'Juego de tronos': análisis de la séptima temporada

¡ATENCIÓN, SPOILERS!

Al igual que "¿esconde el Aserejé mensajes satánicos?" o "¿son las pirámides prueba de la existencia de los aliens?", "¿es Juego de tronos una serie feminista?" es un debate cíclico que vuelve cada verano con la misma fuerza. Si preguntamos a los creadores de la serie, David Benioff y D. B. Weiss, os dirán que sí: han defendido más de una vez la individualidad y la fuerza de sus personajes femeninos, y no veo por qué negarlo.

Sin embargo, ¿basta con eso? ¿Qué criterios debemos utilizar para evaluar un texto de esta longitud y ambición? ¿Cuántas Pegatinas Feministas™ se necesitan para acordar que una serie es feminista? ¿Cuántos eslóganes de empoderamiento femenino merecen una Pegatina Feminista™, y cuánta violencia sexual -y violencia sexualizada- hace falta para anularlos? Traedme un vodka con hielo y una tostada: quizá revisando esta séptima temporada lleguemos a alguna conclusión.

Juego de tronos arrancó hace milenios, en 2011, como una adaptación fiel de la saga Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin, publicada en castellano por Ediciones Gigamesh. A partir de la tercera temporada, la serie de HBO comenzó a tomarse más libertades respecto al material original, y a partir de la sexta superó los libros publicados hasta el momento. La trama de esta temporada, pues, es la visión de Benioff y Weiss con el consejo ocasional del autor.

Claro está que la serie no tiene por qué seguir el mismo camino que los libros, y, como espectadora, es genial descubrir tramas nuevas. Este no es el lugar para un monólogo sobre por qué los libros son mejores (si es lo que queréis mencionadme en un tweet, porque es un tema del que hablaré hasta que sea una mujer mayor sentada al fresco delante del portal), pero hay que destacar que la serie siempre ha tirado hacia lo menos complejo y lo más fácil de digerir, también desde una perspectiva de género.

La Arya Stark de los libros ve la feminidad tradicional de su madre y hermana con una mezcla de resentimiento y admiración, y subraya el papel de las mujeres en los procesos dinásticos; la de la serie proclama que la mayoría de chicas son idiotas. La Catelyn Tully de los libros adora a sus hijos, pero no soporta la presencia de Jon; la de la serie se arrepiente de cómo le ha tratado, como si tuviera que ser la madre perfecta para poder ser apreciada como personaje. A "todos los hombres deben morir", la Daenerys Targaryen de la serie responde "pero no somos hombres", cual Éowyn en su momento más épico; su respuesta original no era material de gif, sino un discreto pero significativo "pero antes viviremos". Adoro la Lyanna Mormont de la serie, que se merece el título de "la niña que lo petó", pero echo de menos la madre soltera y las hermanas guerreras que la sitúan en el contexto en la cultura de la ferocidad y el honor del norte.

Esta preferencia por lo guay por encima de lo interesante también se ve reflejada en otros aspectos de la serie: ¿cuántas bromas sobre penes hemos oído en los últimos siete capítulos? (No tengo nada en contra, pero me parece que la media es superior a la de los patios de secundaria.) Cuando la acción pasa de trepidante a supersónica, el humor fácil no disimula el hecho de que se ha dejado de lado el detalle psicológico y político que caracterizaba la serie.

Durante estos siete capítulos, en los que no ha participado ninguna mujer como directora, productora o guionista, los personajes principales se han reunido con familiares, viejos amigos y rivales ante la amenaza del gran enemigo común: los Caminantes Blancos. Hemos visto personajes femeninos en todo tipo de posiciones, con ambiciones y caracteres propios, pero sus tramas han sido más o menos irregulares. Echemos un vistazo de norte a sur.

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Sophie Turner como Sansa Stark (Fuente: DenOfGeek)

En Invernalia, el conflicto principal ha girado en torno a Sansa Stark, que ha demostrado que es una gobernante capaz, manteniendo a los suyos unidos y abastecidos. Se ha reencontrado con sus hermanos, Bran y Arya, lo que incomoda al viscoso (y en la serie poco sabroso) Petyr Baelish, que intenta enfrentar a las dos hermanas. Por un lado, me ha llenado de orgullo y satisfacción ver cómo las chicas se unen para derribar y ejecutar al pseudo-maquiavélico Meñique; por el otro, los diálogos con argumentos sacados de foros de Reddit han sido más bien flojos. Brienne de Tarth y Meera Reed, mientras tanto, han pasado a un discreto segundo plano.

