, Gretchen y Karen no son conscientes de ello -lo suyo es performatividad-, pero la audiencia ve lo absurdo de sus normas, comportamientos pautados y feminidad exagerada -"los miércoles vamos de rosa". Vistas desde fuera, son una performance, una actuación tan artificial y deliberada que expone lo absurdo de "la feminidad".

El feminismo de Mean Girls puede ser limitado; apenas explora el eje identitario de la sexualidad, y a la raza y la clase ni se acerca. Sin embargo, pocas películas que prometen tan poco nos han dado tanto.

(Próximamente, Prison Break y Foucault.)


Imagen principal: Refinery29

[i] Judith Butler, ‘"Critically Queer", GLQ, 1 (1993), pp. 17-32 (p. 24).

Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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