La mano de la luz

Ayer moría a los 88 años Ursula K. Le Guin, uno de los pilares de la fantasía y la ciencia ficción contemporánea, injustamente olvidada por muchos y trágicamente desconocida para otros.

Le Guin se describía a sí misma como feminista, y cuando aceptó el premio por su contribución a las Letras Americanas en 2014, uno de entre tantos, habló sobre la importancia de la ficción en tiempo de realidades difíciles:

"Se acercan tiempos duros, tiempos en los cuales querremos la voz de escritoras que puedan ver alternativas a cómo vivimos ahora, que puedan ver más allá de nuestra sociedad atemorizada y su obsesión tecnológica, que puedan vislumbrar otras maneras de ser, e incluso imaginar una base real para la esperanza. Necesitaremos escritoras que puedan recordar la libertad -poetas, visionarias-, realistas de una realidad mayor.

Ahora mismo, necesitamos escritoras que entiendan la diferencia entre producir un bien de mercado y practicar un arte. Desarrollar material escrito con el fin de adecuarse a las estrategias de ventas y maximizar los beneficios empresariales y de publicidad no es lo mismo que publicar o crear libros con responsabilidad.

Los libros no son sólo mercancías, el beneficio económico está a menudo en conflicto con los objetivos del arte. Vivimos en el capitalismo, su poder parece inescapable -pero también lo parecía el derecho divino de los reyes. Cualquier poder humano puede ser resistido y cambiado por los seres humanos. La resistencia y el cambio a menudo comienzan en el arte. Muy a menudo, en nuestro arte, el arte de la palabra. "

Son las palabras de una autora comprometida, y aunque la traducción es mía, y el femenino plural genérico también es mío, Le Guin había defendido el uso de pronombres neutros (como el "they" inglés) llegando a discutirse con ilustres como George Bernard Shaw. Desde sus más de veinte novelas, más de cien relatos, volúmenes y volúmenes de ensayos y poesía, Le Guin nos impele al cambio, a ser mejores.

Su primer relato, Roccanon's World, fue publicado el 1966, pero fue dos años más tarde, con Un mago de Terramar cuando consiguió una gran notoriedad, proponiendo un mundo donde la práctica de la magia es tan precisa y moralmente ambigua como la de la ciencia en nuestro mundo. Terramar tiene una clara influencia tolkieniana, pero deja de lado la guerra entre Bien y Mal, con mayúsculas, para proponer el equilibrio como meta.

La mano izquerda de la oscuridad llegaría el 1969 y permitiría a Le Guin establecerse como uno de los nombres más importantes en el canon de la ciencia ficción. En la novela, Le Guin explora la sociedad del planeta Gethen, donde las personas no son ni macho ni hembra, sino que adoptan los atributos de un sexo solamente durante cortos períodos de tiempo para poder reproducirse. La novela es una experimento intelectual donde Le Guin afirmaba "eliminar el género para ver qué había debajo" y que le valió tanto el premio Hugo como el Nebula, los dos mayores honores de la ciencia ficción.

Desde Terramar a Geth, los protagonistas de Le Guin a menudo se aproximan a los problemas con una visión conciliadora y de diálogo, resolviendo con comunicación y compromiso problemas que frecuentemente son grandes malentendidos y que distan universos enteros de la épica -y el belicismo - de referentes de la fantasía y la ciencia ficción como Tolkien o Herbert.

Le Guin sabía perfectamente que una buena novela deja un poso en su lector, y sus libros eran, además de creaciones literarias de primer nivel -como demuestra la colección de premios Hugo, Locus, Nebula y tantos otros que recibió-, vehículos para una ideología humanista, transformadora y feminista.

Combinando alegoría, un gran poder de inmersión y un estilo limpio pero lírico, Le Guin se llevaba a los lectores a lo que ella llamaba "las tierras interiores" de la imaginación, haciendo, según ella, una prosa que podía ser una fuerza moral. "Si no puedes o no quieres imaginar los resultados de tus acciones, es imposible actuar moralmente y con responsabilidad", declaraba en una entrevista a The Guardian en 2005.

Muchos críticos han atacado a Le Guin para caer en una voz moralista y casi pedagógica a sus últimos libros, como si a la escritora se le estuviera acabando la paciencia con una humanidad que no parece querer aprender de sus errores. Hoy, en el día de su muerte, hay que recordar la importancia de su voz, y de la ficción, para sostenernos en medio de la realidad.

Foto © Associated Press.


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Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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