‘Juego de Tronos’ recap: temporada 7, episodio 1

AVISO: Este artículo contiene spoilers.

El primer capítulo de la nueva temporada de Juego de Tronos sitúa todos los protagonistas principales en la casilla de salida de la que será una guerra a cuatro bandas: Jon Snow en el norte, Daenerys Targaryen en el este, Cersei Lannister en el sur y el Rey de la Noche más allá del muro.

El capítulo, pues, tiene un ritmo mucho más calmado que el del final de la sexta temporada. Si bien esto tiene lógica desde un punto de vista narrativo –los personajes tienen que digerir todo lo que ha pasado y prepararse para la guerra–, puede desesperar un poco a los espectadores, que después de esperar tres meses más de lo que se habían esperado hasta ahora para ver una nueva temporada de la serie pueden estar ávidos de acción.

Recuerdos de la temporada pasada

La temporada empieza con Arya Stark acabando de consumar la venganza contra la casa Frey por haber asesinado a su madre, su hermano y su cuñada. A pesar de que resulta divertido ver a Arya interpretando Walder Frey, la escena no deja de ser una continuación, sin tanta intensidad, de la escena con la cual despedimos temporalmente la pequeña de los Stark la temporada pasada.

Este momento de sorpresa descafeinada es de los que tiene más acción de todo el capítulo, junto con el montaje, picado y divertido, que nos explica la monótona vida de Samwell Tarly en la Ciudadela, basada en colocar libros en estanterías-atender a los enfermos-servir la comida a los maestres-limpiar orinales-volver a empezar. La decisión del equipo de montaje se agradece por dos razones: para hacer entretenida la narración de la vida repetitiva de un personaje bastante insulso en un lugar contemplativo, y para romper el ritmo narrativo del capítulo, ni que sea temporalmente. Es en las escenas de Sam donde descubrimos el destino de Jorah Mormont: afectado por la greyscale, permanece aislado en una de las celdas de la Ciudadela. Cómo no podría ser de otro modo, Mormont le pregunta a Sam si su khaleesi ya ha desembarcado en Poniente.

La historia nos recuerda que Sam está en la Ciudadela para formarse y ayudar a Jon Snow a derrotar los caminantes blancos. Y lo hace: descubre que Rocadragón, la isla donde se ubica el ancestral castillo de los Targaryen, está repleta de dragonglass, uno de los dos materiales, junto con el acero valirio, que puede matar a los caminantes blancos.

Quien también va sobre la pista de los caminantes blancos es Brandon Stark, que llega al fortín de la guardia de la noche arrastrado por Meera Reed. Gracias a las visiones de Brandon, vemos que los caminantes blancos se acercan con un ejército de muertos vivientes. No es ninguna novedad, pero sirve para recordarnos su inquietante presencia. Otro que descubre el poder de las visiones es el Perro, Sandor Clegane, embarcado en una road trip con los bros Thoros de Myr y Beric Dondarrion. El primero introduce al Perro en el noble arte de leer las llamas del fuego, y el segundo tiene un debate existencial sobre por qué el Señor de la Luz sigue volviéndolo a la vida una vez tras otra.

Jon Snow y el ejército paritario

Pasando ya a los personajes principales, Jon Snow sigue intentando crear una fuerza de resistencia contra los caminantes blancos. Para hacerlo, tendrá que unir todas las casas norteñas, incluso aquellas que apoyaron a los Bolton. Jon perdona las casas rebeldes y les hace jurar lealtad, cosa que no gusta nada a Sansa Stark, que lo cuestiona públicamente. En privado, Jon le recriminará este hecho, y Sansa se disculpará y le dirá que es un gran líder (hay que decirlo muy fuerte y de vez en cuando porque a estas alturas los espectadores todavía no lo sabemos). La relación de Jon y Sansa es tensa: si bien es cierto que la decisión de Jon es acertada –los líderes de las casas rebeldes que quedan son niños, sus padres ya murieron en la batalla de los bastardos–, parece que, en general, Jon continúa sin hacer mucho caso a Sansa, un hecho que ya hemos visto que no es buena idea. Evidentemente, Petyr Baelish sabe que Sansa está un poco mosca y vuelve a iniciar movimientos para acercarse a ella, pero de momento Sansa no le hace caso. Veremos cuánto dura.

El ataque de machirulismo de Snow se compensa un poco cuando anuncia que las mujeres se tienen que formar también en armas para luchar contra los caminantes blancos. Esto genera un alud de quejas de los señoros de la sala, parecido a la indignación que ha creado el anuncio de Jodie Whittaker como nueva Doctor Who. Por supuesto estas quejas reciben los zascas de Lyanna Mormont, que viene a decir que ella, y las otras mujeres norteñas, no piensan estarse con los brazos cruzados mientras sus maridos se van a hacer de héroes. En Zena no nos cansamos de repetir que si Mormont fuera la madre de dragones la serie hubiera durado una temporada. La gran revelación de la trama norteña es que Sansa explica que aprendió mucho de Cersei Lannister y que la admira. No es gran cosa, pero me sirve a mí y a la serie para introducir la trama de la Reina.

Cersei, maquiavélica

Nos reencontramos con Cersei andando por encima de un mapa acabado de pintar de Poniente, donde repasa con Jamie Lannister las opciones que tienen para consolidar su poder en Poniente y crear una dinastía que perviva durante siglos. Jamie lo ve jodido, pero Cersei le dice que ni se le pase por la cabeza hacerle un mansplaining, que ella no se ha pasado toda la vida escuchando a su padre para nada. Vaya, que Cersei, igual que Tywin Lannister, tiene UN PLAN.

De momento, una parte importante parece que consiste en dejarse seducir por Euron Greyjoy, que tiene la fuerza naval más poderosa de las tierras de Ponente, con permiso de sus sobrinos a la fuga. Cersei lo rechazará, y Euron jura no volver a poner los pies sobre Desembarco del Rey hasta que no lo haga con un regalo que pueda hacer que Cersei confíe en él. Lo más interesante de la relación Cersei-Euron es la hostilidad (¿celos?) de Jamie hacia el señor de la Casa Greyjoy.

Poniente, al fin

Los últimos minutos del primer capítulo se dedican a uno de los momentos que estábamos esperando desde la primera temporada: la llegada de Daenerys a Poniente. Se instala en Rocadragón, el primer asentamiento de los Targaryen, procedentes del este, y desde donde iniciaron la conquista de Poniente. Esta parte de la historia contiene varias escenas solemnes, como por ejemplo cuando Daenerys palpa por primera vez la arena de la playa, o cuando pasea sus dedos por la mesa donde sus antepasados esculpieron el mapa de occidente. El capítulo acaba con un “Empezamos” que, más allá de dar el pistoletazo de salida oficial a la segunda fase –y última- del juego de tronos, recuerda al golpe sobre la mesa de Frank Underwood cuando se convierte en presidente de los EE.UU. en House of Cards.

La imagen de portada es un fotograma y pertenece a la HBO.

Marta

Marta

Fundadora y editora de 'Zena'. Periodista especializada en género. Estudiante del Máster en Estudios de Género de la School of Oriental and African Studies de Londres. Beca Nativitat Yarza de Estudios Feministas.

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