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Lena Headey como Cersei Lannister (Fuente: The Independent)

A medio camino entre la paranoia, el duelo, el orgullo herido, el despotismo y el amor propio, Cersei Lannister se ha establecido como la principal enemiga (humana) del arco final de la serie en Desembarco del Rey. Cersei por fin gobierna sola y despliega su arrogancia ante los que la mantienen en el trono: su corte de aduladores y el Banco de Hierro de Braavos. Aunque su trama esta temporada ha sido coherente y promete más giros interesantes, parece que los guionistas tratan a la gente de la capital con el mismo desprecio que la propia reina: cuesta creer que la aplaudan y que hayan olvidado tan fácilmente que asesinó la favorita del pueblo, Margaery Tyrell.

Nos hemos despedido de la abuela de Margaery, Olenna, una gran favorita del público y fuente de memes hasta el final, y de absolutamente todos los personajes procedentes de Dorne, incluida Ellaria Arena y sus hijas e hijastras, las Serpientes de Arena. La trama de Dorne ha sido una de las peores de la serie, ya que los cambios respecto al material original no sólo no han aportado nada positivo, sino que han reducido los personajes implicados a su sed de venganza y su exotismo sexy. También hemos perdido a Yara Greyjoy, que sin embargo sigue viva.

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Emilia Clarke como Daenerys Targaryen (Fuente: HBO)

En Rocadragón hemos encontrado a Daenerys Targaryen y sus consejeros, Tyrion, Varys y Missandei. A lo largo de estos episodios se ha debatido cuál es la mejor estrategia para a) conquistar los Siete Reinos, b) sobrevivir a la Larga Noche que se acerca, y c) construir un legado positivo, y ha cambiado bastante el panorama de alianzas. Daenerys ha perdido el apoyo de la familia Martell (causa: muerte y destrucción) y de la familia Greyjoy (causa: captura y destrucción), pero ha conseguido el del Norte (causa: unos murales prehistóricos, un ejército de muertos vivientes y un mozo apuesto).

Así pues, a lo largo de la última temporada de Juego de Tronos hemos visto mujeres de diferentes edades y orígenes gobernando y luchando por mantener su autoridad. ¡Pegatinas Feministas™! Sin embargo, la rígida estructura de los diferentes reinos de Poniente, mantenida mediante alianzas matrimoniales, linajes patronímicos, y políticas sexuales y raciales conservadoras que no permiten fácilmente la entrada de extranjeros o de hijos nacidos fuera del matrimonio, sigue tal como estaba; el único reino que ofrecía un sistema alternativo, Dorne, ha sido aplastado.

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Michelle Fairley como ¿Catequién? (Fuente: GeekCrusade)

Teniendo en cuenta que los personajes femeninos han cobrado importancia en el panorama político de Poniente, resulta triste que este final de temporada haya girado en torno a la memoria y la importancia de los padres, y no de las madres. Tanto Jon y Theon como Sansa y Arya han recordado los valores de honor y deber familiar que aprendieron de  Ned, pero ninguno ha mencionado a Catelyn, que los compartía. El recuerdo de Tywin ha dominado el cara a cara entre Cersei y Tyrion, el legado de Aerys ha perseguido a Daenerys, y la revelación de la identidad de Jon se ha centrado en el estatus matrimonial de Rhaegar y no en la libertad de elección de Lyanna. La fuerza de Juego de tronos se encuentra en los diferentes lazos familiares de los personajes y en las tensiones, ambiciones y recelos que provocan: en una historia articulada sobre padres e hijos, hermanos y hermanas, y fraternidades de todo tipo, esta es una falta importante.

La historia de Poniente consiste en un ciclo de larguísimas estaciones y repeticiones de episodios apocalípticos, con profecías y héroes medio olvidados; quizá tantas ruinas, como el castillo de Harrenhal, la arena de los dragones en Desembarco del Rey o la civilización entera de Valyria, apuntan a que el sistema está condenado a la decadencia, y que la única solución es construir una sociedad diferente una vez termine el invierno. Quizás es que los creadores de la serie no imaginan otro tipo de épica fantástica, o quizás los limita el apego a una visión de la Europa medieval más blanca, masculina y heterosexual de lo que fue en realidad. No sé si Juego de tronos es una serie feminista, y no creo que tenga obligación moral de serlo; sin embargo, un análisis de la trama desde esta perspectiva revela un gran potencial perdido.


Imagen principal: HBO.

Para más información sobre los diferentes personajes y reinos de la serie, ver la enciclopedia wiki de Westeros.org. Para análisis en profundidad de temas, personajes y profecías, consultad el blog ASOIAF University. En estos posts encontraréis más información del papel de la maternidad en la saga, especialmente sobre el número desproporcionadamente alto de personajes femeninos que mueren en el parto.

También recomiendo los siguientes artículos académicos y tesis, porque si yo caigo en el pozo, vosotros también podéis:

Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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