'Legion': cuando no hay nadie como nosotros

¿Quién nos enseña a ser normales cuando no hay nadie como nosotros?

Esta es una de las dudas que articulan el planteamiento de Legion, una producción del canal FX y Marvel Television que esta semana cerrará su primera temporada y que ha sido de las mejores propuestas de la televisión de género y de los textos de superhéroes de este año, si el último episodio no defrauda.

Antes de empezar, dejemos las cosas claras: Legion es rara de narices. Noah Fawley (Fargo, la serie) ha tomado al mutante telépata y telequinético David Haller -conocido como Legion- creado por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz en los años ochenta para el universo de X-Men y lo ha conviertido en protagonista de un thriller sobrenatural francamente espectacular. Se dan los elementos que asociamos con las historias de superhéroes, desde agencias gubernamentales más bien chungas hasta peleas, persecuciones, "una guerra que se acerca", la muerte del tío Ben* y personajes que se replantean qué significa "una vida normal". Pero la estética retro perturbadora, las composiciones psicodélicas, la banda sonora que hace plin-plin y la importancia de la interioridad de los personajes sobre la trama la convierten en una adaptación de Marvel como ninguna otra.

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No touching! (Fuente: The Vulture)

Es difícil explicar de qué trata sin destripar la historia (como hace el trailer, que podéis ver bajo vuestra responsabilidad), pero ahí va lo básico. En un lugar ambiguo del espacio-tiempo, David (Dan Stevens, Downton Abbey y La Bella y la Bestia) está hospitalizado y bajo terapia tras una diagnosis de esquizofrenia y un intento de suicidio. Allí pasa el tiempo con su amiga drogodependiente, Lenny (Aubrey Plaza, Parks and Recreation), hasta que llega Syd (Racher Keller, Fargo), con quien inmediatamente -sí, inmediatamente- empieza una relación romántica. Tras un incidente relacionado con sus poderes, David abandona el hospital. Desventura tras desventura se nos revelan unas cuantas cosas: que hay una agencia que captura mutantes, que existe lo que parece ser una célula de mutantes rebeldes, y que David sabe más bien poco sobre lo que lleva en su ADN.

La estructura es compleja, con saltos temporales y de perspectiva y momentos que nos descubren que cosas que habíamos dado por supuestas jamás ocurrieron. Por su estilo narrativo, Legion se podría comparar con las capas diagéticas de The OA, el narrador poco fiable de Mr Robot o incluso el uso de la estética simbólica y pulidísima de Hannibal. Como muchas otras series de ciencia-ficción y fantasía nos presenta un rompecabezas de dimensiones, identidades secretas y planos astrales, pero al contrario de la mayoría Legion no se molesta en explicarlo, y es mejor por ello. El público sólo tiene el diseño de producción y las excelentes actuaciones del elenco para saber qué está pasando; de hecho, no hay exposición hasta el penúltimo episodio. Aun así, Legion consigue mantener el ritmo y crear un ambiente tenso, agobiante, a veces terrorífico** y en ocasiones divertido -de forma algo perturbadora, como podría serlo un gag de Muchachada Nui ralentizado- y, por qué no, con momentos musicales.

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Los más guays del cole. (Fuente: The Verge)

La acción es secundaria a sus consecuencias emocionales: como en las tragedias griegas, a veces ni siquiera vemos la pelea o la matanza que en producciones más convencionales sería el clímax del episodio. Los poderes de los mutantes no son algo añadido, sino que han marcado sus vidas y afectado su identidad personal desde que tienen uso de razón. Así, nos encontramos con personajes que aun construyendo una comunidad aparte habitada por otros mutantes no dejan de estar aislados, porque no hay nadie como ellos. No hay un Profesor X que pueda ejercer de mentor (por ahora), sino una Melanie Bird (Jean Smart) que hace lo que puede para organizarles, siempre a la defensiva.

Si en el artículo sobre héroes, discapacidad y enfermedades mentales se hablaba de que los textos de este género suelen presentar personajes con discapacidades más bien decorativas, o que les convierten en villanos o en inspiración para los demás, el caso de Legion es difícil de clasificar. A David le diagnosticaron esquizofrenia de niño, y la forma en que se presentan tanto la enfermedad en sí -David parece ser un peligro constante para los demás, siempre a punto de estallar- como la terapia -el hospital está habitado por pacientes amenazantes y médicos sospechosos- se basan en clichés más que en la realidad de vivir con esquizofrenia hoy en día. Además, se da ese tropo del hospital mental como escenario para un episodio "especial" de terror que ya habría que ir jubilando. Sin embargo, ni la enfermedad de David ni el hospital resultan ser reales (¿o sí?), así que se puede explicar que se basen en estereotipos e ideas preconcebidas. El personaje de Melanie parece querer "curar" a David para que sea un héroe tradicional, pero se nos advierte que la realidad es más compleja. Aun así, se podría haber tratado con más empatía y sensibilidad y menos conspiparanoia.

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¿Quién es? Soy yo. ¿Qué vienes a buscar? (Fuente: Bustle)

La perspectiva distorsionada de David, sus intentos de reconstruir su memoria para comprender qué le ocurre, y los personajes que le ayudan en el intento son lo más interesante de la serie. Legion no prescinde del dualismo cartesiano entre cuerpo y mente, sino que lo explota en distintas direcciones. Cuando Syd toca a alguien, su consciencia pasa al cuerpo de esa persona y al revés. Ptonomy (Jeremie Harris) puede entrar en la memoria de los demás y reconstruirla. Cary (Bill Irwin), el científico blanco de mediana edad, y Kerry (Amber Midthunder), la joven genio-experta-en-artes-marciales nativa americana, comparten un cuerpo. Oliver (Jemaine Clement) ha abandonado su cuerpo y habita el plano astral con infinita sabiduría y cachondeo.

Este elenco de cuerpos porosos y "habitables" -a veces por decisión propia y a veces por parasitismo- y las consecuencias de esta plasticidad en la forma en la que los personajes articulan sus relaciones con los demás y con su contexto podrían ser la oportunidad perfecta para explorar los distintos ejes de la identidad de cada mutante: el género, la raza, la sexualidad, las capacidades físicas y mentales, la clase. Por ahora esta oportunidad no se ha aprovechado mucho, ya que la serie se centra casi exclusivamente en David y sus intentos de separar lo que es real de lo que no lo es, e insisten en subrayar la superioridad de la mente sobre el cuerpo. Aun así, es imposible adivinar por dónde tirará la serie en la segunda temporada, cuya producción ya es oficial.


* Por favor, contactad con nosotras en Twitter y hablemos de #LoDeBenny.

** También podéis compartir consejos sobre cómo ver Legion y dormir tranquilamente, porque a mí me cuesta.

Imagen principal: FX.

Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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