Los compadecidos y los invisibles: discapacidad y cine

Imagínese el papel de Chiwetel Eijofor en 12 years a slave (Doce años de esclavitud) interpretado por un hombre blanco con la cara pintada de negro. Imagínese a Thelma & Louise interpretadas por un par de hombres travestidos. Parece ridículo porque el cine, al menos en teoría, debería dar oportunidades de ser representadas por mujeres a las mujeres y por personas de raza negra a las personas de raza negra.

Considere el rey tartamudo de Colin Firth en The King's Speech (El discurso del Rey). Piense incluso en el Forrest Gump de Tom Hanks. ¿Creéis que Colin Firth es tartamudo o que Tom Hanks padece una discapacidad intelectual? ¿Porqué no esperamos para los discapacitados las mismas oportunidades de representación que para otros grupos tradicionalmente marginados por los canales de representación institucionales?

El cine, y Hollywood en particular, tiende a premiar las interpretaciones de personajes discapacitados. Firth y Hanks ganaron ambos una estatuilla por las interpretaciones que acabamos de mencionar. Son interpretaciones que resulta fácil premiar por su dificultad: el mérito intrínseco del actor de transformarse en quien no es, magnificado por la dificultad de asumir dificultades funcionales que nunca ha padecido. En definitiva, un salto mortal interpretativo para hacer parecer veraz algo que nunca se ha sufrido, para dar autenticidad al artificio.

The King's Speech (c) The Weinstein Company

La mayoría de personajes discapacitados en el cine y la televisión son interpretados por actores y actrices sin discapacidades. Se nos vende esta idea como una manera de manifestar la sensibilidad de la profesión hacia los discapacitados y sus problemáticas, una empatía hacia el sufrimiento, la perpetuación de que la discapacidad es siempre un sufrimiento del que compadecerse.

La concepción de que encarnar de manera creíble la discapacidad es un gran mérito interpretativo provoca varios problemas, pero uno de los más evidentes es el siguiente: pensar que la discapacidad es algo que cuesta grandes esfuerzos entender y asumir como actor "normal" implica que los discapacitados son una especie de alienígenas imposibles de comprender y que sus experiencias son completamente ajenas a las de las personas sin discapacidad.

Ofrecer estos papeles a actores no discapacitados supone un atajo para recalcar la necesidad de compadecerse del discapacitado, que a la vez parte de que las personas discapacitadas lo mejor que pueden recibir de la sociedad es compasión. No queremos compasión, queremos igualdad. Esta actitud también implica que se piensa que la comunidad de discapacitados no puede hablar por sí misma y necesita de emisarios no discapacitados.

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Game of Thrones (c) HBO

Resulta irónico que se defiendan estas interpretaciones como "auténticas". Si nos preocupara realmente la autenticidad, reclamaríamos actores discapacitados para los personajes discapacitados. ¿Importa realmente que el actor pretenda ser sordo? ¿Que tiene un defecto del habla? ¿Sería más auténtico tener a Daniel Day-Lewis de rodillas haciendo de Tyrion en Juego de tronos que a Peter Dinklage? ¿Quién de los dos puede hablar con más autenticidad de la discriminación sufrida durante su vida?

Todo esto es de un condescendiente que hace vomitar.

Además, no emplear actores discapacitados para interpretar personajes discapacitados reduce a los discapacitados a su problemática. El foco en la discapacidad como característica definitoria de un personaje lo condena a ser una caricatura. Resulta un reflejo claro de la idea general de que la discapacidad es algo que debe definir a quien la padece, que la persona discapacitada es, ante todo, discapacitada. Y si la discapacidad separa del continuo de la sociedad, lo lógico es que la narrativa del discapacitado sea la superación de su discapacidad. Los discapacitados del cine y la televisión, en el caso de que hagan algo destacable, siempre lo hacen a pesar de su discapacidad. La discapacidad solo es aceptable social y narrativamente cuando es superable, no se presenta nunca como algo con lo que vivir y que a pesar de que condiciona el personaje no lo define completamente.

Por otra parte, no emplear actores discapacitados para interpretar personajes discapacitados invisibiliza el colectivo. Cada vez que un actor no discapacitado hace un papel de discapacitado, un actor discapacitado no trabaja. Un actor sin discapacidades puede fingir tenerlas. Un actor discapacitado no puede dejar de serlo a voluntad. Si ni siquiera los personajes con discapacidad pueden ser interpretados por actores discapacitados, estos actores quedan excluidos de la pantalla.

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Doctor Strangelove (c) Columbia Pictures

Esta práctica es claramente análoga al blackface y como tal es ofensiva. Hace años veíamos normal que Laurence Olivier hiciera de Otelo con la cara pintada, o que Alec Guiness se vistiera de árabe en Lawrence of Arabia. Veíamos normal que actores blancos, a menudo con la ayuda de maquillaje y prótesis, representaran la idea que el público, también blanco, tenía de otros colectivos. Años después lo vemos como un ejercicio de soberbia y de racismo. Pero vemos a actores sin discapacidad invertir en representar personajes discapacitados y en vez de indignarnos aplaudimos.

Los papeles de discapacitados deberían estar interpretados por actores discapacitados. Es así de simple. Pero no lo es porque el colectivo discapacitado no goza de la misma igualdad que otros colectivos. Es necesario que esto cambie, y la representación y visibilización del problema es el primer paso.

Todas las imágenes extraídas de IMDB, con copyright correspondiente a sus propietarios.


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Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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